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sábado, 23 de julio de 2011

EL CRISTAL DE LA VIDA

La vida es un vendaval que oscila entre aciertos y errores. Los primeros dependen en gran medida de las circunstancias externas, y los segundos nos atañen exclusivamente a nosotros. Sucede generalmente que invertimos este orden. Los errores los atribuimos a las acciones ajenas, y nos jactamos de "nuestros" aciertos. Esto podría interpretarse como un signo de buena autoestima, sin embargo, al no exigir perfeccionarnos, terminamos en el conformismo (primo hermano de la mediocridad).

Veamos un caso. Hoy me dejé llevar por Dylan Axel que sólo deseaba correr por las rampas y veredas del local de la actuación de su colegio. No le interesaban los trajes, ni los bailes típicos, ni las fotos que su mamá trataba de tomarle. Sólo reía enloquecido de alegría, corriendo con otros niños. Dueño aún de la libertad más espontánea, y por algún designio divino, trataba de disfrutarla inagotablemente. Entonces corrí con con él sin importarme la gente, confundiéndome con los otros niños. Fui casi místicamente feliz. Esto podría calificarlo como un ACIERTO de mi parte esta noche. No obstante, ya habrán notado que el mayor mérito no era completamente mío, sino de mi hijo, de los demás niños y del ambiente que se respiraba en el lugar.

Más tarde, y quiero decir ahora mismo, me sentí desmotivado frente al ordenador. Sin ganas de conversar con nadie, pero si con ganas de clausurar mi cuenta de facebook. Hastiado de una adicción que suele alimentar mis estados de melancolía, pensé destruir páginas y páginas de textos, fotos y vídeos. Esta manía de conceptualizarlo todo me devolvió la calma y evitó que cometa un "facebookcidio". Se trató de un garrafal ERROR que dependía únicamente del gris cristal con que miraba la vida. Puedo atribuirlo a la frivolidad que inunda el 90% de los muros de esta llamada red social, y con ello, abstraerme de mi responsabilidad. Prefiero tomar al toro por las astas (y no me refiero a un amigo poeta), y enfrentar las contradicciones y tinieblas de mi alma.

Definitivamente todo lo expuesto es subjetivo y arbitrario, pero estoy seguro que, al menos una persona me dará la razón. Esa persona conoce de mi egocentrismo y además lo comparte. Esa persona me ama aunque nunca me lo dirá. Un dato más, esa persona es bella y tiene los labios sensuales. Y esa mujer sabe que he escrito todo este texto pensando en ella (en su silencio)...

viernes, 12 de septiembre de 2008

TEMOR A LA SOLEDAD

Algunas veces somos infelices porque no estamos habituados al silencio y a la soledad. Ambos los sentimos como un insoportable martirio, simplemente porque somos esclavos de las imágenes, del bullicio y de las luces. La frase “estoy aburrido” es una forma de decir: “quiero salir, a bailar, o a comer”, “me falta alguien para chatear”, o “no hay nada bueno en la televisión”. En el fondo le tenemos pavor y huimos de nuestro mundo interior. A veces porque nos encontramos con la nada, o lo que es peor, con ancladas culpas, rencores y resentimientos que hieren nuestro corazón.  Por ello debemos sumergirnos en los abismos de nuestro  alma, pero no para quedarnos ahí, sino para sacar a la luz aquello que nos martiriza. Quizá entonces descubramos que no es tan terrible como pensábamos. Y es que, a veces, somos exageradamente inclementes con nosotros mismos. Debemos tener la convicción que es psicológicamente sano aprender a perdonarnos, para luego perdonar a los demás.
La soledad y el silencio serán bellos sólo cuando descubramos el inconmensurable mundo de los sueños creativos y de los sublimes recuerdos. Cuando de los confines del ayer y del mañana brote poesía, plasmada en cualquier obra, habremos aprendido a llenar el vacío. Entonces el presente (la vida) se edificará sobre las enseñanzas del pasado y sobre los ideales del futuro. En ese momento, quizá sin darnos cuenta, descubriremos el enorme manantial de felicidad que nos hemos estado perdiendo.