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sábado, 29 de marzo de 2014

EL QUERÍA SER COMO GEORGE CLOONEY

El quería ser como George Clooney cuando llegará a la madurez. Deseaba ser viril y expresivo como él para atraer a mujeres bellas y jóvenes. Pero fantaseó demasiado. Las mujeres jóvenes (la mayoría alumnas y ex alumnas) que lo buscaban era sólo para pedir un consejo para sus dramas amorosos. Y él las orientaba de la mejor manera. No en vano se había devorado volúmenes enteros de psicología. Pero en el fondo no era feliz en su papel de "consejero sentimental". 
A veces lo veía como algo aburrido. Quería más acción, algo de heroísmo en su vida, antes que la senectud llegue con todas las limitaciones que impone. Pero las máximas emociones. Aquellas que le mezquinó el destino, las llegó a encontrar en la fantasía de la literatura. Leyendo y escribiendo llegó identificarse con los personajes y con las historias que éstos vivían. Sentado en su escritorio daba vida a tramas de amores románticos y apasionados que despertaban los benevolentes comentarios de sus amigos y de sus amigas del internet. Su campo de aventuras, de conquistas y de romances, era su computadora donde cada noche escribía capítulos enteros de apasionados idilios, que en realidad surgían de algunos recuerdos de su primera juventud, pero sobre todo de sus más hondos anhelos.
En eso andaba cuando la conoció a ella. No era alta ni rubia como las novias de George Clooney, pero tenía una sonrisa que podía curar todos los males. Tenía el encanto de la autenticidad y de la irreverencia. No era lo que expresaba, sino como lo expresaba. Adornaba sus palabras con los gestos tan dulces y sensuales que llegó a colmar en demasía todo el romanticismo que guardaba en su corazón. Y como no podía ser de otra forma la llegó a amar como los árboles aman al sol porque les procura la vida. La pregunta es ¿Cómo la conoció? Pues, no fue una mujer famosa. Tampoco fue una de sus inteligentes y sensibles amigas que leían sus textos. En realidad era la mamá (divorciada) de una de sus alumnas, quien, por aconsejarla por cierto, lo había elevado tan exageradamente que aquella no paró hasta lograr conocerlo...
Vaya que de algo (de mucho) sirvió asumir el papel de consejero sentimental. Tanto así que llegó a sentirse el George Clooney de todo el colegio, y además, siguió escribiendo hasta el últimos de sus días, llegando a ser feliz por partida doble... 

viernes, 28 de octubre de 2011

EL CUENTO SIN FIN

Les contaré que era casi la una de la madrugada y Dylan Axel no se quería dormir, pues se había despertado pasada las diez de la noche. Entonces tuve que apagarle el televisor. Confieso con vergüenza (porque no soy sinvergüenza), que cuando no “tenemos tiempo” le sintonizamos Discovery Kids, que supuestamente trasmite dibujos educativos. Pero, a quién engaño, televisión es televisión, y es adictiva. Por eso Dylan Axel hizo berrinche cuando le apagué la caja boba. Intenté contarle uno de las tantas historias de animales que le he inventado, pero como estaba enojado no se dormía. El cuento se iba alargando más y más,  interviniendo especies terrestres, marinas, aéreas y de todos los subgéneros. Tenía que hacerlo emocionante, entonces le narraba con lujo de detalles como el cocodrilo quería comerse al caballito y el elefante lo salvaba, dando antes una paliza al malvado caimán. Le conté tantos salvamentos de tal forma que me iba quedando sin ejemplares y sin tramas. Y así el  león había salvado al gallo de que se lo coma el zorro; el gato al pavo de que lo muerda la culebra; el águila al conejo de que lo devore la hiena;  la ballena al delfín de la voracidad del tiburón, etc., etc. Recién cuando el perro salvó a la oveja del lobo, Dylan Axel se fue quedando dormido. A todo esto ya estaba repitiendo y mezclando especies que no se comen en la fauna real, pero el cuento no podía terminar hasta que se duerma el travieso niño. Pero lo conseguí, demostrando de paso que puedo competir en un concurso del cuento más largo (siempre y cuando sea de animales). Además he comenzado a liberarlo de la televisión. Lo que me preocupa es que su mamá todas las noches me va a llamar temprano para que lo haga dormir, y ya no voy a poder estar tanto tiempo en el face. Bueno, que importa, ingresaré a esta hora. Y aunque no encuentre ya a mis amigos que me alegran la noche, le dejaré a mi Kelita (casi escribo su nombre) algo lindo para que lea al día siguiente, como por ejemplo este relato medio gracioso… 

viernes, 26 de agosto de 2011

HISTORIA DE UN IDÍLICO ENCUENTRO (enviado por colaboradora anónima)

