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jueves, 8 de mayo de 2014

ARAÑANDO LA PLENITUD


Me miraste burlonamente antes de decirme que el amor se acaba como todo en la vida. Un escalofrío bajó de mi estómago hasta mis pies y sentí por primera vez la amargura de los amores frustrados. Hice un recuento rápido y el balance determinó que era yo el responsable principal de todo esto. Mi excesivo afán de sobreprotegerte había terminado por asfixiar tu vocación por la libertad. Hice un esfuerzo supremo y recobré el aplomo. No obstante, te veía (mi corazón te veía) más linda que nunca. "Todo ese paraíso voy a perder" pensé para mis adentros, pero no cometería el error de suplicar tu clemencia, pues eso siempre agrava las cosas...
Hagamos el amor sólo una vez más antes del adiós, dije fingiendo una seguridad y una audacia de la que carecía en ese momento. Lo aceptaste, quizá como una expresión de gratitud. 
Entonces esa noche nos amamos con desesperación. Las lágrimas (no sabíamos si de tristeza o de felicidad) mojaron nuestros rostros. Nos entregamos por completo intercalando momentos de salvaje pasión con otros de sublime ternura. No queríamos que ese instante termine. Entonces, en pleno éxtasis, nos sentimos arrebatados de la realidad espacio-temporal, y moramos en lo que los teólogos llaman la eternidad. Había leído que ésta consiste en la conversión del presente, del pasado, y del futuro en un único estado. Y eso fue lo que experimentamos. Dios que habita en la eternidad y que nos ama incondicionalmente, nos otorgó el inmerecido don de fusionarnos en un solo ser (no dos sino uno) construido sólo de sensaciones, donde lo místico y lo erótico dejaron de ser opuestos. El amor de ese instante, desprovisto de tiempo, fue tan grandioso que me está prohibido revelar que pasó después (si acaso se puede hablar de un después). Y para los incrédulos: ¿No dicen acaso que el amor lo puede todo?

martes, 8 de abril de 2014

ENTRE LA INOCENCIA Y LA PASIÓN

Entre los quince y los veinticinco años la idea del suicidio rondaba mi mente. Creía castigar al mundo de manera tal que se lamenten de no haberme tomado en cuenta. Otras veces veía la autoeliminación como la expresión radical a mi espíritu inconforme y contestatario, al mismo estilo de Kurt Cobain y otros íconos del rock. En alguna época, influido por la literatura, quise predicar la elección del momento de acabar con la vida como la máxima expresión de libertad en el ser humano. Hasta se me ocurrió la idea de formar algo así como un club de suicidas voluntarios. Pensaba que llegado el momento en el que la existencia pierda todo sentido debía ponerse fin a ésta. Eso significaba que, cuando los demás te miren con lástima, tomar la decisión digna trascendental de decir adiós para siempre.
Sin embargo ahora me da miedo morir y trato de encontrar una explicación a este cambio. Mirando en retrospectiva, me veo como un ser solitario. Marcado por el desamor y la melancolía, aunque ambos generaban estados de inspiración poética. (“Los dioses tejen desdichas en los hombres para que después tengan algo que cantar”). Hoy, cuando me lleno de ternura al ver reír y jugar a mis pequeños hijos, descubro que ha llegado la felicidad en la forma de la inocencia de unos seres que me prodigan el más dulce amor. Y entonces no quiero por nada del mundo perderme esa maravillosa experiencia, y, me da miedo morir. He llegado a desear seguir a su lado tan vivamente que, a la menor señal de alguna dolencia en mi organismo, acudo al médico para aliviarla. Cualquier posibilidad de enfermedad degenerativa, me angustia enormemente, pues no quisiera envejecer y sentirme limitado o inútil para con ellos…
A todo esto, pienso y concluyo que el temor a la muerte es la contraparte de la dicha terrenal en grado sumo. Y es que cuando se llega a alcanzar (aunque no permanente) una felicidad casi mística, nacida de la ternura de contemplar reír a los hijos; se llega a amar la vida al extremo que surge el miedo a morir. Es diferente a cuando se está enamorado y la felicidad se presenta en picos de embeleso sensorial, pero también en abismos de melancolía cuando ese amor se agrieta. No digo que una dicha sea mejor que la otra, pero ésta última, sin duda, no trae consigo el temor a la muerte. Sucede que ese intenso movimiento pendular entre el amor y el desamor no deja espacio para filosofar sobre el valor de la vida. La pregunta que surge entonces es ¿Pueden convivir ambos tipos de felicidad? Es decir, ¿se puede amar apasionadamente a una mujer, y al propio tiempo solazarse al compartir la inocencia y la ternura de unos hijos que van creciendo? Me dirán que es perfectamente factible y que muchas familias felices son la prueba de ello. Sin embargo, no me refiero a felicidad como sinónimo de sosiego y de estabilidad, sino a la mágica sensación de que el paraíso se encuentra en la tierra. Pienso que tal vendaval de ventura llega a quebrantar los frágiles cristales en los que está envuelta la vida. No obstante, creo que se pueden alternar periodos sucesivos de sentir la pureza de la plácida dicha infantil, con otros apasionados momentos con la mujer amada, marcadas por un erotismo elevado a cúspides de embelesamiento existencial. Sin embargo, y allí llegamos a la cuadratura del círculo, no quisiera perder nunca la luz de la estrella de jugar con mis hijos, y eso me lleva nuevamente a despertar ese miedo a que la muerte llegue, justo cuando me acerco a mi máxima realización vital…

