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viernes, 28 de octubre de 2011

EL CUENTO SIN FIN

Les contaré que era casi la una de la madrugada y Dylan Axel no se quería dormir, pues se había despertado pasada las diez de la noche. Entonces tuve que apagarle el televisor. Confieso con vergüenza (porque no soy sinvergüenza), que cuando no “tenemos tiempo” le sintonizamos Discovery Kids, que supuestamente trasmite dibujos educativos. Pero, a quién engaño, televisión es televisión, y es adictiva. Por eso Dylan Axel hizo berrinche cuando le apagué la caja boba. Intenté contarle uno de las tantas historias de animales que le he inventado, pero como estaba enojado no se dormía. El cuento se iba alargando más y más,  interviniendo especies terrestres, marinas, aéreas y de todos los subgéneros. Tenía que hacerlo emocionante, entonces le narraba con lujo de detalles como el cocodrilo quería comerse al caballito y el elefante lo salvaba, dando antes una paliza al malvado caimán. Le conté tantos salvamentos de tal forma que me iba quedando sin ejemplares y sin tramas. Y así el  león había salvado al gallo de que se lo coma el zorro; el gato al pavo de que lo muerda la culebra; el águila al conejo de que lo devore la hiena;  la ballena al delfín de la voracidad del tiburón, etc., etc. Recién cuando el perro salvó a la oveja del lobo, Dylan Axel se fue quedando dormido. A todo esto ya estaba repitiendo y mezclando especies que no se comen en la fauna real, pero el cuento no podía terminar hasta que se duerma el travieso niño. Pero lo conseguí, demostrando de paso que puedo competir en un concurso del cuento más largo (siempre y cuando sea de animales). Además he comenzado a liberarlo de la televisión. Lo que me preocupa es que su mamá todas las noches me va a llamar temprano para que lo haga dormir, y ya no voy a poder estar tanto tiempo en el face. Bueno, que importa, ingresaré a esta hora. Y aunque no encuentre ya a mis amigos que me alegran la noche, le dejaré a mi Kelita (casi escribo su nombre) algo lindo para que lea al día siguiente, como por ejemplo este relato medio gracioso… 

jueves, 21 de julio de 2011

AMAR A UNA MUJER ES HACERLE EL AMOR

Amar a una mujer es hacerle el amor. La frase, aunque redundante y trivializada, posee una fatalidad que llega hasta los huesos. Es la historia de un amigo, quien había llevado (esta historia) con sentido común y un poco de estoicismo. La había asumido como una verdad que no tenía porque ser determinante. El deseo y la pasión hace tiempo que se habían marchado para regresar sólo cuando el alcohol liberaba todas las barreras.

Amar a una mujer es hacerle el amor. No estando ebrio, sino como culminación de un juego de tiernas caricias. Es desear besarla toda para pasar al fuego indetenible de dos cuerpos que desesperadamente tratan de fusionarse en un templo de amor.

Es triste cuando estos impulsos se dirigen sólo hacia otra mujer (real o ficticia). Se anhela entonces llevarla lejos, allá donde el mundo no arroje primeras ni últimas piedras. Como un par de chiquillos entregarse al rito sagrado donde las lágrimas son de perfecta felicidad. Pero no puedes. El deber impone sus reglas, y sobre todo, no tienes derecho a lastimar a otro. Nadie merece sentir el hierro candente del temprano dolor.

Entonces, hay veces que es preferible dejar pasar el tiempo en el matrimonio. Mentalizarse positivamente, pensando que la vida conyugal no es un lecho de rosas. Es dar las instrucciones precisas a cada parte del cuerpo para que ejecute su guión. Es finalmente cerrar los ojos, soñando en un paraíso lejano, y entregarse al mero placer...

