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miércoles, 10 de agosto de 2011

LA REUNIÓN DE LOS "POETAS"

...Y yo tomando más vasos de cerveza, y tomando también anti depresivos. Escuchando rock de los ochenta que pedimos expresamente – Chin Chin anda diles que pongan rock en español - y otros giles (que no se atrevieron a solicitarlo) bailando.
Y yo pensando en ti Kelita, extrañándote y enviándote mensajes porque estaba seguro que tu ternura altruista haría que me respondas. Y Jorge Gonzales cantando “No te pares frente a mí, con esa mirada tan hiriente. Puedo entender estrechez de mente, soportar la falta de experiencia, pero no voy a aceptar, ¡Estrechez de corazón!..”. – Oe Chin Chin, esa canción la escribió el pata para la hembrita del guitarrista a quien atrasó – Cuándo no, yo queriendo demostrar que sabía de música y Chin Chin, generando la reflexión – Oe Luz, Mirtha, ustedes creen que exista la estrechez de corazón – y ambas respondiendo casi a coro – No sé, pero hay otras estrecheces jajajajajaja-. Y de nuevo pensando en ti Kelita y pensando en Dylan Axel que debió irse a dormir esperando que llegue a contarle el cuento del león, el elefante y la vaca, inventado por mí mismo.
Y de nuevo - ¡Salud!, ¡Por la amistad! – y el licor subiéndose a la cabeza y – la música está buena muchachos, bailen pues – Y bailando Losing my Religion de REM y explicando – Mirtha, esta canción habla sobre la crisis existencial y la pérdida de la fe – de nuevo, yo erudito en la música.
Pero, insisto Kelita, mi mente y mi corazón estaban contigo, aunque la risa y la conversa estaban buenas. Y la sierra, el campo, las vacas, la propiedad de las tierras. Todos anhelando volver a la naturaleza, y hasta el “negro del Ingenio”, para volvernos a reír.
Y yo extrañando a Dylan Axel. Con el tétrico temor de que su mamá se lo lleve a la casa de sus abuelos, pues las cosas se ponían muy difíciles. Con una separación cada vez más cercana y un matrimonio sostenido precisamente por la grandeza de Dylan Axel.
Y tomando más cerveza, pidiendo agua para tomar más antidepresivos, antimigrañosos, hepa protectores, anti inflamatorios y toda la farmacia que cargaba encima, cuando la verdadera enfermedad estaba en el alma. Pero esa noche había que reír, pues era la primera vez que se juntaban los “poetas” del facebook. Y Luz contaba: – un choro asalta a una pareja y viola a la mujer. Ésta moviéndose como licuadora encima del asaltante, el marido reclamando: “So china mañosa, como conmigo no te mueves así”, y ella respondiendo: “es que quiero quebrársela al desgraciado” – y riendo como locos – ¡Que buena jajajajajajaja!-. Y la noche fresca propiciando tan divertido encuentro.
Y de nuevo yo pensando en ti Kelita – Mi imposible y gran amor –. Volviendo a pensar en Dylan Axel. Seguro que no podría soportar su ausencia. Pero la noche daba para más Y yo pensando cómo escribir esta crónica que tiene tantas “Y”, pero con la virtud de ser inolvidable vivencia, a tal punto de exigirnos repetirla, con el encargo expreso de organizarla yo mismo. Y de nuevo tú Kelita, y Dylan Axel, mi incierto futuro, y tantas cosas más que contar…

lunes, 2 de agosto de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte III)