No puedo recordar con exactitud, cómo es que nos conocimos, sólo sé estabas ahí, puesto como por la mano de Dios para alegrar mi alma solitaria justo cuando pensaba que ya más nada importaba.
Había sido un año lleno de angustias y desesperanzas. Todo aquello que representaba felicidad para mí simplemente había desaparecido del horizonte. De pronto, caminando sin rumbo por un concurrido centro comercial estabas tú. Quizá me miraste primero, tal vez lo habías planeado, o fue el universo que conspiró. Tan sólo sé que salió muy bien.
Yo miraba un anillo muy bello en el escaparate de una tienda, y una voz tan especial me dijo: ¿Le gusta? Es un modelo único tiene un fino brillante y es además muy pequeño parece hecho justo para su mano. Su voz me sorprendió. Su amabilidad, sus ganas de mostrarme el hermosísimo anillo. Quedé hechizada de pronto por una fuerza divina. Simplemente ingresamos en la tienda y pidió me mostraran el anillo.  Efectivamente estaba hecho justo para mi delgado dedo. Me dijo lo hermoso que me quedaba y si lo quería llevar. Pedí me disculpara, pero no podía llevarlo, pues era demasiado caro para mí. Insistió, pero no se percató que sólo estaba probando su capacidad de hacer cosas por mí y para mí. 
Le agradecí por todo y salí algo aturdida por lo sucedido, ¿Quién era ese hombre que había causado ese temblor en mi cuerpo tan solo con escuchar su voz?
Estaba nuevamente caminando distraída por el centro comercial cuando sentí una mano sobre mi hombro. Regresé a mirar y era él una vez más diciendo ¿Me permitirás invitarte un café? Me asustó un poco su insistencia, pero esa fuerza extraña me hacía seguirlo. A partir de este momento todo siguió tan fluido como en una dulce historia.
Nos sentamos en una pequeña mesa con vista a una tienda de mascotas. Le dije -  hola soy María Lucía – presentándome formalmente - María lucía soy Antonio – respondió él. - ¿Pero te has salido del trabajo? - le inquirí, - ¿O estás fuera de turno? - sonrió y me dijo -  yo no trabajo en la joyería. Lo que sucede es no sabía cómo acercarme a ti -. No dejaba de mirarme a los ojos mientras me confesaba todo esto - Estás loco - dije y empecé a reír -. No entiendo por qué reía. Tal vez eran los nervios, o tal vez por su audacia. El hecho fue que empezamos a reír juntos. 
Tomamos unos cafés, el mío express y el suyo americano. Aún puedo sentir el aroma del delicioso café revoloteando alrededor nuestro como conspirando para que algo pase.
Conversamos de tantas cosas. De nuestras vidas. Era como si nos conociéramos de antes, y tan sólo el lugar y el momento estaban esperando para que nos juntáramos. Sin darme cuenta el tiempo había transcurrido. Dos horas conversando. Miré el reloj discretamente para saber la hora -. ¿Pero ya te tienes que marcharte? – Preguntó - Disculpa he robado mucho de tu tiempo - Sonreí y le dije - nada de eso, has alegrado mi día, pero sí debo marcharme, tengo cosas que  hacer -.
Intercambiamos números de celular y prometimos llamarnos. Salimos del café y me acompañó hasta una de las puertas principales del inmenso centro comercial. - ¿Sí  quieres puedo llevarte? - me dijo. Le agradecí y le respondí que  prefería caminar, pues eso me ayudaba a pensar –. Bueno -, dijo él. Al despedirnos y al querer darme un beso en la mejía, nuestros labios se rosaron sin querer. - Disculpa - dijo él y yo sonrosada dije - No, no hay problema - y empecé a reír, alejándome, siguiendo riendo sin saber porqué.
Habían pasado algo de 10 minutos desde que nos despedimos y mi mente no dejaba de pensar en Antonio. Ese hombre encantador que había conocido estaba ya cerca de mi departamento cuando mi celular empezó a sonar. Era él. – Hola -, me dijo con esa voz tan especial, varonil, fuerte y atractiva. - Sólo te llamaba para invitarte a cenar esta noche. ¿Podrás o tienes algo que hacer? – No, no tengo nada – respondí casi automáticamente. - Entonces te paso a buscar a las ocho y media - Pero ¿no conoces mi casa - le dije ingenuamente sin darme cuenta que me había seguido y estaba tras de mí. -  Da vuelta - me dijo, y al voltear estaba él. Sonriendo  me dijo que no quería perderme. Reímos nuevamente, y me dijo me recogería a la hora pactada. Me dio otro beso en los labios. Me quedé helada, pero me gustó. Reí nuevamente y entré a mi edificio.
Toda la tarde la pasé pensando en Antonio. ¿Quién era ese hombre divino que había aparecido de la nada y que parecía estaba predestinado para mí? Era hora de prepararme para mi cita. Había olvidado preguntar el lugar al que me llevaría. No sabía cómo vestir y me daba pena llamar para preguntarlo. Eran casi las siete  cuando sonó el celular y su voz me dijo ponte un vestido que iremos a un lindo lugar. Era genial. Había leído mis pensamientos y respondía a mi pregunta, pues no quería estar mal en cita con él.
