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viernes, 6 de abril de 2012

DULCE NOSTALGIA DE TI

Hace tiempo que no se nada de ti. Quiero decirte que sólo puedo sentir gratitud por todo lo bello que me hiciste pasar. Fui inmensamente feliz contigo y estoy seguro que nunca viviré momentos tan maravillosos como los nuestros. Jamás te conté como preparaba mis viajes a Lima y la ansiedad por verte que crecía a cada minuto. Jamás dormía en el ómnibus, pues sólo quería que el tiempo volara para tenerte entre mis brazos. Nunca cerraba los ojos cuando estaba contigo porque no me saciaba de mirarte y cuanto más te contemplaba, más ganas tenía de acariciarte y besarte. Podían pasar horas y horas y no quería que te separes de mi. Ahora entiendes porque me enojaba cuando tardabas en llegar, pues esa habitación sin ti perdía todo su encanto. En cambio cuando llegabas, recuerdas como me arrojaba sobre ti, más hambriento de amor que nunca. No encuentro las palabras para describir como tocaba el cielo con cada una de nuestras locuras. Cada milímetro de ti era el paraíso para mí. Desde el aroma de tu cabello hasta la sensualidad de tus pies. Adoraba todo lo tuyo y no quería separarme ni un momento. Ahora realmente puedo afirmar (como dice una canción medio cursi) que contigo aprendí a amar y siempre me preguntaré qué obra buena había hecho para merecerte a ti, tan angelicalmente dulce y tan ardientemente sensual. Aunque siempre lamentaba no haberte conocido antes, trataba de disfrutar este grandioso amor, algo tardío, pero tan deslumbrante. Siempre tuve parejas nobles, pero ninguna llegó a enloquecer mi corazón como tú. Ahora sólo vivo de recuerdos, y aunque te extraño un montón, me reconforta comprobar que iluminaste mi vida. Pintaste de colores mis vivencias y cuando muera, podré evocarte tan vivamente y sobre todo podré decir como pocos “FUI UN HOMBRE FELIZ”

lunes, 26 de septiembre de 2011

OBJETIVO. NO AMARTE

Esta noche comenzaré la inhumana misión de ya no amarte. Sin alcohol, sin drogas, sin anti depresivos. Será el desafío más grandioso, pues logrado esto, pocas cosas tendrán el adjetivo "imposible". 
Debo dejar de amarte para ya no sufrir inútilmente, pues mis ideales colisionan con tus sentencias en las que el prejuicio anidó una noche de mis existenciales vacaciones.
Lo dictamino, aunque en ello se me vaya parte de la vida. Le prohíbo al corazón seguir amándote. Llegarán jornadas donde el desamor de nuevo traté de aniquilarme, pero es mejor eso a la indignidad del rechazo. No te odio, sólo quiero soslayarte como un poema extraviado, cuya lectura inspiró sueños con desolados despertares.
Quiero no amarte para  buscar otros amores que abracen mi alma, la que tú dejaste ir esta noche junto a mi desesperanza. Y también porque tú me enseñaste a desconfiar de los puntos intermedios, tibios o  indefinidos.
Pienso ahora con cabeza fría (señal de que es posible ya no amarte) que escribir contra el sentido natural del corazón es poco liviano, por aquello de que los amores imposibles son las más expertas musas. Pero. Has pasado de ser un amor imposible a uno acabado, olvidado y sobre todo aniquilado. 
Siento pena por mi, pues muchas palabras enmudecerán en este tranvía donde cada noche viajamos no más de dos pasajeros. Pero también siento pena por ti, pues aquella ternura de la cual eras soberana reina, pasará a propiedad de alguna tierna mirada que alcanzo a ver en camino.
Qué más dá, especialista en adioses, en lágrimas perladas por el fracaso. Una despedida será un capítulo más de este libro de mi vida, donde estoy arrancando las páginas de tu historia, linda, pero agotadora como una carrera hacia un seco pozo.
Los puntos suspensivos estaban aquí "..."     
Una semana de vacaciones al corazón le harán un inestimable bien. El punto final está acá "."  

viernes, 19 de agosto de 2011

CUENTO DESDE EL FUTURO

Corría el otoño del 2025 cuando Dylan Axel conoció (a través del chat) a Alice y se enamoró de ella. De tanto escuchar las historias que su padre escribía en su laptop, había aprendido a crear relatos mucho mejores que los de éste. No era extraño entonces que descubriera que Alice se parecía a sus personajes. Le impresionó su frescura para tomárselo todo en broma. Percibió inmediatamente una gran sensibilidad, reflejada en su rostro y en su voz de niña buena. La sintonía entre sus almas fluyó de manera tan natural que ambos se sorprendían de su compatibilidad. Podían conversar casi de todos los temas, y aunque siempre terminaban bromeando, cada día aprendían algo nuevo, aniquilando por completo de su diccionario la palabra aburrimiento.

Fue así que la convenció para conocerse personalmente. Era bella, tal como aparecía en la foto del perfil de su cuenta. Comieron helados, y volvieron a reír de la gente y de sus convencionalismos. Siguieron encontrándose de vez en cuando, e incluso se extrañaban mutuamente cuando pasaban muchos días sin verse. Dylan Axel lo tenía todo claro, lo que más lo movía era la fuerte atracción hacia Alice. Muchas veces se presentó la ocasión propicia para plasmar en un beso lo que sentía por ella. Hubo muchos intentos, pero siempre un “mañana conversamos en el chat” era el epílogo inevitable de cada encuentro. Todas estas fallidas tentativas inspiraban apasionadas historias que se acumulaban en su blog.

Estaba a punto de perder las esperanzas de conquistar el corazón de Alice cuando sucedió el prodigio. Una tarde mientras escuchaba canciones de Serrat, un trovador español que su difunto padre adoraba, unas imágenes, difusas pero intensas invadieron su corazón. Sintió la voz de su “viejo”, cuando de apenas dos años, le narraba cuentos infantiles inventados por el mismo. Volvió a ver personajes que hicieron mágicos sus primeros años. Elefantes, leones, caballitos, vaquitas y hasta un águila cobraron vida nuevamente.

No obstante, tardó unos días para entender el mensaje que le enviaba su padre para ayudarle a conquistar el amor de Alice. Tenía que despertar en ella al niño (o la niña) que todos llevamos dentro. Entonces Dylan Axel comenzó a escribir historias infantiles pobladas de verdes campos, de alegres aves que cantaban al amanecer, del sol que se enamoraba de la luna, o de las estrellitas que jugaban a las escondidas. En medio de estos bellos escenarios siempre destacaba la bella princesa (ella) rescatada por el valiente caballero (él). Sólo faltaba hacer vida estas emociones infantiles. Un día la invitó a ir al campo. Jugaron y corrieron hasta cansarse como niños. Por fin encontraron aquella honda felicidad de dormitaba en su inconsciente. Representaron las historias y los personajes que Dylan Axel había inventado en sus cuentos. Sin darse cuenta, en un momento terminaron abrazados y mirándose a los ojos. Ella sonrío, entreabrió los labios, y él por fin pudo besarla…