Hay una escena memorable en la película Casablanca. Humphrey Bogart abraza amorosamente a Ingrid Bergman. Ella está angustiada ante la disyuntiva de seguir los dictados de su corazón y quedarse con Rick (Bogart), o ser fiel a su esposo Victor Laszlo hacia quien siente la más elevada gratitud. Es entonces cuando Bogart pronuncia estas célebres palabras: “Confía en mí, Deja que yo piense por los dos”. Kill Bill quiso emular a su actor favorito cuando Shanina le dijo que debía optar entre dejarse llevar por su amor hacía él, o intentar, una vez más, salvar su matrimonio. Lo último suponía perdonar la infidelidad de Carlos (su esposo) a quien aún amaba, y así después no arrepentirse de no haber agotado los intentos. Kill Bill sabe que en esta historia alguien tiene que perder. Es consciente que llegará el día en que Shanina tendrá que decidir entre materializar su idílico e etéreo amor, o volver con Carlos y reconstruir su vida. Decide entonces apelar al altruismo que todos llevamos dentro y dejar que su amada regrese con Carlos. Sabe que puede perderla para siempre y sumirse en el dolor, pero también sabe que es peor vivir con algún remordimiento en el futuro. Ella, por su parte no quiere perderlo para siempre. Siente que algo nuevo y hermoso ha florecido en su corazón y se resiste a renunciar a él. Nada es totalmente seguro, pero Kill Bill alcanza a ver que es muy probable que esté asistiendo a la despedida del más grande amor de su existencia. Por ello propone una despedida inolvidable. Uno de los dos viajará para encontrarse, conocerse personalmente, y luego decirse adiós. Será el más grandioso final, como aquellos de las películas que tanto le gustaban. Prepara las cosas minuciosamente para el encuentro. Será un fin de semana de playa teniendo al mar como romántico cómplice. Lo ultiman todo en sus citas finales en el facebook intentando mantener alejada la melancolía del adiós. Entre bromas, palabras de aliento, poemas y canciones se preparan para el gran evento, y llega el día. Él la espera en el aeropuerto sintiendo que su corazón va a estallar de emoción. La reconoce en cuanto baja del avión y por primera vez, y sin importarles la gente, se dan el prometido y postergado abrazo de bienvenida. Le entrega las rosas rojas que acaba de comprar y ella casi llorando de alegría lo abraza más. Les parece increíble estar por fin juntos. Caminan unas cuadras hasta tomar el bus que los llevarán a la playa. No sienten el trayecto del viaje de tanto conversar, reír y escuchar música que él ha grabado para ella. Arriban a la playa e inmediatamente se dirigen al hospedaje. Toman una refrescante ducha y se preparan para ir a contemplar el ocaso frente al mar. Llegan justo cuando el sol se refleja en el mar entre amarillo y naranja. Caminan embelesados por la arena dejando que el agua moje sus pies. Ella dice sentir frío y él la abraza tiernamente. Sienten que en ese momento sólo existen ellos dos y el mar. Casi pierden la noción de la realidad y sólo escuchan los latidos de su corazón acompañados por el relajante sonido de las olas. Se tumban en la arena cuando el sol casi agoniza en el horizonte. La brisa se torna fría y tienen que abrigarse aún más. Se estrechan fuertemente y sucede lo tantas veces vivido en la dimensión de la fantasía. Su piel se une casi desesperadamente, la mitad por el frío y la mitad por amor. Se besan, primero suavemente y luego casi con desesperación. La noche y la luna de Shanina más radiante que nunca, los encuentra entrelazados como si no quisieran que exista un espacio entre ellos. Se aproxima el sagrado momento de entregarse por completo y hacerse suyos el uno al otro. Es difícil describir estos instantes de tan elevada felicidad. Sólo diré que, mientras el mar cantaba para ellos, ninguna parte de su piel fue ajena a la más dulce y ardiente caricia que se pueden prodigar dos amantes. Era la primera vez que intimaban y sin embargo sus cuerpos se entendían tan perfectamente que no eran necesarias las palabras. Tan maravilloso era ese momento que por ratos sentían que sí existía el cielo, eso era lo que más se le podía parecer. Todo fue divino esa noche. Caminaron, rieron, volvieron a hacer el amor. Llegaron a la habitación del hotel comieron, bebieron champagne haciendo mil conjuros por tan maravilloso encuentro. Esa noche olvidaron el mundo. Se durmieron abrazados escuchando suave baladas, sin recordar que ella tenía que partir (a él le dolía decirlo) para intentar reiniciar su vida de casada. No relataré las cosas cotidianas o tramitarías del viaje de regreso. Sólo recordaré sus últimas palabras. Igual que en Casablanca, Shanina dijo que ya no deseaba separarse nunca más de él. Kill Bill le recordó que habían acordado que él sería quien piense lo mejor para los dos. Cumplamos lo pactado le enfatizó. Ve y otórgate la última oportunidad. ¿Y nosotros? Preguntó ella. Y al mejor estilo de Casablanca, él le respondió: “Para nosotros quedarán los recuerdos de la playa, eso nadie nos lo arrebatará”. Ella tomo el vuelo de regreso más triste y más confundida que nunca…

