Hacía unos meses habían pintado un gran corazón en el cerro con sus nombres debajo.
- Nadie podrá borrarlo, pues el lugar es casi inaccesible - dijo ella mientras lo besaba.
- Todos los años, cuando vengamos a la playa, iremos a verlo, y si ya no estuviera, lo volvemos a pintar - enfatizó él.
Y es que verdaderamente pensaban que su amor era indestructible, pues ella se lo había demostrado en situaciones muy duras.
Por ejemplo, cierta vez él había llegado a la playa con toda la resaca de la fiesta de sábado. El dolor de cabeza y el vómito eran insoportables. Sin embargo lejos de generarle rechazo, ella le consiguió una sal de andrews con aspirinas para que tome. Lo sostuvo en sus brazos mientras le ponía paños de agua fría en la cabeza. Se durmió una media hora y se despertó un poco aliviado. Ella lo seguía abrazando y no tuvo reparos en besarle en la boca, mientra sus amigos (disimuladamente) hacían gestos de repudio. Lo trataba como a un bebé, y esos engreimientos hacían que él llegue a pensar que nunca dejaría de amarlo...
Hay un punto negro (varios puntos negros en la historia). El no supo qué es lo que realmente la hizo cambiar. No había hecho caso de los comentarios de que había un muchacho que la estaba enamorando. Quizá, masoquistamente, deseaba sumergirse en la auto compasión de los celos. El hecho es que un domingo no quiso ir a la playa, sólo para ponerla a prueba. Pensaba que ella tampoco iría, pero se equivocó. No sólo fue, sino que estuvo paseando con el muchacho aquel. Cuando se enteró se sintió destrozado. Experimentó aquello del "amor y odio" que había escuchado en una vieja canción. En ese vendaval de sentimientos quiso matarse, pero le faltó valor para arrojarse a las ruedas de un carro , y así hacerla sufrir. No obstante la buscó, le suplicó, se humilló ante ella hasta lograr que regrese. Pero se engañó a sí mismo. Ella era dueña de la situación. Le era infiel, pero luego lo seducía. Conocía muy bien sus debilidades y le entregaba lo que sabía que él más deseaba. Pero algo se había roto en el alma y seguía doliendo. Luego de los momentos de pasión él volvía a odiarla por haberlo echado a perder todo, y terminaban separados nuevamente, hasta que el la buscaba sólo porque la deseaba, lo cual iba convirtiendo su vida en un infierno. Pero no era capaz de dar el último paso. Llegó a maldecir la debilidad de su piel incapaz de vivir sin sus caricias.
Una mañana se marchó solo a la playa miró el lugar donde aún permanecía el corazón de ambos. Primero maldijo su destino y lloró amargamente. Luego suplicó con todas sus fuerzas a Dios que lo ayude a olvidarla. El cambio demoró aún algunos días. Pero poco a poco la iba necesitando menos. Hasta que por fin lo consiguió. Ni siquiera se lo comunicó. Le bastaba largamente sentirse liberado de tan enfermizo amor. Para demostrase a sí mismo que ya lo había superado, volvió a la playa. Recorrió los lugares donde se amaron juntos, y sólo sintió una tenue nostalgia que ya no lastimaba. Miró el gran corazón, y fue cuando subió el mismo a borrarlo por completo. Ese fue el signo de que su amor era historia.
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viernes, 21 de marzo de 2014
jueves, 15 de octubre de 2009
¿EXISTE EL AMOR PURO?
Cuando escucho lamentarse a la gente sobre a la ambivalencia afectiva de sus parejas, (“es dulce, pero a veces reacciona agresivamente”) constato que los sentimientos y las emociones, cuando son intensos, no afloran químicamente puros. Sucede que todos son parte de en un vendaval que arrastra, no sólo la más sublime ternura, sino también los miedos, rabias, frustraciones y otros más que han sido reprimidos mientras la pasión amorosa no existía. Y es que el corazón o el inconsciente (depende del cristal con que se mire) es un depósito que no distingue emociones y sentimientos buenos o malos. Todo lo mantiene latente, esperando la oportunidad para salir y lo hace a torrentes antes que la razón nos haga saber que hemos lastimado al ser querido. Esto, porque el mundo afectivo es más antiguo y por lo tanto más veloz que el racional. Para ser esquemático y riguroso, existen en nosotros tres tipos de cerebros. El neo cortex o cerebro superior donde se almacena la razón, los conocimientos y los valores. Luego, el meso cortex o cerebro intermedio, donde se almacenan precisamente las emociones y sentimientos, y el paleo cortex (cerebro antiguo), también llamado cerebro reptiliano, donde se encuentran los más primarios instintos como la agresividad. Este último por tener millones de años de existencia, es el más veloz y, aunque ahí se guardan los instintos de supervivencia, es como la bestia que debemos aprender a domar nosotros mismos. Le sigue en velocidad el meso cortex. Ello explica la rapidez de nuestras reacciones emocionales, mucho más veloces que el control racional y moral, el más reciente lento y lento de todos. Lo anterior implica que uno de las aspiraciones humanas y de todo sistema educativo, debe ser ejercitar y fortalecer nuestro neo cortex, pero ese es otro tema. Por ahora básteme reflexionar sobre el enamoramiento, un fenómeno que por su fuerza, se convierte en una válvula por la que aprovechan para fugar emociones y sentimientos positivos y negativos. Esto explica que, junto al más tierno y noble amor, también surja el más nocivo egoísmo, así como los miedos e inseguridades, manifestadas en celos y deseos de dominar al ser querido, vulnerando su esencial libertad. Por ello la inteligencia emocional, en resumen consiste en aprender a controlar nuestras emociones, potenciando las positivas (sosiego, alegría, amor desinteresado, etc.) y dominar las negativas (furia, odio, tristezas, etc.) porque hacen daño a los seres queridos y nos degradan a nosotros mismos. He expresado algunas ideas con relativa fluidez, pero definitivamente, como todo en la vida, es mucho más fácil escribirlas que practicarlas.
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