Y ahora tenía que afrontar la despedida. La aconsejó cariñosamente y le deseó lo mejor. La abrazó fuertemente al despedirse y por segunda vez perdió la fuerza de voluntad. El perfume que se había puesto era el mismo de la fiesta y sintió que no habían pasado siete años, y sucedió lo que tenía que suceder. Pero los detalles los guardó en su corazón como tesoros inexpugnables para nadie. Por ello ahora que escribía sobre ella sintió un poquito de paz en su alma…
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domingo, 30 de marzo de 2014
SOBRE ALUMNAS PREFERIDAS
Llegó una tarde de noviembre -Vengo a despedirme - fueron sus palabras – Me voy a casar y me iré a vivir a Trujillo -. La miró, y ya era toda una mujer y más bella aún que en sus años de estudiante. Hacía siete años que había terminado la secundaria, después de tenerlo como profesor de filosofía desde segundo grado hasta quinto (cuando él recién había salido de la universidad). Comenzó haciendo de su “secretaria”. Llegaba impecable al colegio y oliendo a perfume de bebé. Si alguna vez tengo una hija será como ella se había dicho más de una vez, encantado por su fino e irresistible exceso de confianza para con él. Pero la niña de segundo grado poco a poco fue convirtiéndose en la jovencita de cuarto, y (como no podía ser de otro modo) llegó a enamorarse y a sufrir los primeros desgarros afectivos. Entonces su rol pasó a ser el de consejero sentimental, logrando finalmente hacer de ella una chica con autonomía y con las ideas claras sobre lo que quería hacer en el futuro. En los últimos años ya casi eran amigos, aunque ella nunca perdió esa frescura y esa sutil coquetería que lo sacaban de quicio y le cuestionaban su vocación docente. Las cosas se complicaron el día de la fiesta promocional. Era la más radiante de las alumnas, y lo peor de todo era consciente de la ofuscación que provocaba en su formalidad de profesor que despedía a sus estudiantes con un emotivo discurso. Bailó con ella unas piezas al inicio de la fiesta y se tomaron fotos que conservó por mucho tiempo. Él estaba feliz. Se divirtió con casi todas las alumnas, y se tomó unas cervezas con sus agradecidos alumnos. Avanzada la fiesta, las amigas del grupo de ella lo llamaron y al final los dejaron solos bailando. Ya era de madrugada y la mayoría de padres se había retirado. La cerveza comenzaba a hacer su “trabajo”. Ambos se miraron, rieron sin saber que decirse. El JD puso salsa sensual y su cintura moviéndose sensualmente entre sus manos terminó por derribar sus últimas defensas de corrección. La llevó de la mano a un ambiente apartado y la beso sin que ella se oponga. Total, ya no era su alumna, pensó. Sin embargo, luego se percató de su "inconducta" y trató de recobrar el aplomo. Le pidió disculpas. Trato de explicar de mil maneras ese “impulso”, pero ya era tarde. Sus amigas reían con la complicidad de labor cumplida. Se despidió de todas ellas, sintiendo que había atravesado una barrera muy peligrosa y no volvió a comunicarse con ella por varios meses. No obstante, aclararon el tema después de una larga conversación y continuó la amistad. Se comunicaban con frecuencia, hasta que ella le dio la mala noticia de su matrimonio…
Y ahora tenía que afrontar la despedida. La aconsejó cariñosamente y le deseó lo mejor. La abrazó fuertemente al despedirse y por segunda vez perdió la fuerza de voluntad. El perfume que se había puesto era el mismo de la fiesta y sintió que no habían pasado siete años, y sucedió lo que tenía que suceder. Pero los detalles los guardó en su corazón como tesoros inexpugnables para nadie. Por ello ahora que escribía sobre ella sintió un poquito de paz en su alma…
Y ahora tenía que afrontar la despedida. La aconsejó cariñosamente y le deseó lo mejor. La abrazó fuertemente al despedirse y por segunda vez perdió la fuerza de voluntad. El perfume que se había puesto era el mismo de la fiesta y sintió que no habían pasado siete años, y sucedió lo que tenía que suceder. Pero los detalles los guardó en su corazón como tesoros inexpugnables para nadie. Por ello ahora que escribía sobre ella sintió un poquito de paz en su alma…
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martes, 13 de septiembre de 2011
MUJER NIÑA
Es verdad. el secreto del encanto de las mujeres es conservar la frescura de la niñez. No me refiero a la falta de arrugas, ni siquiera a la esbeltez, sino cuando aún no inspiraban atracción, sólo ternura y nos hacían reír tanto con sus ocurrencias. A la mujer no le queda la seriedad, o la madurez entendida como regañar cada vez más y bromear cada vez menos. Inmediatamente, o nos recuerda a la profesora mala que sufrimos, o a la jefa tirana. La mujer debería hacerse engreír con gestos femeninos y traviezos. Las hijas (antes de cumplir los 15) lo saben. Por eso los padres las quieren tanto.
Insisto. No se trata de la anatomía, la magia del su hechizo está en la frescura de los gestos y hasta en la voz. La señal de que hemos caído en su encanto, y será difícil salir de éste, es cuando sentimos unas irreprimibles ganas de jugar con ellas. Cuando despiertan y sintonizan con el niño que todos llevamos dentro. Y como los niños deben proteger a las niñas, entonces los vínculos se tornan indestructibles. Incluso una deliciosa malacrianza de vez en cuando puede hacernos sentir como el padre comprensivo que le consciente todo a su hijita menor, a cambio de una sonrisa o de un abrazo...
Insisto. No se trata de la anatomía, la magia del su hechizo está en la frescura de los gestos y hasta en la voz. La señal de que hemos caído en su encanto, y será difícil salir de éste, es cuando sentimos unas irreprimibles ganas de jugar con ellas. Cuando despiertan y sintonizan con el niño que todos llevamos dentro. Y como los niños deben proteger a las niñas, entonces los vínculos se tornan indestructibles. Incluso una deliciosa malacrianza de vez en cuando puede hacernos sentir como el padre comprensivo que le consciente todo a su hijita menor, a cambio de una sonrisa o de un abrazo...
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