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jueves, 8 de mayo de 2014

ARAÑANDO LA PLENITUD


Me miraste burlonamente antes de decirme que el amor se acaba como todo en la vida. Un escalofrío bajó de mi estómago hasta mis pies y sentí por primera vez la amargura de los amores frustrados. Hice un recuento rápido y el balance determinó que era yo el responsable principal de todo esto. Mi excesivo afán de sobreprotegerte había terminado por asfixiar tu vocación por la libertad. Hice un esfuerzo supremo y recobré el aplomo. No obstante, te veía (mi corazón te veía) más linda que nunca. "Todo ese paraíso voy a perder" pensé para mis adentros, pero no cometería el error de suplicar tu clemencia, pues eso siempre agrava las cosas...
Hagamos el amor sólo una vez más antes del adiós, dije fingiendo una seguridad y una audacia de la que carecía en ese momento. Lo aceptaste, quizá como una expresión de gratitud. 
Entonces esa noche nos amamos con desesperación. Las lágrimas (no sabíamos si de tristeza o de felicidad) mojaron nuestros rostros. Nos entregamos por completo intercalando momentos de salvaje pasión con otros de sublime ternura. No queríamos que ese instante termine. Entonces, en pleno éxtasis, nos sentimos arrebatados de la realidad espacio-temporal, y moramos en lo que los teólogos llaman la eternidad. Había leído que ésta consiste en la conversión del presente, del pasado, y del futuro en un único estado. Y eso fue lo que experimentamos. Dios que habita en la eternidad y que nos ama incondicionalmente, nos otorgó el inmerecido don de fusionarnos en un solo ser (no dos sino uno) construido sólo de sensaciones, donde lo místico y lo erótico dejaron de ser opuestos. El amor de ese instante, desprovisto de tiempo, fue tan grandioso que me está prohibido revelar que pasó después (si acaso se puede hablar de un después). Y para los incrédulos: ¿No dicen acaso que el amor lo puede todo?

sábado, 29 de marzo de 2014

DERROTADA REBELDÍA

Esta noche trato de poner un poco de luz a los hechos y ensayo esta teoría. En algún momento, y por mi culpa, se levantó la barrera, el hielo, la desconfianza y comenzaste a tomar distancia. Lo demás era inexorable. Encontrar motivos para soslayarme sutilmente, y pericia en esas lides no te falta.
El nonato amor que surgió de pláticas divertidas e interminables pende ahora de un hilo. Lo virtual funcionó a la perfección, pero la realidad material no cubrió tus expectativas. Y hoy aquí sin saber en que matar el tiempo. Con el sabor ácido de la derrota. Con la implacable espada de la renuncia sobre mi cuello, y con el corazón empequeñecido por el miedo.
Debí conocer más sobre tu historia y no confiar en la intuición. Qué desgarros emocionales tapiaron tus afectos hacia los hombres. Qué lágrimas agotaron tempranamente tu confianza en las miradas que se atrevían a ahondar en tu alma.
Debí cultivar mucho más tu sensibilidad hasta hacerla sintonizar con mis afectos. Me apresuré a celebrar las nacientes compatibilidades como si eso bastara para conquistar a una chica como tú. No puse atención a tus palabras. Subestimé la hondura de esa escéptica frase "He perdido la fe". Pensé que era fácil domesticarte como lo hizo el Principito con el zorro.
Ahora estoy inmovilizado. Sintiendo como la inmovilidad senectud ataca a mansalva esa mi rebeldía que había adquirido brillo apenas te conocí. Sin la decisión para dar el paso final. Insoportablemente dividido entre tu dulce sonrisa que nutre la vida, y el debilitado orgullo que me impele a destruirlo todo. En medio de este caos lacerante, con las ganas apenas de escribir algunas líneas como luces de bengala de mi naufragado ser. Mirando el cielo con la agonizante esperanza de alcanzar a ver a mi estrella...

