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lunes, 25 de enero de 2010

MARILYN


Por MANUEL VICENT (Una Pluma inalcansable) Tomado de El Pais de España
Nora Barnacle, la mujer de James Joyce, nació en Galway, una ciudad asomada a los acantilados del oeste de Irlanda. En su casa convertida en un pequeño museo, entre otras tarjetas, folletos y carteles de recuerdo los visitantes pueden comprar una foto de Marilyn Monroe leyendo el Ulises, la más intrincada cumbre de la literatura universal. La foto está hecha en Long Island, Nueva York, en 1954. Marilyn aparece sentada en un tobogán de la playa, en un traje de baño explosivo, con los labios entreabiertos, embebida en la lectura, con la mirada de miope un poco perdida en la página. Tiene el pesado volumen de tapas duras apoyado en las rodillas, abierto por el último capítulo en el que Molly Bloom a altas horas de la madrugada, mientras espera a su marido en la cama, libera toda suerte de pensamientos obscenos en el famoso monólogo interior. Por la expresión de su rostro se nota que Marilyn ni entiende lo que lee ni le importa nada lo que le pasa a esa mujer. En el momento en que se hizo esta foto Marilyn estaba enamorada de Arthur Miller, con el que ya vivía una pasión clandestina. No creo que este dramaturgo la forzara a leer el Ulises de Joyce, una cima tan difícil de escalar, para medir el nivel de su inteligencia. Parece más bien que la propia Marilyn se hubiera impuesto el reto de llegar hasta el final del libro para demostrar que era capaz de realizar semejante hazaña, bien por amor o por hambre desordenada de cultura. El sacrificio de leer el Ulises de Joyce, sin importarle nada, sólo tenía sentido como inmolación ante aquel amante al que creía superior, pero Marilyn sabía de la vida más que Joyce, más que Molly Bloom y más que el propio Miller. Fue una niña abandonada por su madre, una adolescente violada, una chica de calendario para camioneros, que pasó de los brazos del bruto y celoso héroe nacional Joe di Maggio a los de Arthur Miller, un judío intelectual neoyorquino, convertida siempre en pieza de caza mayor, para acabar zarandeada por dos ciervos de catorce puntas de la familia Kennedy hasta la muerte. En esta tarjeta postal Marilyn parece dispuesta a sorber todo el fluido interior de Molly Bloom que arrastra grumos lascivos de su subconsciente abierto a un sexo cenagoso. No obstante, a Marilyn se la ve pura, perdida, transparente, sometida a una prueba inútil: tener que leer el Ulises de Joyce para presentarse ante el amante intelectual con la lección aprendida, cuando ella se la sabía de memoria sin literatura simplemente por haberla vivido.

miércoles, 26 de agosto de 2009

UNA MEMORIA USB PARA EL CEREBRO


Hay una escena formidable al final de la película “Blade Runner” (1982), de Ridley Scott. El androide Roy Batty, antes de morir y luego de salvar la vida a su cazador Rick Deckard, le dice estas conmovedoras palabras: “He visto cosas que ustedes no creerían...He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. El film es complejo, básteme decir que se trata de una metáfora sobre un futuro donde los hombres se van deshumanizando y los androides tratan de humanizarse. De este film quiero resaltar que la muerte, además de las vivencias, se lleva los conocimientos de un hombre, y esto es trágico cuando se trata de alguien lúcido o enciclopédico. Me dirán que se queda en sus escritos. Sin embargo en una época donde nadie lee, serán aprovechados sólo por pocos. Como sabemos, los conocimientos no están desperdigados o en compartimientos estancos, sino se encuentran en un cuerpo coherente, interrelacionado y lógico, en esa maravilla que es el cerebro humano. Entonces sería valioso que la tecnología diseñara un dispositivo (tipo USB) que se implante en el cerebro y copie esa estructura de información, tal como está almacenada. De esta forma, se facilitaría su asimilación mucho más que leyendo cientos de libros. Debo aclarar que me refiero sólo a los conocimientos (no a las demás capacidades mentales), de aquellos hombres que han dedicado su vida a investigar. Así mismo, quien los reciba, debe estar en facultad de entenderlos, analizarlos y enriquecerlos, sino no funciona. Vayamos a un ejemplo real. Quien ha seguido por mucho tiempo a Marco Aurelio Denegrí en la televisión, sin duda ha aprendido mucho. Sin embargo su caudal es tan amplio, que se necesitarían horas, días o semanas de charlas para asimilar sus saberes. Un pie de página. Me pregunto ¿Por qué ninguna universidad le ha dado brillo a su cuerpo docente, integrándolo como catedrático?..
He divagado o especulado, quizá vanamente, sobre lo que aún es ciencia ficción. Sólo me queda explicar algo. Al ritmo que marcha la ingeniería genética y la informática, en algunos años se hará realidad lo que ahora propongo. El punto crítico es trasladar las conexiones sinápticas entre neuronas a una memoria flash (USB). Insisto, en nuestro ejemplo la idea es simular y multiplicar las conversaciones de este brillante intelectual con personas medianamente preparadas. Sino imagine que a Susy Días, o a cualquier otra vedette de moda, le implantaran unos diez megabytes de los conocimientos del doctor Denegrí. ¿Qué haría con éstos? Lo mismo que cualquiera de nosotros ante cientos de papiros con jeroglíficos egipcios. Pues, sencillamente, estaríamos más perdidos que Adán en el día de la madre.