sábado, 5 de abril de 2014

EL VESTlDlTO BLANCO



Él besó su vestido de blanca seda en la parte que da justo al pubis. Lo hizo con la más tierna devoción y también con emocionada gratitud. No había ningún halo de malicia. Apenas tenía trece y ella quince. Mientras se embriagaba con el angelical aroma de la nívea seda del vestido, experimentó la más profunda y abstracta elevación mística. Ansiaba quedarse a vivir ahí para siempre, embelesado en ese paraíso donde desaparecían los miedos y las culpas. Sintió detenerse el tiempo, y ni siquiera se percató de las manos de ella, que acariciando su cabello, le decía que debía irse. Tuvo que tomarle el rostro suavemente, y de paso alcanzar a ver las lágrimas en sus ojos rojos. Luego sintió que su fino vestido también estaba humedecido, pero no sólo de lágrimas. Entre avergonzada y feliz, se marchó a su casa y besó dulcemente el vestidito en la parte húmeda. El se lavó la cara en un caño y tuvo la hiriente sensación que ya nunca volvería a ese cielo de esa idílica inocencia. De ese entonces le viene la obsesión por el color blanco en la ropa femenina. Pero eso es poco, de ese entonces también le vienen las ganas de llorar cuando ve a una chica con vestido de seda blanca...

CULPA E INOCENCIA

A pesar de los años sigues tan vigente como si ayer te hubiese conocido y amado. Tu ángel restableció la inocencia en mi, convirtiendo el sexo en un accesorio prescindible, e incluso trivial. Nuestro idilio se edificó de miradas, risas, divertidas pláticas y aquellas caminatas donde tu mano era el premio más grande por "haberme portado bien". Incluso me encantaba como me regañabas tiernamente. Sin embargo, algo se quebró aquella noche en que ya no resistimos al impulso de "adultas" caricias. Entonces te marchaste triste a tu casa y yo confundido a la mía. Habíamos trasgredido la frontera de la pureza de nuestros ojos y la culpa se instaló como una estaca en el corazón. Te alejaste de mi dejando ese vacío que hoy trato de llenar como una redención a mi alma huérfana de tu encanto. Por ello, a estas alturas pienso que (al menos entre nosotros) el adiós es una pérdida antes que una ausencia. Pues un día nos conocimos y comulgamos en una misma sensibilidad que nos sacó de la pobreza de la realidad y creó para nosotros un maravilloso universo construido de inocencia...
Se ama para mañana tener hermosos recuerdos. Aunque lastima un poco, es lindo evocar momentos y emociones bellas. Con el tiempo el corazón se vuelve generoso y no pide retribución a cambio, pues es feliz en los confines de los sueños y de las nostalgias...

ADICTO A LOS AMORES ESTOICOS

El cielo nublado cubre mis noches, mientras te busco para restablecerme de la temprana frustración. Esa que marcó con hierro candente el final de la inocencia...
Era casi al clausurar la primaria, cuando me dijiste: “eres muy niño para mí”, y los muchachos que lo escucharon rieron toda la tarde. Sin querer instauraste en mí ese mismo desamor que me haría poeta (aún en el iluso mundo de la fantasía). La rabia y el llanto me dijeron esa noche que la belleza tiene el precio del dolor. No alcancé a comprender esa crueldad para conmigo, pero ahora lo tengo claro. Era tu mártir misión enseñarme que el camino hacia la dicha no está poblado de rosas. Incluso alcanzo a visualizarte triste por haberme lastimado arteramente, sin comprender que ese fue también tu inexorable destino...
Y así, adicto a la belleza y a los amores estoicos, mi pluma fue aprendiendo el arte de escribir a las diosas que llegan para hacerse amar y luego marcharse…
Y ahora estoy repitiendo la historia. Reactualizando el tiempo contigo, luciérnaga de la penumbra de mi nostalgia. Volviendo a adorarte a ti, amor estoico. Resistiendo el dolor de tu beldad. Condenado o bendecido a perseguir esa ternura incandescente. Aquella que lastima un poco, pero crece inmensurablemente en las tardes de ocaso o en las noches de estrellas juguetonas… 
Pero sé que no vendrás, pues tus cálidas caricias exigen duras renuncias y dolorosas pérdidas. No es acaso que las almas se entienden al margen de nuestras voluntades. ¿Por qué, como dice la gente, no es suficiente con amar?
 

sábado, 29 de marzo de 2014

DERROTADA REBELDÍA

Esta noche trato de poner un poco de luz a los hechos y ensayo esta teoría. En algún momento, y por mi culpa, se levantó la barrera, el hielo, la desconfianza y comenzaste a tomar distancia. Lo demás era inexorable. Encontrar motivos para soslayarme sutilmente, y pericia en esas lides no te falta.
El nonato amor que surgió de pláticas divertidas e interminables pende ahora de un hilo. Lo virtual funcionó a la perfección, pero la realidad material no cubrió tus expectativas. Y hoy aquí sin saber en que matar el tiempo. Con el sabor ácido de la derrota. Con la implacable espada de la renuncia sobre mi cuello, y con el corazón empequeñecido por el miedo.
Debí conocer más sobre tu historia y no confiar en la intuición. Qué desgarros emocionales tapiaron tus afectos hacia los hombres. Qué lágrimas agotaron tempranamente tu confianza en las miradas que se atrevían a ahondar en tu alma.
Debí cultivar mucho más tu sensibilidad hasta hacerla sintonizar con mis afectos. Me apresuré a celebrar las nacientes compatibilidades como si eso bastara para conquistar a una chica como tú. No puse atención a tus palabras. Subestimé la hondura de esa escéptica frase "He perdido la fe". Pensé que era fácil domesticarte como lo hizo el Principito con el zorro.
Ahora estoy inmovilizado. Sintiendo como la inmovilidad senectud ataca a mansalva esa mi rebeldía que había adquirido brillo apenas te conocí. Sin la decisión para dar el paso final. Insoportablemente dividido entre tu dulce sonrisa que nutre la vida, y el debilitado orgullo que me impele a destruirlo todo. En medio de este caos lacerante, con las ganas apenas de escribir algunas líneas como luces de bengala de mi naufragado ser. Mirando el cielo con la agonizante esperanza de alcanzar a ver a mi estrella...

