Mostrando entradas con la etiqueta aprobación social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aprobación social. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de marzo de 2014

EL QUERÍA SER COMO GEORGE CLOONEY

El quería ser como George Clooney cuando llegará a la madurez. Deseaba ser viril y expresivo como él para atraer a mujeres bellas y jóvenes. Pero fantaseó demasiado. Las mujeres jóvenes (la mayoría alumnas y ex alumnas) que lo buscaban era sólo para pedir un consejo para sus dramas amorosos. Y él las orientaba de la mejor manera. No en vano se había devorado volúmenes enteros de psicología. Pero en el fondo no era feliz en su papel de "consejero sentimental". 
A veces lo veía como algo aburrido. Quería más acción, algo de heroísmo en su vida, antes que la senectud llegue con todas las limitaciones que impone. Pero las máximas emociones. Aquellas que le mezquinó el destino, las llegó a encontrar en la fantasía de la literatura. Leyendo y escribiendo llegó identificarse con los personajes y con las historias que éstos vivían. Sentado en su escritorio daba vida a tramas de amores románticos y apasionados que despertaban los benevolentes comentarios de sus amigos y de sus amigas del internet. Su campo de aventuras, de conquistas y de romances, era su computadora donde cada noche escribía capítulos enteros de apasionados idilios, que en realidad surgían de algunos recuerdos de su primera juventud, pero sobre todo de sus más hondos anhelos.
En eso andaba cuando la conoció a ella. No era alta ni rubia como las novias de George Clooney, pero tenía una sonrisa que podía curar todos los males. Tenía el encanto de la autenticidad y de la irreverencia. No era lo que expresaba, sino como lo expresaba. Adornaba sus palabras con los gestos tan dulces y sensuales que llegó a colmar en demasía todo el romanticismo que guardaba en su corazón. Y como no podía ser de otra forma la llegó a amar como los árboles aman al sol porque les procura la vida. La pregunta es ¿Cómo la conoció? Pues, no fue una mujer famosa. Tampoco fue una de sus inteligentes y sensibles amigas que leían sus textos. En realidad era la mamá (divorciada) de una de sus alumnas, quien, por aconsejarla por cierto, lo había elevado tan exageradamente que aquella no paró hasta lograr conocerlo...
Vaya que de algo (de mucho) sirvió asumir el papel de consejero sentimental. Tanto así que llegó a sentirse el George Clooney de todo el colegio, y además, siguió escribiendo hasta el últimos de sus días, llegando a ser feliz por partida doble... 

sábado, 30 de julio de 2011

¿QUÉ DIRÁN LOS DEMÁS?


Quizá nuestra condición humana sea depender siempre de alguien o de algo. Al momento de nacer dependemos de quien nos da la vida. Cuando nos vamos de este mundo dependemos de quien nos sepulta. Incluso nos impusieron una dependencia superior, la de Dios. Significa entonces qué la libertad es una ficción absoluta. Qué el libre albedrío funciona siempre y cuando nos orientemos hacia lo "correcto".
Pienso ahora en dos hechos supremos que nos permiten tocar, o siquiera acercarnos, a la libertad. El primero es el suicidio porque significa decidir sobre lo más valioso de uno mismo que es la vida. El segundo es el amor, pero no ese amor propiciado y aprobado por los demás, sino aquel que desafía todos los convencionalismos y las correcciones sociales.
Envidio a las venerables parejas de ancianos que logran mantenerse unidos felices hasta la muerte, pero más admiro a las parejas que se enfrentan a la crítica y a la desaprobación general. Esos amores, como los que relataba Flaubert, con un final trágico, pero con una vida heroica, pues se elevaban en medio del conformismo y de la falsa moral.
Quiero ser generoso y no quiero lastimar a nadie, pero por propia convicción, y no porque los demás están al acecho de verme apartar de la senda de la "corrección".
Quiero hacer el bien y sentirme en paz con mi conciencia, pero no por el orgullo de imponer mi parecer, sino porque cuando me mire al espejo pueda decir. "Lo hice porque estaba convencido que era lo mejor" y no porque la sociedad me aplaudió. Quiero morir siquiera con una sola lección para mi hijo que ahora me contempla escribir. Dylan Axel. "Siempre has lo que te haga sentir bien, no porque los demás te lo dicen, sino porque constatas que tus acciones te hacen mejor ser humano...