domingo, 18 de julio de 2010

APAGABA LA MÚSICA CUANDO HACÍAMOS EL AMOR


Quienes me conocen saben de mi devoción por la música. Cuántas veces he cerrado los ojos para que los audífonos me transporten a mágicos universos de donde no he deseado volver. Por ello la siguiente confesión no está exenta de la innoble sensación que nos produce la ingratitud (hacia la música, fiel compañera). Hay quienes les agrada escuchar canciones suavecitas cuando hacen el amor. Yo prefería ser tocado por la celestial melodía de tus gemidos. De aquellos susurros que oscilaban entre la más angelical ternura y la más enloquecedora pasión. Estas entrecortadas palabras habían sido hechas para hacerme tocar el cielo, y hoy se empobrecen al escribirlas. Por ejemplo, sollozos como: ¡Te amo!, ¡Nunca me dejes!; o más aún ¡Soy toda tuya!, no eran frases para la semántica. Eran divinos dones que me ofrendabas con el más ardiente amor. Habían sido creadas para ti, pues sólo en tu boca despertaban emociones desbordadas de místico embelesamiento. No sólo eran aprehendidas por mis oídos, sino agitaban cada una de las células de mi deslumbrado ser. Y es que estaban férreamente ligadas a tu piel blanca, suave y ardiente. A tu dorado cabello cuya fragancia quería eternizar en mis sentidos. A tus labios rojos y humedecidos de ese néctar que me prodigabas con tanto amor. Por eso prefería el silencio para poder sentir todo lo que decías en  su indescriptible belleza. Disfrutar de tu voz en la plenitud de cada segundo. Embriagarme con ellas y tatuarlas en mi piel para evocarlas en estas noches de soledad. Como ahora que la nostalgia se confunde con el ansia de volver al paraíso de tus deliciosas palabras...

martes, 26 de enero de 2010

NOM BLANDES - WHAT ` S UP (1992)

Excelente canción de esta banda de rock alternativo. Enérgica y sin dejar de ser melódica, la guitarra complementa a la perfección el virtuosismo melancólico de la potente voz de esta nena que, como un rayo, apunta a nuestro corazón y nos deja totalmente estremecidos. Algo de la letra para meternos en este tema
Veinticinco años y mi vida no ha variado
Estoy tratando de llegar
hasta la colina grande de esperanza
Para un destino
Me di cuenta rápidamente cuando supe
que tenía que hacer algo.
Que el mundo fue hecho para ser
Hermandad del hombre
Porque todo lo que eso significa
hace que a veces llore,cuando
estoy acostado en la cama
Sólo para obtener todo lo que está en mi cabeza
Y yo, me siento un poco singular
Disfrutemos del tema http://www.youtube.com/watch?v=ZwCt0YQPn7g

martes, 3 de noviembre de 2009

LAS NOCHES ROCKERAS DE BREÑA


Eran los inolvidables años ochenta cuando decidí “conquistar” la capital. El pop y el rock anglo sajón estaban en su apogeo. El rock en español recién hacía su entrada y sólo Miguel Ríos y Charly García sonaban en la novedosa FM radial. Había terminado la secundaria y con las hormonas a full, llegué a la casa de mi tía Faz en el jirón Recuay de Breña. Todo prometía. El plano de Lima metropolitana que había conseguido me indicaba que tomaba la avenida Venezuela ya estaba en el centro. Como en las películas que había visto, me alucinaba viviendo mi despertar sexual con chicas superadas de la capital. Sin embargo no contaba con la rigidez de la tía Faz (QEPD), una solterona gorda que nos hacía rezar (a mi primo Moshe y a mi) desde las seis de la mañana.  La  Lima anhelada, l.a de las noches al estilo “Avenida Larco” de Frágil, sólo la escuchaba desde mi cama. La tía colocaba un tremendo candado en la puerta y a dormir. Con sus grabadoras a todo volumen y cantando en inglés, los vagos, “embalados” por su ron y su marihuana, se apoderaban de la cuadra a partir de las once. No eran asaltantes, ni esos pandilleros atorrantes de hoy que te matan por un par de zapatillas. Lo suyo era la juerga. Nunca conocí al loco que se sabía las letras de “Honestidad” de Billy Joel, “El Año del Gato” de Al Stewart y “Hotel California” de The Eagles. Sólo los escuchaba llamarse por: “El Chavo”, “El Mario”, “El Dennis”, etc., etc., y algunas flacas como “La Claudia”, “La Shirley”. Se quedaban hasta la madrugada y se levantaban al medio día. Recién a golpe de las seis sacaban sus tablas skatebol, mientras esperaban que la gente se vaya a dormir para irrumpir con su música y su bullicio. Eran bacanes esos locos. Yo sólo los alucinaba e imaginariamente me sentía uno de ellos. Aguanté nada más que seis meses en la casa de la tía Faz. Un día me salió algo de la rebeldía que seguramente ellos alimentaron y planifiqué  mi fuga de esa prisión nocturna. Esperé quedarme solo, acomodé mis cosas y me marché a Comas donde mi tía Jesús. Allá todo fue diferente. Las noches eran silenciosas. Hubo otro tipo de vacilones que contaré en otra historia, pero los rockeros nocturnos de Breña fueron insuperables. Su ruido musical quedó en mi memoria para siempre. A veces pienso que aún siguen allí dando vida a esa calle inolvidable que yo sólo disfrutaba auditivamente. Haz click para ver video: HOTEL CALIFORNIA (The Eagles) http://www.youtube.com/watch?v=3afiWbRGjK8