MUSA DESCONOCIDA


Sí, como dice Heráclito, el río del pasado corre hacía el presente, 

ella marcha hacia mí.
Temerosa, con una prisa cuyo candor se diluye en mis palabras, cautelando todo el amor con el que aliviará mi corazón.
Es la musa desconocida, virtualmente encantadora,
pero ajena a mis afanes en la realidad 
hecha de tiempo y de espacio.
La imagino en los jardines eternos de cómplices orquídeas. 
Con la ingenuidad de la neonata pasión. 
Sin saber como explicarme que el destino es férreo.
Que los amores inextinguibles son arquitectura de años
de insondable trabajo de los dioses.
Mi musa desconocida hoy me levantó la mano, me miró de reojo, 
como diciéndome: "...en un rinconcito de mi alma hay espacio para ti. 
Si te portas bien, te llevarás la mitad de mi sonrisa,
y quién sabe con el tiempo, escucharás mi voz y caminarás a mi lado..."
Mi musa desconocida, hoy sola contempla las estrellas, 
pero mañana lo hará conmigo, 
sí me reivindico con la vida, sí empiezo a ser bueno...

martes, 9 de agosto de 2011

CAMINATAS VESPERTINAS


Esta tarde he caminado por la ciudad buscando una sonrisa que me devuelva al edén de mis días de niñez. He mirado rostros de toda condición y he reído como un orate de las prisas y de los temores de la gente que nunca descubrirá el placer de caminar o imaginar.
Esta tarde me he dejado llevar por mis pasos buscando ese estado de sosiego donde la fantasía se convierte en brillante realidad.
Esta tarde he bendecido este otorgado don de ver más allá de los ojos, y constatar de nuevo, que para ser feliz sólo se requiere mirar en la dirección correcta. He contemplado, por ejemplo, los frondosos y verdes árboles que acogen amorosamente a seres con el cuerpo y el alma agotada.
Esta tarde he visto a los niños trabajar (o jugar). Unos cargando su producto o su herramienta, que llevará el pan a su familia. Otros correteando con sus padres, construyendo tempranamente bellos recuerdos de infancia. Ambas realidades me han despertado encontradas sensaciones sobre la injusticia que hemos instaurado en el mundo.
Esta tarde he oxigenado mi alma para varios días de calma y he retornado a jugar con Dylan Axel. Volví (con Mercedes Sosa) a agradecer a la vida, e invadido por el sueño he contemplado el paraíso de Dios y de Marx. Esta tarde ha podido ser completa de no ser por ti, mujer, experta en hacerme sentir tu ausencia. A pesar de la quietud, he extrañado tu sonrisa que cuando falta, como una ráfaga, convierte mi calma en orfandad. He pensado sí el poder otorgado por mi corazón a tu mirada es signo de poesía o debilidad.
Esta tarde se abrió una de aquellas ventanas, en las que se alcanza a ver otro mundo, con una aureola de paz, pero que no era el mío. Pues mi destino se marcha tras tus pasos como el tardío ciego tras las la luz perdida. Mi esencia de animal unido a la naturaleza, o de abstracto querubín liberado de pasiones, fue arrebatada por el fuego divino (el tuyo) de unos besos que se llevaron mi inocencia, pero me otorgaron el elixir reservado a las divinidades. Me ofrendaron el celestial éter, pero también la angustia que los hombres llaman soledad.
Esta tarde, ángel de mis divinos sueños, no estuviste conmigo, y aunque tu sonrisa siempre la llevo en mi alma, nada remplaza tu presencia viva y sonora, tus suaves y delgadas manos que a mi corazón enajenan. Esta tarde, Princesa.., a quién engaño, la gran ausente fuiste tú...
 

NOS CONOCIMOS PARA DECIRNOS ADIÓS

El invierno había sido irregular en Piura. Con unos días de intenso frío y otros de un brillante sol. En ese invierno se habían conocido en el internet, y eso compensaba todos los resfríos y otras molestias respiratorias. Él se había dejado llevar por su intuición que pocas veces le fallaba. Había determinado conocerla personalmente cueste lo que cueste, y así había ocurrido. La preparación de la cita fue toda una cadena de postergaciones y pretextos que finalmente terminaron por exacerbar los ánimos. En el chat todo marchaba de maravillas, pero cuando él quería ultimar los detalles de día, hora y lugar, ella cambiaba de tema. Fue entonces cuando él decidió jugarse su última carta. No era algo complicado. Se trataba de proponerle encontrarse una sola vez, para conocerse y despedirse al mismo tiempo. Claro que si las cosas tomaban otro rumbo, ya nadie se sentiría presionado. Esta figura de una primera y única cita, que al mismo tiempo era un adiós conmovió el corazón de ella y accedió. Finalmente también tenía curiosidad por conocerlo personalmente.

