Mostrando entradas con la etiqueta perú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perú. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de junio de 2011

¡VUELVE. MIL VECES VUELVE!


Volveré los ojos cuando tus labios no pronuncien mi nombre.
Te llamaré en silencio, entonces, 
las lágrimas ignotas, se desbordarán en mi alma peregrina, 
y te amaré setenta veces siete.
Recorreré nuevamente las calles cómplices en recuerdos. 
Las hojas llevadas por el viento,
tomarán la forma de mis quimeras,
pero ya no reverberan.
Mujer de mis sacras tempestades.
Me amaste sólo cinco veces en la lozanía de un lecho cubierto de ternura.
Pude dibujar con mis labios cada pliegue de tu piel
y eso bastó para embriagarme el alma eternamente. 
Sí, como dicen, el amor nunca muere, 
por qué en mi corazón hay un vacío que tiene tu sonrisa.
Declaro una y mil veces. ¡REGRESA AL PARAÍSO DE MIS ANSIAS!
¿Cómo celebrar el conjuro de la posesión de tu destino?
El tiempo es inexorable y sin el poder del hechicero,
ya es imposible escribir las palabras que vuelen hacia ti,
a humedecer tu piel de diosa por mi creada....
Es terrible despedirme de tus besos para siempre. 
Es lacerante pensar que soy parte del olvido.
Es patético escribir sin conmover uno sólo de los pétalos de tu alma...



miércoles, 30 de diciembre de 2009

REFLEXIONES DE AÑO NUEVO


Quizá no nos hemos percatado que la tradición de quemar un muñeco, la noche del 31 simboliza la idea de borrar completamente el pasado para comenzar el futuro representado por el año nuevo. Poco importa sí el agonizante 2009 nos deparó muchas cosas buenas, igual debemos quemarlo. No hay gratitud o alegría por los momentos felices o de éxito. En el mismo sentido, son las cábalas quienes mejor representan esta mentalidad determinista donde los conjuros serán decisivos en nuestro destino. De lo anterior se infieren dos ideas muy relacionadas una con otra. Primero, que la felicidad y el éxito, antes que fruto de nuestro esfuerzo y talento, son regalos que nos vienen desde afuera. Segundo, que carecemos del sabio hábito de analizar el pasado y aprender de él – lo destruimos o tratamos de hacerlo -. Somos en buen español, un pueblo que vive de espaldas a su historia, y esto puede explicar nuestra reincidencia en los errores, como por ejemplo, reelegir a personajes de notorias deficiencias en su anterior gestión. Me contó una amiga de clase alta como había que sacar cita con una semana de anticipación, donde una conocida astróloga para un baño de florecimiento que costaba cien dólares. Desde la bella secretaria, hasta la acaudalada empresaria, todas querían que la dicha y la fortuna llegaran junto con algunas esencias milagrosas que cubrirían su cuerpo antes de comenzar el año. Me contó también que sí se trataba de que llegue el dinero a montones, bastaba reemplazar la tradicional prenda amarilla por otra verde (color de los dólares americanos). Definitivamente, además de cambiar costumbres que impone el sistema, un balance de todo lo importante (lo bueno y lo malo) que nos pasó en el año, sería una práctica sana y productiva. Se trata de multiplicar los aciertos y no repetir los errores, como un sencillo y sensato ejercicio. Optimistamente, debemos agradecer a Dios por bienes invalorables como la salud de los nuestros. Celebrar el milagro de la vida dándoles lo mejor mientras los tengamos con nosotros para no lamentarnos el día que deban partir. La hermana Amalia Muñoz (lo más cercano a la santidad que he conocido), venció un cáncer terminal a costa de fe y optimismo. En las buenas épocas que asistí a su comunidad nos enseñó un ritual de fin de año muy significativo. Después de un momento de reflexión y auto análisis, escribíamos en un papelito lo bueno que debíamos acrecentar, y en otro lo malo que trataríamos de vencer. Quemábamos este último con el firme compromiso de superación. Lo escrito en el otro papelito lo ofrendábamos a Dios, pidiéndole fuerzas para ser mejores en el año que llegaba. Amalia partió a España, pero sus enseñanzas calaron hondo. Quizá no he logrado dar la talla que esperaba de mí, pero bendigo a la vida por la maravillosa experiencia de conocerla y aprender mucho de ella. Por todo esto y por mucho más ¡FELIZ AÑO NUEVO!

miércoles, 28 de octubre de 2009

SESIONES MUSICALES CON DYLAN AXEL


Hay dos DVDs que Dylan Axel necesita para comenzar el día sin berrinche. Son dos “antologías” realizadas por mí mismo. La primera es de Serrat, donde destaca una versión de “Nanas de Cebolla” con una emotiva introducción del maestro. la segunda es de Mar de Copas y reúne los principales éxitos de la banda peruana. Del primer DVD no hay mucho que escribir, y quien sepa de música, dudo que cuestione la calidad del extraordinario trovador catalán. Esta madrugada me ocuparé del segundo que arbitrariamente trato de tatuar en la memoria de mi pequeño hijo. Debo decir en mi defensa que desde que ve aparecer los créditos en la pantalla, ya está riendo de alegría y mientras disfrutamos las canciones, mueve sus piececitos al ritmo de la voz de Wicho García y de la guitarra de Manolo Barrios. Por mi parte debo confesar que no puedo quitar los ojos de Phoebe y Claudia (sobre todo en el clip de “Mujer Noche”), las dos bellas integrantes que aportan la dosis de dulzura y sensualidad a la música de MDC. No obstante, más allá de estas dichosas vivencias con Dylan Axel que colorean mis días, hay música de calidad que trataré – quizá pretenciosamente – de explicar en las siguientes líneas. Las canciones de MDC son melodía, a veces desolada, pero plena de virtuosismo. En sus letras, el desamor se torna sublime y, a semejanza de las puestas de sol de “El Principito”, uno siente que la tristeza puede ser linda. Escucharlos es volar a una noche con unos tragos (sólo para "sazonarse"), unas luces psicodélicas y una flaca que, no por linda, deja de ser sensible, audaz e inteligente para amarnos y luego herirnos. También es volar al recuerdo de ese amor que, de tanto fuego, se consumió en su propio éxtasis, pero en esos breves momentos brilló hasta el infinito. Y es que la música no tiene que ser kursi para expresar desgarradoras emociones. Tampoco tiene que ser empalagosa, ni menos aún estridente, para irradiar una desbordante energía que, paradójicamente, llega a emanar elevada ternura. Siempre he pensado que la buena música es poesía, no sólo porque hay honda sensibilidad en su letra, sino también porque sus acordes despiertan bellas nostalgias e intensos sueños. Eso y mucho más es MDC, y sobre todo es nutrir el alma con la más fecunda de las artes, su música.Comencé escribiendo sobre las sesiones musicales con mi pequeño Dylan Axel. El ahora duerme y quién sabe si no sueña con canciones que quizá su razón aún no entiende, pero que aceleran su tierno corazón. Es probable que esté fabricando melódicos y futuros recuerdos, con nombres como: “Balada de un encuentro fugaz", “Lo que tu gesto da”, “Llévame”, etc., etc.