Me había puesto mi vestido verde oscuro. Era de una seda muy suave con unas “tirillas” finísimas que caían sobre mis hombros. Llevaba un escote muy sutil por delante que dejaba apenas ver el comienzo del busto, pero que invitaba a desear  saber que más había allí. Por la espalda un profundo escote que llagaba casi hasta la cintura. Se cogía apenas con un finísimo broche que hacía juego con los zapatos plateados. El cabello suelto y rizado. Poco maquillaje para no verme recargada y a esperar poder saber algo más de Antonio, mi príncipe encantador.
El timbre sonó a las 8:30 en punto. Estaba algo nerviosa al abrir quería causarle buena impresión. Al abrir la puerta me miró de pies a cabeza y dijo: justó como te soñé, estás preciosa María Lucía. Vamos, sé que te va a gustar el lugar. Llegamos hasta una casa hacienda, casi saliendo de la ciudad. Había muchos jardines y en uno de ellos al centro una mesa arreglada justo para nosotros. Flores alrededor aromatizan el lugar. La luna asomaba poco a poco. Las velas en la mesa. El vino y la comida fueron servidos por una dulce mujer quien tenía una dulce sonrisa en los labios. Me quedé maravillada de todo lo que sucedía. Conversamos y reímos mucho nuevamente. Él era historiador. Había escrito muchos libros sobre la cultura peruana. Amante de la buena música y del arte andino. Pero sobre todo era un hombre que parecía haberme estado buscando. En una de sus investigaciones y me había descubierto. Era como la otra parte de mi alma. Ese pedazo que tanto me faltaba.
Al terminar la cena me propuso bailar. Miré alrededor buscando la música. Sacó un pequeño control remoto, y la música apareció. Eran boleros muy antiguos que habían sido adaptados al jazz. Bellos y románticos.  Era un hombre interesante. Parecía saber muchas cosas y estaba dispuesta a aprender de él. Detuvo por un momento nuestro baile sirvió una copa de vino y me dijo: - por haberte podido encontrar -. Yo simplemente pude decir: - ¡Porque siga conspirando el universo! -.
Me tomó entre sus brazos y poco a poco fue acercándose cada vez más a mí. Podía sentir uno de sus dedos acariciando mi espalda y poco a poco, pues estábamos demasiado cerca uno del otro. Su mano suave acariciaba toda mi espalda podía sentir el latir de nuestros corazones de lo cerca que estábamos. Aspirando el aroma de mi cabello me dijo - que delicioso perfume el de tu cabello – mientras descendía por mi cuello   causándome una emoción tan grande que me hacía estremecer. El aroma a chocolate que llevaba había causado una magia excitante entre nosotros. No dejaba de recorrerme excitando mis sentidos. El deseo de que me besara era  cada vez más fuerte. Lo hizo. Primero muy suavemente, y luego con fuerza, con pasión, y hasta con desesperación. La misma que había originado en mí.
Estaba segura que había leído hasta mi último pensamiento. Mis ganas de sentirme amada por él, de sentirme poseída, de sentir que él era esa parte de mí que había estado perdida en algún lugar del mundo, y que por fin la había encontrado. 
Caminamos por el jardín Antonio me mostraba el lugar. La luna hacía que todo se viera tan claramente. Otro hermoso bolero sonaba en el equipo. Juntamos nuestros cuerpos y bailamos. El baile, el lugar la música, el momento. Todo era perfecto. Me miró a los ojos y me dijo - gracias por dejarme encontrarte -. Nos besamos, primero con dulzura, luego la dulzura se fue tornando en pasión, y hasta en desesperación. Queríamos comernos uno al otro, poseernos, amarnos hasta lo más profundo de nuestro ser. Beso mi cuello, mi espalda. Bajó las tirillas que sujetaban los hombros y poco a poco llego hasta mis pechos. Los besó como si fuera un niño. Saco el broche e mi espalda. El vestido se deslizó suavemente. Le saqué la corbata y la camisa como jugando con él. Desabroché su correa y su pantalón, y así poco a poco lo saqué. Su piel y mi piel al juntarse se estremecían. Por momentos pasaba como una fuerte corriente eléctrica. Nos amamos en el enorme jardín. Creo que hasta desgastamos nuestros labios de tanto besarnos. Una tenue brisa fría llegó hasta nosotros. – Ven - me dijo, e ingresando hasta la casa me llevó a su cuarto. Era un hermoso dormitorio revestido en madera. La amplia cama tenía sábanas blancas de seda. La música parecía seguirnos a donde fuéramos. Me cargó y me llevó hasta la cama donde nos amamos con desesperación, con locura. ¡Con amor!.. No necesitamos más tiempo.  Sabíamos que nos habíamos encontrado y que jamás nos separaríamos…

