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domingo, 11 de mayo de 2014

LA NOCHE DE LOS DONES


Ella recién había ingresado a la universidad y yo era presidente del Centro Federado de mi facultad. Habíamos organizado una fiesta para recaudar fondos para comprar libros. Terminadas las coordinaciones y trabajos de la fiesta, bebí casi una cerveza yo solo para envalentonarme, y me escurrí hasta la pista de baile tan sólo para sacarla a bailar. Vestía ese vestidito floreado que se agitaba sobre sus piernas, pero nunca dejaba ver lo que anhelábamos casi todos en la universidad. Entonces ni siquiera le di tiempo para duda. La miré a los ojos y a los segundos ya estábamos junto a las demás parejas. Esa tarde - noche me convertí en el ser más afortunado de toda la universidad. Si bien gasté dinero para poder tratarla como una reina, al final logré mi cometido, llevarme a la chica más codiciada de toda la fiesta (quizá exagere un poco, pero así lo sentía). Fuimos a su casa. Me hizo esperar casi una hora, pero salió más esplendorosa que nunca, y ahí me percaté que tenía más de un vestidito floreado. Me contó entre risas que ya se había dado cuenta que siempre la quedaba mirando, pero que aunque a ella no le interesaba la política, sentía curiosidad por conocerme…
Esa noche las cosas fluyeron solas. Como movidas por una fuerza cósmica, todo funcionó de maravillas, pero un pacto de honor me obliga a no revelar detalles de nuestro encuentro. Sólo diré que esa noche me embriagué con los labios perfectos. Húmedos y carnosos se entregaron para mi insaciable sed de amar a lo largo de dos horas, las cuales sentí como dos minutos. Su cuerpo junto al mío, se elevó al elixir sagrado para mis pulsiones de universitario. La amé con la devoción por lo celestial, pero también con la premonición de que no podía ser real tanta belleza, y no me equivoqué. Llego aquí a la parte más dura. La sagrada cumbre de esos momentos se derrumbó hacia el abismo de la desolación al escuchar sus palabras. - Tengo mi enamorado - me dijo como quien despierta de un sueño, - y somos pareja desde los quince años, él ya se va a graduar de ingeniero, y el año que viene pedirá mi mano. Nuestras familias se conocen, y para ser sincera, yo también lo quiero mucho -. Sentí un golpe que luego se convirtió en hielo en toda mi sangre. Le supliqué, le lloré, me arrodillé ante ella, pero la determinación era indeclinable. Me consoló, llamó un taxi y me embarcó hacia mi casa…
Esa noche me fueron otorgados los dos extremos de la vida. El goce más grandioso, y el dolor más hiriente jamás superado. Hoy después de varios años aun sigo recordándola y preguntándome si acaso no fue un sueño que adquirió la solidez de la realidad para luego desvanecerse nuevamente en el territorio de lo ideal, de lo maravillosamente soñado por mis veintitantos años…

sábado, 5 de abril de 2014

CULPA E INOCENCIA

A pesar de los años sigues tan vigente como si ayer te hubiese conocido y amado. Tu ángel restableció la inocencia en mi, convirtiendo el sexo en un accesorio prescindible, e incluso trivial. Nuestro idilio se edificó de miradas, risas, divertidas pláticas y aquellas caminatas donde tu mano era el premio más grande por "haberme portado bien". Incluso me encantaba como me regañabas tiernamente. Sin embargo, algo se quebró aquella noche en que ya no resistimos al impulso de "adultas" caricias. Entonces te marchaste triste a tu casa y yo confundido a la mía. Habíamos trasgredido la frontera de la pureza de nuestros ojos y la culpa se instaló como una estaca en el corazón. Te alejaste de mi dejando ese vacío que hoy trato de llenar como una redención a mi alma huérfana de tu encanto. Por ello, a estas alturas pienso que (al menos entre nosotros) el adiós es una pérdida antes que una ausencia. Pues un día nos conocimos y comulgamos en una misma sensibilidad que nos sacó de la pobreza de la realidad y creó para nosotros un maravilloso universo construido de inocencia...
Se ama para mañana tener hermosos recuerdos. Aunque lastima un poco, es lindo evocar momentos y emociones bellas. Con el tiempo el corazón se vuelve generoso y no pide retribución a cambio, pues es feliz en los confines de los sueños y de las nostalgias...

martes, 25 de marzo de 2014

ELLA CUIDABA A SU NIETECITO

Todas las noches salía a pasear a su nietecito en su carrito de bebé, mientras los niños más grandes corrían en sus bicicletas. Trataba de regalarle todo el cariño y la dedicación que no tuvo para con sus hijas. De eso se encargó su hermana (tía de las niñas), quien contrario a ella, nunca pudo tener los suyos. Las protegía tanto que, cuando se convirtieron en agraciadas jovencitas, las acompañaba a cuanto lugar iban. Por eso el día en que una de ellas se fue con un muchacho la tía lloró durante varias semanas, pues le arrancaron algo que había cuidado amorosamente. Pagó con lágrimas su debut como mamá fortuita, es otra forma de decirlo.
Pero la vida siempre da segundas oportunidades, y ella se estaba reivindicando con su nietecito. Su historia se parecía a la de muchas chicas, salvo por una particularidad. En una época en que los muchachos sólo buscaban satisfacer el llamado de las hormonas, ella sólo quería que la amen, y por eso se entregaba por completo a todo aquel que le mostrara fingido interés. Fue así como tuvo a sus niñas, cada una de diferente papá; hasta que la hermana (que cuidaba a las niñas) la hizo ligar para que no tuviera más hijos. 
Había mencionado una particularidad en ella, pero en realidad fueron dos. La primera, que ya adelanté, era entregarse por completo a los chicos, tratando de saciar su profundo anhelo de sentirse amada. La segunda era su apariencia física (para usar un eufemismo). La naturaleza no había sido precisamente generosa con ella. O nadie la había mirado con los ojos del corazón (si queremos ser poéticos). El hecho es que el desamor la había llevado a volcar en su nietecito toda la ternura que los muchachos no habían valorado. Su historia me la contó mi madre cuando le pregunté por aquella señora cabizbaja que caminaba empujando un carrito de bebé, y que sólo atinaba a decir “buenas noches” cuando me encontraba cuidando a mi hijo Dylan Axel mientras paseaba en su bicicleta. 
Sólo queda decir que, en el fondo, ella sólo quiso vivir de acuerdo a los llamados de su corazón, pero los muchachos sólo veían en ella la oportunidad de un gratuito rato de placer, para luego abandonarla. Quizá no sea verdad (para ella no lo fue) aquello de que “el amor sólo se paga con amor”. 

