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sábado, 29 de marzo de 2014

DERROTADA REBELDÍA

Esta noche trato de poner un poco de luz a los hechos y ensayo esta teoría. En algún momento, y por mi culpa, se levantó la barrera, el hielo, la desconfianza y comenzaste a tomar distancia. Lo demás era inexorable. Encontrar motivos para soslayarme sutilmente, y pericia en esas lides no te falta.
El nonato amor que surgió de pláticas divertidas e interminables pende ahora de un hilo. Lo virtual funcionó a la perfección, pero la realidad material no cubrió tus expectativas. Y hoy aquí sin saber en que matar el tiempo. Con el sabor ácido de la derrota. Con la implacable espada de la renuncia sobre mi cuello, y con el corazón empequeñecido por el miedo.
Debí conocer más sobre tu historia y no confiar en la intuición. Qué desgarros emocionales tapiaron tus afectos hacia los hombres. Qué lágrimas agotaron tempranamente tu confianza en las miradas que se atrevían a ahondar en tu alma.
Debí cultivar mucho más tu sensibilidad hasta hacerla sintonizar con mis afectos. Me apresuré a celebrar las nacientes compatibilidades como si eso bastara para conquistar a una chica como tú. No puse atención a tus palabras. Subestimé la hondura de esa escéptica frase "He perdido la fe". Pensé que era fácil domesticarte como lo hizo el Principito con el zorro.
Ahora estoy inmovilizado. Sintiendo como la inmovilidad senectud ataca a mansalva esa mi rebeldía que había adquirido brillo apenas te conocí. Sin la decisión para dar el paso final. Insoportablemente dividido entre tu dulce sonrisa que nutre la vida, y el debilitado orgullo que me impele a destruirlo todo. En medio de este caos lacerante, con las ganas apenas de escribir algunas líneas como luces de bengala de mi naufragado ser. Mirando el cielo con la agonizante esperanza de alcanzar a ver a mi estrella...

lunes, 6 de junio de 2011

¡VUELVE. MIL VECES VUELVE!


Volveré los ojos cuando tus labios no pronuncien mi nombre.
Te llamaré en silencio, entonces, 
las lágrimas ignotas, se desbordarán en mi alma peregrina, 
y te amaré setenta veces siete.
Recorreré nuevamente las calles cómplices en recuerdos. 
Las hojas llevadas por el viento,
tomarán la forma de mis quimeras,
pero ya no reverberan.
Mujer de mis sacras tempestades.
Me amaste sólo cinco veces en la lozanía de un lecho cubierto de ternura.
Pude dibujar con mis labios cada pliegue de tu piel
y eso bastó para embriagarme el alma eternamente. 
Sí, como dicen, el amor nunca muere, 
por qué en mi corazón hay un vacío que tiene tu sonrisa.
Declaro una y mil veces. ¡REGRESA AL PARAÍSO DE MIS ANSIAS!
¿Cómo celebrar el conjuro de la posesión de tu destino?
El tiempo es inexorable y sin el poder del hechicero,
ya es imposible escribir las palabras que vuelen hacia ti,
a humedecer tu piel de diosa por mi creada....
Es terrible despedirme de tus besos para siempre. 
Es lacerante pensar que soy parte del olvido.
Es patético escribir sin conmover uno sólo de los pétalos de tu alma...



viernes, 29 de abril de 2011

EL DOLOROSO SILENCIO

Por: Billy Crisanto Seminario

Detesto cuando Dylan Axel se pone mal. Las mañanas son grises y las noches desamparadas. No es la ausencia del bullicio, sino el enorme vacío que deja el mutismo de su sonrisa. El silencio de no escucharlo correr por la casa atenaza mis pensamientos, y todo atisbo de alegría desaparece de mis ojos.

Descubro entonces que hay dos tipos de silencio. Aquel que, acompañado del sosiego, procura sensaciones que fecundan palabras bellas (casi siempre dedicadas a mujeres bellas). Pero hay otro tipo de silencio que no es físico. Es la desolación que crece a la sombra del letargo de Dylan Axel. El ruido de la calle y hasta la música incomodan, y su ausencia, en vez de abrir espacio para reconciliarme conmigo mismo, sólo me sabe a tristeza penitente en mi alma.

En esos momentos los temores me desbordan como lobos agazapados para atacarme en el flanco más vulnerable de mi alma. Rápidamente pierdo el control y la desesperación hace presa de mí en un vendaval de prisas sin un norte promisorio. No obstante, lo más lastimero es su llanto. Más lacerante que el grito de un ave herida. Desgarra inmisericordemente mi alma, y sólo una honda plegaria me permite ver una lucesita que no quiero que se extinga nunca…