viernes, 28 de octubre de 2011
EL CUENTO SIN FIN
miércoles, 26 de octubre de 2011
EL DESCUBRIMIENTO DE LA MELANCOLÍA
El día en mención había muerto mi abuelo Gilberto, y me encargaron ir a avisarle a mi papá que aún trabajaba en ese lugar.
Cuando llegué contemplé los enormes cultivos tratando de buscar los bellos recuerdos de mi niñez, como cuando mis hermanos me habían construido un barco con una mitad de cilindro cortada a lo largo. Era espectacular sentirme un capitán de mar a bordo de mi navío aquellas mañanas de sol en medio de las plantas de higos y ciruelas. Pensé recuperar esas alegres sensaciones, pero el canal aquel agonizaba totalmente seco con algunas malezas y espinas. Los frutales también se habían secado. En ese entonces no sabía aquello del abandono y de la crisis de la agricultura. Sólo sentía que me habían robado esos momentos inolvidables, cuando corría y jugaba con mis primos y hermanos.
Es posible que la muerte del abuelo, sobre la que no quería pensar, haya influido sobre mi percepción del campo (Freud y el inconsciente de nuevo). El hecho es que lo recorrí durante casi una hora buscando una sola de las imágenes de esa desbordante etapa. Las lomas donde buscábamos caracoles y chaquiras habían sido barridas por niveladoras. Ya no estaban las gallaretas que King (el noble pastor alemán que un día me salvó de ahogarme), solía cazar y traerlas vivas. Caminé y caminé solo y cabizbajo. Algunos trabajadores me reconocieron, pero no se atrevieron a hablarme, ni yo a ellos.
Esa aciaga mañana sollozaban mis más dulces vivencias en medio del silencio de la contemplación de sus ruinas. Sin un motivo para la festiva fantasía busqué a mi padre y le comuniqué la trágica noticia. Él era fuerte, o al menos, procuraba aparentarlo frente a nosotros. Regresamos juntos a la casa. Seguro que alcanzó a ver la soledad que me invadía. Pero nunca preguntaba nada. Sólo nos compraba cosas. Unas golosinas y unos refrescos me distrajeron un momento.
Hubiese querido que me abrazara y me dejara llorar en su hombro, pero también yo había aprendido a aparentar que “todo estaba bien”. Sucedieron muchas cosas en las exequias de mi abuelo, que no revelaré por ahora. Lo que verdaderamente importa es que ese día conocí la melancolía existencial que me acompaña desde entonces.
Pasaron muchos años. Amé más de una vez y también me amaron, pero esa actitud de ausencia o de vacío, que Patty fue la primera que entendió (y desconcertó a Kelita años después), me echó a perder bellos momentos. Comencé a escribir para encontrarle un cauce a esa tristeza estructural (el concepto es forzado). Y aquí estoy ahora esperando que Dylan Axel vuelva del colegio. Algunas veces (quizá es mi idea) pareciera que se queda mirando al vacío por unos segundos y me reconozco en esa mirada. Entonces lo abrazo y lo hago reír a carcajadas. Sólo en esos momentos siento que puedo recuperar (o inventar) mis más bellos recuerdos de infancia…
jueves, 22 de septiembre de 2011
DYLAN AXEL. EXTERMINADOR DE MELANCOLÍAS
Llegará un día en que, con la adolescencia a cuestas, el implacable desamor y los sinsentidos se llevarán tu fresca inocencia. ¿Cómo podré ayudarte entonces, si no he aprendido a entender mis contradicciones? Lo poco que sé es que desde ahora, más que mi hijo, eres mi pequeño amiguito, y espero lo sigas siendo con el tiempo. Por eso a veces trato de dominar mi angustia cuando te veo temerariamente subir una escalera, pues tendrás que afrontar desafíos y peligros mucho más grandes de adulto. No obstante, me preocupa enormemente que, a mi pesar, veas en mí a tu modelo. ¿Qué te puedo enseñar Dylan Axel si cuando no estoy dando clases, me encierro en mi mismo? ¿Cómo instruirte, por ejemplo, a ser responsable, si mi vida es un caos donde siempre me encuentro buscando las cosas perdidas en la casa?
jueves, 25 de agosto de 2011
LUCHANDO POR NO MATAR LOS SUEÑOS
El campo, el mar, un corazón que ama,arrullado por una canción de Serrat.
La belleza del amanecer,
la frescura de la mañana, l
la ensoñación de la tarde,
y el cielo estrellado
en una noche cómplice de amor.