jueves, 25 de agosto de 2011

LUCHANDO POR NO MATAR LOS SUEÑOS

El campo, el mar, un corazón que ama,
arrullado por una canción de Serrat.
La belleza del amanecer,
la frescura de la mañana, l
la ensoñación de la tarde,
y el cielo estrellado
en una noche cómplice de amor.
Una vida libre para viajar por las cumbres
de una montaña  andina,
o por los desiertos
de una franja que besa al mar.
Diez libros para leer
y una laptop para escribir.
Todo eso, para comenzar,
desde ahora.
No cuando la senectud
cercene las ansias de soñar.

Y es que el tiempo 
es el más grande tirano del hombre. 
Se lleva sus sueños, 
sus ideales y hasta sus amores. 
Ese tiempo tejido de almanaques 
que es como un despeñadero, 
hacia el cual nos dirigimos inexorablemente, 
con casi todas las cosas a medio camino, 
o aún sin empezar. 
Como mi padre 
que sólo deseaba su granja en el campo 
para criar animales 
y escuchar las noticias todas las tardes. 
La pobreza y la salud le cerraron el paso.
 Y ahora, ésta mi vida,
luchando entre la renuncia
y la última batalla por un amor.
La angustia de no poder reconciliarme
con la plenitud de un misticismo, 
liberado de la tormentosa pasión.
Rebelándome, sólo para no envejecer.
Buscando una sonrisa de niña buena
para ahuyentar los sin sentidos.
Abrazado a la inocencia de dos hijos divinos,
y a la música que nunca envejece,
púes al tiempo  venció.
Todo este vendaval de furias y de penas.
De quimeras que aún pueden refugiarse
en el inexplorado mañana,
aquel que atesora una felicidad, 
sólo vislumbrada algunas noches
de miradas y besos virtuales.
En suma un universo aún por inventar,
e imposible de alcanzar.
Una vida, una muerte,
una paz, y un amor,
que siempre habitará en el corazón... 

martes, 9 de agosto de 2011

NOS CONOCIMOS PARA DECIRNOS ADIÓS

El invierno había sido irregular en Piura. Con unos días de intenso frío y otros de un brillante sol. En ese invierno se habían conocido en el internet, y eso compensaba todos los resfríos y otras molestias respiratorias. Él se había dejado llevar por su intuición que pocas veces le fallaba. Había determinado conocerla personalmente cueste lo que cueste, y así había ocurrido. La preparación de la cita fue toda una cadena de postergaciones y pretextos que finalmente terminaron por exacerbar los ánimos. En el chat todo marchaba de maravillas, pero cuando él quería ultimar los detalles de día, hora y lugar, ella cambiaba de tema. Fue entonces cuando él decidió jugarse su última carta. No era algo complicado. Se trataba de proponerle encontrarse una sola vez, para conocerse y despedirse al mismo tiempo. Claro que si las cosas tomaban otro rumbo, ya nadie se sentiría presionado. Esta figura de una primera y única cita, que al mismo tiempo era un adiós conmovió el corazón de ella y accedió. Finalmente también tenía curiosidad por conocerlo personalmente.

Quedaron a encontrarse en las tiendas Ripley, usando el celular para ubicarse con precisión. Fue un chiste. Resulta que se estaban llamando sin percatarse que menos de diez metros los separaban. Se saludaron y rieron por lo de la llamada.

- Eres más alta de lo que pensaba – dijo él para romper el hielo, mientras observaba su atuendo negro que resaltaba en su piel clara. Es tan hermosa como luce en la foto que me encanta, pensó mientras seguía mirándola con hábil discreción.

- No tanto, te conté que me gustaban los zapatos de taco alto – respondió ella mirando satisfecha sus pies dentro del lujoso calzado.

- Vamos a tomar un jugo al “Chalán”- propuso ella, quizá para asegurarse de permanecer en un local muy concurrido, donde esté fuera de peligro.

Buscaron una mesa libre y comieron helados y la conversación se desarrolló con fluidez y confianza. En realidad eran los mismos temas que abordaban en el facebook. Sin embargo, el tiempo avanzaban y el momento de la despedida se acercaba.

- Sabes – le dijo él recurriendo a su más refinada estrategia

– Lo más probable es que no volvamos a vernos nunca más. – Le decía todo esto mirándola fijamente a los ojos para vencer sus defensas.

- Sin embargo, este adiós debería ser como en las películas clásicas – trataba de llevarla por el buen cine, una de sus pasiones.

- Y que película se te ocurre para el final – preguntó ella entrando en confianza.

- Para comenzar, descartemos un “happy end”, pues le quitaría intensidad – propuso él para subir el romanticismo.

- Nadie leería “Romeo y Julieta” si los amantes de Verona se hubieran casado y hubiesen muerto de ancianos –, agregó él tratando de simular una seguridad y autocontrol fingidos, pues en esos momentos lo que más ansiaba era abrazarla y besarla.

- Entonces dónde nos mataremos – bromeó ella demostrando una deliciosa audacia. Ambos rieron divertidos de la broma.