Quedaron a encontrarse en las tiendas Ripley, usando el celular para ubicarse con precisión. Fue un chiste. Resulta que se estaban llamando sin percatarse que menos de diez metros los separaban. Se saludaron y rieron por lo de la llamada.

- Eres más alta de lo que pensaba – dijo él para romper el hielo, mientras observaba su atuendo negro que resaltaba en su piel clara. Es tan hermosa como luce en la foto que me encanta, pensó mientras seguía mirándola con hábil discreción.

- No tanto, te conté que me gustaban los zapatos de taco alto – respondió ella mirando satisfecha sus pies dentro del lujoso calzado.

- Vamos a tomar un jugo al “Chalán”- propuso ella, quizá para asegurarse de permanecer en un local muy concurrido, donde esté fuera de peligro.

Buscaron una mesa libre y comieron helados y la conversación se desarrolló con fluidez y confianza. En realidad eran los mismos temas que abordaban en el facebook. Sin embargo, el tiempo avanzaban y el momento de la despedida se acercaba.

- Sabes – le dijo él recurriendo a su más refinada estrategia

– Lo más probable es que no volvamos a vernos nunca más. – Le decía todo esto mirándola fijamente a los ojos para vencer sus defensas.

- Sin embargo, este adiós debería ser como en las películas clásicas – trataba de llevarla por el buen cine, una de sus pasiones.

- Y que película se te ocurre para el final – preguntó ella entrando en confianza.

- Para comenzar, descartemos un “happy end”, pues le quitaría intensidad – propuso él para subir el romanticismo.

- Nadie leería “Romeo y Julieta” si los amantes de Verona se hubieran casado y hubiesen muerto de ancianos –, agregó él tratando de simular una seguridad y autocontrol fingidos, pues en esos momentos lo que más ansiaba era abrazarla y besarla.

- Entonces dónde nos mataremos – bromeó ella demostrando una deliciosa audacia. Ambos rieron divertidos de la broma.

- Se me ocurre que nos amemos un día –. Le era difícil explicarlo.

- Lo que quiero decir es que caminemos de la mano, o abrazados, depende de ti, e imaginamos que somos una pareja de seres valientes y audaces que no le tienen miedo, ni al apresuramiento, ni a las despedidas – Pensó que había dado la estocada mortal, pero ella aún tenía un reparo.

- Pero este lugar con tanta gente no es el más apropiado. Hay mucha gente conocida. No lo hago por mí, sino por mi hijo – reparó ella con innegable sentido común.

- Entonces tendrás que darme un voto de confianza. Iremos a caminar a un parque más discreto -. Aún le quedaban recursos y estaba dispuesto a utilizarlos todos.

- Sabes. Pienso que los bellos momentos no son producto del azar. Uno mismo debe crearlos, y una caminata en la fresca noche será algo inolvidable, considerando que presumiblemente, ya no volveremos a vernos. – Remató él con su mejor poder de convencimiento.

- Esté bien. No sé por qué accedo, pero vayamos a donde dices.

Lo que sigue de la historia es previsible para cualquier muchacho enamorado. Está claro que caminar de la mano, o aún abrazados es lindo, pero definitivamente es insuficiente. No estaba dispuesto a irse sin besarla y de esta forma calmar su ansia de amor.

Lo intentó varias veces mientras caminaban, pero ella era muy hábil evitando el contacto labial. Pero tanto insistió él que fue imposible que ella se negara. Le recitó los más bellos poemas, le cantó las canciones más románticas. Suplicó. Llegó a pedírselo de rodillas, hasta que finalmente logró lo ansiado.

Fue un beso delicado y apasionado al mismo tiempo. Tierno y sensual como nadie se había besado. Fue tan grandioso que eso bastó para que ambos terminaran estrechándose por mucho tiempo y con un adiós que comenzaba a tornarse más difícil con cada caricia…