jueves, 8 de mayo de 2014
LA FE DEL CORAZÓN
Por eso aquella noche había llegado para despedirse. La consigna, dictaminada por el cura, era no dejarse conducir al placer, pues perdería las fuerzas para terminar. Y ahora ahí estaban ambos mirándose. Ella con el deseo en la mirada, y él con la culpa en las pupilas. Conversaron, confesáronse sus temores. A ella le daba pena perderlo, y a él le daba miedo el infierno descrito minuciosamente por el cura. Ambos lloraron, se abrazaron, se consolaron. Por un momento llegaron a sentir que nunca podrían vivir separados. Ella, secándose las lágrimas le suplicó quedarse esa noche. Otorguémonos la última oportunidad, le dijo. Sabe Dios que lo nuestro no es algo que siente la gente todos los días. Eso implicaba, quizá olvidar el inminente final, o quizá tenerlo más presente que nunca para entregarse a la más inolvidable despedida. Sus cuerpos respondieron al desafío y se entrelazaron con la más candente desesperación. La locura, el desenfreno, tocaba los límites del ansia por poseerse y fusionarse en un solo ente. Pero llegados al clímax. Cuando debieron haberse abrazado y dicho cosas lindas, el silencio, aquel del que se quiere huir, se abrió paso, y él se marchó de prisa sin decir nada directo a buscar al confesor. Éste, después de escucharlo, dictaminó que la única solución era el claustro del monasterio. Sin embargo, eso no funcionó. Por las noches la extrañaba tanto hasta que logró escapar por las paredes. La buscó, la amó una vez más y ella juró desaparecerle sus culpas. No volvieron a separarse. Mientras tanto el cura todos los días buscaba a su joven seminarista, culpando a la pecaminosa que lo había “condenado” al infierno…
ARAÑANDO LA PLENITUD
Me miraste burlonamente antes de decirme que el amor se acaba como todo en la vida. Un escalofrío bajó de mi estómago hasta mis pies y sentí por primera vez la amargura de los amores frustrados. Hice un recuento rápido y el balance determinó que era yo el responsable principal de todo esto. Mi excesivo afán de sobreprotegerte había terminado por asfixiar tu vocación por la libertad. Hice un esfuerzo supremo y recobré el aplomo. No obstante, te veía (mi corazón te veía) más linda que nunca. "Todo ese paraíso voy a perder" pensé para mis adentros, pero no cometería el error de suplicar tu clemencia, pues eso siempre agrava las cosas...
Hagamos el amor sólo una vez más antes del adiós, dije fingiendo una seguridad y una audacia de la que carecía en ese momento. Lo aceptaste, quizá como una expresión de gratitud.
Entonces esa noche nos amamos con desesperación. Las lágrimas (no sabíamos si de tristeza o de felicidad) mojaron nuestros rostros. Nos entregamos por completo intercalando momentos de salvaje pasión con otros de sublime ternura. No queríamos que ese instante termine. Entonces, en pleno éxtasis, nos sentimos arrebatados de la realidad espacio-temporal, y moramos en lo que los teólogos llaman la eternidad. Había leído que ésta consiste en la conversión del presente, del pasado, y del futuro en un único estado. Y eso fue lo que experimentamos. Dios que habita en la eternidad y que nos ama incondicionalmente, nos otorgó el inmerecido don de fusionarnos en un solo ser (no dos sino uno) construido sólo de sensaciones, donde lo místico y lo erótico dejaron de ser opuestos. El amor de ese instante, desprovisto de tiempo, fue tan grandioso que me está prohibido revelar que pasó después (si acaso se puede hablar de un después). Y para los incrédulos: ¿No dicen acaso que el amor lo puede todo?
sábado, 29 de marzo de 2014
ESA NOCHE DORMÍ SOBRE EL CIELO
HASTA LOGRAR QUE ME AMES
Y cuando me dejes besar tus manitas, cantaré para ti las nupcias de la mar y la luna, celebrada por recios marineros, que no resisten el encanto del escarchado cielo. Entonces, me dirás que acerque mi rostro a tu corazón, para escuchar la melodía de un naciente amor, tejido de cuentos de sensuales hadas que ya no quieren cenicientas porque han sentido las audaces caricias del viento...
Te irás acostumbrando a mis palabras, a mis canciones y a mis besos, que un día suplicarás que descubra tus tesoros candorosamente guardados para el cielo. Y serás mía una noche de centellantes luciérnagas y del cantar de los grillos. Serás mía por soberana decisión de tu piel y de tu corazón. Le dirás adiós a la niña de huraña mirada. La nostalgia se ahuyentará con mi protectora risa, y me harás el amor tan dulcemente (yo también te lo haré), que todos los poemas escritos por mí para ti, florecerán en el fuego de tus labios de la sensual mujer que ya dejó de ser niña...
miércoles, 19 de marzo de 2014
MISTICISMO
Si quisiera filosofar, tal vez diría, que la ancestral comunión con la naturaleza nos otorga el más pleno sosiego. Si me sumergiera en el misticismo, quizá sentiría a mi rostro, a mi organismo, a mis átomos, beber de la sabia del cosmos ofrendado a mí en bello paisaje...
Y a ti, mujer, que te llevaste mis sublimes sueños. A ti, te volví a amar, sin angustia ni desesperación. Como se añora a un amor lejano al escuchar una canción. Estaban allí los viajes a la playa, las risas, las locuras. Ese cachorro que encontramos juntos, y curamos y cuidamos hasta que se hizo adulto. Pero no estaban más (ni quería que estuviesen), las lágrimas ni las heridas...
Entonces te amé. Con ese amor de los ocasos. Triste, pero bello. Que es el mismo que siente el sol de la tarde hacia la mar...
jueves, 25 de agosto de 2011
LUCHANDO POR NO MATAR LOS SUEÑOS
El campo, el mar, un corazón que ama,arrullado por una canción de Serrat.