- Se me ocurre que nos amemos un día –. Le era difícil explicarlo.

- Lo que quiero decir es que caminemos de la mano, o abrazados, depende de ti, e imaginamos que somos una pareja de seres valientes y audaces que no le tienen miedo, ni al apresuramiento, ni a las despedidas – Pensó que había dado la estocada mortal, pero ella aún tenía un reparo.

- Pero este lugar con tanta gente no es el más apropiado. Hay mucha gente conocida. No lo hago por mí, sino por mi hijo – reparó ella con innegable sentido común.

- Entonces tendrás que darme un voto de confianza. Iremos a caminar a un parque más discreto -. Aún le quedaban recursos y estaba dispuesto a utilizarlos todos.

- Sabes. Pienso que los bellos momentos no son producto del azar. Uno mismo debe crearlos, y una caminata en la fresca noche será algo inolvidable, considerando que presumiblemente, ya no volveremos a vernos. – Remató él con su mejor poder de convencimiento.

- Esté bien. No sé por qué accedo, pero vayamos a donde dices.

Lo que sigue de la historia es previsible para cualquier muchacho enamorado. Está claro que caminar de la mano, o aún abrazados es lindo, pero definitivamente es insuficiente. No estaba dispuesto a irse sin besarla y de esta forma calmar su ansia de amor.

Lo intentó varias veces mientras caminaban, pero ella era muy hábil evitando el contacto labial. Pero tanto insistió él que fue imposible que ella se negara. Le recitó los más bellos poemas, le cantó las canciones más románticas. Suplicó. Llegó a pedírselo de rodillas, hasta que finalmente logró lo ansiado.

Fue un beso delicado y apasionado al mismo tiempo. Tierno y sensual como nadie se había besado. Fue tan grandioso que eso bastó para que ambos terminaran estrechándose por mucho tiempo y con un adiós que comenzaba a tornarse más difícil con cada caricia…

domingo, 1 de mayo de 2011

MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI

Por: Billy Crisanto Seminario

Son las cuatro de la madrugada y, al despertar, mi primer pensamiento es para ti. Mujer que me regala sus palabras portadoras de una mal disimulada ternura. Quizá sea sólo mi fantasía, pero es lindo imaginar que alguien te mira con algo

más que la cotidianeidad de compartir uno momento. Es lindo ensoñarse con una mirada, entre dulce sensual, que te dice que quisiera contarte tantas cosas, pero también quisiera escuchar tus anhelos, aquellos que se niegan a morir.

Definitivamente, la mujer es sideralmente mejor que el hombre. Tal vez (como decía el venerable viejo de la pipa), porque buscamos el seno materno - donde te sentías tan seguro - en cada mujer que conoces y quedas prendado de su sonrisa.

Es por ello que a esta hora (donde veo las cosas con mayor claridad), mi primer pensamiento, y mi primera fantasía de hoy domingo, es para ti. Mujer que me haces descubrir la plenitud del mundo con sólo pronunciar mi nombre.

Anoche estuve re enseñándole a Dylan Axel a que diga “Papá Billy” porque quería sentirme llamado en labios de alguien que adoro. A duras penas lo conseguí y minutos después me dormí plácidamente.

Por qué, como hace veinte años, sigo buscando más amor del que ya tengo. Por qué el encantamiento femenino hace presa fácil de mi, y sobre todo, por qué MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI….

domingo, 17 de abril de 2011

DYLAN AXEL Y LOS DOMINGOS GRISES

No sé en qué momento, como decía García Márquez, Dylan Axel tomo mi dedo con su manita y me atrapó para siempre. Hoy, como cada domingo, se fue donde su abuelita y, al despedirlo, sentí una combinación de ternura y tristeza difícil de explicar. Antes, lo bañé y le puse su ropa más linda mientras reía como sólo pueden reír los ángeles. Lo fui a embarcar (¿Por qué se dice embarcar si no se viaja en barco?) y mi alegría terminó cuando me dio un besito de despedida. Lo miré perderse en la distancia agitando su mano y se marchó sin perder esa sonrisa que alumbra más que el sol piurano.
Soy consciente de que poco a poco crecerá, y quién sabe la sana rebeldía, lo aleje de mí dentro de unos años. Sin embargo, en el fondo de mi (egoístamente), no quisiera que se haga adulto. Disfruto (disfrutamos) tanto los momentos que pasamos juntos que siento en mi alma como estrellitas que juegan en el cielo azul en una noche fresca.
Por ello hoy que pasarán muchas horas sin verlo será un domingo tedioso y apagado. Sin sus pasos corriendo por la casa. Sin sus exigentes y determinantes gritos, el silencio comenzará a doler en el alma y la música (eterna compañera) tendrá que doblar sus esfuerzos para calmarme.
Hoy comprendo algo que es difícil de aceptar pero es cierto como el acero. Los afectos nos vuelven tremendamente vulnerables e inseguros. Me da miedo pensar que le pueda pasar algo, o que me muera sin verlo crecer. Los hijos no sólo son la prolongación de la especie. Son también los grandes maestros de nuestra sensibilidad y de nuestra humanidad. Llegan para recordarnos lo necios que somos dando importancia a cosas que no lo tienen. Llegan porque, si Dios existe, definitivamente no le gusta ver solos y tristes a los hombres.
DYLAN AXEL llegaste cuando el desamor casi hace presa de mi y de nuevo cada amanecer cuando te veo despertar la mañana se viste de luz y de color. Por ello, hoy te esperaré y elevaré una plegaria al Dios de los Niños para que te cuide y te traiga de regreso esta noche…

lunes, 2 de agosto de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte III)