viernes, 21 de marzo de 2014

LA LLAMABAN PUTA

Ella nunca negaba un beso y le llamaban puta. Los hombres llegaban a su regazo tristes y angustiados, y luego de tocar sus labios, se les iba toda la sombra de su alma, y sin embargo, la llamaban puta…
Ella identificaba muy bien a quienes fingían, y sólo les daba una sonrisa. Pero cuando se entristecían de verdad por su negativa a besarlos, entonces también les ofrendaba su boca, y seguían llamándola puta…
Ella se sentaba en el parque a dar de comer a las palomas, esperando hombres a quienes consolar. A veces entonaba una canción para llamar a la luna, y entonces llegaban los desolados hombres, y sin embargo, no cesaban de llamarla puta…
Un día se negó a besar a los hombres tristes y sufrientes. Sólo conversaba con ellos, pero no sabía aconsejar, y ya no lograba devolverles la risa. Se iban llorosos a seguirse embriagando. Entonces dejaron de llamarla puta…
Ella dejó de ir al parque un día. Las palomas se fueron muriendo de hambre, y los hombres se quedaron tristes por siempre. La buscaron en su casa y no la encontraron. Los hombres se consolaron pensando que se había ido al cielo. Y a pesar de todo, no faltó alguien que dijo que se fue a trabajar a un burdel…

HISTORIA DE CORAZONES

Hacía unos meses habían pintado un gran corazón en el cerro con sus nombres debajo. 
- Nadie podrá borrarlo, pues el lugar es casi inaccesible - dijo ella mientras lo besaba.
- Todos los años, cuando vengamos a la playa, iremos a verlo, y si ya no estuviera, lo volvemos a pintar - enfatizó él.
Y es que verdaderamente pensaban que su amor era indestructible, pues ella se lo había demostrado en situaciones muy duras.
Por ejemplo, cierta vez él había llegado a la playa con toda la resaca de la fiesta de sábado. El dolor de cabeza y el vómito eran insoportables. Sin embargo lejos de generarle rechazo, ella le consiguió una sal de andrews con aspirinas para que tome. Lo sostuvo en sus brazos mientras le ponía paños de agua fría en la cabeza. Se durmió una media hora y se despertó un poco aliviado. Ella lo seguía abrazando y no tuvo reparos en besarle en la boca, mientra sus amigos (disimuladamente) hacían gestos de repudio. Lo trataba como a un bebé, y esos engreimientos hacían que él llegue a pensar que nunca dejaría de amarlo...
Hay un punto negro (varios puntos negros en la historia). El no supo qué es lo que realmente la hizo cambiar. No había hecho caso de los comentarios de que había un muchacho que la estaba enamorando. Quizá, masoquistamente, deseaba sumergirse en la auto compasión de los celos. El hecho es que un domingo no quiso ir a la playa, sólo para ponerla a prueba. Pensaba que ella tampoco iría, pero se equivocó. No sólo fue, sino que estuvo paseando con el muchacho aquel. Cuando se enteró se sintió destrozado. Experimentó aquello del "amor y odio" que había escuchado en una vieja canción. En ese vendaval de sentimientos quiso matarse, pero le faltó valor para arrojarse a las ruedas de un carro , y así hacerla sufrir. No obstante la buscó, le suplicó, se humilló ante ella hasta lograr que regrese. Pero se engañó a sí mismo. Ella era dueña de la situación. Le era infiel, pero luego lo seducía. Conocía muy bien sus debilidades y le entregaba lo que sabía que él más deseaba. Pero algo se había roto en el alma y seguía doliendo. Luego de los momentos de pasión él volvía a odiarla por haberlo echado a perder todo, y terminaban separados nuevamente, hasta que el la buscaba sólo porque la deseaba, lo cual iba convirtiendo su vida en un infierno. Pero no era capaz de dar el último paso. Llegó a maldecir la debilidad de su piel incapaz de vivir sin sus caricias.
Una mañana se marchó solo a la playa miró el lugar donde aún permanecía el corazón de ambos. Primero maldijo su destino y lloró amargamente. Luego suplicó con todas sus fuerzas a Dios que lo ayude a olvidarla. El cambio demoró aún algunos días. Pero poco a poco la iba necesitando menos. Hasta que por fin lo consiguió. Ni siquiera se lo comunicó. Le bastaba largamente sentirse liberado de tan enfermizo amor. Para demostrase a sí mismo que ya lo había superado, volvió a la playa. Recorrió los lugares donde se amaron juntos, y sólo sintió una tenue nostalgia que ya no lastimaba. Miró el gran corazón, y fue cuando subió el mismo a borrarlo por completo. Ese fue el signo de que su amor era historia.

