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jueves, 21 de abril de 2011

SEMANA SANTA Y EL MILAGRO DE LA VIDA

Por: Billy Crisanto Seminario
Quizá las sensaciones más elementales y humanas en esta Semana Santa, sean liberar el alma de culpas, y sentirse acompañado (que es una forma de decir “no sentirse solo). La fe ayuda mucho, pero si no se prepara el corazón. Si no se reconcilia con Dios y con uno mismo, la experiencia será efímera y no fructificará en nuestra actitud ante la vida y en nuestras relaciones con los demás.
Admiro, en incluso envidio la idiosincrasia del pueblo que vive intensamente las procesiones y demás cultos de esta época. Sin embargo, al haber perdido esa sencillez ante la vida debo buscar otros caminos para sentir la fecunda y sanadora presencia de Dios en mi vida. Supongo que debe ser el caso de muchos cristianos cuyos sinsentidos los lleva a transitar otras vías.
Sería lindo dedicar la vida, o parte de ella, a visitar hospitales, asilos, orfelinatos, prisiones, etc., llevando consuelo a esos hermanos que tanto necesitan del afecto divino. Pero carezco del valor y de la grandeza para hacerlo. Me reconforto pensando que mi prójimo (próximo) habita en mi hogar en la forma de mi familia.
De tanto haber evaluado el total de mis propios actos y haber concluido que son muchos más los desaciertos que los aciertos, he llegado a coincidir con San Pablo. Él afirma que casi siempre “hacemos el mal que no queremos hacer y no hacemos el bien que deseamos realizar”.
A la luz de todas estas reflexiones existenciales que a veces me sumen en el insomnio he llegado a formularme una pregunta. Sí mi conducta no es precisamente ejemplar, por qué me suceden cosas bellas en la vida. Por qué si no merezco bendiciones tan maravillosas, Dios insiste conmigo al punto de dejarme perplejo.
Mi hijo Dylan Axel es, a propósito, lo más grandioso e inmerecido que me ha ofrendado la vida. Y es que los hijos no sólo son la prolongación de la especie, sino sobre todo, los grandes maestros de nuestra sensibilidad. Llegan para recordarnos lo necios que somos dando importancia a cosas que no la tienen. Llegan porque, definitivamente, a Dios no le gusta ver solos y tristes a los hombres.
Por ello en esta Semana Santa, una oración por todos los que sufren y mi ausente sentido de compasión ante el dolor ajeno, me impide ir a visitarlos. Pero también un profundo sentido de gratitud por todo lo bello que ofrece el mundo cada mañana. Que así como fue doloroso el sacrificio de Jesús, su resurrección es el triunfo de la vida sobre la muerte. Esa vida llena de amor que todos los días, y especialmente en estas fechas, está tocando las puertas de nuestro corazón para transformarnos.

lunes, 23 de agosto de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte IV)

