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sábado, 17 de abril de 2010

IN MEMORIAN DANIEL VARGAS

Este fin de semana, que pensaba sería el inicio del final de ya no publicar en internet, tu injusta (como casi todas) muerte me saca de mis cuarteles de invierno, pues bien vale la pena escribir algo como un pequeño homenaje a tu partida. Te acuerdas loquito Daniel aquella vez que “revolcamos” a un teacher de la facultad para luego vacilarnos. Sin embargo eras tan noble que luego le pediste disculpas, a pesar de que traté de evitarlo. Así eras tú loquito, derecho como pocos, y pensar que en un tiempo nos disputábamos la misma “jerma”, que al final, por indecisos, se fue con otro. Y qué decir de esa táctica para conquistarlas que consistía en invitarles dulce de camote que tú mismo preparabas. ¡Ese Daniel!, como describías tus fallidos intentos como lo más natural del mundo, a pesar de que algunas no te “atracaban”. Siempre en cada lugar encuentras una “cojuda” que no aprecia la calidad de la gente. Luego están dando lástima con un “huevón” que las trata como sus esclavas, pero es otro tema. Si loquito, a ti te “llegaba altamente” que no te hagan caso, pues ya tenías tu flaca bien escondidita en el Bajo Piura. Eras tan confiado que una vez hiciste que la llame sólo para conocerla. Pero con los patas no se chocaba, esa era la consigna. Cuando te volví a encontrar después de mucho tiempo, ya te habías casado con la chiquilla del teléfono, como no podía ser de otro modo, y tenías un hijito. Me dijiste que la próxima vez que nos encontráramos, de todas maneras nos tomaríamos unas “chelas”, pero no hubo próxima vez. Aunque me dejaste tu número de celular, nunca te llamé y hasta lo perdí. Siempre he sido un ingrato de “miércoles”. Por eso aquí estoy un 16 de abril del 2010 escribiendo estas líneas para ti. Para que veas que los buenos patas nunca se olvidan. Si existe otra vida, allá nos tomaremos las “chelas” que nos adeudamos. Recordaremos los viejos tiempos y reiremos de las tantas ocurrencias… Por eso aparta una mesa donde podamos conversar largo y tendido. ¡Nos vemos loquito!

miércoles, 30 de diciembre de 2009

REFLEXIONES DE AÑO NUEVO


Quizá no nos hemos percatado que la tradición de quemar un muñeco, la noche del 31 simboliza la idea de borrar completamente el pasado para comenzar el futuro representado por el año nuevo. Poco importa sí el agonizante 2009 nos deparó muchas cosas buenas, igual debemos quemarlo. No hay gratitud o alegría por los momentos felices o de éxito. En el mismo sentido, son las cábalas quienes mejor representan esta mentalidad determinista donde los conjuros serán decisivos en nuestro destino. De lo anterior se infieren dos ideas muy relacionadas una con otra. Primero, que la felicidad y el éxito, antes que fruto de nuestro esfuerzo y talento, son regalos que nos vienen desde afuera. Segundo, que carecemos del sabio hábito de analizar el pasado y aprender de él – lo destruimos o tratamos de hacerlo -. Somos en buen español, un pueblo que vive de espaldas a su historia, y esto puede explicar nuestra reincidencia en los errores, como por ejemplo, reelegir a personajes de notorias deficiencias en su anterior gestión. Me contó una amiga de clase alta como había que sacar cita con una semana de anticipación, donde una conocida astróloga para un baño de florecimiento que costaba cien dólares. Desde la bella secretaria, hasta la acaudalada empresaria, todas querían que la dicha y la fortuna llegaran junto con algunas esencias milagrosas que cubrirían su cuerpo antes de comenzar el año. Me contó también que sí se trataba de que llegue el dinero a montones, bastaba reemplazar la tradicional prenda amarilla por otra verde (color de los dólares americanos). Definitivamente, además de cambiar costumbres que impone el sistema, un balance de todo lo importante (lo bueno y lo malo) que nos pasó en el año, sería una práctica sana y productiva. Se trata de multiplicar los aciertos y no repetir los errores, como un sencillo y sensato ejercicio. Optimistamente, debemos agradecer a Dios por bienes invalorables como la salud de los nuestros. Celebrar el milagro de la vida dándoles lo mejor mientras los tengamos con nosotros para no lamentarnos el día que deban partir. La hermana Amalia Muñoz (lo más cercano a la santidad que he conocido), venció un cáncer terminal a costa de fe y optimismo. En las buenas épocas que asistí a su comunidad nos enseñó un ritual de fin de año muy significativo. Después de un momento de reflexión y auto análisis, escribíamos en un papelito lo bueno que debíamos acrecentar, y en otro lo malo que trataríamos de vencer. Quemábamos este último con el firme compromiso de superación. Lo escrito en el otro papelito lo ofrendábamos a Dios, pidiéndole fuerzas para ser mejores en el año que llegaba. Amalia partió a España, pero sus enseñanzas calaron hondo. Quizá no he logrado dar la talla que esperaba de mí, pero bendigo a la vida por la maravillosa experiencia de conocerla y aprender mucho de ella. Por todo esto y por mucho más ¡FELIZ AÑO NUEVO!