domingo, 17 de abril de 2011

DYLAN AXEL Y LOS DOMINGOS GRISES

No sé en qué momento, como decía García Márquez, Dylan Axel tomo mi dedo con su manita y me atrapó para siempre. Hoy, como cada domingo, se fue donde su abuelita y, al despedirlo, sentí una combinación de ternura y tristeza difícil de explicar. Antes, lo bañé y le puse su ropa más linda mientras reía como sólo pueden reír los ángeles. Lo fui a embarcar (¿Por qué se dice embarcar si no se viaja en barco?) y mi alegría terminó cuando me dio un besito de despedida. Lo miré perderse en la distancia agitando su mano y se marchó sin perder esa sonrisa que alumbra más que el sol piurano.
Soy consciente de que poco a poco crecerá, y quién sabe la sana rebeldía, lo aleje de mí dentro de unos años. Sin embargo, en el fondo de mi (egoístamente), no quisiera que se haga adulto. Disfruto (disfrutamos) tanto los momentos que pasamos juntos que siento en mi alma como estrellitas que juegan en el cielo azul en una noche fresca.
Por ello hoy que pasarán muchas horas sin verlo será un domingo tedioso y apagado. Sin sus pasos corriendo por la casa. Sin sus exigentes y determinantes gritos, el silencio comenzará a doler en el alma y la música (eterna compañera) tendrá que doblar sus esfuerzos para calmarme.
Hoy comprendo algo que es difícil de aceptar pero es cierto como el acero. Los afectos nos vuelven tremendamente vulnerables e inseguros. Me da miedo pensar que le pueda pasar algo, o que me muera sin verlo crecer. Los hijos no sólo son la prolongación de la especie. Son también los grandes maestros de nuestra sensibilidad y de nuestra humanidad. Llegan para recordarnos lo necios que somos dando importancia a cosas que no lo tienen. Llegan porque, si Dios existe, definitivamente no le gusta ver solos y tristes a los hombres.
DYLAN AXEL llegaste cuando el desamor casi hace presa de mi y de nuevo cada amanecer cuando te veo despertar la mañana se viste de luz y de color. Por ello, hoy te esperaré y elevaré una plegaria al Dios de los Niños para que te cuide y te traiga de regreso esta noche…

lunes, 23 de agosto de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte IV)