Una vida libre para viajar por las cumbres
de una montaña andina,
o por los desiertos
de una franja que besa al mar.
Diez libros para leer
y una laptop para escribir.
Todo eso, para comenzar,
desde ahora.
No cuando la senectud
cercene las ansias de soñar.
Y es que el tiempo
es el más grande tirano del hombre.
Se lleva sus sueños,
sus ideales y hasta sus amores.
Ese tiempo tejido de almanaques
que es como un despeñadero,
hacia el cual nos dirigimos inexorablemente,
con casi todas las cosas a medio camino,
o aún sin empezar.
Como mi padre
que sólo deseaba su granja en el campo
para criar animales
y escuchar las noticias todas las tardes.
La pobreza y la salud le cerraron el paso.
Y ahora, ésta mi vida,
luchando entre la renuncia
y la última batalla por un amor.
La angustia de no poder reconciliarme
con la plenitud de un misticismo,
liberado de la tormentosa pasión.
Rebelándome, sólo para no envejecer.
Buscando una sonrisa de niña buena
para ahuyentar los sin sentidos.
Abrazado a la inocencia de dos hijos divinos,
y a la música que nunca envejece,
púes al tiempo venció.
Todo este vendaval de furias y de penas.
De quimeras que aún pueden refugiarse
en el inexplorado mañana,
aquel que atesora una felicidad,
sólo vislumbrada algunas noches
de miradas y besos virtuales.
En suma un universo aún por inventar,
e imposible de alcanzar.
Una vida, una muerte,
una paz, y un amor,
que siempre habitará en el corazón...
viernes, 19 de agosto de 2011
CUENTO DESDE EL FUTURO
Corría el otoño del 2025 cuando Dylan Axel conoció (a través del chat) a Alice y se enamoró de ella. De tanto escuchar las historias que su padre escribía en su laptop, había aprendido a crear relatos mucho mejores que los de éste. No era extraño entonces que descubriera que Alice se parecía a sus personajes. Le impresionó su frescura para tomárselo todo en broma. Percibió inmediatamente una gran sensibilidad, reflejada en su rostro y en su voz de niña buena. La sintonía entre sus almas fluyó de manera tan natural que ambos se sorprendían de su compatibilidad. Podían conversar casi de todos los temas, y aunque siempre terminaban bromeando, cada día aprendían algo nuevo, aniquilando por completo de su diccionario la palabra aburrimiento.
Fue así que la convenció para conocerse personalmente. Era bella, tal como aparecía en la foto del perfil de su cuenta. Comieron helados, y volvieron a reír de la gente y de sus convencionalismos. Siguieron encontrándose de vez en cuando, e incluso se extrañaban mutuamente cuando pasaban muchos días sin verse. Dylan Axel lo tenía todo claro, lo que más lo movía era la fuerte atracción hacia Alice. Muchas veces se presentó la ocasión propicia para plasmar en un beso lo que sentía por ella. Hubo muchos intentos, pero siempre un “mañana conversamos en el chat” era el epílogo inevitable de cada encuentro. Todas estas fallidas tentativas inspiraban apasionadas historias que se acumulaban en su blog.
Estaba a punto de perder las esperanzas de conquistar el corazón de Alice cuando sucedió el prodigio. Una tarde mientras escuchaba canciones de Serrat, un trovador español que su difunto padre adoraba, unas imágenes, difusas pero intensas invadieron su corazón. Sintió la voz de su “viejo”, cuando de apenas dos años, le narraba cuentos infantiles inventados por el mismo. Volvió a ver personajes que hicieron mágicos sus primeros años. Elefantes, leones, caballitos, vaquitas y hasta un águila cobraron vida nuevamente.
No obstante, tardó unos días para entender el mensaje que le enviaba su padre para ayudarle a conquistar el amor de Alice. Tenía que despertar en ella al niño (o la niña) que todos llevamos dentro. Entonces Dylan Axel comenzó a escribir historias infantiles pobladas de verdes campos, de alegres aves que cantaban al amanecer, del sol que se enamoraba de la luna, o de las estrellitas que jugaban a las escondidas. En medio de estos bellos escenarios siempre destacaba la bella princesa (ella) rescatada por el valiente caballero (él). Sólo faltaba hacer vida estas emociones infantiles. Un día la invitó a ir al campo. Jugaron y corrieron hasta cansarse como niños. Por fin encontraron aquella honda felicidad de dormitaba en su inconsciente. Representaron las historias y los personajes que Dylan Axel había inventado en sus cuentos. Sin darse cuenta, en un momento terminaron abrazados y mirándose a los ojos. Ella sonrío, entreabrió los labios, y él por fin pudo besarla…
miércoles, 10 de agosto de 2011
LA REUNIÓN DE LOS "POETAS"

domingo, 1 de mayo de 2011
MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI
Por: Billy Crisanto Seminario
Son las cuatro de la madrugada y, al despertar, mi primer pensamiento es para ti. Mujer que me regala sus palabras portadoras de una mal disimulada ternura. Quizá sea sólo mi fantasía, pero es lindo imaginar que alguien te mira con algo

más que la cotidianeidad de compartir uno momento. Es lindo ensoñarse con una mirada, entre dulce sensual, que te dice que quisiera contarte tantas cosas, pero también quisiera escuchar tus anhelos, aquellos que se niegan a morir.