miércoles, 26 de octubre de 2011

EL DESCUBRIMIENTO DE LA MELANCOLÍA

Quizá la primera sensación de desolada orfandad, aquella que engendró a las demás, ocurrió a los 10 años. Habían pasado unos cinco  desde que habíamos dejado la casa hacienda, ubicada en medio de frutales y sembríos, para ir a la ciudad a estudiar.
El día en mención había muerto mi abuelo Gilberto,  y me encargaron ir a avisarle a mi papá que aún trabajaba en ese lugar.
Cuando llegué contemplé los enormes cultivos tratando de buscar los bellos recuerdos de mi niñez, como cuando mis hermanos me habían  construido un barco con una mitad de cilindro cortada a lo largo. Era espectacular sentirme un capitán de mar a bordo de mi navío aquellas mañanas de sol en medio de las plantas de higos y ciruelas. Pensé recuperar esas alegres sensaciones, pero el canal aquel agonizaba totalmente seco con algunas malezas y espinas. Los frutales también se habían secado. En ese entonces no sabía aquello del abandono y de la crisis de la agricultura. Sólo sentía que me habían robado esos momentos inolvidables, cuando corría  y jugaba con mis primos y hermanos.
Es posible que la muerte del abuelo, sobre la que no quería pensar, haya influido  sobre mi percepción del campo (Freud y el inconsciente de nuevo). El hecho es que lo recorrí durante casi una hora buscando una sola de las imágenes de esa desbordante etapa. Las lomas donde buscábamos caracoles y chaquiras habían sido barridas por niveladoras. Ya no estaban las gallaretas que King (el noble pastor alemán que un día me salvó de ahogarme), solía cazar y traerlas vivas. Caminé y caminé solo y cabizbajo. Algunos trabajadores me reconocieron, pero no se atrevieron a hablarme, ni yo a ellos.
Esa aciaga mañana sollozaban mis más dulces vivencias en medio del silencio de la contemplación de sus ruinas. Sin un motivo para la festiva  fantasía busqué a mi padre y le comuniqué la trágica noticia. Él era fuerte, o al menos, procuraba aparentarlo frente a nosotros. Regresamos juntos a la casa. Seguro que alcanzó a ver la soledad que me invadía. Pero nunca preguntaba nada. Sólo nos compraba cosas. Unas golosinas y unos refrescos me distrajeron un momento.
Hubiese querido que me abrazara y me dejara llorar en su hombro, pero también yo había aprendido a aparentar que “todo estaba bien”. Sucedieron muchas cosas en las exequias de mi abuelo, que no revelaré por ahora. Lo que verdaderamente importa es que ese día conocí la melancolía existencial que me acompaña desde entonces.
Pasaron muchos años. Amé más de una vez y también me amaron, pero esa  actitud de ausencia o de vacío, que Patty fue la primera que entendió (y desconcertó a Kelita años después), me echó a perder bellos momentos. Comencé a escribir para encontrarle un cauce a esa tristeza estructural (el concepto es forzado). Y aquí estoy ahora esperando que Dylan Axel vuelva del colegio. Algunas veces (quizá es mi idea) pareciera que se queda mirando al vacío por unos segundos y me reconozco en esa mirada. Entonces lo abrazo y lo hago reír a carcajadas. Sólo en esos momentos siento que puedo recuperar (o inventar)  mis más bellos recuerdos de infancia…         

domingo, 11 de septiembre de 2011

VEN, SOL DE PRIMAVERA

El sol es la fuente de vida por excelencia. La frase es más que un clisset. Es la disposición gratuita y grandiosa de tanta energía que Dios o la naturaleza nos ofrenda. Sólo es comparable con el afecto de los ángeles que han guiado nuestra vida. Por eso cuando el desamor se instala junto al frío el alma se debilita y finalmente enferma. Pero cuando falta el sol, también el cuerpo se siente mal. Algunos inviernos suelen encontrarnos sin la ternura de una mirada de mujer y hacen presa fácil de nosotros. El frío, la humedad y el ambiente gris de esos tiempos (como ahora) se cuela por nuestros poros contaminando nuestros pulmones que se defienden a punta de fiebre y de tos. Eso es tremendamente aburrido e insoportable cuando no se marcha en varios días.
Por eso hoy la resaca política y la resaca post resfrío están haciendo estragos en mi. Cuando parece que el alivio inunda mi mente y mi organismo, un nuevo decaimiento me devuelve a un estado donde la paciencia y el optimismo ya perdieron mucho terreno. Ahora entiendo a cabalidad que no hay nada más grandioso que gozar de salud. Todo lo demás es pasajero y manejable. En cambio las dolencia son persistente y van gastando poco a poco, pues nadie es capaz de llevar una vida tan marchita.
Como las aves o como las plantas, TE NECESITO SOL AHORA QUE EL INVIERNO SE TORNA CRUEL...

martes, 9 de agosto de 2011

NOS CONOCIMOS PARA DECIRNOS ADIÓS

El invierno había sido irregular en Piura. Con unos días de intenso frío y otros de un brillante sol. En ese invierno se habían conocido en el internet, y eso compensaba todos los resfríos y otras molestias respiratorias. Él se había dejado llevar por su intuición que pocas veces le fallaba. Había determinado conocerla personalmente cueste lo que cueste, y así había ocurrido. La preparación de la cita fue toda una cadena de postergaciones y pretextos que finalmente terminaron por exacerbar los ánimos. En el chat todo marchaba de maravillas, pero cuando él quería ultimar los detalles de día, hora y lugar, ella cambiaba de tema. Fue entonces cuando él decidió jugarse su última carta. No era algo complicado. Se trataba de proponerle encontrarse una sola vez, para conocerse y despedirse al mismo tiempo. Claro que si las cosas tomaban otro rumbo, ya nadie se sentiría presionado. Esta figura de una primera y única cita, que al mismo tiempo era un adiós conmovió el corazón de ella y accedió. Finalmente también tenía curiosidad por conocerlo personalmente.