MUSA DESCONOCIDA


Sí, como dice Heráclito, el río del pasado corre hacía el presente, 

ella marcha hacia mí.
Temerosa, con una prisa cuyo candor se diluye en mis palabras, cautelando todo el amor con el que aliviará mi corazón.
Es la musa desconocida, virtualmente encantadora,
pero ajena a mis afanes en la realidad 
hecha de tiempo y de espacio.
La imagino en los jardines eternos de cómplices orquídeas. 
Con la ingenuidad de la neonata pasión. 
Sin saber como explicarme que el destino es férreo.
Que los amores inextinguibles son arquitectura de años
de insondable trabajo de los dioses.
Mi musa desconocida hoy me levantó la mano, me miró de reojo, 
como diciéndome: "...en un rinconcito de mi alma hay espacio para ti. 
Si te portas bien, te llevarás la mitad de mi sonrisa,
y quién sabe con el tiempo, escucharás mi voz y caminarás a mi lado..."
Mi musa desconocida, hoy sola contempla las estrellas, 
pero mañana lo hará conmigo, 
sí me reivindico con la vida, sí empiezo a ser bueno...

DE AMIGA A AMADA

Me dijo que de nuevo sucedería lo mismo (era la tercera amiga que me presentaba). Vas a aburrirte con ella después de unos días. No tendrás tema para conversar, a menos que sea de modas o de farándula. Pero de todas maneras te la presentaré para que te convenzas por ti mismo. Se quitó los lentes, quizá para que mire la tristeza de sus ojos, pero ni siquiera me percaté de ello. Mi pensamiento ya fantaseaba con la morena de estrecho jean que pronto conocería. No revelaré los pormenores del breve y frustrado romance, además son previsibles, pero tal como lo pronosticó ella (mi amiga), me aburrí, ambos nos aburrimos después de unos días...
La busqué por enésima vez y conversamos largo rato, mejor dicho, le volví a hablar sobre mi mala suerte en el amor. Ella me acarició el cabello, me consoló con tanta dulzura que terminé llorando en sus brazos. Cuando me sentí reconfortado, le agradecí y me marché, no sin antes despedirme con un beso en la mejilla. Nuevamente no me percaté (tal vez no quise hacerlo) que ella me ofreció sus labios. No volvimos a conversar sobre el tema más de una semana, aunque nos vimos una vez para que me explique la tarea de matemática.
Sin embargo, no pasó ni un mes, para volver a pedirle que me presente a otra de sus amigas. Para sorpresa mía, accedió de inmediato sin ningún reproche. Sólo me pidió que la espere un par de días antes de marcharse rauda. Supuse, que como otras veces, tenía prisa por realizar algún trabajo de la universidad. Llegado el día me presentó a la amiga solicitada, retirándose nuevamente de prisa. 
Fue después de una semana que recién me enteré lo que los demás ya sabían. Estaba saliendo con un chico de un ciclo inferior, y los habían visto muy felices a ambos. La busqué con el pretexto de contarle sobre mi último fracaso, pero en el fondo extrañaba su ternura que me hacía tanto bien. Mis nacientes celos se convirtieron en rabia, cuando me hizo esperar varias horas antes de escucharme. Como si eso no fuese suficiente, me dejó antes de que termine de contarle todo, precisamente cuando recibió la llamada de su pretendiente. Eso no lo pude soportar. Primero le pedí que me escuche, pues me encontraba mal, pero ella se disculpó amablemente. Entonces le reclamé airadamente, y ella con mucha calma, me dijo que lo sentía, que al siguiente día conversaríamos largamente. Contrariamente a lo que haría una persona madura. Me odié a mí mismo y también a ella. Me dolía tremendamente que ya no se quede horas y horas escuchándome y aconsejándome. No podía soportar que sus manos acaricien otro cabello que no fuera el mío. Desde ese entonces sigo buscando otra chica, igual de dulce, comprensiva e inteligente, pero para mucho más que contarle mis penas y me presente a sus amigas... — con Victor Patricio Clavellina Orozco y 49 personas más.

HASTA LOGRAR QUE ME AMES

Apartaré la tristeza de tus ojos, para ir descubriendo la alegría agazapada en esa indiferencia a mis mustias palabras. Recorreré con mis labios, uno a uno tus cabellos, hasta que una sonrisa sea el preludio de ese inconfesable amor a mis locuras, vano afán por alegrar tu alma congelada en el temprano dolor de la ausencia de ternura...
Y cuando me dejes besar tus manitas, cantaré para ti las nupcias de la mar y la luna, celebrada por recios marineros, que no resisten el encanto del escarchado cielo. Entonces, me dirás que acerque mi rostro a tu corazón, para escuchar la melodía de un naciente amor, tejido de cuentos de sensuales hadas que ya no quieren cenicientas porque han sentido las audaces caricias del viento...
Te irás acostumbrando a mis palabras, a mis canciones y a mis besos, que un día suplicarás que descubra tus tesoros candorosamente guardados para el cielo. Y serás mía una noche de centellantes luciérnagas y del cantar de los grillos. Serás mía por soberana decisión de tu piel y de tu corazón. Le dirás adiós a la niña de huraña mirada. La nostalgia se ahuyentará con mi protectora risa, y me harás el amor tan dulcemente (yo también te lo haré), que todos los poemas escritos por mí para ti, florecerán en el fuego de tus labios de la sensual mujer que ya dejó de ser niña...

viernes, 21 de marzo de 2014

AMOR EXTREMO















Si para lograr que me ames, 
debo dejarme matar 
por el anzuelo de tus caricias, 
decido entonces suicidarme. 
Si después del fuego mortal de tus ojos, 
vendrá el fuego divino de tus besos, 
quiero en ti, dulcemente incinerarme.
Aunque después nos lastimemos, 
necesito sentir en mis venas,
el dolor purificante de tus dardos, 
para luego, en tus pechos redimirme, 
de esta realidad que aprisiona el alma... 
Volemos al infinito, 
ahora que el cielo aún regala estrellas.
Unámonos en vuelo centelleante
de nuestras alas agujereadas.
Derrotemos al destino aciago,
que en la tierra nos cercenó los sueños.
Liberémonos del temor al tiempo, 
el mañana traerá sus propias lágrimas,
y de tanto sufrir por amarnos,
serán santificados nuestros sexos,
en suave tapiz sin culpas ni temores.
Y la efeméride de ese momento,
será el inicio del prometido cielo...

