martes, 28 de junio de 2011

EL AMOROSO SILLÓN

Hay objetos materiales que significan tanto en nuestra vida que merecen más que escribirles unas líneas.

Era marrón y enorme el sillón de su casa, ubicada en el centro y cerca de mi paradero). Ahí estudiábamos hasta que su abuela se iba a dormir. Entonces se convertía en el perfecto lecho de amor donde la pasión invadía el lugar hasta que, después de férrea resistencia, era expulsada por la culpa. Es entonces que tenía que calmarla con enorme comprensión y ternura para que se vaya a dormir tranquila. Ella conocía mis debilidades (como yo las suyas). Cuando quería motivarme se ponía un polito y un short rojo que eran como una segunda piel que cubrían y resaltaban la suya, blanca y divina. Se sentaba en mis piernas y luego los besos y caricias se sucedían en apasionados episodios que la adrenalina de que alguien nos descubra le daban el encanto de lo prohibido. Cada vez avanzábamos más, lo cual significaba una culpa mayor de su parte y un trabajo mayor para sosegarla. Era hermosa (aunque muy engreída). Su cuerpo era esbelto y su fino cuello tenía la suavidad y el aroma que deben poseer los ángeles. Decenas de veces mis labios se solazaban en él, mientras le susurraba cosas bellas al oído. Ella gemía suavemente (no vaya a escuchar la abuela) y apretaba mis hombros con desesperación. Luego me apoderaba soberanamente de sus labios. Inventábamos mil formas de jugueteos desesperados, pues lo que ansiábamos es no tener que separarnos jamás. A veces debía curarme las deliciosas heridas que dejaban sus dientecitos en mi boca. Pero todo valía la pena.

No es necesario ser explicito. Sólo diré que aún conservo la celestial sensación de haber recorrido cada centímetro de la tersura de su piel. También se mantiene vivo el fuego que despertaba su boca en mi cuerpo.

Ese generoso sillón nos enseñó a conocernos, a explorar nuevos territorios, y sobre todo a amarnos con sin límites, por ello tiene mi eterno tributo.

Todo cambió cuando se fue a vivir más lejos. Ya no podíamos quedarnos solos , y sobre todo ya no estaba el acogedor sillón de nuestras noches de amor. Otras motivos también nos fueron alejando. Inexorablemente, terminamos tres meses después...

viernes, 24 de junio de 2011

EL ATRACTIVO DE LOS GRANDES DERRIERES

Es típica la imagen de un hombre regresando a mirar a una mujer de llamativo derriere. Ella lo sabe y suele lucir con orgullo este centro de interés recibido de natura. La pregunta es: ¿Por qué a los hombres les atrae poderosamente la parte trasera de una mujer? Veamos. En los albores de la humanidad el homo sapiens descubrió que las mujeres de caderas más anchas tenían mejores condiciones para procrear a los hijos. En esas épocas el hombre era presa fácil de las fieras, mucho más fuertes y ágiles que él. Entonces la naturaleza escribió en sus genes (como en todas las criaturas) la imperiosa necesidad de la supervivencia de la especie más allá del individuo. Consecuentemente, nuestros ancestros buscaban mujeres de nalgas generosas para copular y tener descendencia. Similar deseo despertaban los bustos prominentes, pues alimentarían abundantemente a los retoños, y crecerían fuertes y sanos. Así hasta llegar a nuestros días.
La cultura, y especialmente la religión judeocristiana, devaluaron los atributos del cuerpo, para exaltar los espirituales. Sin embargo, los mandatos genéticos ancestrales se mantuvieron y comenzaron a expresarse abiertamente durante el renacimiento, y más notoriamente durante la liberación sexual. La industria publicitaria descubrió (y degeneró) el inmenso potencial de unos exuberantes glúteos y bustos, convirtiéndolos en objetos sexuales, incluso desvinculados del concepto de mujer. De ahí a los pantalones y vestidos ajustados, la minifalda, hasta llegar a la ropa íntima pequeña que se luce debajo de una tela semi transparente y que opera como imán para los ojos de los hombres. Un pantalón blanco ajustado en el cual se nota claramente el pequeño triángulo que marca la diminuta tanga o el hilo dental es un perturbador atributo que puede poner un hombre a los pies de su dueña. El asunto de fondo que nos congrega es explicar las raíces que subyacen en el incontrolable impulso a mirar unas posaderas imponentes. No se trata únicamente del deseo de poseer a la mujer que las luce. Si fuese así, lo más lógico es que fijáramos nuestra mirada en la parte delantera, antes que en la de atrás. Insisto, estamos ante un llamado ineludible de la naturaleza para preservar la especie. Nuestros antepasados cazadores, miraban y luego tomaban a la mujer de amplias caderas que se presentaba a sus ojos porque tenía los atributos para convertirse en una saludable madre. Hoy, sólo las miramos, a veces embobados, recordando (quizá con nostalgia) al antepasado que bajó de los árboles y se hizo inteligente.
Una anotación final. La cultura light ha impuesto los cuerpos femeninos delgados y esbeltos, cambiando ligeramente nuestros gustos. Hoy no es indispensable que un derriere (o unos bustos) sean exuberantes e imponentes, basta que sean firmes, erguidos y redonditos para atormentarnos la calma y dejarnos con la codicia del bien ajeno y prohibido...