Quedaron a encontrarse en las tiendas Ripley, usando el celular para ubicarse con precisión. Fue un chiste. Resulta que se estaban llamando sin percatarse que menos de diez metros los separaban. Se saludaron y rieron por lo de la llamada.

- Eres más alta de lo que pensaba – dijo él para romper el hielo, mientras observaba su atuendo negro que resaltaba en su piel clara. Es tan hermosa como luce en la foto que me encanta, pensó mientras seguía mirándola con hábil discreción.

- No tanto, te conté que me gustaban los zapatos de taco alto – respondió ella mirando satisfecha sus pies dentro del lujoso calzado.

- Vamos a tomar un jugo al “Chalán”- propuso ella, quizá para asegurarse de permanecer en un local muy concurrido, donde esté fuera de peligro.

Buscaron una mesa libre y comieron helados y la conversación se desarrolló con fluidez y confianza. En realidad eran los mismos temas que abordaban en el facebook. Sin embargo, el tiempo avanzaban y el momento de la despedida se acercaba.

- Sabes – le dijo él recurriendo a su más refinada estrategia

– Lo más probable es que no volvamos a vernos nunca más. – Le decía todo esto mirándola fijamente a los ojos para vencer sus defensas.

- Sin embargo, este adiós debería ser como en las películas clásicas – trataba de llevarla por el buen cine, una de sus pasiones.

- Y que película se te ocurre para el final – preguntó ella entrando en confianza.

- Para comenzar, descartemos un “happy end”, pues le quitaría intensidad – propuso él para subir el romanticismo.

- Nadie leería “Romeo y Julieta” si los amantes de Verona se hubieran casado y hubiesen muerto de ancianos –, agregó él tratando de simular una seguridad y autocontrol fingidos, pues en esos momentos lo que más ansiaba era abrazarla y besarla.

- Entonces dónde nos mataremos – bromeó ella demostrando una deliciosa audacia. Ambos rieron divertidos de la broma.

- Se me ocurre que nos amemos un día –. Le era difícil explicarlo.

- Lo que quiero decir es que caminemos de la mano, o abrazados, depende de ti, e imaginamos que somos una pareja de seres valientes y audaces que no le tienen miedo, ni al apresuramiento, ni a las despedidas – Pensó que había dado la estocada mortal, pero ella aún tenía un reparo.

- Pero este lugar con tanta gente no es el más apropiado. Hay mucha gente conocida. No lo hago por mí, sino por mi hijo – reparó ella con innegable sentido común.

- Entonces tendrás que darme un voto de confianza. Iremos a caminar a un parque más discreto -. Aún le quedaban recursos y estaba dispuesto a utilizarlos todos.

- Sabes. Pienso que los bellos momentos no son producto del azar. Uno mismo debe crearlos, y una caminata en la fresca noche será algo inolvidable, considerando que presumiblemente, ya no volveremos a vernos. – Remató él con su mejor poder de convencimiento.

- Esté bien. No sé por qué accedo, pero vayamos a donde dices.

Lo que sigue de la historia es previsible para cualquier muchacho enamorado. Está claro que caminar de la mano, o aún abrazados es lindo, pero definitivamente es insuficiente. No estaba dispuesto a irse sin besarla y de esta forma calmar su ansia de amor.

Lo intentó varias veces mientras caminaban, pero ella era muy hábil evitando el contacto labial. Pero tanto insistió él que fue imposible que ella se negara. Le recitó los más bellos poemas, le cantó las canciones más románticas. Suplicó. Llegó a pedírselo de rodillas, hasta que finalmente logró lo ansiado.

Fue un beso delicado y apasionado al mismo tiempo. Tierno y sensual como nadie se había besado. Fue tan grandioso que eso bastó para que ambos terminaran estrechándose por mucho tiempo y con un adiós que comenzaba a tornarse más difícil con cada caricia…

sábado, 23 de julio de 2011

EL CRISTAL DE LA VIDA

La vida es un vendaval que oscila entre aciertos y errores. Los primeros dependen en gran medida de las circunstancias externas, y los segundos nos atañen exclusivamente a nosotros. Sucede generalmente que invertimos este orden. Los errores los atribuimos a las acciones ajenas, y nos jactamos de "nuestros" aciertos. Esto podría interpretarse como un signo de buena autoestima, sin embargo, al no exigir perfeccionarnos, terminamos en el conformismo (primo hermano de la mediocridad).

Veamos un caso. Hoy me dejé llevar por Dylan Axel que sólo deseaba correr por las rampas y veredas del local de la actuación de su colegio. No le interesaban los trajes, ni los bailes típicos, ni las fotos que su mamá trataba de tomarle. Sólo reía enloquecido de alegría, corriendo con otros niños. Dueño aún de la libertad más espontánea, y por algún designio divino, trataba de disfrutarla inagotablemente. Entonces corrí con con él sin importarme la gente, confundiéndome con los otros niños. Fui casi místicamente feliz. Esto podría calificarlo como un ACIERTO de mi parte esta noche. No obstante, ya habrán notado que el mayor mérito no era completamente mío, sino de mi hijo, de los demás niños y del ambiente que se respiraba en el lugar.