miércoles, 28 de octubre de 2009

SESIONES MUSICALES CON DYLAN AXEL


Hay dos DVDs que Dylan Axel necesita para comenzar el día sin berrinche. Son dos “antologías” realizadas por mí mismo. La primera es de Serrat, donde destaca una versión de “Nanas de Cebolla” con una emotiva introducción del maestro. la segunda es de Mar de Copas y reúne los principales éxitos de la banda peruana. Del primer DVD no hay mucho que escribir, y quien sepa de música, dudo que cuestione la calidad del extraordinario trovador catalán. Esta madrugada me ocuparé del segundo que arbitrariamente trato de tatuar en la memoria de mi pequeño hijo. Debo decir en mi defensa que desde que ve aparecer los créditos en la pantalla, ya está riendo de alegría y mientras disfrutamos las canciones, mueve sus piececitos al ritmo de la voz de Wicho García y de la guitarra de Manolo Barrios. Por mi parte debo confesar que no puedo quitar los ojos de Phoebe y Claudia (sobre todo en el clip de “Mujer Noche”), las dos bellas integrantes que aportan la dosis de dulzura y sensualidad a la música de MDC. No obstante, más allá de estas dichosas vivencias con Dylan Axel que colorean mis días, hay música de calidad que trataré – quizá pretenciosamente – de explicar en las siguientes líneas. Las canciones de MDC son melodía, a veces desolada, pero plena de virtuosismo. En sus letras, el desamor se torna sublime y, a semejanza de las puestas de sol de “El Principito”, uno siente que la tristeza puede ser linda. Escucharlos es volar a una noche con unos tragos (sólo para "sazonarse"), unas luces psicodélicas y una flaca que, no por linda, deja de ser sensible, audaz e inteligente para amarnos y luego herirnos. También es volar al recuerdo de ese amor que, de tanto fuego, se consumió en su propio éxtasis, pero en esos breves momentos brilló hasta el infinito. Y es que la música no tiene que ser kursi para expresar desgarradoras emociones. Tampoco tiene que ser empalagosa, ni menos aún estridente, para irradiar una desbordante energía que, paradójicamente, llega a emanar elevada ternura. Siempre he pensado que la buena música es poesía, no sólo porque hay honda sensibilidad en su letra, sino también porque sus acordes despiertan bellas nostalgias e intensos sueños. Eso y mucho más es MDC, y sobre todo es nutrir el alma con la más fecunda de las artes, su música.Comencé escribiendo sobre las sesiones musicales con mi pequeño Dylan Axel. El ahora duerme y quién sabe si no sueña con canciones que quizá su razón aún no entiende, pero que aceleran su tierno corazón. Es probable que esté fabricando melódicos y futuros recuerdos, con nombres como: “Balada de un encuentro fugaz", “Lo que tu gesto da”, “Llévame”, etc., etc.

viernes, 23 de octubre de 2009

AMAR EL SILENCIO

Perdido entre las cosas antiguas, entre aquellas que nunca conocimos y cuya sola mención nos aterra, mora pacientemente el silencio esperando compartir con nosotros su quietud. Le evitamos porque lo hemos asociado con el tedio de los días grises, o con la melancolía de la inocencia perdida. Por el contrario, el bullicio es quien reina y aturde nuestros días y, por extensión, nuestras almas, convirtiéndonos en autómatas y en esclavos del tumulto.Quien no conozca el paraíso de unos ojos radiantes que nos miran y unos labios que nos dicen sin hablar cuanto nos aman, no conoce los picos máximos de la dicha. Aquel que no haya disfrutado de una noche de estrellas, escuchando sólo el sonido de la naturaleza en la forma del chirriar los grillos, nunca ha acariciado el terciopelo de su espíritu ansioso de dulce sosiego. Sí, ni siquiera, ha escuchado la débil respiración de un bebé mientras duerme y nos comunica, con su inocencia, que Dios existe, definitivamente tiene petrificada el alma.La música más excelsa (Mozart, Beethoven, Chopin) no es otra cosa que silencio dotado de melodía. Escuchas la novena sinfonía e inmediatamente sientes como si las notas brotaran de tu propia naturaleza, y el don de estos genios consiste precisamente en mostrarnos el camino hacia ella. Silencio tantas veces vestido de ansiedad por nuestra miseria espiritual, ayúdanos a encontrar la comunión con lo hondo y elevado de nuestro ser.