jueves, 23 de junio de 2011

MUJERES BELLAS Y HOMBRES RUDOS

Hace poco leí que un estudio científico había revelado que la mayor parte de las mujeres bellas se sienten atraídas por hombres de aspecto rudo y agresivo (recalco lo de aspecto). La hipótesis planteada para explicar dicha predilección era de origen genético. La mujer de las cavernas descubrió que uniéndose a hombres fuertes, agresivos, temerarios, se sentía más segura (ella y sus hijos).

Esta milenaria herencia ha sobrevivido a lo largo del tiempo, manteniéndose en el plano inconsciente (por no decir instintivo). Esto explica, en mi opinión, que en ambientes particularmente violentos y peligrosos, los matones y jefes de pandillas más avezados tengan consigo a las mujeres más hermosas.

En otros ambientes, no precisamente pandillezcos, la competencia entre los "machos" se da por el éxito, principalmente económico, social, y político. En otras palabras las mujeres de estos "niveles" se sienten atraídas hacia el poder y hacia la popularidad (en el plano inconsciente), pues asumen que ahí encontrarán protección y seguridad.

Consecuentemente, las reinas de belleza, las modelos, las actrices, las bailarinas, en general las mujeres bellas, se casan con gerentes, altos funcionarios y artistas famosos. Claro que de vez en cuando alguna historia romántica rompe el esquema, pero precisamente, la excepción confirma la regla. Y es que es imposible negar que casi todos los hombres somos capaces de las más grandes locuras por una beldad.

Los feos y los débiles hemos inventado otras formas de llamar su atención, de conmoverlas para poder conquistarlas. La palabra es una de ellas (mi cómplice laptop me guiña el ojo). En verdad nos costó siglos cultivar su sensibilidad. Es después de la edad media en que se impuso el romanticismo y las mujeres (bellas y no tan bellas) se hicieron vulnerables a la poesía y a otras expresiones de amor. Sin embargo, lo cultural no puede competir con lo genético. Inevitablemente, la belleza va a seguir acatando el mandato de sus ancestros, sencillamente para procrear hijos sanos y fuertes y así preservar la especie.

Por ello, hay que detenerse un momento la próxima vez antes acusar a las mujeres lindas de interesadas o convenidas. Lo cierto es que lo que gobierna sus sentimientos está firmemente tatuado en los laberintos más sólidos de su psiquis. Entonces, la máxima aspiración será encontrar hombres que aseguren la perpetuidad de la raza humana. De no haber sido así ya habríamos desaparecido, víctimas de las fieras.

De ahora en adelante trataré de mentalizarme para no obsesionarme por las mujeres bellas. Después de todo, ¿quién podría vencer a la dictadura de los genes? (quizá algunos perdidamente románticos)…

martes, 21 de junio de 2011

ETERNAMENTE CHELITA

El cáncer es un cuervo de alas siniestras que no hace distinción para elegir a su víctima. Arremete ferozmente llevándose la alegría, los sueños, los anhelos de almas en pleno apogeo. Algunas veces se encuentra con seres bizarros, valientes, luchadores, plenos de vida. Le hacen resistencia, pero el cuervo espera los flancos vulnerables para dar su estacada mortal. Sólo sí lo alcanzamos a ver a lo lejos, podemos disparar la flecha de la prevención para derribarlo en pleno vuelo.