Más tarde, y quiero decir ahora mismo, me sentí desmotivado frente al ordenador. Sin ganas de conversar con nadie, pero si con ganas de clausurar mi cuenta de facebook. Hastiado de una adicción que suele alimentar mis estados de melancolía, pensé destruir páginas y páginas de textos, fotos y vídeos. Esta manía de conceptualizarlo todo me devolvió la calma y evitó que cometa un "facebookcidio". Se trató de un garrafal ERROR que dependía únicamente del gris cristal con que miraba la vida. Puedo atribuirlo a la frivolidad que inunda el 90% de los muros de esta llamada red social, y con ello, abstraerme de mi responsabilidad. Prefiero tomar al toro por las astas (y no me refiero a un amigo poeta), y enfrentar las contradicciones y tinieblas de mi alma.

Definitivamente todo lo expuesto es subjetivo y arbitrario, pero estoy seguro que, al menos una persona me dará la razón. Esa persona conoce de mi egocentrismo y además lo comparte. Esa persona me ama aunque nunca me lo dirá. Un dato más, esa persona es bella y tiene los labios sensuales. Y esa mujer sabe que he escrito todo este texto pensando en ella (en su silencio)...

MUJER DE BRAGAS BLANCAS

Medio en vigilia, medio dormido, alcancé a ver a una bella mujer de bragas blancas y de cabello felino. Me entregó algo en las manos. No alcancé a verlo, fue todo de prisa. El retorno de la vigilia me robó la historia. Kizá simbolice mis anhelos profundos o mis obsesivos temores, pero la mujer de bragas blancas debió entregarme la cura para mis males. No creo recuperarla en otro sueño, así ke la buscaré en la red. Se ke se trata de una monumental tarea, pero no tengo alternativa.

Mujer de blanca intimidad. Aunke nunca te presentarás como en mi fallido sueño, dame una pista para abrazarte. Envía un emisario, escríbeme un email con la foto de tu felina cabellera. Considera ke estudio para ser un buen amante. Mira mi frente cansada mujer blanca, de buscarte. Redime mis jornadas mustias y concédeme el supremo paraíso de amarte fuera de los sueños...

lunes, 6 de junio de 2011

¡VUELVE. MIL VECES VUELVE!


Volveré los ojos cuando tus labios no pronuncien mi nombre.
Te llamaré en silencio, entonces, 
las lágrimas ignotas, se desbordarán en mi alma peregrina, 
y te amaré setenta veces siete.
Recorreré nuevamente las calles cómplices en recuerdos. 
Las hojas llevadas por el viento,
tomarán la forma de mis quimeras,
pero ya no reverberan.
Mujer de mis sacras tempestades.
Me amaste sólo cinco veces en la lozanía de un lecho cubierto de ternura.
Pude dibujar con mis labios cada pliegue de tu piel
y eso bastó para embriagarme el alma eternamente. 
Sí, como dicen, el amor nunca muere, 
por qué en mi corazón hay un vacío que tiene tu sonrisa.
Declaro una y mil veces. ¡REGRESA AL PARAÍSO DE MIS ANSIAS!
¿Cómo celebrar el conjuro de la posesión de tu destino?
El tiempo es inexorable y sin el poder del hechicero,
ya es imposible escribir las palabras que vuelen hacia ti,
a humedecer tu piel de diosa por mi creada....
Es terrible despedirme de tus besos para siempre. 
Es lacerante pensar que soy parte del olvido.
Es patético escribir sin conmover uno sólo de los pétalos de tu alma...



viernes, 29 de abril de 2011

EL DOLOROSO SILENCIO

Por: Billy Crisanto Seminario

Detesto cuando Dylan Axel se pone mal. Las mañanas son grises y las noches desamparadas. No es la ausencia del bullicio, sino el enorme vacío que deja el mutismo de su sonrisa. El silencio de no escucharlo correr por la casa atenaza mis pensamientos, y todo atisbo de alegría desaparece de mis ojos.

Descubro entonces que hay dos tipos de silencio. Aquel que, acompañado del sosiego, procura sensaciones que fecundan palabras bellas (casi siempre dedicadas a mujeres bellas). Pero hay otro tipo de silencio que no es físico. Es la desolación que crece a la sombra del letargo de Dylan Axel. El ruido de la calle y hasta la música incomodan, y su ausencia, en vez de abrir espacio para reconciliarme conmigo mismo, sólo me sabe a tristeza penitente en mi alma.

En esos momentos los temores me desbordan como lobos agazapados para atacarme en el flanco más vulnerable de mi alma. Rápidamente pierdo el control y la desesperación hace presa de mí en un vendaval de prisas sin un norte promisorio. No obstante, lo más lastimero es su llanto. Más lacerante que el grito de un ave herida. Desgarra inmisericordemente mi alma, y sólo una honda plegaria me permite ver una lucesita que no quiero que se extinga nunca…