El capítulo anterior terminaba con Shanina tomando el vuelo más confundida que nunca. Resulta que Kill Bill no se había resignado a separarse de ella. Había comprado dos boletos en lugar de uno y ahora volaban juntos rumbo a Lima. Ella al comienzo pensaba que era una locura, pues las cosas se complicarían. - Confía en mí - fueron las palabras de Bill – Tú tranquilidad es algo que cautelaré de forma sagrada – le dijo mientras la abrazaba. Ella también lo abrazó fuertemente, mientras le ofrecía sus labios de diosa. Fue el viaje más maravilloso del mundo. Él no se cansaba de acariciar su cabello mientras aspiraba su aroma a champú de fresas. Besaba su cuello con delirio porque ansiaba conservar dentro de sí ese perfume que tanto lo enloquecía. En realidad todo lo de ella lo hacía perder el control. Su mirada traviesa y sobre todo esos labios que no quería dejar de besar nunca. Ella se acurrucaba contra su pecho sintiéndose tiernamente protegida y esperando que ese momento nunca termine. Le guiaba sus manos por toda su piel mientras una especie de electricidad estremecía su cuerpo. Sus labios, rojos de tanto besarse, seguían buscándose de la misma manera en que el sediento busca el agua. Inventaron mil formas de unir sus bocas. Unas tiernas y suaves y otras tan ardientes que no tenían miedo lastimarse. En esos momentos hubiesen querido que el avión no aterrice y diera una vuelta completa a la tierra para seguir amándose, pero sabían que se acercaban al aeropuerto. La inevitable pregunta fue pronunciada por ella. - ¿Y qué harás ahora? – le dijo mientras se aferraba a sus manos – Te prometí que todo saldría bien y lo cumpliré. Todo está planificado – respondió rozando su nariz con la de ella como lo hacen los esquimales. Por fin llegaron al aeropuerto. Descendieron del avión. Él le pidió acompañarla hasta su casa, pues quería disfrutar los últimos minutos a su lado. Siguieron besándose como locos sin importarles la gente, hasta que llegaron a su casa. Le dijeron al taxista estacionarse dos cuadras antes, y llegó el momento de la despedida. Se abrazaron fuertemente intentando fundirse en un solo ser para no separarse nunca. Pero el destino era de acero y el debía volver. Le mostró su boleto de regreso para ese día y ella no pudo evitar que las lágrimas surcaran su rostro. – No llores vida mía – le dijo él mientras la estrechaba contra su pecho y besaba su cabello. – Me has dado la felicidad más grande del mundo en estos días y ten la seguridad que esta despedida no es definitiva – Ella levantó su carita con curiosidad y después de besarlo, escucho las últimas palabras de Kill que se tatuaron en el corazón. – No creo que Dios o la vida sean tan mezquinos que nos nieguen la oportunidad de volvernos a ver. ¡Ten fe mi cielo, el amor lo puede todo! – Se abrazaron por última vez. Él le dijo al taxista que lo conduzca de nuevo al aeropuerto. Después de los maravillosos momentos en la playa y en el vuelo, Shanina y Kill Bill sólo se encontraban virtualmente. Cada noche platicaban, reían, se alegraban, y también a veces se entristecían o molestaban, pero les duraba poco. De esta manera la soledad fue una cosa del pasado para ambos. Sólo amenazaba cuando no podían conectarse al internet o al celular, cosa que rara vez ocurría. Tanto se iban sintonizando sus deseos de sentirse juntos que ya no era necesario concertar una cita “virtual”, dado que casi siempre ambos coincidían. También ambos fueron olvidando a sus parejas, y aquí haré una breve reflexión. La naturaleza del amor se concreta cuando pensamos y deseamos a otra persona todo el tiempo del mundo, y eso precisamente, sentían Shanina y Kill. Contrariamente, las personas a las que formalmente estaban unidos, no suscitaban la milésima parte de la emoción que sentían cuando se encontraban en el chat, cuando pensaban el uno en el otro, o se deseaban, o se soñaban. No hay que olvidar que dos almas ensoñadoras como las suyas le daba magia a cada momento. De esta manera cuando ella contemplaba el cuadro de la luna pintada por su amigo, alcanzaba a ver los ojos de Bill en el cuadro. Él también percibía la sonrisa de ella cuando absortamente se quedaba contemplando las estrellas. Pero aún faltaba algo bello. Un pequeño ser fue creciendo dentro de Shanina. Era hijo de Bill como podrán suponerlo. No obstante opinarán con sentido común que los embarazos virtuales o telepáticos no existen. Es verdad, aún no existen y quizá debieran existir. Pero el hecho es que el bebé fue creado en aquella noche de amor en la playa cuando ella viajó para encontrarse con él. Cada día sentía como su vientre crecía y era tanta la emoción que no pudo esperar que nazca para ponerle un nombre. Conjuntamente con Bill le pusieron Ángel Rafael. El primer nombre no necesita mayor explicación, pues estaba llamado a cuidar del amor de ambos. El segundo nombre era el complemento del primero porque Rafael significa “El resplandor de Dios que cura”. Shanina alumbró al amanecer de un día con un sol radiante. Parecía que hasta la naturaleza saludaba al pequeño Ángel Rafael que vino al mundo lindo y robusto. Había heredado los bellos ojos de su mamá y parecía sonreír cuando miraba. De Bill al parecer iba a tener la voz, pues lloraba que casi ensordecía cuando quería tomar su leche. La mamá no podía evitar lágrimas de emoción cuando lo alimentaba. Era el más grande tesoro que había recibido del cielo. Lo colmaba tanto de besos que el pequeño no quería separarse de ella en ningún momento. Mientras tanto Bill preparaba maletas para viajar a conocer a su retoño. Ya había ideado todo un plan para no causar el menor problema. Moría de ganas de tener entre sus brazos al pequeño y a su mamá y colmarlos de besos. La felicidad que lo embargaba hacía que los inminentes problemas que afrontaría, fueran mínimos.

martes, 22 de diciembre de 2009

CONVERSACIÓN EN LA NAVIDAD (DEL 2030)