Toda esta introducción para escribir sobre ti Chelita (dicen que tu nombre fue Analí), cuyas imágenes marcaron la adolescencia de quienes nos enamoramos de ti a través de la televisión. Eran los formidables ochenta. Con su música y sus programas por televisión de señal abierta, matándonos de risa los sábados en la noche, enamorados (lo reitero) de ti Chelita, sin siliconas, ni poses de grandeza. Y así fue como nos morimos de envidia cuando supimos que el flaco feo de Felpudini había conquistado tu corazón. Eso demostraba que no mirabas rostros ni bolsillos. Siempre serías la esbelta bailarina que atormentaba al jefecito. Cómo no quererte si eras tan auténtica, lozana y deportista. ¿En qué momento de tu saludable existencia le diste ventaja al cuervo? ¿En qué momento te descuidaste, secreto y platónico amor de tantos ochenteros?

Se agotan las palabras Chelita, una oración de cariño y de admiración, ahora que has partido a la eternidad. Gracias por dejarte amar sin protestar... Algún día coincidiremos en el destino final...

lunes, 6 de junio de 2011

¡VUELVE. MIL VECES VUELVE!


Volveré los ojos cuando tus labios no pronuncien mi nombre.
Te llamaré en silencio, entonces, 
las lágrimas ignotas, se desbordarán en mi alma peregrina, 
y te amaré setenta veces siete.
Recorreré nuevamente las calles cómplices en recuerdos. 
Las hojas llevadas por el viento,
tomarán la forma de mis quimeras,
pero ya no reverberan.
Mujer de mis sacras tempestades.
Me amaste sólo cinco veces en la lozanía de un lecho cubierto de ternura.
Pude dibujar con mis labios cada pliegue de tu piel
y eso bastó para embriagarme el alma eternamente. 
Sí, como dicen, el amor nunca muere, 
por qué en mi corazón hay un vacío que tiene tu sonrisa.
Declaro una y mil veces. ¡REGRESA AL PARAÍSO DE MIS ANSIAS!
¿Cómo celebrar el conjuro de la posesión de tu destino?
El tiempo es inexorable y sin el poder del hechicero,
ya es imposible escribir las palabras que vuelen hacia ti,
a humedecer tu piel de diosa por mi creada....
Es terrible despedirme de tus besos para siempre. 
Es lacerante pensar que soy parte del olvido.
Es patético escribir sin conmover uno sólo de los pétalos de tu alma...



domingo, 1 de mayo de 2011

MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI

Por: Billy Crisanto Seminario

Son las cuatro de la madrugada y, al despertar, mi primer pensamiento es para ti. Mujer que me regala sus palabras portadoras de una mal disimulada ternura. Quizá sea sólo mi fantasía, pero es lindo imaginar que alguien te mira con algo

más que la cotidianeidad de compartir uno momento. Es lindo ensoñarse con una mirada, entre dulce sensual, que te dice que quisiera contarte tantas cosas, pero también quisiera escuchar tus anhelos, aquellos que se niegan a morir.

Definitivamente, la mujer es sideralmente mejor que el hombre. Tal vez (como decía el venerable viejo de la pipa), porque buscamos el seno materno - donde te sentías tan seguro - en cada mujer que conoces y quedas prendado de su sonrisa.

Es por ello que a esta hora (donde veo las cosas con mayor claridad), mi primer pensamiento, y mi primera fantasía de hoy domingo, es para ti. Mujer que me haces descubrir la plenitud del mundo con sólo pronunciar mi nombre.

Anoche estuve re enseñándole a Dylan Axel a que diga “Papá Billy” porque quería sentirme llamado en labios de alguien que adoro. A duras penas lo conseguí y minutos después me dormí plácidamente.

Por qué, como hace veinte años, sigo buscando más amor del que ya tengo. Por qué el encantamiento femenino hace presa fácil de mi, y sobre todo, por qué MI PRIMER PENSAMIENTO ES PARA TI….

viernes, 29 de abril de 2011

EL DOLOROSO SILENCIO

Por: Billy Crisanto Seminario

Detesto cuando Dylan Axel se pone mal. Las mañanas son grises y las noches desamparadas. No es la ausencia del bullicio, sino el enorme vacío que deja el mutismo de su sonrisa. El silencio de no escucharlo correr por la casa atenaza mis pensamientos, y todo atisbo de alegría desaparece de mis ojos.