lunes, 21 de junio de 2010

LA HISTORIA DE ESTRELLITA

Cada semana suelo escribir sobre temas negativos, pues en una sociedad donde campea la corrupción, callar es hacerse cómplice de tanto ladrón de saco y corbata. Sin embargo hoy haremos un alto para contarles la historia de Estrellita, la sufrida niña de ayer y entusiasta profesional de hoy. Vivía feliz, plena de candor e inocencia dentro de una familia numerosa. Entre los muchos primos que frecuentaban la casa de su abuela, había uno con las desviaciones propias de quien, la falta de orientación y del buen ejemplo, fue reemplazada por la pornografía y los amigos maliciosos. Aprovechando una oportunidad de la despreocupada confianza que la familia le había prodigado, dio rienda suelta a sus primarios instintos. Estrellita conoció ese aciago día que la maldad más terrible se agazapa muchas veces dentro del propio hogar. Pues sabe que ahí cuenta con dos silencios a su favor. El temor de la víctima, y la complicidad de la familia que prefiere mantener la “reputación” pública, a costa de inmolar el dolor de una doncella. Los primeros meses fueron terribles para Estrellita. Su inocencia violentamente arrebatada la había sumido en el terror y el desconcierto. Pero nuestra valiente jovencita no se amilanó, y más bien tuvo claro que no permitiría que un desalmado trunque sus deseos de superación. Se preparó mucho e ingresó a la universidad donde se convirtió en una esforzada y responsable estudiante. Nadie habría imaginado que detrás de esa transparente sonrisa, moraba muy bien ocultada la secuela del evento que desgarró la alegría de su niñez. Un buen día, animada por una buena amiga, se decidió acudir a una psicóloga para tratar de arrancarse esa espina que de vez en cuando la atormentaba. Sesiones enteras de tratamiento rindieron su fruto y Estrellita logró irse liberando de los terribles sentimientos de rabia, dolor y culpa. Hoy es una ejemplar profesional y una de sus preocupaciones es cuidar a sus primas y sobrinas adolescentes para que no vivan su dolorosa experiencia. Esta historia no es tanto para las niñas o jóvenes vulnerables como lo fue Estrellita, quienes no suelen frecuentar lecturas como ésta. Es sobre todo para sus padres. Las estadísticas indican que el mayor número de violaciones son ejecutadas por miembros de la propia familia, quienes se cobijan en el temor de sus víctimas y en el silencio cómplice de los llamados a denunciar. Es lamentable que tantos de estos criminales queden impunes. Sin embargo es clave e indispensable la cautela y la orientación de padres y docentes, considerando que el mayor peligro se encuentra en el propio entorno familiar. Por mi parte, además de suscitar una necesaria reflexión, quiero tributar mi rendido homenaje a la niña llamada Estrellita que logró superar tan amargos momentos.

jueves, 20 de mayo de 2010

DESAMOR + AUSENCIA + DOLOR

Estas noches desoladas trituro la rabia de no sentirme amado. Me asusto de odiar a kienes pueden besar a un ángel (sin merecerlo). Pues descubro akella kurxi farsa de que el amor engendra más amor. Cuando nos aman el egoísmo nos deforma, y cuando amamos, nos manipulan hasta la humillación, y ambas cosas hieren Es cierto, tuve mi breve cielo de estrellas, pero su fugacidad y la triste nostalgia de sus días agiganta este nudo en mi garganta ke me impide gritar. Duele decirlo, pero no hay peor desdicha ke mirar como los otros son felices mientras uno se desangra. De ke sirve escribir estas patéticas líneas, si al final me kedo tan solo, ausente de la anhelada caricia de la diosa que inmisericordemente me deja. Sí la disyuntiva es vivir o escribir, ya me cansé de sólo soñar con esos labios redentores y sentarme cada noche a derramar mi alma ulcerada sobre una inerte pantalla. Hoy tengo la certeza ke la vida es una cuerda, donde de un lado jala el vacío, y del otro el desgarro. Se rekiere un inhumano ekilibrio para saborear un poco de felicidad. Mañana llevaré flores a la tumba de mi padre, para recuperar la paz ke hoy se llevó mi amada, junto con los besos, casi siempre negados y casi nunca ofrendados...

sábado, 17 de abril de 2010

IN MEMORIAN DANIEL VARGAS

Este fin de semana, que pensaba sería el inicio del final de ya no publicar en internet, tu injusta (como casi todas) muerte me saca de mis cuarteles de invierno, pues bien vale la pena escribir algo como un pequeño homenaje a tu partida. Te acuerdas loquito Daniel aquella vez que “revolcamos” a un teacher de la facultad para luego vacilarnos. Sin embargo eras tan noble que luego le pediste disculpas, a pesar de que traté de evitarlo. Así eras tú loquito, derecho como pocos, y pensar que en un tiempo nos disputábamos la misma “jerma”, que al final, por indecisos, se fue con otro. Y qué decir de esa táctica para conquistarlas que consistía en invitarles dulce de camote que tú mismo preparabas. ¡Ese Daniel!, como describías tus fallidos intentos como lo más natural del mundo, a pesar de que algunas no te “atracaban”. Siempre en cada lugar encuentras una “cojuda” que no aprecia la calidad de la gente. Luego están dando lástima con un “huevón” que las trata como sus esclavas, pero es otro tema. Si loquito, a ti te “llegaba altamente” que no te hagan caso, pues ya tenías tu flaca bien escondidita en el Bajo Piura. Eras tan confiado que una vez hiciste que la llame sólo para conocerla. Pero con los patas no se chocaba, esa era la consigna. Cuando te volví a encontrar después de mucho tiempo, ya te habías casado con la chiquilla del teléfono, como no podía ser de otro modo, y tenías un hijito. Me dijiste que la próxima vez que nos encontráramos, de todas maneras nos tomaríamos unas “chelas”, pero no hubo próxima vez. Aunque me dejaste tu número de celular, nunca te llamé y hasta lo perdí. Siempre he sido un ingrato de “miércoles”. Por eso aquí estoy un 16 de abril del 2010 escribiendo estas líneas para ti. Para que veas que los buenos patas nunca se olvidan. Si existe otra vida, allá nos tomaremos las “chelas” que nos adeudamos. Recordaremos los viejos tiempos y reiremos de las tantas ocurrencias… Por eso aparta una mesa donde podamos conversar largo y tendido. ¡Nos vemos loquito!