miércoles, 19 de marzo de 2014

NOSTALGIA DE PASIÓN

... Y entonces te amé mientras caminaba
en busca de sueños recónditos, 
invulnerables a la muerte. 
La frescura de tu aliento 
me devolvió a la esperanza terrenal 
nutrida de tu piel suave y ardiente. 
Y quise esclavizar tus labios, húmedos y tibios. 
Quedarme con ellos, 
para liberarme de la abulia de mis días grises 
por la tragedia de tu no existencia. 
También quise perennizar 
tu voz, suave arrulladora de mis miedos. 
Insaciable yo del fuego de tu cuerpo,
indescriptible oasis de mis sentidos,
con el terciopelo de tus muslos. 
Y fue así que le diste cielo a mis mañanas, 
antes presurosas por el vano deber 
de enajenar el tiempo. 
Luego esperar la noche, 
cuando hacías que beba del pozo de tu pubis, 
soberano absoluto de mis plegarias de amor. 
Me ofrendaste todo en jornadas primaverales, 
que hoy rememoro tu estadía, 
en este mi mundo vuelto a la vida, 
por el sólo y divinizado toque de tus manos en mi piel, 
que hoy sólo imploran tu nombre... 

viernes, 6 de abril de 2012

DULCE NOSTALGIA DE TI

Hace tiempo que no se nada de ti. Quiero decirte que sólo puedo sentir gratitud por todo lo bello que me hiciste pasar. Fui inmensamente feliz contigo y estoy seguro que nunca viviré momentos tan maravillosos como los nuestros. Jamás te conté como preparaba mis viajes a Lima y la ansiedad por verte que crecía a cada minuto. Jamás dormía en el ómnibus, pues sólo quería que el tiempo volara para tenerte entre mis brazos. Nunca cerraba los ojos cuando estaba contigo porque no me saciaba de mirarte y cuanto más te contemplaba, más ganas tenía de acariciarte y besarte. Podían pasar horas y horas y no quería que te separes de mi. Ahora entiendes porque me enojaba cuando tardabas en llegar, pues esa habitación sin ti perdía todo su encanto. En cambio cuando llegabas, recuerdas como me arrojaba sobre ti, más hambriento de amor que nunca. No encuentro las palabras para describir como tocaba el cielo con cada una de nuestras locuras. Cada milímetro de ti era el paraíso para mí. Desde el aroma de tu cabello hasta la sensualidad de tus pies. Adoraba todo lo tuyo y no quería separarme ni un momento. Ahora realmente puedo afirmar (como dice una canción medio cursi) que contigo aprendí a amar y siempre me preguntaré qué obra buena había hecho para merecerte a ti, tan angelicalmente dulce y tan ardientemente sensual. Aunque siempre lamentaba no haberte conocido antes, trataba de disfrutar este grandioso amor, algo tardío, pero tan deslumbrante. Siempre tuve parejas nobles, pero ninguna llegó a enloquecer mi corazón como tú. Ahora sólo vivo de recuerdos, y aunque te extraño un montón, me reconforta comprobar que iluminaste mi vida. Pintaste de colores mis vivencias y cuando muera, podré evocarte tan vivamente y sobre todo podré decir como pocos “FUI UN HOMBRE FELIZ”

viernes, 28 de octubre de 2011

EL CUENTO SIN FIN

Les contaré que era casi la una de la madrugada y Dylan Axel no se quería dormir, pues se había despertado pasada las diez de la noche. Entonces tuve que apagarle el televisor. Confieso con vergüenza (porque no soy sinvergüenza), que cuando no “tenemos tiempo” le sintonizamos Discovery Kids, que supuestamente trasmite dibujos educativos. Pero, a quién engaño, televisión es televisión, y es adictiva. Por eso Dylan Axel hizo berrinche cuando le apagué la caja boba. Intenté contarle uno de las tantas historias de animales que le he inventado, pero como estaba enojado no se dormía. El cuento se iba alargando más y más,  interviniendo especies terrestres, marinas, aéreas y de todos los subgéneros. Tenía que hacerlo emocionante, entonces le narraba con lujo de detalles como el cocodrilo quería comerse al caballito y el elefante lo salvaba, dando antes una paliza al malvado caimán. Le conté tantos salvamentos de tal forma que me iba quedando sin ejemplares y sin tramas. Y así el  león había salvado al gallo de que se lo coma el zorro; el gato al pavo de que lo muerda la culebra; el águila al conejo de que lo devore la hiena;  la ballena al delfín de la voracidad del tiburón, etc., etc. Recién cuando el perro salvó a la oveja del lobo, Dylan Axel se fue quedando dormido. A todo esto ya estaba repitiendo y mezclando especies que no se comen en la fauna real, pero el cuento no podía terminar hasta que se duerma el travieso niño. Pero lo conseguí, demostrando de paso que puedo competir en un concurso del cuento más largo (siempre y cuando sea de animales). Además he comenzado a liberarlo de la televisión. Lo que me preocupa es que su mamá todas las noches me va a llamar temprano para que lo haga dormir, y ya no voy a poder estar tanto tiempo en el face. Bueno, que importa, ingresaré a esta hora. Y aunque no encuentre ya a mis amigos que me alegran la noche, le dejaré a mi Kelita (casi escribo su nombre) algo lindo para que lea al día siguiente, como por ejemplo este relato medio gracioso… 