Descubro entonces que hay dos tipos de silencio. Aquel que, acompañado del sosiego, procura sensaciones que fecundan palabras bellas (casi siempre dedicadas a mujeres bellas). Pero hay otro tipo de silencio que no es físico. Es la desolación que crece a la sombra del letargo de Dylan Axel. El ruido de la calle y hasta la música incomodan, y su ausencia, en vez de abrir espacio para reconciliarme conmigo mismo, sólo me sabe a tristeza penitente en mi alma.

En esos momentos los temores me desbordan como lobos agazapados para atacarme en el flanco más vulnerable de mi alma. Rápidamente pierdo el control y la desesperación hace presa de mí en un vendaval de prisas sin un norte promisorio. No obstante, lo más lastimero es su llanto. Más lacerante que el grito de un ave herida. Desgarra inmisericordemente mi alma, y sólo una honda plegaria me permite ver una lucesita que no quiero que se extinga nunca…

jueves, 21 de abril de 2011

SEMANA SANTA Y EL MILAGRO DE LA VIDA

Por: Billy Crisanto Seminario
Quizá las sensaciones más elementales y humanas en esta Semana Santa, sean liberar el alma de culpas, y sentirse acompañado (que es una forma de decir “no sentirse solo). La fe ayuda mucho, pero si no se prepara el corazón. Si no se reconcilia con Dios y con uno mismo, la experiencia será efímera y no fructificará en nuestra actitud ante la vida y en nuestras relaciones con los demás.
Admiro, en incluso envidio la idiosincrasia del pueblo que vive intensamente las procesiones y demás cultos de esta época. Sin embargo, al haber perdido esa sencillez ante la vida debo buscar otros caminos para sentir la fecunda y sanadora presencia de Dios en mi vida. Supongo que debe ser el caso de muchos cristianos cuyos sinsentidos los lleva a transitar otras vías.
Sería lindo dedicar la vida, o parte de ella, a visitar hospitales, asilos, orfelinatos, prisiones, etc., llevando consuelo a esos hermanos que tanto necesitan del afecto divino. Pero carezco del valor y de la grandeza para hacerlo. Me reconforto pensando que mi prójimo (próximo) habita en mi hogar en la forma de mi familia.
De tanto haber evaluado el total de mis propios actos y haber concluido que son muchos más los desaciertos que los aciertos, he llegado a coincidir con San Pablo. Él afirma que casi siempre “hacemos el mal que no queremos hacer y no hacemos el bien que deseamos realizar”.
A la luz de todas estas reflexiones existenciales que a veces me sumen en el insomnio he llegado a formularme una pregunta. Sí mi conducta no es precisamente ejemplar, por qué me suceden cosas bellas en la vida. Por qué si no merezco bendiciones tan maravillosas, Dios insiste conmigo al punto de dejarme perplejo.
Mi hijo Dylan Axel es, a propósito, lo más grandioso e inmerecido que me ha ofrendado la vida. Y es que los hijos no sólo son la prolongación de la especie, sino sobre todo, los grandes maestros de nuestra sensibilidad. Llegan para recordarnos lo necios que somos dando importancia a cosas que no la tienen. Llegan porque, definitivamente, a Dios no le gusta ver solos y tristes a los hombres.
Por ello en esta Semana Santa, una oración por todos los que sufren y mi ausente sentido de compasión ante el dolor ajeno, me impide ir a visitarlos. Pero también un profundo sentido de gratitud por todo lo bello que ofrece el mundo cada mañana. Que así como fue doloroso el sacrificio de Jesús, su resurrección es el triunfo de la vida sobre la muerte. Esa vida llena de amor que todos los días, y especialmente en estas fechas, está tocando las puertas de nuestro corazón para transformarnos.