viernes, 14 de agosto de 2009

SERRAT, EL ARTE Y LAS DICTADURAS

“El 28 de marzo de 1942, moría en una prisión de Alicante (España) Miguel Hernández”. Así comienza Johan Manuel Serrat un memorable concierto en Buenos Aires luego de la dictadura militar. Relata la historia de la canción “Nanas de la Cebolla”, recordando como el poeta escribió estos versos (musicalizados por Alberto Cortez), luego de recibir, en la cárcel, una carta de su mujer. En ella le cuenta su angustia, pues tiene que amamantar a un bebé de ocho meses y en casa sólo hay pan y cebolla para comer. Serrat también refiere como en los años de la dictadura de Franco, los jóvenes españoles como él, recibían con devoción los libros que llegaban desde Buenas Aires, pues sus poetas “tenían la palabra cercenada en su país”. Defiende el libre funcionamiento de la universidad pública, que en ese momento sufría la persecución de la tiranía militar argentina, homenajeando a los maestros y estudiantes desaparecidos. Volviendo a las “Nanas de la cebolla”, La canción es bella y estos versos lo evidencian. “Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama y lo ha ido sobre la cuna. Ríete niño, que te traigo la luna, cuando es preciso. Tu risa me hace libre, me pone alas; soledades me quita, cárcel me arranca…”. Continúa la letra con igual o mayor ternura, pintando a Serrat como un artista profundamente humanista y comprometido. Su tenaz rechazo a los totalitarismos cobra vigencia frente las actuales amenazas autoritarias de Honduras y Venezuela. Precisamente, hace unos días el periodista Cesar Hildebrandt fue censurado por criticar la toma de medios de comunicación por el gobierno de Hugo Chávez. Esto pone en evidencia la parcialización de quienes sólo ven dictaduras de derecha, negándose a denunciar a las de izquierda. Sin embargo el mensaje más importante de las “Nanas de la cebolla” es el canto a la vida en medio de la miseria. El siguiente verso es contundente al respecto: “Desperté de ser niño, nunca despiertes; triste tengo la boca, ríete siempre, siempre en la cuna, defendiendo la risa, pluma por pluma”. Miro a mi hijo Dylan Axel sonreír de alegría con sus dos dientecitos y siento que es la mejor demostración de que las cosas aún no están perdidas. Que en medio de las desigualdades e injusticias, hay motivos para no perder la esperanza. No en vano, en el infierno de una prisión, Miguel Hernández escribía cosas tan enternecedoras, utilizadas por Serrat como poderosos medios para despertar las conciencias, allí donde el autoritarismo y la corrupción se han atornillado porque nosotros lo hemos permitido.

lunes, 3 de agosto de 2009

SERRAT, SABINA Y DYLAN AXEL

Sabina admitió una vez que nunca podría componer una canción como “Mediterráneo” de Serrat. Lejos de desmerecerlo, esta confesión lo enaltece, pues revela la sencillez y admiración del madrileño, ante el arte del catalán. Por un misterioso don, Sabina intuía aquello que mi hijo Dylan Axel confirma. Cuando le canto (intento hacerlo) canciones de Serrat, el pequeño recobra la paz e inmediatamente comienza a reír de felicidad. Esta reacción connota una sutil diferencia entre la música de estos dos excelsos artistas de la madre patria. Las coplas de Sabina apuntan directamente a nuestro lado bohemio, trasnochador y nostálgico. En cambio los temas de Serrat logran tocar el paraíso perdido, aquel que nos humaniza y que Dylan Axel revive ahora. Estas trovas están ahí para recordarme que la fuerza y la ternura de la vida, se imponen a sus azares y tragedias. Sino regocijémonos con esta muestra de Mediterráneo:”Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa/ y escondido tras las cañas duerme mi primer amor/ llevo tu luz y tu olor/ por donde quiera que vaya…”