martes, 26 de enero de 2010

VINDICACIÓN DE LA MUJER FATAL

Busco un atributo cuya sola y única pertenencia haga irresistible a una mujer. La dulzura no lo es, mi abuelita, a sus años, es muy dulce, pero está lejos de erizar mi piel. La ternura tampoco, mi mamá me inspira la más sublime ternura, pero nunca la veneración que siento por ella se convertiría en deseo ¿La sensibilidad? No lo creo, tengo una amiga que derrama lágrimas de embeleso ante una puesta de sol, pero nunca me la llevaría a la cama. ¿La simetría facial? (definición técnica de la belleza física). No es suficiente. Conocí a una chica de ascendencia nórdica. Tenía los más bellos ojos azules y diez rasgos de ese tipo. No obstante, no llegué a enamorarme de ella (y ella menos de mí).He mencionado las más elevadas o selectas cualidades sólo para descartarlas. Ahora, es verdad que la combinación de todas ellas vuelve sobradamente irresistible a una mujer. Sin embargo, insisto que se trata de una sola cuantía que logre este propósito. Pues, si hay una. La sensualidad ¡Eureka! No está demás aclarar que se trata una subjetiva y arbitraria opinión a la cual trataré de darle fuerza. Comenzaré afirmando que la sensualidad es una combinación de cosas. “Así cualquiera”, dirán. ¡Un momento! ¿Acaso la dulzura no es una mirada, mas una sonrisa, más una voz, más unas palabras, o unos silencios, y otros gestos más? Igual las otras virtudes mencionadas. ¿Dónde está la ventaja seductora de la sensualidad?Primero diré que puede ser considerado como tal. Unos labios carnosos semiabiertos que besan sin tocar, una mirada penetrante que destroza tus defensas, una sonrisa insinuante, una voz que se convierte en susurro, etc., etc. Ahora ¿Por qué esos encantos embriagan a un hombre? Se trata de un asunto de hormonas que alteran la dinámica corporal. El corazón se acelera, las manos sudan, la voz se entrecorta, las piernas tiemblan y, tal vez lo más claro, es que sentimos que podemos mandar todo al diablo por tener a esa mujer. La mitad de los hombres caen ante una que posea estos encantos y la otra mitad se arrepentirá de haberse resistido. Evidentemente estoy situado en un plano ajeno a la ética y a los indispensables valores que implican la superación integral, la propia felicidad y son inherentes a nuestra condición humana. Pues todo amigos, tiene su precio. Poseer a una mujer sensual significa caminar sobre una delgada cuerda, con la pasión en un extremo, el sufrimiento en el otro y la muerte esperando a que resbales de la cuerda. No en vano una mujer sensual que se respete, será también UNA MUJER FATAL

NOM BLANDES - WHAT ` S UP (1992)

Excelente canción de esta banda de rock alternativo. Enérgica y sin dejar de ser melódica, la guitarra complementa a la perfección el virtuosismo melancólico de la potente voz de esta nena que, como un rayo, apunta a nuestro corazón y nos deja totalmente estremecidos. Algo de la letra para meternos en este tema
Veinticinco años y mi vida no ha variado
Estoy tratando de llegar
hasta la colina grande de esperanza
Para un destino
Me di cuenta rápidamente cuando supe
que tenía que hacer algo.
Que el mundo fue hecho para ser
Hermandad del hombre
Porque todo lo que eso significa
hace que a veces llore,cuando
estoy acostado en la cama
Sólo para obtener todo lo que está en mi cabeza
Y yo, me siento un poco singular
Disfrutemos del tema http://www.youtube.com/watch?v=ZwCt0YQPn7g

lunes, 25 de enero de 2010

MARILYN


Por MANUEL VICENT (Una Pluma inalcansable) Tomado de El Pais de España
Nora Barnacle, la mujer de James Joyce, nació en Galway, una ciudad asomada a los acantilados del oeste de Irlanda. En su casa convertida en un pequeño museo, entre otras tarjetas, folletos y carteles de recuerdo los visitantes pueden comprar una foto de Marilyn Monroe leyendo el Ulises, la más intrincada cumbre de la literatura universal. La foto está hecha en Long Island, Nueva York, en 1954. Marilyn aparece sentada en un tobogán de la playa, en un traje de baño explosivo, con los labios entreabiertos, embebida en la lectura, con la mirada de miope un poco perdida en la página. Tiene el pesado volumen de tapas duras apoyado en las rodillas, abierto por el último capítulo en el que Molly Bloom a altas horas de la madrugada, mientras espera a su marido en la cama, libera toda suerte de pensamientos obscenos en el famoso monólogo interior. Por la expresión de su rostro se nota que Marilyn ni entiende lo que lee ni le importa nada lo que le pasa a esa mujer. En el momento en que se hizo esta foto Marilyn estaba enamorada de Arthur Miller, con el que ya vivía una pasión clandestina. No creo que este dramaturgo la forzara a leer el Ulises de Joyce, una cima tan difícil de escalar, para medir el nivel de su inteligencia. Parece más bien que la propia Marilyn se hubiera impuesto el reto de llegar hasta el final del libro para demostrar que era capaz de realizar semejante hazaña, bien por amor o por hambre desordenada de cultura. El sacrificio de leer el Ulises de Joyce, sin importarle nada, sólo tenía sentido como inmolación ante aquel amante al que creía superior, pero Marilyn sabía de la vida más que Joyce, más que Molly Bloom y más que el propio Miller. Fue una niña abandonada por su madre, una adolescente violada, una chica de calendario para camioneros, que pasó de los brazos del bruto y celoso héroe nacional Joe di Maggio a los de Arthur Miller, un judío intelectual neoyorquino, convertida siempre en pieza de caza mayor, para acabar zarandeada por dos ciervos de catorce puntas de la familia Kennedy hasta la muerte. En esta tarjeta postal Marilyn parece dispuesta a sorber todo el fluido interior de Molly Bloom que arrastra grumos lascivos de su subconsciente abierto a un sexo cenagoso. No obstante, a Marilyn se la ve pura, perdida, transparente, sometida a una prueba inútil: tener que leer el Ulises de Joyce para presentarse ante el amante intelectual con la lección aprendida, cuando ella se la sabía de memoria sin literatura simplemente por haberla vivido.