Hay una escena memorable en la película Casablanca. Humphrey Bogart abraza amorosamente a Ingrid Bergman. Ella está angustiada ante la disyuntiva de seguir los dictados de su corazón y quedarse con Rick (Bogart), o ser fiel a su esposo Victor Laszlo hacia quien siente la más elevada gratitud. Es entonces cuando Bogart pronuncia estas célebres palabras: “Confía en mí, Deja que yo piense por los dos”. Kill Bill quiso emular a su actor favorito cuando Shanina le dijo que debía optar entre dejarse llevar por su amor hacía él, o intentar, una vez más, salvar su matrimonio. Lo último suponía perdonar la infidelidad de Carlos (su esposo) a quien aún amaba, y así después no arrepentirse de no haber agotado los intentos. Kill Bill sabe que en esta historia alguien tiene que perder. Es consciente que llegará el día en que Shanina tendrá que decidir entre materializar su idílico e etéreo amor, o volver con Carlos y reconstruir su vida. Decide entonces apelar al altruismo que todos llevamos dentro y dejar que su amada regrese con Carlos. Sabe que puede perderla para siempre y sumirse en el dolor, pero también sabe que es peor vivir con algún remordimiento en el futuro. Ella, por su parte no quiere perderlo para siempre. Siente que algo nuevo y hermoso ha florecido en su corazón y se resiste a renunciar a él. Nada es totalmente seguro, pero Kill Bill alcanza a ver que es muy probable que esté asistiendo a la despedida del más grande amor de su existencia. Por ello propone una despedida inolvidable. Uno de los dos viajará para encontrarse, conocerse personalmente, y luego decirse adiós. Será el más grandioso final, como aquellos de las películas que tanto le gustaban. Prepara las cosas minuciosamente para el encuentro. Será un fin de semana de playa teniendo al mar como romántico cómplice. Lo ultiman todo en sus citas finales en el facebook intentando mantener alejada la melancolía del adiós. Entre bromas, palabras de aliento, poemas y canciones se preparan para el gran evento, y llega el día. Él la espera en el aeropuerto sintiendo que su corazón va a estallar de emoción. La reconoce en cuanto baja del avión y por primera vez, y sin importarles la gente, se dan el prometido y postergado abrazo de bienvenida. Le entrega las rosas rojas que acaba de comprar y ella casi llorando de alegría lo abraza más. Les parece increíble estar por fin juntos. Caminan unas cuadras hasta tomar el bus que los llevarán a la playa. No sienten el trayecto del viaje de tanto conversar, reír y escuchar música que él ha grabado para ella. Arriban a la playa e inmediatamente se dirigen al hospedaje. Toman una refrescante ducha y se preparan para ir a contemplar el ocaso frente al mar. Llegan justo cuando el sol se refleja en el mar entre amarillo y naranja. Caminan embelesados por la arena dejando que el agua moje sus pies. Ella dice sentir frío y él la abraza tiernamente. Sienten que en ese momento sólo existen ellos dos y el mar. Casi pierden la noción de la realidad y sólo escuchan los latidos de su corazón acompañados por el relajante sonido de las olas. Se tumban en la arena cuando el sol casi agoniza en el horizonte. La brisa se torna fría y tienen que abrigarse aún más. Se estrechan fuertemente y sucede lo tantas veces vivido en la dimensión de la fantasía. Su piel se une casi desesperadamente, la mitad por el frío y la mitad por amor. Se besan, primero suavemente y luego casi con desesperación. La noche y la luna de Shanina más radiante que nunca, los encuentra entrelazados como si no quisieran que exista un espacio entre ellos. Se aproxima el sagrado momento de entregarse por completo y hacerse suyos el uno al otro. Es difícil describir estos instantes de tan elevada felicidad. Sólo diré que, mientras el mar cantaba para ellos, ninguna parte de su piel fue ajena a la más dulce y ardiente caricia que se pueden prodigar dos amantes. Era la primera vez que intimaban y sin embargo sus cuerpos se entendían tan perfectamente que no eran necesarias las palabras. Tan maravilloso era ese momento que por ratos sentían que sí existía el cielo, eso era lo que más se le podía parecer. Todo fue divino esa noche. Caminaron, rieron, volvieron a hacer el amor. Llegaron a la habitación del hotel comieron, bebieron champagne haciendo mil conjuros por tan maravilloso encuentro. Esa noche olvidaron el mundo. Se durmieron abrazados escuchando suave baladas, sin recordar que ella tenía que partir (a él le dolía decirlo) para intentar reiniciar su vida de casada. No relataré las cosas cotidianas o tramitarías del viaje de regreso. Sólo recordaré sus últimas palabras. Igual que en Casablanca, Shanina dijo que ya no deseaba separarse nunca más de él. Kill Bill le recordó que habían acordado que él sería quien piense lo mejor para los dos. Cumplamos lo pactado le enfatizó. Ve y otórgate la última oportunidad. ¿Y nosotros? Preguntó ella. Y al mejor estilo de Casablanca, él le respondió: “Para nosotros quedarán los recuerdos de la playa, eso nadie nos lo arrebatará”. Ella tomo el vuelo de regreso más triste y más confundida que nunca…

