viernes, 21 de marzo de 2014
AUTENTICIDAD
La autenticidad de Dylan Axel le impide ponerse caretas para quedar bien con los demás. Por eso sufre por Angelina. Si fuera cualquier adulto, lo más probable es que dijéramos algo como "Yo no tengo la culpa, ella se golpeó por estar corriendo". Trataríamos de justificarnos antes que reconocer nuestra responsabilidad. Y es que socialmente estamos condicionados por el !qué dirán", lo cual nos impide expresar nuestras emociones de manera plena. Sin percatarnos vamos atrofiando la sensibilidad ante el dolor ajeno. De pronto nos vemos asumiendo como normales las noticias cargadas de muerte y tragedia que vemos en la televisión...
¡Enséñame Dylan Axel a no dejar que mi alma se petrifique. Alimenta y alegra al niño que aún sobrevive en mí. Que el sufrimiento y la miseria no me sean indiferentes!!!
viernes, 28 de octubre de 2011
EL CUENTO SIN FIN
martes, 9 de agosto de 2011
CAMINATAS VESPERTINAS
Esta tarde me he dejado llevar por mis pasos buscando ese estado de sosiego donde la fantasía se convierte en brillante realidad.
Esta tarde he bendecido este otorgado don de ver más allá de los ojos, y constatar de nuevo, que para ser feliz sólo se requiere mirar en la dirección correcta. He contemplado, por ejemplo, los frondosos y verdes árboles que acogen amorosamente a seres con el cuerpo y el alma agotada.
Esta tarde he visto a los niños trabajar (o jugar). Unos cargando su producto o su herramienta, que llevará el pan a su familia. Otros correteando con sus padres, construyendo tempranamente bellos recuerdos de infancia. Ambas realidades me han despertado encontradas sensaciones sobre la injusticia que hemos instaurado en el mundo.
Esta tarde he oxigenado mi alma para varios días de calma y he retornado a jugar con Dylan Axel. Volví (con Mercedes Sosa) a agradecer a la vida, e invadido por el sueño he contemplado el paraíso de Dios y de Marx. Esta tarde ha podido ser completa de no ser por ti, mujer, experta en hacerme sentir tu ausencia. A pesar de la quietud, he extrañado tu sonrisa que cuando falta, como una ráfaga, convierte mi calma en orfandad. He pensado sí el poder otorgado por mi corazón a tu mirada es signo de poesía o debilidad.
Esta tarde se abrió una de aquellas ventanas, en las que se alcanza a ver otro mundo, con una aureola de paz, pero que no era el mío. Pues mi destino se marcha tras tus pasos como el tardío ciego tras las la luz perdida. Mi esencia de animal unido a la naturaleza, o de abstracto querubín liberado de pasiones, fue arrebatada por el fuego divino (el tuyo) de unos besos que se llevaron mi inocencia, pero me otorgaron el elixir reservado a las divinidades. Me ofrendaron el celestial éter, pero también la angustia que los hombres llaman soledad.
Esta tarde, ángel de mis divinos sueños, no estuviste conmigo, y aunque tu sonrisa siempre la llevo en mi alma, nada remplaza tu presencia viva y sonora, tus suaves y delgadas manos que a mi corazón enajenan. Esta tarde, Princesa.., a quién engaño, la gran ausente fuiste tú...
viernes, 29 de abril de 2011
EL DOLOROSO SILENCIO
Por: Billy Crisanto SeminarioDetesto cuando Dylan Axel se pone mal. Las mañanas son grises y las noches desamparadas. No es la ausencia del bullicio, sino el enorme vacío que deja el mutismo de su sonrisa. El silencio de no escucharlo correr por la casa atenaza mis pensamientos, y todo atisbo de alegría desaparece de mis ojos.
Descubro entonces que hay dos tipos de silencio. Aquel que, acompañado del sosiego, procura sensaciones que fecundan palabras bellas (casi siempre dedicadas a mujeres bellas). Pero hay otro tipo de silencio que no es físico. Es la desolación que crece a la sombra del letargo de Dylan Axel. El ruido de la calle y hasta la música incomodan, y su ausencia, en vez de abrir espacio para reconciliarme conmigo mismo, sólo me sabe a tristeza penitente en mi alma.
En esos momentos los temores me desbordan como lobos agazapados para atacarme en el flanco más vulnerable de mi alma. Rápidamente pierdo el control y la desesperación hace presa de mí en un vendaval de prisas sin un norte promisorio. No obstante, lo más lastimero es su llanto. Más lacerante que el grito de un ave herida. Desgarra inmisericordemente mi alma, y sólo una honda plegaria me permite ver una lucesita que no quiero que se extinga nunca…



