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sábado, 5 de abril de 2014

EL VESTlDlTO BLANCO



Él besó su vestido de blanca seda en la parte que da justo al pubis. Lo hizo con la más tierna devoción y también con emocionada gratitud. No había ningún halo de malicia. Apenas tenía trece y ella quince. Mientras se embriagaba con el angelical aroma de la nívea seda del vestido, experimentó la más profunda y abstracta elevación mística. Ansiaba quedarse a vivir ahí para siempre, embelesado en ese paraíso donde desaparecían los miedos y las culpas. Sintió detenerse el tiempo, y ni siquiera se percató de las manos de ella, que acariciando su cabello, le decía que debía irse. Tuvo que tomarle el rostro suavemente, y de paso alcanzar a ver las lágrimas en sus ojos rojos. Luego sintió que su fino vestido también estaba humedecido, pero no sólo de lágrimas. Entre avergonzada y feliz, se marchó a su casa y besó dulcemente el vestidito en la parte húmeda. El se lavó la cara en un caño y tuvo la hiriente sensación que ya nunca volvería a ese cielo de esa idílica inocencia. De ese entonces le viene la obsesión por el color blanco en la ropa femenina. Pero eso es poco, de ese entonces también le vienen las ganas de llorar cuando ve a una chica con vestido de seda blanca...

ADICTO A LOS AMORES ESTOICOS

El cielo nublado cubre mis noches, mientras te busco para restablecerme de la temprana frustración. Esa que marcó con hierro candente el final de la inocencia...
Era casi al clausurar la primaria, cuando me dijiste: “eres muy niño para mí”, y los muchachos que lo escucharon rieron toda la tarde. Sin querer instauraste en mí ese mismo desamor que me haría poeta (aún en el iluso mundo de la fantasía). La rabia y el llanto me dijeron esa noche que la belleza tiene el precio del dolor. No alcancé a comprender esa crueldad para conmigo, pero ahora lo tengo claro. Era tu mártir misión enseñarme que el camino hacia la dicha no está poblado de rosas. Incluso alcanzo a visualizarte triste por haberme lastimado arteramente, sin comprender que ese fue también tu inexorable destino...
Y así, adicto a la belleza y a los amores estoicos, mi pluma fue aprendiendo el arte de escribir a las diosas que llegan para hacerse amar y luego marcharse…
Y ahora estoy repitiendo la historia. Reactualizando el tiempo contigo, luciérnaga de la penumbra de mi nostalgia. Volviendo a adorarte a ti, amor estoico. Resistiendo el dolor de tu beldad. Condenado o bendecido a perseguir esa ternura incandescente. Aquella que lastima un poco, pero crece inmensurablemente en las tardes de ocaso o en las noches de estrellas juguetonas… 
Pero sé que no vendrás, pues tus cálidas caricias exigen duras renuncias y dolorosas pérdidas. No es acaso que las almas se entienden al margen de nuestras voluntades. ¿Por qué, como dice la gente, no es suficiente con amar?
 

sábado, 29 de marzo de 2014

DERROTADA REBELDÍA

Esta noche trato de poner un poco de luz a los hechos y ensayo esta teoría. En algún momento, y por mi culpa, se levantó la barrera, el hielo, la desconfianza y comenzaste a tomar distancia. Lo demás era inexorable. Encontrar motivos para soslayarme sutilmente, y pericia en esas lides no te falta.
El nonato amor que surgió de pláticas divertidas e interminables pende ahora de un hilo. Lo virtual funcionó a la perfección, pero la realidad material no cubrió tus expectativas. Y hoy aquí sin saber en que matar el tiempo. Con el sabor ácido de la derrota. Con la implacable espada de la renuncia sobre mi cuello, y con el corazón empequeñecido por el miedo.
Debí conocer más sobre tu historia y no confiar en la intuición. Qué desgarros emocionales tapiaron tus afectos hacia los hombres. Qué lágrimas agotaron tempranamente tu confianza en las miradas que se atrevían a ahondar en tu alma.
Debí cultivar mucho más tu sensibilidad hasta hacerla sintonizar con mis afectos. Me apresuré a celebrar las nacientes compatibilidades como si eso bastara para conquistar a una chica como tú. No puse atención a tus palabras. Subestimé la hondura de esa escéptica frase "He perdido la fe". Pensé que era fácil domesticarte como lo hizo el Principito con el zorro.
Ahora estoy inmovilizado. Sintiendo como la inmovilidad senectud ataca a mansalva esa mi rebeldía que había adquirido brillo apenas te conocí. Sin la decisión para dar el paso final. Insoportablemente dividido entre tu dulce sonrisa que nutre la vida, y el debilitado orgullo que me impele a destruirlo todo. En medio de este caos lacerante, con las ganas apenas de escribir algunas líneas como luces de bengala de mi naufragado ser. Mirando el cielo con la agonizante esperanza de alcanzar a ver a mi estrella...