jueves, 22 de septiembre de 2011

DYLAN AXEL. EXTERMINADOR DE MELANCOLÍAS

Soy un vampiro de tu paz y de tu alegría Dylan Axel. Misteriosa y mágicamente, comienzo a sentirme bien nada más empezamos a jugar, y para bien o para mal (creo que más para bien) tu energía es inagotable. A veces la media noche nos sorprende matándonos de risa, creando un oasis existencial en medio de mi detestada neurosis. Quizá, una de tus tantas misiones en el mundo sea disciplinarme tiernamente para que me acueste y me levante temprano.
Llegará un día en que, con la adolescencia a cuestas, el implacable desamor y los sinsentidos se llevarán tu fresca inocencia. ¿Cómo podré ayudarte entonces, si no he aprendido a entender mis contradicciones? Lo poco que sé es que desde ahora, más que mi hijo, eres mi pequeño amiguito, y espero lo sigas siendo con el tiempo. Por eso a veces trato de dominar mi angustia cuando te veo temerariamente subir una escalera, pues tendrás que afrontar desafíos y peligros mucho más grandes de adulto. No obstante, me preocupa enormemente que, a mi pesar, veas en mí a tu modelo.  ¿Qué te puedo enseñar Dylan Axel si cuando no estoy dando clases, me encierro en mi mismo? ¿Cómo instruirte, por ejemplo, a ser responsable, si mi vida es un caos donde siempre me encuentro buscando las cosas perdidas en la casa?
De pronto, si un día un libro o un autor te inquietan, podríamos conversar para desentrañar sus misterios.  En el fondo quisiera que busques en Kafka, antes que en Coelho respuestas para la condición humana. Sea lo que fuere, deberás construir tu camino tramo a tramo, y espero que la ineludible melancolía, antes que derribarte, te fortalezca en el,  a ratos difícil, combate por vivir.
Mientras tanto aquí me tienes escribiendo sobre ti para cuando me leas sepas que desde niño eras diestro en procurar sosiego a tu padre. Por lo demás, espero que seas más inteligente que yo para entender que es mucho más sabio reírse de la vida antes que atormentarte por sus sinsabores…

martes, 13 de septiembre de 2011

MUJER NIÑA

Es verdad. el secreto del encanto de las mujeres es conservar la frescura de la niñez. No me refiero a la falta de arrugas, ni siquiera a la esbeltez,  sino cuando aún no inspiraban atracción, sólo ternura y nos hacían reír tanto con sus ocurrencias. A la mujer no le queda la seriedad, o la madurez entendida como regañar cada vez más y bromear cada vez menos. Inmediatamente, o nos recuerda a la profesora mala que sufrimos, o a la jefa tirana. La mujer debería hacerse engreír con gestos femeninos y traviezos. Las hijas (antes de cumplir los 15) lo saben. Por eso los padres las quieren tanto.
Insisto. No se trata de la anatomía, la magia del su hechizo está en la frescura de los gestos y hasta en la voz. La señal de que hemos caído en su encanto, y será difícil salir de éste, es cuando sentimos unas irreprimibles ganas de jugar con ellas. Cuando despiertan y sintonizan con el niño que todos llevamos dentro. Y como los niños deben proteger a las niñas, entonces los vínculos se tornan indestructibles. Incluso una deliciosa malacrianza de vez en cuando puede hacernos sentir como el padre comprensivo que le consciente todo a su hijita menor, a cambio de una sonrisa o de un abrazo...

martes, 30 de agosto de 2011

"SANTA ROSA" Y LA ESPERADA VENGANZA



Era el segundo año que era elegida para representar a Santa Rosa de Lima. Nada tenía que ver el hecho de que se llame Roxanna. Simplemente era la que más se parecía a la descripción de la santa limeña. Blanca, chaposa, cabellos castaño muy fino (le decían "cabello de ángel"), y además esbelta. El jefe de la policía, organizadora de la ceremonia, no pudo estar más de acuerdo. Nosotros la mirábamos como inalcanzable por bella y casi hasta por santa.
Cuando aún era niña vestía el uniforme más impecable, incluyendo sus zapatitos muy bien lustrados y olía a colonia de bebé. En ese entonces pude haberla cortejado, quien sabe conquistado, pero no le di importancia. Cuando creció, ya fue más difícil. Los muchachos más grandes y populares de la escuela ya la perseguían, y ya no había espacio para mí. Antes de su pase a las "ligas mayores", recuerdo una historia muy triste. Celebrábamos algo en el colegio y bailábamos casi obligados por la profesora. Pero no tenía el valor de sacarla a bailar. Temía que me fastidiarían los muchachos, pues sabían que me gustaba. Sin embargo, hice algo muy tonto. Le mandé a regalar con un amigo una pulserita que le había robado a mi hermana mayor. No era de oro, pero sí la única que ella tenía. Creí enviarle una señal para que salga a bailar conmigo - cómo si bastara con eso -. El hecho es que nunca bailamos y hasta ahora lamento mi falta de valor. Desprecio al chiquillo tonto y temeroso que fui. Bueno la historia de la pulsera terminó muy feo. Alguien le contó a mi hermana que ella (Roxanna) tenía su pulsera y me obligaron a pedírsela. Vaya lío. La profesora en persona se la pidió, no sin antes jalarme las orejas frente a todo el mundo. Creo que en ese momento conocí descarnadamente lo que era el odio. Quise estar muerto para que todos se dieran cuenta del daño que me hacían.
Hubo otros sinsabores más en la escuela primaria de La Matanza. Roxanna se puso más linda y siguió representando a Santa Rosa. No tardó en tener enamorado entre los muchachos grandes.
Es feo reconocer esto, pero dicen que la vida (como para probarnos) siempre da una oportunidad para ajustar cuentas. Terminé la primaria y me vine a Piura. En la zona brava de Castilla a golpes me "avivé". Terminé la secundaria en el "glorioso y leal San Miguel". Más tarde ingresé a la UNP. Cuando iba en el tercer ciclo, ella también ingresó, pero con la desventaja de todo "cachimbo" de provincia. Me la encontré y su actitud para conmigo era casi de sumisión. Seguía igual de bonita, pero entre tanta tantas chicas jóvenes y bellas, la suya se opacaba - ya no había Santa Rosa que representar-. Conversamos un momento, pero hice algo ruín y sólo lo cuento para liberarme de la culpa. Le dije que me espere en el paradero y nunca llegué. No fue la única ocasión que la dejé plantada. Me escondí de ella más de una vez. Sentía innoble satisfacción en ver su carita triste y preocupada por no encontrarme. Llegué a pensar haberla hecho "pagar" con exceso sus desaires en la escuelita, hasta que tiempo después me contaron que había dejado la universidad para casarse con alguien acomodado. Inexplicablemente - o creo que nunca me saqué la espina - sentí dolor y rabia, y me arrepentí amargamente de mi comportamiento con ella. Ahora me tocaba pagar a mi por la maldad de mi venganza...