viernes, 8 de enero de 2010

CRISIS DEL AUTO EXILIO

A estas alturas de la vida y quizá demasiado tarde, he descubierto que perder amigos y amigas es uno de mis peores defectos. He asumido erróneamente que la amistad fluye naturalmente y que no es necesario hacer llamadas, indagar cumpleaños para saludar, asistir a reencuentros, ir a misas, visitar, etc., etc. De esta forma me he ido quedando sin amistades, al punto de ser arañado por aquel tipo de exilio donde no hay nadie con quien tomar un café. Refugiado en la literatura o en la música he creído compensar la falta del calor humano que sólo brindan las personas que me han conocido algo, y yo a ellas. Estúpidamente he pensado que escribir cosas publicables basta para tener la atención permanente de los seres que un día me quisieron. En mi egocéntrico estilo selectivo y presumido de platicar sólo sobre temas “interesantes”, he perdido la espontaneidad de un diálogo coloquial, por ejemplo, sobre el casamiento de la ex compañera más linda de clase. Seguramente mi intelecto ha crecido, pero mis afectos amicales se han empobrecido patéticamente. Luego el infantil orgullo de que no tomar la iniciativa hasta que el otro lo haga o incluso una broma fuera de lugar y el no valor para pedir disculpas, han contribuido a esta orfandad que crece y crece. Y así me encuentro cada noche sentado ante el computador sin que el celular suene trayendo un mensaje que sea una caricia para mi alma siempre amenazada por los vacíos. Mi vida transcurre más en el mundo de las fantasías (y también de las pesadillas), antes que entre las risas y abrazos de aquellos con quienes compartí gratos momentos. No sé cuanto pueda resistir. Desconozco si prescindir del contacto humano acrecentará mi desosiego. Al menos estoy empezando a vislumbrar que algo anda mal y necesita mi urgente atención. Por lo pronto ya me convencí que estoy a millas de Alfredo Bryce a quien le bastaba escribir para que lo quieran. La otra posibilidad es que, penosamente, carezco – ojalá sea sólo por ahora - del estoicismo que me permita hacer de la soledad la dulce paz donde la comunión con uno mismo es perfecta. A PROPÓSITO DEL TEMA, ESCUCHEMOS AL MAESTRO ALBERTO CORTEZ http://www.youtube.com/watch?v=hjfH2oNsa34

sábado, 28 de noviembre de 2009

LA PRINCESA Y EL TEST DE INTELIGENCIA


Le llamaba "la Princesa de las trenzas de seda ", y una combinación de ternura y de nostalgia me envuelve al recordarla.  Ambos éramos solteros, pero ya estábamos emparejados...
De nuevo caminamos juntos y felices. Quizá huyendo de nuestras realidades afectivas cubiertas de monotonía o formalismos. Todo comenzó con los letreros de su nombre junto a la palabra “Te amo”, que, junto a mi fiel amiga Lucy pegaba en el vidrio del aula donde ella estudiaba. Rápidamente desaparecíamos como dos chiquillos traviesos ante la risa celestina de sus compañeras y la mirada seria de sus profesores. El momento decisivo fue cuando aprobó el test que por aquel entonces aplicaba a cuanta chica me gustaba. Era simple. Les decía algo como “Sería lindo si tú y yo nos casáramos, pues tendríamos una hija que heredaría tu belleza y mi inteligencia”. Ella no asintió, dio una respuesta ágil y contundente: “ósea que insinúas que soy una brutita”. Le explique que, precisamente, se trataba de una prueba para conocer cuan inteligente era. Desde ese momento nuestras conversaciones si hicieron largas y amenas. Nos confesamos las facetas más singulares y divertidas de nuestras vidas y siempre lo relacionábamos con una obra o un escritor célebre. Sintonizábamos a la perfección. Tocar los cabellos de mi princesa y abrazarla (sin besarnos) era la cima de nuestra inédita felicidad. Una noche fuimos a una discoteca con su hermana y un pretendiente de ésta. Bailamos y estuvimos de la mano toda la noche como si fuésemos pareja - claro está si los enamorados tienen que besarse para serlo-. Pero, volviendo nuestras pláticas nocturnas, eran lo más lindo. Su risa o sus lágrimas hacían que la ame más y más y pronto lo tuve claro. Era la mujer que había nacido para ser mi esposa. Se lo pedí – por ese entonces yo ya tenía trabajo seguro-, le imploré casarnos, pero ella se negó. ¡Antes de que termine su carrera, nada! Hasta que llegó el momento aciago. Después de un escándalo que no vale la pena revelar, la princesa quedó lastimada y no quiso verme nunca más...
Hace poco la encontré después de cinco años. Ella tenía una hermosa niña y Dylan Axel y Angelina  ya alegraban mis grises días. Conversamos largamente. Recordamos los buenos tiempos y ambos nos arrepentimos no habernos casado cuando se lo propuse. Ella seguía tan hermosa, pero los años habían hecho estragos en mí. Sin embargo algo de nuestro amor volvió a florecer. Juntos nos prometimos que, de terminar nuestras endebles relaciones, reanudaríamos nuestro trunco amor. Lo anhelábamos intensamente. No me dio su celular cuando se lo pedí. Me dijo que ella me llamaría cuando no soportara extrañarme más. Algunas veces recibo llamadas anónimas. Se quedan un rato sin hablarme. Para darme fuerzas, pienso que es mi princesa y más tarde escribo cosas como ésta...