sábado, 30 de mayo de 2009

"Sweet child of mine" o "Dulce Chiquilla mía" por: GUNS AND ROSES

"Ella tiene una sonrisa que me hace recordarlas memorias de mi niñez cuando todo era tan fresco como el brillo del cielo azul ahora y despues cuando vea su rostro me llevará a ese lugar especial y si miro demasiado tiempo probablemente me deprima y llore
Dulce chiquilla mia Dulce amor mío Ella tiene ojos de los cielos más azules Como si pensaran en la lluvia Odio mirar en esos ojos Y ver una mirada de dolor Su cabello me recuerda un lugar cálido y seguro Donde como un niño me escondería
Y rezo por el trueno Y la lluvia para tranquilamente pasar Dulce chiquilla mia Dulce amor mío ¿A donde vamos?¿A donde vamos ahora? ¿A donde vamos? Dulce chiquilla mía..."

viernes, 16 de enero de 2009

TANGLED UP IN BLUE (ENVUELTO EN LA TRISTEZA) Bob Dylan

Yo estaba tumbado en la cama, preguntándome si ella habría cambiado, si su pelo sería rojo todavía, sus parientes decían que nuestra vida juntos iba a ser difícil, con toda seguridad a ellos nunca les gustó la ropa hecha en casa, el talonario de cheques de papá no era lo bastante grande y yo estaba a un lado de la carretera, la lluvia cayendo sobre mis zapatos, dirigiéndome a la costa este, el Señor sabe que he tenido que pagar lo mío para seguir adelante, envuelto en tristeza. Ella estaba casada cuando la conocí, iba a divorciarse enseguida, la ayudé a salir de un follón, supongo, pero empleé demasiada energía, condujimos ese coche lo más lejos que pudimos, abandonándolo en el oeste rompimos una triste noche oscura, ambos de acuerdo en que era lo mejor, ella se volvió para mirarme, cuando ya me alejaba, la oí decir por encima del hombro “volveremos a encontrarnos algún día en la avenida”, envueltos en tristeza. Tuve un empleo en los grandes bosques del norte, trabajando como cocinero, pero aquello nunca me gustó demasiado y un día el hacha cayó, así que me largué para Nueva Orleans donde me empleé algún tiempo, en un barco de pesca, en los alrededores de Delacroix, pero entretanto yo estaba solo, el pasado pegado a mis talones, vi montones de mujeres, pero ella nunca salió de mi mente, y solo crecí, envuelto en tristeza. Ella trabajaba en un local “topless”, y yo me paré allí a tomar una cerveza, sólo miré su perfil a la luz del foco y después cuando la gente se iba, yo iba a hacer lo propio, ella estaba de pie ahí detrás de mi asiento me dijo, “no sé como te llamas” yo murmuré algo en voz muy baja, ella estudió los rasgos de mi cara, debo admitir que me sentí algo incómodo cuando se agachó para atar el cordón de mi zapato, envuelto en tristeza. Ella encendió un fuego de la estufa y me pasó una pipa“, creí que nunca ibas a decir hola”, dijo ella entonces, abrió un libro de poemas y me lo pasó escrito por un poeta italiano del siglo trece, y cada una de las palabras sonaba a verdad, y brillaba como un carbón ardiente fluyendo de cada página, como si estuvieran escritas en mi alma de mí a ti, envuelto en tristeza. Viví con ellos en la calle Montague en, un sótano bajo la escalera, de noche había música en los cafés, y revolución en el aire, luego él empezó a comerciar con esclavos, y algo en su interior murió, ella tuvo que vender todo lo que tenía, y se volvió muy fría, y cuando por fin llegó a tocar fondo, me volví taciturno, la única cosa que supe hacer fue seguir adelante, como un ave que vuela, envuelta en tristeza. De modo que ahora estoy volviendo otra vez, tengo que encontrarla de algún modo, toda la gente que solíamos tratar ahora me parece una ilusión, unos son matemáticos, otras son mujeres de carpinteros, no sé cómo empezó todo esto, no sé qué están haciendo con sus vidas, pero yo, yo todavía estoy en la carretera, dirigiéndome a otro cruce, siempre hemos sentido lo mismo, sólo que lo vemos desde un punto de vista diferente, envuelto en tristeza. Publicada en los Discos: Blood on the Tracks (1975) / Real Live (1984) / Biograph (1985) / The Bootleg Series Volumes 1-3 (1991) / Bob Dylan's Greatest Hits, Vol. 3 (1994) / Live 1975 (2002)