domingo, 17 de abril de 2011

DYLAN AXEL Y LOS DOMINGOS GRISES

No sé en qué momento, como decía García Márquez, Dylan Axel tomo mi dedo con su manita y me atrapó para siempre. Hoy, como cada domingo, se fue donde su abuelita y, al despedirlo, sentí una combinación de ternura y tristeza difícil de explicar. Antes, lo bañé y le puse su ropa más linda mientras reía como sólo pueden reír los ángeles. Lo fui a embarcar (¿Por qué se dice embarcar si no se viaja en barco?) y mi alegría terminó cuando me dio un besito de despedida. Lo miré perderse en la distancia agitando su mano y se marchó sin perder esa sonrisa que alumbra más que el sol piurano.
Soy consciente de que poco a poco crecerá, y quién sabe la sana rebeldía, lo aleje de mí dentro de unos años. Sin embargo, en el fondo de mi (egoístamente), no quisiera que se haga adulto. Disfruto (disfrutamos) tanto los momentos que pasamos juntos que siento en mi alma como estrellitas que juegan en el cielo azul en una noche fresca.
Por ello hoy que pasarán muchas horas sin verlo será un domingo tedioso y apagado. Sin sus pasos corriendo por la casa. Sin sus exigentes y determinantes gritos, el silencio comenzará a doler en el alma y la música (eterna compañera) tendrá que doblar sus esfuerzos para calmarme.
Hoy comprendo algo que es difícil de aceptar pero es cierto como el acero. Los afectos nos vuelven tremendamente vulnerables e inseguros. Me da miedo pensar que le pueda pasar algo, o que me muera sin verlo crecer. Los hijos no sólo son la prolongación de la especie. Son también los grandes maestros de nuestra sensibilidad y de nuestra humanidad. Llegan para recordarnos lo necios que somos dando importancia a cosas que no lo tienen. Llegan porque, si Dios existe, definitivamente no le gusta ver solos y tristes a los hombres.
DYLAN AXEL llegaste cuando el desamor casi hace presa de mi y de nuevo cada amanecer cuando te veo despertar la mañana se viste de luz y de color. Por ello, hoy te esperaré y elevaré una plegaria al Dios de los Niños para que te cuide y te traiga de regreso esta noche…

lunes, 28 de febrero de 2011

ANA Y LAS BRONCAS EN SU HONOR

Solíamos jugar a la pelea frente a la casa de Ana, sólo para que nos mirara y discerniera (con desgano), quien era el más valiente. Ella debía tener 13 años y tenía la voz ronquita. El cabello le llegaba a los hombros y siempre andaba un vestidito floreado que se ceñía a sus púberes pechos, pero amplio de la cintura hacia abajo.

Había llegado de otro sitio a vivir con su tía “Sole” sólo para causar el más grande revuelo de esa época. Nunca tuve el valor de abordarla para conversar, pero el día que la escuché pronunciar mi nombre no dormí de alegría. Todos alardeábamos que la habíamos besado. Inventábamos historias, incluso con testigos comprados que aseguraban que lo contado sobre ella era verdad.

Hasta que aquella vez que nos descubrimos cuando nadie se puso de acuerdo sobre un detalle esencial en la historia de Ana. Todos asumíamos tácitamente que besaba con los ojos cerrados, pero alguien más viejo (y más “mosca”) dijo que los abría. Ese fue el inicio de la discusión y de la rivalidad del grupo. Los que seguíamos asegurando que cerraba los ojos, y los que insistían que le gustaba abrirlos.

Poco a poco Ana dejó de ser el centro de atracción. Ya más grandes, nosotros comenzamos a entrar a los bailes y conocimos a otras chicas y nos enamoramos. La última imagen que tengo de ella no es directa sino relatada. Uno de los muchachos contó una vez que se ganó cuando el finadito Pedro (murió en un accidente) la recostaba contra una carrocería, (no diré los detalles), pero no importa, porque ya habíamos dejado de imaginar escenas con ella…