MUSA DESCONOCIDA


Sí, como dice Heráclito, el río del pasado corre hacía el presente, 

ella marcha hacia mí.
Temerosa, con una prisa cuyo candor se diluye en mis palabras, cautelando todo el amor con el que aliviará mi corazón.
Es la musa desconocida, virtualmente encantadora,
pero ajena a mis afanes en la realidad 
hecha de tiempo y de espacio.
La imagino en los jardines eternos de cómplices orquídeas. 
Con la ingenuidad de la neonata pasión. 
Sin saber como explicarme que el destino es férreo.
Que los amores inextinguibles son arquitectura de años
de insondable trabajo de los dioses.
Mi musa desconocida hoy me levantó la mano, me miró de reojo, 
como diciéndome: "...en un rinconcito de mi alma hay espacio para ti. 
Si te portas bien, te llevarás la mitad de mi sonrisa,
y quién sabe con el tiempo, escucharás mi voz y caminarás a mi lado..."
Mi musa desconocida, hoy sola contempla las estrellas, 
pero mañana lo hará conmigo, 
sí me reivindico con la vida, sí empiezo a ser bueno...

HASTA LOGRAR QUE ME AMES

Apartaré la tristeza de tus ojos, para ir descubriendo la alegría agazapada en esa indiferencia a mis mustias palabras. Recorreré con mis labios, uno a uno tus cabellos, hasta que una sonrisa sea el preludio de ese inconfesable amor a mis locuras, vano afán por alegrar tu alma congelada en el temprano dolor de la ausencia de ternura...
Y cuando me dejes besar tus manitas, cantaré para ti las nupcias de la mar y la luna, celebrada por recios marineros, que no resisten el encanto del escarchado cielo. Entonces, me dirás que acerque mi rostro a tu corazón, para escuchar la melodía de un naciente amor, tejido de cuentos de sensuales hadas que ya no quieren cenicientas porque han sentido las audaces caricias del viento...
Te irás acostumbrando a mis palabras, a mis canciones y a mis besos, que un día suplicarás que descubra tus tesoros candorosamente guardados para el cielo. Y serás mía una noche de centellantes luciérnagas y del cantar de los grillos. Serás mía por soberana decisión de tu piel y de tu corazón. Le dirás adiós a la niña de huraña mirada. La nostalgia se ahuyentará con mi protectora risa, y me harás el amor tan dulcemente (yo también te lo haré), que todos los poemas escritos por mí para ti, florecerán en el fuego de tus labios de la sensual mujer que ya dejó de ser niña...

viernes, 6 de abril de 2012

DULCE NOSTALGIA DE TI

Hace tiempo que no se nada de ti. Quiero decirte que sólo puedo sentir gratitud por todo lo bello que me hiciste pasar. Fui inmensamente feliz contigo y estoy seguro que nunca viviré momentos tan maravillosos como los nuestros. Jamás te conté como preparaba mis viajes a Lima y la ansiedad por verte que crecía a cada minuto. Jamás dormía en el ómnibus, pues sólo quería que el tiempo volara para tenerte entre mis brazos. Nunca cerraba los ojos cuando estaba contigo porque no me saciaba de mirarte y cuanto más te contemplaba, más ganas tenía de acariciarte y besarte. Podían pasar horas y horas y no quería que te separes de mi. Ahora entiendes porque me enojaba cuando tardabas en llegar, pues esa habitación sin ti perdía todo su encanto. En cambio cuando llegabas, recuerdas como me arrojaba sobre ti, más hambriento de amor que nunca. No encuentro las palabras para describir como tocaba el cielo con cada una de nuestras locuras. Cada milímetro de ti era el paraíso para mí. Desde el aroma de tu cabello hasta la sensualidad de tus pies. Adoraba todo lo tuyo y no quería separarme ni un momento. Ahora realmente puedo afirmar (como dice una canción medio cursi) que contigo aprendí a amar y siempre me preguntaré qué obra buena había hecho para merecerte a ti, tan angelicalmente dulce y tan ardientemente sensual. Aunque siempre lamentaba no haberte conocido antes, trataba de disfrutar este grandioso amor, algo tardío, pero tan deslumbrante. Siempre tuve parejas nobles, pero ninguna llegó a enloquecer mi corazón como tú. Ahora sólo vivo de recuerdos, y aunque te extraño un montón, me reconforta comprobar que iluminaste mi vida. Pintaste de colores mis vivencias y cuando muera, podré evocarte tan vivamente y sobre todo podré decir como pocos “FUI UN HOMBRE FELIZ”