Definitivamente, la mujer es sideralmente mejor que el hombre. Tal vez (como decía el venerable viejo de la pipa), porque buscamos el seno materno - donde te sentías tan seguro - en cada mujer que conoces y quedas prendado de su sonrisa.
Es por ello que a esta hora (donde veo las cosas con mayor claridad), mi primer pensamiento, y mi primera fantasía de hoy domingo, es para ti. Mujer que me haces descubrir la plenitud del mundo con sólo pronunciar mi nombre.
Anoche estuve re enseñándole a Dylan Axel a que diga “Papá Billy” porque quería sentirme llamado en labios de alguien que adoro. A duras penas lo conseguí y minutos después me dormí plácidamente.
Por qué, como hace veinte años, sigo buscando más amor del que ya tengo. Por qué el encantamiento femenino hace presa fácil de mi, y sobre todo, por qué MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI….
domingo, 17 de abril de 2011
DYLAN AXEL Y LOS DOMINGOS GRISES
martes, 22 de diciembre de 2009
CONVERSACIÓN EN LA NAVIDAD (DEL 2030)
viernes, 13 de noviembre de 2009
NUNCA ENVEJEZCAS DYLAN AXEL
No pierdas la alegría pequeño Dylan Axel. Crece, pero no envejezcas. Te lo diré de una forma que lo entiendas, aunque creo que los niños entienden mucho mejor que los adultos. Se trata de no dejar anidar el resentimiento y la amargura en tu corazón. Por ejemplo, hoy tu mamá y yo reñimos porque cuando uno es grande se vuelve tonto. No acepta sus errores. El orgullo lo lleva a la simple disyuntiva de ganar o perder, ignorando que la humildad y la sencillez son hermanas de la sabiduría. Por ello no envejezcas Dylan Axel. Con los años todos a tu alrededor lo harán. Adoptarán actitudes serias y ceremoniosas para todo, como si la lucidez de una persona se midiera por sus duros gestos. No saben que cuando jugamos divertidamente, soy yo quien aprende más de ti. Quizá debas de tener un poco de cautela con nosotros los adultos porque nos creemos sabios y pensamos que los niños no saben nada. Nos llenamos la boca con palabras enredadas que al final no dicen nada, y más bien ponen en evidencia las tinieblas de nuestro entendimiento. Finge estar de acuerdo en todo, pero sin que lo noten, ríe de su patética “madurez”. Cuando uno se hace adulto se complica la vida a más no poder. Aprendemos cosas feas como auto lastimarnos por hechos sin importancia. Nos agredimos con palabras duras para después arrepentirnos de lo que decimos ¿No seremos tontos por actuar así? Nos volvemos duros de corazón y la soberbia ensombrece nuestra alma. Es aburrido volverse viejo Dylan Axel. De tanta “responsabilidad” nos petrificamos tornándonos tristes. Pero no es una melancolía romántica y luminosa de la que emerge poesía, sino una dureza oscura y estéril. Como si todo el tiempo estuviéramos tomando un jarabe amargo (de esos que no te gustan) que termina dejándonos hondas heridas y fétidas llagas en el espíritu.
Finalmente hijo mí, ten cuidado. Si un día cualquiera sientes que has herido a alguien, significa que la vejez te quiere atrapar. No lo permitas. La maldad es uno de sus excreciones más detestables. Somos rápidos e inclementes para agredir y lentos y mezquinos para perdonar. Sólo por este motivo no deberías envejecer Dylan Axel. Adáptate al mundo de los viejos, pero nunca pierdas la inocencia y la alegría. No temas abrazar a quien ames y conserva siempre esa traviesa sonrisa. No imaginas a cuantos desalentados colmas de alegría...
sábado, 17 de octubre de 2009
NACIDO CON SUERTE