miércoles, 9 de febrero de 2011

LUCILE Y EL SEÑOR DEL FACEBOOK


La melancolía es un estado gobernado por el hemisferio derecho, se repetía una y otra vez Kristel. Si escribiera con la izquierda – pensaba - podría ejercitarlo hasta disipar toda la carga negativa y de esta forma centrarme en la paz. De tanto practicar había logrado dibujar unos trazos que adquirían la forma de grafías. Sin embargo, la ansiada armonía se negaba a instalarse. En esos trances avanzaba cuando conoció a Víctor Hugo, "el señor del facebook",  quien tenía respuesta casi para todas las interrogantes. No es que fuera un sabio, en realidad dominaba casi a la perfección el arte de la empatía (ponerse en el lugar del otro), sumado a un dominio del lenguaje que le otorgaba un enorme caudal para despertar confianza en sus interlocutores. Los libros le habían mostrado lo decisivo que puede ser el conocimiento cuando de entender a las personas se trata. Entonces Kristel  no fue la excepción. Dos días después de conocerse virtualmente ya conversaban tan familiarmente que daba la impresión de que en alguna dimensión desconocida habían compartido muchos momentos, y ahora sólo los recordaban.
Pero lo importante era que el estado de ánimo de Kristel mejoraba. Tenía claras algunas cosas que antes le suscitaban culpas e incertidumbres. Su dificultad era emocional. Como casi siempre sucede, podía comprender con nitidez los problemas de sus amigos, pero cuando algo le rozaba el corazón, su entendimiento se bloqueaba y podía sufrir varios días sumida en la tristeza. Tanto la habían lastimado los desencuentros (arteros o inocentes) que juraba no  volver a enamorarse. 
No obstante, en su ser comenzaban a florecer afectos bellos y sosegados como la amistad que sentía por Víctor Hugo. Este extraño personaje que podía entender su alma y esperar. ¿Esperar qué? Él no tenía seguridad de nada. Ella no quería vislumbrar ningún desenlace. Sólo el destino (o Dios) trabajaba silenciosamente para que se dirijan hacia un inexorablemente encuentro. Después de todo el face no era tan negativo como muchos comentaban...

domingo, 30 de enero de 2011

EXCRETANDO LA ENVIDIA

De todas las miserias humanas, es la envidia una de las más corrosivas y degradantes del alma. Es difícil identificarla y desterrarla porque sabe enmascararse muy bien en supuestas virtudes como la competitividad, el afán de éxito, el inconformismo, la rebeldía, la irreverencia, etc., etc. Quién me asegura que quizá combatimos a Juan Luis Cipriani porque envidiamos su poder de influencia en la gente, o su opulencia. Sin embargo, no sólo envidiamos aquello que no tenemos. Llegamos a esforzarnos en no dejar que otro posea lo que ya poseemos nosotros. Por ejemplo, envidiamos el carro que compró el vecino similar al nuestro, porque queremos ser los únicos que lo tenemos. Oscar Wilde decía que cualquiera es capaz de compadecer los sufrimientos de un amigo, pero que hace falta un alma verdaderamente noble para alegrarse con los éxitos de un amigo. No obstante es ran vana que una vez que conseguimos lo anhelado, simplemente lo desechamos, cuando dejamos de sentir la superioridad de quien lo poseía primero. La envidia no construye. Por el contrario aniquila todo, incluyendo a nosotros mismos. Nos puede proporcionar el goce efímero de llegar a la cima, pero inmediatamente sentimos que no valía la pena aquello por lo que luchábamos. Podemos (y solemos) envidiar la esposa joven y bella del amigo y, si acaso consiguiéramos que se vaya con nosotros, comenzaríamos a “culparla de nuestra culpa” haciéndole la vida insoportable. Cuantas desgracias se han engendrado en las sombras de la envidia, y cuanta amargura y desamor gratuito hemos logrado como “recompensa” al dejarla anidar en nosotros. Por ello, ahora mismo trato de que esa envidia que me echó a perder tantas cosas bellas, salga de mí en forma de palabras, y de esta forma sentirme mejor…

miércoles, 19 de enero de 2011

A PROPÓSITO DE CAJERAS BELLAS

Hoy se fue el sistema justo cuando estaba en la ventanilla de un banco. Quizá si hubiese formado cola para cobrar me habría dado cólera, pero como iba a pagar me dio igual. Saqué el libro que suelo llevar para no aburrirme y comencé a leer. Simultáneamente miraba a las cajeras. Todas ellas eran jóvenes, bellas y amables. No podía ser de otra forma, pues constituyen el rostro visible del banco. Ninguna llegaba a los 30 años. Es previsible que cuando lleguen a perder la lozanía juvenil sean promovidas a jefes de sección o a ejecutivas, siempre y cuando se capaciten. El hecho es que ya no serán exhibidas en vitrina como atractivo. Algunas se casarán con un jefe y asegurarán, al menos económicamente, su futuro. Las menos afortunadas simplemente serán despedidas cuando cumplan su ciclo.

Me pregunto qué sucederá con las chicas no agraciadas físicamente, pero inteligentes y competentes. La mayoría trabaja en las oficinas del segundo piso. Es evidente que al banco le interesa sobre todas las cosas que le produzcan dinero. Consecuentemente las “nerds” y dinámicas, trabajarán en su oficina en la elaboración de proyectos o dirigiendo a sus agentes bancarios. El punto es que tenga poco contacto directo con los clientes.