El capítulo anterior terminaba con Shanina tomando el vuelo más confundida que nunca. Resulta que Kill Bill no se había resignado a separarse de ella. Había comprado dos boletos en lugar de uno y ahora volaban juntos rumbo a Lima. Ella al comienzo pensaba que era una locura, pues las cosas se complicarían. - Confía en mí - fueron las palabras de Bill – Tú tranquilidad es algo que cautelaré de forma sagrada – le dijo mientras la abrazaba. Ella también lo abrazó fuertemente, mientras le ofrecía sus labios de diosa. Fue el viaje más maravilloso del mundo. Él no se cansaba de acariciar su cabello mientras aspiraba su aroma a champú de fresas. Besaba su cuello con delirio porque ansiaba conservar dentro de sí ese perfume que tanto lo enloquecía. En realidad todo lo de ella lo hacía perder el control. Su mirada traviesa y sobre todo esos labios que no quería dejar de besar nunca. Ella se acurrucaba contra su pecho sintiéndose tiernamente protegida y esperando que ese momento nunca termine. Le guiaba sus manos por toda su piel mientras una especie de electricidad estremecía su cuerpo. Sus labios, rojos de tanto besarse, seguían buscándose de la misma manera en que el sediento busca el agua. Inventaron mil formas de unir sus bocas. Unas tiernas y suaves y otras tan ardientes que no tenían miedo lastimarse. En esos momentos hubiesen querido que el avión no aterrice y diera una vuelta completa a la tierra para seguir amándose, pero sabían que se acercaban al aeropuerto. La inevitable pregunta fue pronunciada por ella. - ¿Y qué harás ahora? – le dijo mientras se aferraba a sus manos – Te prometí que todo saldría bien y lo cumpliré. Todo está planificado – respondió rozando su nariz con la de ella como lo hacen los esquimales. Por fin llegaron al aeropuerto. Descendieron del avión. Él le pidió acompañarla hasta su casa, pues quería disfrutar los últimos minutos a su lado. Siguieron besándose como locos sin importarles la gente, hasta que llegaron a su casa. Le dijeron al taxista estacionarse dos cuadras antes, y llegó el momento de la despedida. Se abrazaron fuertemente intentando fundirse en un solo ser para no separarse nunca. Pero el destino era de acero y el debía volver. Le mostró su boleto de regreso para ese día y ella no pudo evitar que las lágrimas surcaran su rostro. – No llores vida mía – le dijo él mientras la estrechaba contra su pecho y besaba su cabello. – Me has dado la felicidad más grande del mundo en estos días y ten la seguridad que esta despedida no es definitiva – Ella levantó su carita con curiosidad y después de besarlo, escucho las últimas palabras de Kill que se tatuaron en el corazón. – No creo que Dios o la vida sean tan mezquinos que nos nieguen la oportunidad de volvernos a ver. ¡Ten fe mi cielo, el amor lo puede todo! – Se abrazaron por última vez. Él le dijo al taxista que lo conduzca de nuevo al aeropuerto. Después de los maravillosos momentos en la playa y en el vuelo, Shanina y Kill Bill sólo se encontraban virtualmente. Cada noche platicaban, reían, se alegraban, y también a veces se entristecían o molestaban, pero les duraba poco. De esta manera la soledad fue una cosa del pasado para ambos. Sólo amenazaba cuando no podían conectarse al internet o al celular, cosa que rara vez ocurría. Tanto se iban sintonizando sus deseos de sentirse juntos que ya no era necesario concertar una cita “virtual”, dado que casi siempre ambos coincidían. También ambos fueron olvidando a sus parejas, y aquí haré una breve reflexión. La naturaleza del amor se concreta cuando pensamos y deseamos a otra persona todo el tiempo del mundo, y eso precisamente, sentían Shanina y Kill. Contrariamente, las personas a las que formalmente estaban unidos, no suscitaban la milésima parte de la emoción que sentían cuando se encontraban en el chat, cuando pensaban el uno en el otro, o se deseaban, o se soñaban. No hay que olvidar que dos almas ensoñadoras como las suyas le daba magia a cada momento. De esta manera cuando ella contemplaba el cuadro de la luna pintada por su amigo, alcanzaba a ver los ojos de Bill en el cuadro. Él también percibía la sonrisa de ella cuando absortamente se quedaba contemplando las estrellas. Pero aún faltaba algo bello. Un pequeño ser fue creciendo dentro de Shanina. Era hijo de Bill como podrán suponerlo. No obstante opinarán con sentido común que los embarazos virtuales o telepáticos no existen. Es verdad, aún no existen y quizá debieran existir. Pero el hecho es que el bebé fue creado en aquella noche de amor en la playa cuando ella viajó para encontrarse con él. Cada día sentía como su vientre crecía y era tanta la emoción que no pudo esperar que nazca para ponerle un nombre. Conjuntamente con Bill le pusieron Ángel Rafael. El primer nombre no necesita mayor explicación, pues estaba llamado a cuidar del amor de ambos. El segundo nombre era el complemento del primero porque Rafael significa “El resplandor de Dios que cura”. Shanina alumbró al amanecer de un día con un sol radiante. Parecía que hasta la naturaleza saludaba al pequeño Ángel Rafael que vino al mundo lindo y robusto. Había heredado los bellos ojos de su mamá y parecía sonreír cuando miraba. De Bill al parecer iba a tener la voz, pues lloraba que casi ensordecía cuando quería tomar su leche. La mamá no podía evitar lágrimas de emoción cuando lo alimentaba. Era el más grande tesoro que había recibido del cielo. Lo colmaba tanto de besos que el pequeño no quería separarse de ella en ningún momento. Mientras tanto Bill preparaba maletas para viajar a conocer a su retoño. Ya había ideado todo un plan para no causar el menor problema. Moría de ganas de tener entre sus brazos al pequeño y a su mamá y colmarlos de besos. La felicidad que lo embargaba hacía que los inminentes problemas que afrontaría, fueran mínimos.