viernes, 30 de julio de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte II)

Dicen que el internet tiende a deshumanizar a las personas. Que las aísla, pues la frialdad de una máquina jamás reemplazará al contacto directo y material. En fin, dicen tantas cosas malas del internet que Shanina comenzó a frecuentar ese mundo, más por solitaria curiosidad, que por una gran expectativa. Sin embargo, para su beneplácito conoció a otros solitarios, tristes o sumidos en el desamor como ella. Descubrió historias tan similares a la suya que también comenzó a escribir en el muro de su cuenta de Facebook. Pronto se sintió atrapada por los conmovedores testimonios de aquellos espíritus sensitivos y románticos que sintonizaban con su alma soñadora. Y lo descubrió a él. Se hacía llamar Kill Bill (como la película de Tarantino). Tenía la dosis exacta de inofensiva locura que en el fondo es infantil ternura (hasta riman), sólo entendida por almas sensibles como la suya. Pronto Shanina comenzó a llegar puntual a sus citas con su impredecible personaje del facebook. Antes de continuar debo enfatizar algo poco reparado por los adictos al mundo del Internet. Éste, como otros medios de comunicación genera otros universos paralelos. Lo que intento explicar es que mientras Kill Bill y Shanina chateaban, simultánea o posteriormente se entregaban totalmente al mundo de la fantasía. Él desde su biblioteca, y ella (con ropas muy sensuales) desde su acogedor lecho, digno de su anatomía de diosa. De esta forma, ambos dieron vida a un mundo tan real, por la fuerza y calor de sus sensaciones, como el que los demás conocen. Las noches de luna eran ahora acompañadas por sesiones de internet donde compartia inolvidables momentos con su inesperada alma gemela. Mientras sus dedos se desplazaban por el teclado y sus ojos por la pantalla, sus fantasías calentaban el frío invierno de la época. Nunca se habían saludado ni con un apretón de manos, pero en su imaginación ambos vivían un intenso romance con el cual fulminaban la distancia. Juntos se entregaban a un ritual de pasión y ternura. Ella experimentaba cosquilleos cuando él jugaba con sus cabellos embriagándose con su aroma una y otra vez. Luego se sentía atrapada entre sus brazos tan fuertemente en un idílico anhelo por fundirse uno en el otro. Sus corazones vibraban al unísono y sus labios se decían cuanto se amaban en su propio lenguaje. A estas alturas muchos dirán que ninguna emoción será igual a las que produce un encuentro personal y directo. Pues lo más seguro es que nunca han explorado el campo de la fantasía. Lo cierto es que se requiere contar con una exquisita sensibilidad para acceder a estas dimensiones. Y Shanina y Kill Bill sin duda la tenían. De tal manera que para ellos no era imprescindible la presencia física para amarse con tal impetuosidad que casi siempre terminaban agotados de tanta pasión y de tanta ternura. Y no se trataba de las experiencias de sexo virtual que ofrecen muchas webs como negocio. Lo que ellos vivían era mucho más íntimo y místico, pues involucraba todo su ser. Juntos se desvanecían y trasladaban a mundos donde la prueba de su realidad era la vehemente nitidez de sus sensaciones. Por ejemplo, para el común y corriente de las personas hacer el amor es frotar sus cuerpos hasta llegar al éxtasis. Para ellos hacer el amor era entregarse por completo a un ritual donde las tiernas palabras eran un susurro en sus oídos que escarapelaba su piel. Era contemplar sus ojos con la más dulce mirada y reír juguetonamente como niños. Sus cuerpos adquirían el caracter de divinos templos donde la soledad que antes perseguía sus vidas, se convertía en la más celestial comunión cuya belleza es imposible describir con palabras. Estos encuentros que eclipsaban la trivialidad de la vida cotidiana los esperaban cada noche, y cuándo por algún motivo no se suscitaban, precisaban compensarse con una llamada que prodigara su voz en el teléfono. Sus amigos o contactos en el Facebook solían leer frases de amor o vídeos musicales dedicados el uno para el otro. Pero esto era sólo la punta de un iceberg (de un volcán sería la palabra más apropiada) cuyos códigos sólo eran compartidos por ellos. Este ensoñador universo era por momentos la cima de toda su existencia. Sin embargo, como nada es perfecto, su continuidad requería de algo urgente que resolver…