sábado, 17 de octubre de 2009

NACIDO CON SUERTE

Quizá mi mejor pensamiento a esta hora de la madrugada de 17 de octubre sea de gratitud. No hay duda, como Mercedes Sosa y como pocos, puedo decir: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Se lo dije una vez a Amalia, ese ángel que llegó de España a tierras piuranas y fue lo más cercano a Dios que he conocido. Ella, con esa paz que irradiaba y contagiaba me dijo que era una persona bendecida. Por supuesto que no me lo creí, ni lo creo hoy. He sido todo menos una persona virtuosa. La sensualidad del poder me atrae y la belleza femenina mucho más. Soy un desastre humano y sin embargo me siguen pasando cosas bellas sin merecerlas. Mi pequeño Dylan Axel que ahora duerme plácidamente me ha dado tanta felicidad que me sigo preguntando ¿Qué he hecho para merecer tantas bendiciones? La respuesta es MUY POCO. Escribir no es precisamente una compensación valiosa por todo lo que he recibido y además todo lo que escribo es perecedero. Si Dios existe y creo que sí. Es un ser extrañamente misericordioso con quienes no lo merecen. Conozco a mucha gente virtuosa y creyente que sufre mucho y, por su fe, debería recibir consuelo y alegría divina.Busco en mi pasado y tomo consciencia que esta racha de buena suerte llegó a mí alrededor de los veinticinco. Mi niñez y mi adolescencia fueron tristes. Amé por primera vez a los doce años, pero sólo en el sentido ideal. Recuerdo días enteros de rabia y frustración por los males del amor. Trato de encontrar en mi vida un suceso que me haya cambiado la vida y no lo ubico. Sólo avizoro que un momento de mi juventud como que dejé de tomarme la vida tan en serio y a experimentar una especie de vuelta a mi niñez. Comencé a jugarles bromas realmente infantiles a mis amigos de la universidad, reí más e hice reír a los demás. Me volví más loco (para otros, más inmaduro) y encontré amigos igual de locos. Conquisté el amor de chicas bellas. Al año siguiente de titularme, gané un concurso y obtuve trabajo seguro. Dos años después estudié otra carrera, me volví a enamorar y seguí siendo feliz, cada vez más loco o más inmaduro. Después de una larga soltería conocí a una noble y dulce mujer que me ha dado a Dylan Axel, el regalo más grande del mundo.Cuando era pequeño me angustiaba pensar que mis padres o mis hermanos mueran. Ese miedo se convirtió en fortaleza y en serenidad cuando acompañé a mi padre en sus últimos días en el hospital. Pensaba en él y, quizá, las muchas alegrías que le di en sus últimos años me reconfortaban al sentir que no fui un mal hijo A estas alturas de la vida, pienso que la mejor lección que aprendí fue una frase del maestro Borges: “La vida es sólo una suma de momentos” y aquí me encuentro, disfrutando de cada minuto y aprendiendo. Un niño, una mujer, un libro, una canción, una película y muchas cosas más. Todas son oportunidades para ser feliz y si Dios existe como creo que existe, creo que la estrella que designó para mí es mucho más brillante de lo que merezco.