Es navidad del 2030 joven Dylan Axel y quizá ya no esté contigo, y si lo estoy, la vejez habrá hecho estragos en mi organismo, pero no en mi mente (espero). Sin embargo, mi tiempo ya pasó y disfruté de él. Hoy es tu tiempo hijo mío. Ahora tú eres el presente y el futuro. A mí me queda el consuelo de vivir en tus afectos y en tus acciones. Regresaré en la historia para contarte como comenzó a cambiar la humanidad, y como evitamos la destrucción del planeta. Regocijémonos que no fue demasiado tarde, recordando que lo único tarde es el mañana. Hace muchos años en una ciudad llamada Copenhague hubo una gran cita. Los gobernantes de países ricos, y pobres se reunieron para salvar a la tierra. Por primera vez todos se miraron como iguales. Escucharon los informes científicos y tomaron las más sabías decisiones. Por ejemplo, las naciones desarrolladas se comprometieron a cambiar todos los vehículos e industrias a combustibles no contaminantes, Los países pobres por su parte acordaron cuidar su flora y su fauna. Las grandes corporaciones y los magnates pusieron todo su dinero para financiar los acuerdos No obstante, más significativo que los propios acuerdos, fue que éstos comenzaran a implementarse inmediatamente. Se impidió que los lobbies y las burocracias de todo el mundo trabaran las decisiones. Fueron los propios gobernantes quienes se pusieron a trabajar. La población sorprendida observaba en la televisión como presidentes, ministros y altos funcionarios vigilaban fábricas y ensambladoras de automóviles para que se cumplan las metas en los plazos fijados. En países como el nuestro las autoridades supervisaban los masivos trabajos de reforestación. Se crearon miles de reservas naturales para proteger las especies en extinción. Sólo quedaron las explotaciones mineras no contaminantes, las otras fueron clausuradas. Las donaciones provenientes de las grandes reservas de cereales y lácteos de los países ricos, y el apoyo tecnológico a la producción de los países pobres permitía que los escolares de Inicial y Primaria recibieran sus desayunos y sus almuerzos. Y fue así como todo cambio Dylan Axel. Ahora vayamos a caminar. Miremos a la gente, las luces de navidad y a los niños jugar. Recordemos nuestras infancias y purifiquemos el corazón (yo más que tú). No olvidemos que celebramos el nacimiento del Salvador. Aquel que en su segunda venida no murió crucificado como en la primera, aunque de nuevo vino a salvar a la humanidad de su egoísmo y de su auto destrucción. Volvió para abrir nuestros corazones, y lo hizo aquella vez en Copenhague, aunque pocos lo notaron. Por ello esta navidad es más esperanzadora que nunca y esta noche se lo agradeceremos en la misa de Gallo. ¡Viva la vida hijo mío!

viernes, 14 de agosto de 2009

SERRAT, EL ARTE Y LAS DICTADURAS

“El 28 de marzo de 1942, moría en una prisión de Alicante (España) Miguel Hernández”. Así comienza Johan Manuel Serrat un memorable concierto en Buenos Aires luego de la dictadura militar. Relata la historia de la canción “Nanas de la Cebolla”, recordando como el poeta escribió estos versos (musicalizados por Alberto Cortez), luego de recibir, en la cárcel, una carta de su mujer. En ella le cuenta su angustia, pues tiene que amamantar a un bebé de ocho meses y en casa sólo hay pan y cebolla para comer. Serrat también refiere como en los años de la dictadura de Franco, los jóvenes españoles como él, recibían con devoción los libros que llegaban desde Buenas Aires, pues sus poetas “tenían la palabra cercenada en su país”. Defiende el libre funcionamiento de la universidad pública, que en ese momento sufría la persecución de la tiranía militar argentina, homenajeando a los maestros y estudiantes desaparecidos. Volviendo a las “Nanas de la cebolla”, La canción es bella y estos versos lo evidencian. “Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama y lo ha ido sobre la cuna. Ríete niño, que te traigo la luna, cuando es preciso. Tu risa me hace libre, me pone alas; soledades me quita, cárcel me arranca…”. Continúa la letra con igual o mayor ternura, pintando a Serrat como un artista profundamente humanista y comprometido. Su tenaz rechazo a los totalitarismos cobra vigencia frente las actuales amenazas autoritarias de Honduras y Venezuela. Precisamente, hace unos días el periodista Cesar Hildebrandt fue censurado por criticar la toma de medios de comunicación por el gobierno de Hugo Chávez. Esto pone en evidencia la parcialización de quienes sólo ven dictaduras de derecha, negándose a denunciar a las de izquierda. Sin embargo el mensaje más importante de las “Nanas de la cebolla” es el canto a la vida en medio de la miseria. El siguiente verso es contundente al respecto: “Desperté de ser niño, nunca despiertes; triste tengo la boca, ríete siempre, siempre en la cuna, defendiendo la risa, pluma por pluma”. Miro a mi hijo Dylan Axel sonreír de alegría con sus dos dientecitos y siento que es la mejor demostración de que las cosas aún no están perdidas. Que en medio de las desigualdades e injusticias, hay motivos para no perder la esperanza. No en vano, en el infierno de una prisión, Miguel Hernández escribía cosas tan enternecedoras, utilizadas por Serrat como poderosos medios para despertar las conciencias, allí donde el autoritarismo y la corrupción se han atornillado porque nosotros lo hemos permitido.