La belleza del amanecer,
la frescura de la mañana, l
la ensoñación de la tarde,
y el cielo estrellado
en una noche cómplice de amor.
Una vida libre para viajar por las cumbres
de una montaña andina,
o por los desiertos
de una franja que besa al mar.
Diez libros para leer
y una laptop para escribir.
Todo eso, para comenzar,
desde ahora.
No cuando la senectud
cercene las ansias de soñar.
Y es que el tiempo
es el más grande tirano del hombre.
Se lleva sus sueños,
sus ideales y hasta sus amores.
Ese tiempo tejido de almanaques
que es como un despeñadero,
hacia el cual nos dirigimos inexorablemente,
con casi todas las cosas a medio camino,
o aún sin empezar.
Como mi padre
que sólo deseaba su granja en el campo
para criar animales
y escuchar las noticias todas las tardes.
La pobreza y la salud le cerraron el paso.
Y ahora, ésta mi vida,
luchando entre la renuncia
y la última batalla por un amor.
La angustia de no poder reconciliarme
con la plenitud de un misticismo,
liberado de la tormentosa pasión.
Rebelándome, sólo para no envejecer.
Buscando una sonrisa de niña buena
para ahuyentar los sin sentidos.
Abrazado a la inocencia de dos hijos divinos,
y a la música que nunca envejece,
púes al tiempo venció.
Todo este vendaval de furias y de penas.
De quimeras que aún pueden refugiarse
en el inexplorado mañana,
aquel que atesora una felicidad,
sólo vislumbrada algunas noches
de miradas y besos virtuales.
En suma un universo aún por inventar,
e imposible de alcanzar.
Una vida, una muerte,
una paz, y un amor,
que siempre habitará en el corazón...
viernes, 29 de julio de 2011
TODO CAERÁ POR SU PROPIO PESO
La gran ciudad comenzaba a encender sus luces. Ella le miró mientras una lágrima escarchaba su mejilla. Volvió a repetir las palabras tantas veces ensayadas: “esto es inviable”. La pena era inocultable en sus ojos. Él se quedó en silencio mientras inventaba algo que pudiera consolarla. El sabor del adiós asomó de nuevo en sus labios unido a la sensación de piedad y de culpa que ya se le había hecho familiar. Como los moribundos, pasaron rápidamente las imágenes de su historia. Las fiestas con los amigos y el tentador complot para hacerlos pareja hasta lograr que se casen. “Vamos a ver” se dijeron ambos sin palabras, e iniciaron este caminar que hacía tiempo se había detenido. En una época la palabras resignación, paciencia, generosidad, habían logrado mentalizarlos, y con la llegada de su nena, la esperanza había renacido. Pero la verdad no perdona. El afecto hacia la pequeña funcionaba algunos momentos en el día, pero cuando se encontraban solos, la falta de pasión proyectaba una patética imagen de pareja donde la paternidad era lo único que marchaba sobre ruedas.
Hubo horas y horas de diálogo. Cotejo de los pro y los contra de una separación. Flexibilidades y hasta renuncias para finalmente llegar a la misma conclusión. “Hay que dejarlo que todo caiga por su propio peso”. En medio de esa gris coexistencia, construida de trabajo y de comentar las películas y noticiarios todos los días, él conoció a una chica mucho más joven. las dos veces que conversaron fueron suficientes para que se instale en su corazón como el milagro que llegaría para redimirlo. Le había contado toda la verdad, y a pesar de su corta experiencia, lo había entendido. Ella podía esperar hasta que las cosas se resuelvan. Mientras tanto eran como amigos cómplices que habían hecho de la transparencia el secreto de su compatibilidad. Bastaba encontrarse para filosofar entre locura y locura y entre canción y canción. Siempre terminaban abrazados y matándose de risa. No tenían nada que perder y sí mucho que ganar. Aprender algo nuevo cada día, y sobre todo disfrutar del mero placer de conversar. Habían conjugado tanto que habían incorporado los gestos y los entre líneas a sus códigos de comunicación. Por ejemplo, juntar los índices con los anulares significaba “te quiero mucho”, tocarse ambas orejas significaba “te he extrañado”, y así mil secretos más que tornaban sus encuentros como misteriosos, pero divertidos rituales. Era increíble pero habían llegado al extremo de ya no pedirle casi nada a la vida. Todo era bello cuando estaban juntos.
Mientras tanto su esposa ya lo había ido intuyendo todo, y a pesar de que ambos habían acordado concederse una relativa libertad para intentar trazar una línea de reconstrucción de sus vidas, sin embargo, era difícil. Se había acostumbrado a que ambos salieran con la nena. Se divertía a rayar cuando escuchaba los desaforados cuentos que él le relataba a la pequeña para que se duerma. Le resultaba duro renunciar a esas cosas, pero el orgullo obligaba a cumplir el pacto. Ya el tiempo había dado su veredicto, o dicho en otras palaras “todo ya había caído por su propio peso”…
lunes, 6 de junio de 2011
¡VUELVE. MIL VECES VUELVE!
Es lacerante pensar que soy parte del olvido.
Es patético escribir sin conmover uno sólo de los pétalos de tu alma...
lunes, 23 de agosto de 2010
SHANINA Y LA LUNA (Parte IV)
lunes, 2 de agosto de 2010
SHANINA Y LA LUNA (Parte III)
viernes, 30 de julio de 2010
SHANINA Y LA LUNA (Parte II)
domingo, 18 de julio de 2010
APAGABA LA MÚSICA CUANDO HACÍAMOS EL AMOR
jueves, 31 de diciembre de 2009
EXQUISITECES AMOROSAS