domingo, 18 de julio de 2010

APAGABA LA MÚSICA CUANDO HACÍAMOS EL AMOR


Quienes me conocen saben de mi devoción por la música. Cuántas veces he cerrado los ojos para que los audífonos me transporten a mágicos universos de donde no he deseado volver. Por ello la siguiente confesión no está exenta de la innoble sensación que nos produce la ingratitud (hacia la música, fiel compañera). Hay quienes les agrada escuchar canciones suavecitas cuando hacen el amor. Yo prefería ser tocado por la celestial melodía de tus gemidos. De aquellos susurros que oscilaban entre la más angelical ternura y la más enloquecedora pasión. Estas entrecortadas palabras habían sido hechas para hacerme tocar el cielo, y hoy se empobrecen al escribirlas. Por ejemplo, sollozos como: ¡Te amo!, ¡Nunca me dejes!; o más aún ¡Soy toda tuya!, no eran frases para la semántica. Eran divinos dones que me ofrendabas con el más ardiente amor. Habían sido creadas para ti, pues sólo en tu boca despertaban emociones desbordadas de místico embelesamiento. No sólo eran aprehendidas por mis oídos, sino agitaban cada una de las células de mi deslumbrado ser. Y es que estaban férreamente ligadas a tu piel blanca, suave y ardiente. A tu dorado cabello cuya fragancia quería eternizar en mis sentidos. A tus labios rojos y humedecidos de ese néctar que me prodigabas con tanto amor. Por eso prefería el silencio para poder sentir todo lo que decías en  su indescriptible belleza. Disfrutar de tu voz en la plenitud de cada segundo. Embriagarme con ellas y tatuarlas en mi piel para evocarlas en estas noches de soledad. Como ahora que la nostalgia se confunde con el ansia de volver al paraíso de tus deliciosas palabras...

sábado, 6 de febrero de 2010

BELLEZA QUE HIERE LOS OJOS

Ya no recuerdo si he leído o escuchado la frase. Decía más o menos así: “Tenía una belleza que lastimaba los ojos con su fulgor”. Me impresionó por algún tiempo y creo haberla dicho más de una vez, pero sin sentir su fuerza. Hace días la recordé con intensidad. No contemplaba a Julia Roberts, Penélope Cruz, Angelina Jolie, o alguna de las diosas de Hollywood cuya inaccesibilidad termina por volverlas irreales. Se trataba de un rostro descubierto en la red. Made in Perú para sentirnos orgullosos. Trataré de describirla. Irradiaba aquella criatura, eso que llaman ángel. Es decir la combinación de dulzura y sensualidad, en su mirada, en su sonrisa y en el gesto de sus labios captados por la cámara. Al comienzo pensé que había colgado la foto de alguna modelo, pero luego me convencí que era ella. la chica con la que había platicado unos minutos. Me sorprendió su sencillez, pues bellezas de ese nivel, no descienden a nuestro mortal mundo. Vi la foto de su nena de cinco añitos que había heredado algo de su hermosura. Por mi parte, le conté sobre Dylan Axel y la enorme felicidad que significaba en mi vida. Arribo ahora a la reflexión sobre la frase del inicio. Veamos. Es de suponer que Dios, la naturaleza o alguna fuerza creadora, define el modelo (físicamente hablando) de los seres que vienen al mundo. Se trata de lo que la ciencia llama la base genética. Entonces en la creación de esa beldad hay un componente de “fabrica” imposible de realizar, incluso por el más hábil cirujano plástico. Sin embargo, no basta con la simetría de sus rasgos. Existen mujeres muy bellas, pero que no atraen fuertemente. Aquello lo otorga la naturaleza, pero hay algo que es como la hermosura del alma. Se asoma por los ojos, por los labios, por la voz, por cada uno de los gestos de una persona. Consecuentemente, es el ENCANTO y no la belleza, lo que más perturba porque, precisamente, el alma encantadora envía un mensaje a su par que la está observando. En ese momento se establece un lenguaje sin palabras, pero con tal intensidad que nos produce aquella sensación que algunos han bautizado como la “belleza que lastima”. Y es verdad, pues resulta muy difícil resignarse a que ese ángel permanezca completamente ajeno a nuestras vidas. No obstante con los años, aunque no desparecen, se aprenden a controlar los impulsos que nos llevan a obsesionarnos con alguien. Quizá mi recién descubierta diosa sólo pueda regalarme su encanto a través de las fotos que cuelgue en la red, pero eso ya será motivo de regocijo, pues el cielo y las estrellas se han hecho para contemplar, mas no para poseer.