martes, 26 de enero de 2010

NOM BLANDES - WHAT ` S UP (1992)

Excelente canción de esta banda de rock alternativo. Enérgica y sin dejar de ser melódica, la guitarra complementa a la perfección el virtuosismo melancólico de la potente voz de esta nena que, como un rayo, apunta a nuestro corazón y nos deja totalmente estremecidos. Algo de la letra para meternos en este tema
Veinticinco años y mi vida no ha variado
Estoy tratando de llegar
hasta la colina grande de esperanza
Para un destino
Me di cuenta rápidamente cuando supe
que tenía que hacer algo.
Que el mundo fue hecho para ser
Hermandad del hombre
Porque todo lo que eso significa
hace que a veces llore,cuando
estoy acostado en la cama
Sólo para obtener todo lo que está en mi cabeza
Y yo, me siento un poco singular
Disfrutemos del tema http://www.youtube.com/watch?v=ZwCt0YQPn7g

miércoles, 30 de diciembre de 2009

REFLEXIONES DE AÑO NUEVO


Quizá no nos hemos percatado que la tradición de quemar un muñeco, la noche del 31 simboliza la idea de borrar completamente el pasado para comenzar el futuro representado por el año nuevo. Poco importa sí el agonizante 2009 nos deparó muchas cosas buenas, igual debemos quemarlo. No hay gratitud o alegría por los momentos felices o de éxito. En el mismo sentido, son las cábalas quienes mejor representan esta mentalidad determinista donde los conjuros serán decisivos en nuestro destino. De lo anterior se infieren dos ideas muy relacionadas una con otra. Primero, que la felicidad y el éxito, antes que fruto de nuestro esfuerzo y talento, son regalos que nos vienen desde afuera. Segundo, que carecemos del sabio hábito de analizar el pasado y aprender de él – lo destruimos o tratamos de hacerlo -. Somos en buen español, un pueblo que vive de espaldas a su historia, y esto puede explicar nuestra reincidencia en los errores, como por ejemplo, reelegir a personajes de notorias deficiencias en su anterior gestión. Me contó una amiga de clase alta como había que sacar cita con una semana de anticipación, donde una conocida astróloga para un baño de florecimiento que costaba cien dólares. Desde la bella secretaria, hasta la acaudalada empresaria, todas querían que la dicha y la fortuna llegaran junto con algunas esencias milagrosas que cubrirían su cuerpo antes de comenzar el año. Me contó también que sí se trataba de que llegue el dinero a montones, bastaba reemplazar la tradicional prenda amarilla por otra verde (color de los dólares americanos). Definitivamente, además de cambiar costumbres que impone el sistema, un balance de todo lo importante (lo bueno y lo malo) que nos pasó en el año, sería una práctica sana y productiva. Se trata de multiplicar los aciertos y no repetir los errores, como un sencillo y sensato ejercicio. Optimistamente, debemos agradecer a Dios por bienes invalorables como la salud de los nuestros. Celebrar el milagro de la vida dándoles lo mejor mientras los tengamos con nosotros para no lamentarnos el día que deban partir. La hermana Amalia Muñoz (lo más cercano a la santidad que he conocido), venció un cáncer terminal a costa de fe y optimismo. En las buenas épocas que asistí a su comunidad nos enseñó un ritual de fin de año muy significativo. Después de un momento de reflexión y auto análisis, escribíamos en un papelito lo bueno que debíamos acrecentar, y en otro lo malo que trataríamos de vencer. Quemábamos este último con el firme compromiso de superación. Lo escrito en el otro papelito lo ofrendábamos a Dios, pidiéndole fuerzas para ser mejores en el año que llegaba. Amalia partió a España, pero sus enseñanzas calaron hondo. Quizá no he logrado dar la talla que esperaba de mí, pero bendigo a la vida por la maravillosa experiencia de conocerla y aprender mucho de ella. Por todo esto y por mucho más ¡FELIZ AÑO NUEVO!