lunes, 3 de agosto de 2009

SERRAT, SABINA Y DYLAN AXEL

Sabina admitió una vez que nunca podría componer una canción como “Mediterráneo” de Serrat. Lejos de desmerecerlo, esta confesión lo enaltece, pues revela la sencillez y admiración del madrileño, ante el arte del catalán. Por un misterioso don, Sabina intuía aquello que mi hijo Dylan Axel confirma. Cuando le canto (intento hacerlo) canciones de Serrat, el pequeño recobra la paz e inmediatamente comienza a reír de felicidad. Esta reacción connota una sutil diferencia entre la música de estos dos excelsos artistas de la madre patria. Las coplas de Sabina apuntan directamente a nuestro lado bohemio, trasnochador y nostálgico. En cambio los temas de Serrat logran tocar el paraíso perdido, aquel que nos humaniza y que Dylan Axel revive ahora. Estas trovas están ahí para recordarme que la fuerza y la ternura de la vida, se imponen a sus azares y tragedias. Sino regocijémonos con esta muestra de Mediterráneo:”Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa/ y escondido tras las cañas duerme mi primer amor/ llevo tu luz y tu olor/ por donde quiera que vaya…”

miércoles, 13 de mayo de 2009

DYLAN AXEL Y LA EDUCACIÓN AFECTIVA

Los bebés son la mejor terapia para los males del alma. La frase puede traslucir exageración y egocentrismo, pero es real. Por algún designio divino, Dylan Axel lo sabe y con su risa de niño se lleva todas mis tensiones. Hoy volví atareado de un banco, cuyo nombre no diré porque me solucionaron el problema. Un cajero algo confundido detuvo un retiro urgente, pero en casa estaba mi pequeño extendiendo sus manecitas para que lo abrace y juegue con él. No obstante, en medio de tanto júbilo hay un inconveniente. Llegará un día en que Dylan Axel ya no será bebé. Emprenderá su propio vuelo y yo (más viejo) no tendré con quien jugar. Corresponderá orientarlo, lidiar con sus rebeldías (inevitables para su autonomía). Y lo más espinoso, ejercer de modelo, cuando muchas veces no puedo ni conmigo mismo. Siendo el desafío ineludible, reflexionaré sobre la trascendencia de la paternidad. Antes de avanzar, no puedo dejar de expresar mi irritable perplejidad, ante tantos niños negados o abandonados. No concibo que alguien se pierda tan enriquecedora y placentera experiencia. Porque se trata de eso. Disfrutar cada momento de aprendizaje y crecimiento mutuo. Nada se puede dejar para el mañana. Los hijos crecen tan velozmente que debemos gozar de cada minuto de su compañía, al mismo tiempo que nos preparamos y adaptamos para los cambios que se operan continuamente. El tema es mucho más complejo para glosarlo en estas líneas. Sin embargo se parte de tener la disposición y el entusiasmo para el aprendizaje conjunto. La clave es precisamente la reciprocidad. No asumir tajantemente que los padres lo sabemos todo y sólo los hijos deben aprender. Me refería en las primeras líneas a mi reeducación afectiva y al recíproco crecimiento, imposible sin la maravillosa irrupción de Dylan Axel en mi vida. Definitivamente no existen fórmulas para tener éxito en el monumental desafío de ser padre. Sin embargo, soslayar su importancia – léase, dejar el trabajo a la madre-, so pretexto de la falta de tiempo, empobrecerá nuestro desempeño en cualquier área y nos deshumanizará insanamente. Cuántas autoridades y funcionarios ineptos, corruptos e insensibles, carecerán de una educación afectiva adecuada. A través de costosos objetos materiales (fruto de sus “negocios”), tratan de compensar la falta de acompañamiento a sus hijos. Sí en el hogar han sido incapaces de desempeñar un fecundo rol, mucho menos lo lograrán en la función pública que es más amplia y compleja. Toco madera mientras ayudo a bañar a Dylan Axel, y no creo que exista en el mundo mejor forma de ser feliz.