sábado, 29 de marzo de 2014
DE AMIGA A AMADA
lunes, 26 de septiembre de 2011
OBJETIVO. NO AMARTE
Esta noche comenzaré la inhumana misión de ya no amarte. Sin alcohol, sin drogas, sin anti depresivos. Será el desafío más grandioso, pues logrado esto, pocas cosas tendrán el adjetivo "imposible". Debo dejar de amarte para ya no sufrir inútilmente, pues mis ideales colisionan con tus sentencias en las que el prejuicio anidó una noche de mis existenciales vacaciones.
Lo dictamino, aunque en ello se me vaya parte de la vida. Le prohíbo al corazón seguir amándote. Llegarán jornadas donde el desamor de nuevo traté de aniquilarme, pero es mejor eso a la indignidad del rechazo. No te odio, sólo quiero soslayarte como un poema extraviado, cuya lectura inspiró sueños con desolados despertares.
Quiero no amarte para buscar otros amores que abracen mi alma, la que tú dejaste ir esta noche junto a mi desesperanza. Y también porque tú me enseñaste a desconfiar de los puntos intermedios, tibios o indefinidos.
Pienso ahora con cabeza fría (señal de que es posible ya no amarte) que escribir contra el sentido natural del corazón es poco liviano, por aquello de que los amores imposibles son las más expertas musas. Pero. Has pasado de ser un amor imposible a uno acabado, olvidado y sobre todo aniquilado.
Siento pena por mi, pues muchas palabras enmudecerán en este tranvía donde cada noche viajamos no más de dos pasajeros. Pero también siento pena por ti, pues aquella ternura de la cual eras soberana reina, pasará a propiedad de alguna tierna mirada que alcanzo a ver en camino.
Qué más dá, especialista en adioses, en lágrimas perladas por el fracaso. Una despedida será un capítulo más de este libro de mi vida, donde estoy arrancando las páginas de tu historia, linda, pero agotadora como una carrera hacia un seco pozo.
Los puntos suspensivos estaban aquí "..."
Una semana de vacaciones al corazón le harán un inestimable bien. El punto final está acá "."
martes, 9 de agosto de 2011
NOS CONOCIMOS PARA DECIRNOS ADIÓS
El invierno había sido irregular en Piura. Con unos días de intenso frío y otros de un brillante sol. En ese invierno se habían conocido en el internet, y eso compensaba todos los resfríos y otras molestias respiratorias. Él se había dejado llevar por su intuición que pocas veces le fallaba. Había determinado conocerla personalmente cueste lo que cueste, y así había ocurrido. La preparación de la cita fue toda una cadena de postergaciones y pretextos que finalmente terminaron por exacerbar los ánimos. En el chat todo marchaba de maravillas, pero cuando él quería ultimar los detalles de día, hora y lugar, ella cambiaba de tema. Fue entonces cuando él decidió jugarse su última carta. No era algo complicado. Se trataba de proponerle encontrarse una sola vez, para conocerse y despedirse al mismo tiempo. Claro que si las cosas tomaban otro rumbo, ya nadie se sentiría presionado. Esta figura de una primera y única cita, que al mismo tiempo era un adiós conmovió el corazón de ella y accedió. Finalmente también tenía curiosidad por conocerlo personalmente.
Quedaron a encontrarse en las tiendas Ripley, usando el celular para ubicarse con precisión. Fue un chiste. Resulta que se estaban llamando sin percatarse que menos de diez metros los separaban. Se saludaron y rieron por lo de la llamada.
- Eres más alta de lo que pensaba – dijo él para romper el hielo, mientras observaba su atuendo negro que resaltaba en su piel clara. Es tan hermosa como luce en la foto que me encanta, pensó mientras seguía mirándola con hábil discreción.
- No tanto, te conté que me gustaban los zapatos de taco alto – respondió ella mirando satisfecha sus pies dentro del lujoso calzado.
- Vamos a tomar un jugo al “Chalán”- propuso ella, quizá para asegurarse de permanecer en un local muy concurrido, donde esté fuera de peligro.
Buscaron una mesa libre y comieron helados y la conversación se desarrolló con fluidez y confianza. En realidad eran los mismos temas que abordaban en el facebook. Sin embargo, el tiempo avanzaban y el momento de la despedida se acercaba.
- Sabes – le dijo él recurriendo a su más refinada estrategia
– Lo más probable es que no volvamos a vernos nunca más. – Le decía todo esto mirándola fijamente a los ojos para vencer sus defensas.
- Sin embargo, este adiós debería ser como en las películas clásicas – trataba de llevarla por el buen cine, una de sus pasiones.
- Y que película se te ocurre para el final – preguntó ella entrando en confianza.
- Para comenzar, descartemos un “happy end”, pues le quitaría intensidad – propuso él para subir el romanticismo.
- Nadie leería “Romeo y Julieta” si los amantes de Verona se hubieran casado y hubiesen muerto de ancianos –, agregó él tratando de simular una seguridad y autocontrol fingidos, pues en esos momentos lo que más ansiaba era abrazarla y besarla.
- Entonces dónde nos mataremos – bromeó ella demostrando una deliciosa audacia. Ambos rieron divertidos de la broma.
- Se me ocurre que nos amemos un día –. Le era difícil explicarlo.
- Lo que quiero decir es que caminemos de la mano, o abrazados, depende de ti, e imaginamos que somos una pareja de seres valientes y audaces que no le tienen miedo, ni al apresuramiento, ni a las despedidas – Pensó que había dado la estocada mortal, pero ella aún tenía un reparo.
- Pero este lugar con tanta gente no es el más apropiado. Hay mucha gente conocida. No lo hago por mí, sino por mi hijo – reparó ella con innegable sentido común.
- Entonces tendrás que darme un voto de confianza. Iremos a caminar a un parque más discreto -. Aún le quedaban recursos y estaba dispuesto a utilizarlos todos.
- Sabes. Pienso que los bellos momentos no son producto del azar. Uno mismo debe crearlos, y una caminata en la fresca noche será algo inolvidable, considerando que presumiblemente, ya no volveremos a vernos. – Remató él con su mejor poder de convencimiento.
- Esté bien. No sé por qué accedo, pero vayamos a donde dices.
Lo que sigue de la historia es previsible para cualquier muchacho enamorado. Está claro que caminar de la mano, o aún abrazados es lindo, pero definitivamente es insuficiente. No estaba dispuesto a irse sin besarla y de esta forma calmar su ansia de amor.
Lo intentó varias veces mientras caminaban, pero ella era muy hábil evitando el contacto labial. Pero tanto insistió él que fue imposible que ella se negara. Le recitó los más bellos poemas, le cantó las canciones más románticas. Suplicó. Llegó a pedírselo de rodillas, hasta que finalmente logró lo ansiado.
Fue un beso delicado y apasionado al mismo tiempo. Tierno y sensual como nadie se había besado. Fue tan grandioso que eso bastó para que ambos terminaran estrechándose por mucho tiempo y con un adiós que comenzaba a tornarse más difícil con cada caricia…
sábado, 13 de septiembre de 2008
EXPERTOS EN AUTOLASTIMARNOS