sábado, 17 de octubre de 2009

NACIDO CON SUERTE

Quizá mi mejor pensamiento a esta hora de la madrugada de 17 de octubre sea de gratitud. No hay duda, como Mercedes Sosa y como pocos, puedo decir: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Se lo dije una vez a Amalia, ese ángel que llegó de España a tierras piuranas y fue lo más cercano a Dios que he conocido. Ella, con esa paz que irradiaba y contagiaba me dijo que era una persona bendecida. Por supuesto que no me lo creí, ni lo creo hoy. He sido todo menos una persona virtuosa. La sensualidad del poder me atrae y la belleza femenina mucho más. Soy un desastre humano y sin embargo me siguen pasando cosas bellas sin merecerlas. Mi pequeño Dylan Axel que ahora duerme plácidamente me ha dado tanta felicidad que me sigo preguntando ¿Qué he hecho para merecer tantas bendiciones? La respuesta es MUY POCO. Escribir no es precisamente una compensación valiosa por todo lo que he recibido y además todo lo que escribo es perecedero. Si Dios existe y creo que sí. Es un ser extrañamente misericordioso con quienes no lo merecen. Conozco a mucha gente virtuosa y creyente que sufre mucho y, por su fe, debería recibir consuelo y alegría divina.Busco en mi pasado y tomo consciencia que esta racha de buena suerte llegó a mí alrededor de los veinticinco. Mi niñez y mi adolescencia fueron tristes. Amé por primera vez a los doce años, pero sólo en el sentido ideal. Recuerdo días enteros de rabia y frustración por los males del amor. Trato de encontrar en mi vida un suceso que me haya cambiado la vida y no lo ubico. Sólo avizoro que un momento de mi juventud como que dejé de tomarme la vida tan en serio y a experimentar una especie de vuelta a mi niñez. Comencé a jugarles bromas realmente infantiles a mis amigos de la universidad, reí más e hice reír a los demás. Me volví más loco (para otros, más inmaduro) y encontré amigos igual de locos. Conquisté el amor de chicas bellas. Al año siguiente de titularme, gané un concurso y obtuve trabajo seguro. Dos años después estudié otra carrera, me volví a enamorar y seguí siendo feliz, cada vez más loco o más inmaduro. Después de una larga soltería conocí a una noble y dulce mujer que me ha dado a Dylan Axel, el regalo más grande del mundo.Cuando era pequeño me angustiaba pensar que mis padres o mis hermanos mueran. Ese miedo se convirtió en fortaleza y en serenidad cuando acompañé a mi padre en sus últimos días en el hospital. Pensaba en él y, quizá, las muchas alegrías que le di en sus últimos años me reconfortaban al sentir que no fui un mal hijo A estas alturas de la vida, pienso que la mejor lección que aprendí fue una frase del maestro Borges: “La vida es sólo una suma de momentos” y aquí me encuentro, disfrutando de cada minuto y aprendiendo. Un niño, una mujer, un libro, una canción, una película y muchas cosas más. Todas son oportunidades para ser feliz y si Dios existe como creo que existe, creo que la estrella que designó para mí es mucho más brillante de lo que merezco.