viernes, 26 de agosto de 2011

HISTORIA DE UN IDÍLICO ENCUENTRO (enviado por colaboradora anónima)

No puedo recordar con exactitud, cómo es que nos conocimos, sólo sé estabas ahí, puesto como por la mano de Dios para alegrar mi alma solitaria justo cuando pensaba que ya más nada importaba.
Había sido un año lleno de angustias y desesperanzas. Todo aquello que representaba felicidad para mí simplemente había desaparecido del horizonte. De pronto, caminando sin rumbo por un concurrido centro comercial estabas tú. Quizá me miraste primero, tal vez lo habías planeado, o fue el universo que conspiró. Tan sólo sé que salió muy bien.
Yo miraba un anillo muy bello en el escaparate de una tienda, y una voz tan especial me dijo: ¿Le gusta? Es un modelo único tiene un fino brillante y es además muy pequeño parece hecho justo para su mano. Su voz me sorprendió. Su amabilidad, sus ganas de mostrarme el hermosísimo anillo. Quedé hechizada de pronto por una fuerza divina. Simplemente ingresamos en la tienda y pidió me mostraran el anillo.  Efectivamente estaba hecho justo para mi delgado dedo. Me dijo lo hermoso que me quedaba y si lo quería llevar. Pedí me disculpara, pero no podía llevarlo, pues era demasiado caro para mí. Insistió, pero no se percató que sólo estaba probando su capacidad de hacer cosas por mí y para mí. 
Le agradecí por todo y salí algo aturdida por lo sucedido, ¿Quién era ese hombre que había causado ese temblor en mi cuerpo tan solo con escuchar su voz?
Estaba nuevamente caminando distraída por el centro comercial cuando sentí una mano sobre mi hombro. Regresé a mirar y era él una vez más diciendo ¿Me permitirás invitarte un café? Me asustó un poco su insistencia, pero esa fuerza extraña me hacía seguirlo. A partir de este momento todo siguió tan fluido como en una dulce historia.
Nos sentamos en una pequeña mesa con vista a una tienda de mascotas. Le dije -  hola soy María Lucía – presentándome formalmente - María lucía soy Antonio – respondió él. - ¿Pero te has salido del trabajo? - le inquirí, - ¿O estás fuera de turno? - sonrió y me dijo -  yo no trabajo en la joyería. Lo que sucede es no sabía cómo acercarme a ti -. No dejaba de mirarme a los ojos mientras me confesaba todo esto - Estás loco - dije y empecé a reír -. No entiendo por qué reía. Tal vez eran los nervios, o tal vez por su audacia. El hecho fue que empezamos a reír juntos. 
Tomamos unos cafés, el mío express y el suyo americano. Aún puedo sentir el aroma del delicioso café revoloteando alrededor nuestro como conspirando para que algo pase.
Conversamos de tantas cosas. De nuestras vidas. Era como si nos conociéramos de antes, y tan sólo el lugar y el momento estaban esperando para que nos juntáramos. Sin darme cuenta el tiempo había transcurrido. Dos horas conversando. Miré el reloj discretamente para saber la hora -. ¿Pero ya te tienes que marcharte? – Preguntó - Disculpa he robado mucho de tu tiempo - Sonreí y le dije - nada de eso, has alegrado mi día, pero sí debo marcharme, tengo cosas que  hacer -.
Intercambiamos números de celular y prometimos llamarnos. Salimos del café y me acompañó hasta una de las puertas principales del inmenso centro comercial. - ¿Sí  quieres puedo llevarte? - me dijo. Le agradecí y le respondí que  prefería caminar, pues eso me ayudaba a pensar –. Bueno -, dijo él. Al despedirnos y al querer darme un beso en la mejía, nuestros labios se rosaron sin querer. - Disculpa - dijo él y yo sonrosada dije - No, no hay problema - y empecé a reír, alejándome, siguiendo riendo sin saber porqué.
Habían pasado algo de 10 minutos desde que nos despedimos y mi mente no dejaba de pensar en Antonio. Ese hombre encantador que había conocido estaba ya cerca de mi departamento cuando mi celular empezó a sonar. Era él. – Hola -, me dijo con esa voz tan especial, varonil, fuerte y atractiva. - Sólo te llamaba para invitarte a cenar esta noche. ¿Podrás o tienes algo que hacer? – No, no tengo nada – respondí casi automáticamente. - Entonces te paso a buscar a las ocho y media - Pero ¿no conoces mi casa - le dije ingenuamente sin darme cuenta que me había seguido y estaba tras de mí. -  Da vuelta - me dijo, y al voltear estaba él. Sonriendo  me dijo que no quería perderme. Reímos nuevamente, y me dijo me recogería a la hora pactada. Me dio otro beso en los labios. Me quedé helada, pero me gustó. Reí nuevamente y entré a mi edificio.
Toda la tarde la pasé pensando en Antonio. ¿Quién era ese hombre divino que había aparecido de la nada y que parecía estaba predestinado para mí? Era hora de prepararme para mi cita. Había olvidado preguntar el lugar al que me llevaría. No sabía cómo vestir y me daba pena llamar para preguntarlo. Eran casi las siete  cuando sonó el celular y su voz me dijo ponte un vestido que iremos a un lindo lugar. Era genial. Había leído mis pensamientos y respondía a mi pregunta, pues no quería estar mal en cita con él.
