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martes, 2 de agosto de 2011

TU DULCE VOZ

Juan Gonzalo Rose escribió un hermoso vals titulado "Tu Voz". Algunos de los más bellos versos dicen así: "...Tu voz, tu voz, tu voz, tu voz, existe. Tu voz, tu dulce voz, tu voz persiste. Anida en el jardín de lo soñado. Inutil es decir que te olvidado...". Mi padre solía escucharlo con devoción ante mi absorta mirada. Ayer recién comprendí el sentido de la trémula inspiración del poeta. Éste hablaba de una voz de mujer que significaba todo para él, su dicha o su tristeza.

Hace pocos días una voz de niña agrandada, o de niña traviesa, dependiendo de su ánimo, me remitió de golpe a esa bella letra. Y es que el teléfono puede ser el gran invento que anula las distancias, pero para Juan Gonzalo (y para mi), sí no traen la presencia auditiva de una bella mujer, pierden todo su poder y utilidad.

Siempre he tenido debilidad por las voces femeninas y algunas veces me he llevado decepciones tan fuertes que han sembrado la desconfianza en mi. Pero la mujer que entona la más bella canción en mis oídos la contemplé en la pantalla antes de escucharla. Era bella y confieso haber pedido al cielo que su voz fuese dulce, y el milagro me fue concedido.

Lo proclamo y lo reivindico. Hay una voz que es música celestial para mis oídos. Que acelera mi corazón cuando la escucho, y que también me deprime cuando está ausente por mucho tiempo. Esa voz (a veces de niña mala), tiene inherente el poder de destruirme con una sola palabra sí se lo propusiera. No obstante, puede en un segundo, arrullarme tiernamente el corazón con una dulce frase.

Es posible que en un futuro y lúgubre momento, mis oídos queden huérfanos de esa angelical melodía (ya ha estado a punto de suceder). Es posible que, de llegar ese aciago día, pase el resto de mi vida buscando otra voz similar. Es posible que mañana el teléfono enmudezca de pura pena por su ausencia. Entonces me aferraré a las canciones que me la recuerden. Pero no seré tan desdichado al fin y al cabo, pues me ensoñaré en la dulce nostalgia y cada noche cuando duerma escucharé "su dulce voz"...

miércoles, 28 de julio de 2010

SHANINA Y LA LUNA (Parte I)

"Nunca se lastima a quien se ama” eran las palabras que resonaban en la mente de Shanina y que no le permitían alcanzar el sosiego tan necesario en esos momentos. En efecto, tenía que pensar mucho y precisaba hacerlo con la mayor serenidad. Sintió ganas de hacer un repaso de su vida y remontarse a sus primeros años. Cuando nació su abuelo, el bohemio de la familia, le puso “La hija de la Luna” debido a esa dulce sonrisa que según él, “iluminaba hasta las noches más tenebrosas”. Un día (como todo el mundo), el abuelo se fue de este mundo y Shanina fue creciendo hasta convertirse en una inquieta adolescente. Sucedió una noche de verano, mientras descansaba en la terraza cuando reparó que mirar la luna le prodigaba una extraña paz que poco a poco se convertía en ensoñación. Incluso a veces llegaba a sentir una especie de trance que la arrancaba de la realidad y la llevaba a lugares y a momentos donde mirar el mar y caminar por la playa se convertían en sus instantes más dichosos. Fue en esa época en que reparó en el abuelo y en el oculto significado de llamarla “la hija de la luna”. Sin embargo, ella no era precisamente una chica extraña a ojos de sus amigas. Asistía a fiestas, bailaba, reía, cantaba, pero cuando todo terminaba y cada uno se marchaba, ella volvía a sentir la necesidad de mirar a la compañera luminosa que danzaba en el cielo. De no haber sido porque un admirador suyo le regaló una hermosa pintura de una noche de luna, quizá hubiese sentido la ansiedad de salir a buscarla, aún en las noches más nubladas. La contemplación incansable del cuadro compensaba su tribulación por la ausencia de la amada compañera de soledades. Llegó un tiempo en (como todo el mundo) conoció, se enamoró y se casó con el hombre con el que esperaba compartir toda su vida. El también la amaba y la llevó al altar tal como se lo había prometido. Varios meses de felicidad hacían prever que sus sueños se harían realidad. Pero la primavera no duro mucho. Él fue cambiado a trabajar a una sede de la empresa en el extranjero. Entre lágrimas y abrazos se despidieron, jurando comunicarse todos los días y prometiéndose fidelidad mutua. Funcionó durante unos meses, pero como saben los mayores (y el abuelo también lo sabía), la realidad no es tan perfecta como la fantasía y sucedió lo más temido Carlos, así se llamaba el esposo, comenzó a sentirse “sólo” en la distante ciudad donde fue destacado y cedió a los encantos de una chica pueblerina, quien mitigaba su “soledad”. El peligroso juego pronto tuvo sus consecuencias. No relataré las motivaciones ni las circunstancias de los hechos, pero lo real es que fruto de aquel amor vino al mundo, una pequeña criatura que inspiraba en Carlos sentimientos encontrados. Por un lado la ilusión de ver una nueva vida, sangre de su sangre, y por otro lado el remordimiento por no haber honrado su promesa de fidelidad. Mientras tanto Shanina soñaba con él y lo llamaba cada día, anhelando que también fuera parte del cuadro de la inmensa luna, pero pronto su intuición de mujer le hizo notar algo sospechoso en la voz de Carlos y la verdad se abrió paso. El shock emocional la dejó devastada. No podía asimilarlo, ni siquiera quería pensar en ello. Intentó mil formas de convencerse de que un desliz lo comete cualquiera y que lo importante era el amor. En esos avances y retrocesos divagaba cuando encontró en internet algo que llegó a sintonizar con su romántico temperamento, y poco a poco la luna comenzó a asomarse tímidamente….

jueves, 20 de mayo de 2010

DESAMOR + AUSENCIA + DOLOR

Estas noches desoladas trituro la rabia de no sentirme amado. Me asusto de odiar a kienes pueden besar a un ángel (sin merecerlo). Pues descubro akella kurxi farsa de que el amor engendra más amor. Cuando nos aman el egoísmo nos deforma, y cuando amamos, nos manipulan hasta la humillación, y ambas cosas hieren Es cierto, tuve mi breve cielo de estrellas, pero su fugacidad y la triste nostalgia de sus días agiganta este nudo en mi garganta ke me impide gritar. Duele decirlo, pero no hay peor desdicha ke mirar como los otros son felices mientras uno se desangra. De ke sirve escribir estas patéticas líneas, si al final me kedo tan solo, ausente de la anhelada caricia de la diosa que inmisericordemente me deja. Sí la disyuntiva es vivir o escribir, ya me cansé de sólo soñar con esos labios redentores y sentarme cada noche a derramar mi alma ulcerada sobre una inerte pantalla. Hoy tengo la certeza ke la vida es una cuerda, donde de un lado jala el vacío, y del otro el desgarro. Se rekiere un inhumano ekilibrio para saborear un poco de felicidad. Mañana llevaré flores a la tumba de mi padre, para recuperar la paz ke hoy se llevó mi amada, junto con los besos, casi siempre negados y casi nunca ofrendados...