Me había puesto mi vestido verde oscuro. Era de una seda muy suave con unas “tirillas” finísimas que caían sobre mis hombros. Llevaba un escote muy sutil por delante que dejaba apenas ver el comienzo del busto, pero que invitaba a desear  saber que más había allí. Por la espalda un profundo escote que llagaba casi hasta la cintura. Se cogía apenas con un finísimo broche que hacía juego con los zapatos plateados. El cabello suelto y rizado. Poco maquillaje para no verme recargada y a esperar poder saber algo más de Antonio, mi príncipe encantador.
El timbre sonó a las 8:30 en punto. Estaba algo nerviosa al abrir quería causarle buena impresión. Al abrir la puerta me miró de pies a cabeza y dijo: justó como te soñé, estás preciosa María Lucía. Vamos, sé que te va a gustar el lugar. Llegamos hasta una casa hacienda, casi saliendo de la ciudad. Había muchos jardines y en uno de ellos al centro una mesa arreglada justo para nosotros. Flores alrededor aromatizan el lugar. La luna asomaba poco a poco. Las velas en la mesa. El vino y la comida fueron servidos por una dulce mujer quien tenía una dulce sonrisa en los labios. Me quedé maravillada de todo lo que sucedía. Conversamos y reímos mucho nuevamente. Él era historiador. Había escrito muchos libros sobre la cultura peruana. Amante de la buena música y del arte andino. Pero sobre todo era un hombre que parecía haberme estado buscando. En una de sus investigaciones y me había descubierto. Era como la otra parte de mi alma. Ese pedazo que tanto me faltaba.
Al terminar la cena me propuso bailar. Miré alrededor buscando la música. Sacó un pequeño control remoto, y la música apareció. Eran boleros muy antiguos que habían sido adaptados al jazz. Bellos y románticos.  Era un hombre interesante. Parecía saber muchas cosas y estaba dispuesta a aprender de él. Detuvo por un momento nuestro baile sirvió una copa de vino y me dijo: - por haberte podido encontrar -. Yo simplemente pude decir: - ¡Porque siga conspirando el universo! -.
Me tomó entre sus brazos y poco a poco fue acercándose cada vez más a mí. Podía sentir uno de sus dedos acariciando mi espalda y poco a poco, pues estábamos demasiado cerca uno del otro. Su mano suave acariciaba toda mi espalda podía sentir el latir de nuestros corazones de lo cerca que estábamos. Aspirando el aroma de mi cabello me dijo - que delicioso perfume el de tu cabello – mientras descendía por mi cuello   causándome una emoción tan grande que me hacía estremecer. El aroma a chocolate que llevaba había causado una magia excitante entre nosotros. No dejaba de recorrerme excitando mis sentidos. El deseo de que me besara era  cada vez más fuerte. Lo hizo. Primero muy suavemente, y luego con fuerza, con pasión, y hasta con desesperación. La misma que había originado en mí.
Estaba segura que había leído hasta mi último pensamiento. Mis ganas de sentirme amada por él, de sentirme poseída, de sentir que él era esa parte de mí que había estado perdida en algún lugar del mundo, y que por fin la había encontrado. 
Caminamos por el jardín Antonio me mostraba el lugar. La luna hacía que todo se viera tan claramente. Otro hermoso bolero sonaba en el equipo. Juntamos nuestros cuerpos y bailamos. El baile, el lugar la música, el momento. Todo era perfecto. Me miró a los ojos y me dijo - gracias por dejarme encontrarte -. Nos besamos, primero con dulzura, luego la dulzura se fue tornando en pasión, y hasta en desesperación. Queríamos comernos uno al otro, poseernos, amarnos hasta lo más profundo de nuestro ser. Beso mi cuello, mi espalda. Bajó las tirillas que sujetaban los hombros y poco a poco llego hasta mis pechos. Los besó como si fuera un niño. Saco el broche e mi espalda. El vestido se deslizó suavemente. Le saqué la corbata y la camisa como jugando con él. Desabroché su correa y su pantalón, y así poco a poco lo saqué. Su piel y mi piel al juntarse se estremecían. Por momentos pasaba como una fuerte corriente eléctrica. Nos amamos en el enorme jardín. Creo que hasta desgastamos nuestros labios de tanto besarnos. Una tenue brisa fría llegó hasta nosotros. – Ven - me dijo, e ingresando hasta la casa me llevó a su cuarto. Era un hermoso dormitorio revestido en madera. La amplia cama tenía sábanas blancas de seda. La música parecía seguirnos a donde fuéramos. Me cargó y me llevó hasta la cama donde nos amamos con desesperación, con locura. ¡Con amor!.. No necesitamos más tiempo.  Sabíamos que nos habíamos encontrado y que jamás nos separaríamos…

jueves, 25 de agosto de 2011

LUCHANDO POR NO MATAR LOS SUEÑOS

El campo, el mar, un corazón que ama,
arrullado por una canción de Serrat.
La belleza del amanecer,
la frescura de la mañana, l
la ensoñación de la tarde,
y el cielo estrellado
en una noche cómplice de amor.
Una vida libre para viajar por las cumbres
de una montaña  andina,
o por los desiertos
de una franja que besa al mar.
Diez libros para leer
y una laptop para escribir.
Todo eso, para comenzar,
desde ahora.
No cuando la senectud
cercene las ansias de soñar.

Y es que el tiempo 
es el más grande tirano del hombre. 
Se lleva sus sueños, 
sus ideales y hasta sus amores. 
Ese tiempo tejido de almanaques 
que es como un despeñadero, 
hacia el cual nos dirigimos inexorablemente, 
con casi todas las cosas a medio camino, 
o aún sin empezar. 
Como mi padre 
que sólo deseaba su granja en el campo 
para criar animales 
y escuchar las noticias todas las tardes. 
La pobreza y la salud le cerraron el paso.
 Y ahora, ésta mi vida,
luchando entre la renuncia
y la última batalla por un amor.
La angustia de no poder reconciliarme
con la plenitud de un misticismo, 
liberado de la tormentosa pasión.
Rebelándome, sólo para no envejecer.
Buscando una sonrisa de niña buena
para ahuyentar los sin sentidos.
Abrazado a la inocencia de dos hijos divinos,
y a la música que nunca envejece,
púes al tiempo  venció.
Todo este vendaval de furias y de penas.
De quimeras que aún pueden refugiarse
en el inexplorado mañana,
aquel que atesora una felicidad, 
sólo vislumbrada algunas noches
de miradas y besos virtuales.
En suma un universo aún por inventar,
e imposible de alcanzar.
Una vida, una muerte,
una paz, y un amor,
que siempre habitará en el corazón... 

viernes, 19 de agosto de 2011

CUENTO DESDE EL FUTURO

Corría el otoño del 2025 cuando Dylan Axel conoció (a través del chat) a Alice y se enamoró de ella. De tanto escuchar las historias que su padre escribía en su laptop, había aprendido a crear relatos mucho mejores que los de éste. No era extraño entonces que descubriera que Alice se parecía a sus personajes. Le impresionó su frescura para tomárselo todo en broma. Percibió inmediatamente una gran sensibilidad, reflejada en su rostro y en su voz de niña buena. La sintonía entre sus almas fluyó de manera tan natural que ambos se sorprendían de su compatibilidad. Podían conversar casi de todos los temas, y aunque siempre terminaban bromeando, cada día aprendían algo nuevo, aniquilando por completo de su diccionario la palabra aburrimiento.

Fue así que la convenció para conocerse personalmente. Era bella, tal como aparecía en la foto del perfil de su cuenta. Comieron helados, y volvieron a reír de la gente y de sus convencionalismos. Siguieron encontrándose de vez en cuando, e incluso se extrañaban mutuamente cuando pasaban muchos días sin verse. Dylan Axel lo tenía todo claro, lo que más lo movía era la fuerte atracción hacia Alice. Muchas veces se presentó la ocasión propicia para plasmar en un beso lo que sentía por ella. Hubo muchos intentos, pero siempre un “mañana conversamos en el chat” era el epílogo inevitable de cada encuentro. Todas estas fallidas tentativas inspiraban apasionadas historias que se acumulaban en su blog.

Estaba a punto de perder las esperanzas de conquistar el corazón de Alice cuando sucedió el prodigio. Una tarde mientras escuchaba canciones de Serrat, un trovador español que su difunto padre adoraba, unas imágenes, difusas pero intensas invadieron su corazón. Sintió la voz de su “viejo”, cuando de apenas dos años, le narraba cuentos infantiles inventados por el mismo. Volvió a ver personajes que hicieron mágicos sus primeros años. Elefantes, leones, caballitos, vaquitas y hasta un águila cobraron vida nuevamente.

No obstante, tardó unos días para entender el mensaje que le enviaba su padre para ayudarle a conquistar el amor de Alice. Tenía que despertar en ella al niño (o la niña) que todos llevamos dentro. Entonces Dylan Axel comenzó a escribir historias infantiles pobladas de verdes campos, de alegres aves que cantaban al amanecer, del sol que se enamoraba de la luna, o de las estrellitas que jugaban a las escondidas. En medio de estos bellos escenarios siempre destacaba la bella princesa (ella) rescatada por el valiente caballero (él). Sólo faltaba hacer vida estas emociones infantiles. Un día la invitó a ir al campo. Jugaron y corrieron hasta cansarse como niños. Por fin encontraron aquella honda felicidad de dormitaba en su inconsciente. Representaron las historias y los personajes que Dylan Axel había inventado en sus cuentos. Sin darse cuenta, en un momento terminaron abrazados y mirándose a los ojos. Ella sonrío, entreabrió los labios, y él por fin pudo besarla…

martes, 9 de agosto de 2011

NOCHE QUE PRELUDIA UNA DESPEDIDA


Mujer de mirada traviesa, no quiero despedirme de ti,
antes  que termine la noche. 
Sé que nuestros caminos se bifurcan en senderos inalcanzables. 
Que nuestras vidas avanzan con una historia familiar,
donde las contradicciones y los desgarros son la constante,
y el sosiego  la excepción.
Mujer de inspiraciones inocentes
como la mirada de un niño,
o de apasionados pensamientos,
 que apenas se pueden sublimar en palabras. 
Musa otorgada a mi pluma, 
cuando el sin sentido ya comenzaba a hacer estragos en mi alma.
No quiero despedirme de ti sin antes abrazarte
y atesorar ese momento en la antología de mis recuerdos de suprema dicha. 
Donde me sentí un dios pequeño,
pero con los poderes de un hechicero mayor.
Mujer que ahondaste en los miedos de mi alma,
pero también en sus elevaciones místicas. 
Ve y prepara un cofrecito en tu corazón
donde mi amor pueda descansar,
incinerado por los imposibles que engendran melancolía.
Perdona mujer la tristeza que no le hace juego a tu fresca sonrisa,
pero no sé por qué, esta noche la siento de material despedida.
Porque  nos queda la dulzura íntima y solitaria de los sueños,
donde las quimeras se tornan  realidad.
En ese mundo de estrellas y de fresca arena de playa,
junto al océano de mis fantasías,
ahí te esperarán mis besos,
mujer creada por la perfección del más hondo amor...