Pero esto no sucede sólo en los bancos, sino casi en todos los oficios. Por ejemplo, los más competentes egresados de Ciencias de la Comunicación optaron por trabajar en prensa y ganan poco. En cambio las más agraciadas compañeras chaparon un puesto de relacionista pública y ganan el triple de los qu ejercen el periodismo. Es decir, la belleza es un capital muy rentable en estos tiempos de consumismo y del imperio del marketing. La pregunta es ¿Y a los varones que no somos, ni agraciados ni jóvenes, y no nos dejamos explotar por algún medio informativo? Pues, es casi seguro que sólo nos queda escribir (como yo ahora), y si te vendes al sistema, dictar clases en algún centro superior. ¡Vaya, si en el fondo el estudio es lo decisivo!!!

miércoles, 5 de enero de 2011

SOBRE ANA KARENINA Y MADAME BOBARY

Hay dos cosas que mantienen unidas una pareja cuando ya la ternura y el deseo se han marchado. Se trata de la dependencia mutua, y el temor a quedarse solo. La primera puede ser de cualquier índole, pero principalmente es familiar (léase hijos de por medio) y económica. La segunda por su parte, se alimenta de los prejuicios sociales resumidos en frases como “l@ dejaron”.

Ambas son fuertes, a tal punto de llegar a compensar una vida tejida sólo de convencionalismos y rituales. Preferimos la “seguridad” y el confort de una casa y el “estatus” de un apellido, antes que las emociones intensas que se ocultan tras las máscaras que se colocan cada mañana. Un termómetro infalible de que una pareja se ha resignado al formalismo externo es la frecuencia con que la pareja hace el amor (que no es lo mismo que tener sexo). Se puede llegar al límite en que sólo ocurren cuando ambos están algo ebrios, y por lo tanto se desatan los impulsos domados por la obsesión hacía el trabajo y/o hacía el dinero.

Es por ello que heroínas como Ana Karenina y Madame Bovary, antes que suscitar nuestro repudio por su infidelidad, se nos muestran como mártires del amor, aunque Tolstoi y Flaubert las hayan hecho pagar con la vida su valentía. Y es que ellas se atreven a realizar aquello que nosotros ansiamos hacer en nuestros arranques de romanticismo.

Consecuentemente los amores de toda la vida no son otra cosa que vínculos entre dos almas que han llegado a enajenarse o auto engañarse que son felices. Las reuniones con las amigas o las compras lujosas actúan como catalizadores de la sed de sentirnos amados o deseados.

Sin embargo, nada es seguro. Dependiendo del grado de temor a lo desconocido, puede uno de los dos conocer a otro ser tan encantador o apasionado que les dará fuerza para otorgarse la última oportunidad de vivir fuertes emociones. El precio para la mujer es mucho más doloroso que para el hombre. La estigmatización e incluso el destierro serán moneda común a partir de su infidelidad.

Lo peor sucede cuando se equivoca y el “caballero” destinado a rescatar a la princesa de su encierro, no es más que un aprovechador cuyo único objetivo era algo de sexo prohibido. En este caso, y volviendo a Tolstoi y a Flaubert, sólo la dignidad de la muerte puede limpiar la honra.

martes, 4 de enero de 2011

NAVIDAD, EL PRINCIPITO Y DYLAN AXEL


Antoine de Saint-Exupéry, autor de “El Principito”, uno de los más bellos cuentos de todos los tiempos (traducido a ciento ochenta lenguas y dialectos), pedía disculpas por dedicar su libro a un adulto (su amigo León Werth), quien por esa época (II Guerra Mundial) pasaba hambre y frío en Francia, y tenía por consiguiente, una gran necesidad de ser consolado.
Consciente de que nunca escribiré palabras de tanto contenido y de tanta belleza como: “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”, pediré disculpas (si fuera necesario) por escribir sobre mi pequeño hijo Dylan Axel en esta navidad. En el momento que pugno con el lenguaje, él mira sus láminas de animalitos, y como todo niño que está aprendiendo a hablar, le dice “el gua gua” al perro, y “muuuu” a la vaca.
Esta sola experiencia, las primeras palabras que dice un niño, como casi todas sus inocentes travesuras, están cargadas de un encanto que la “adultez” nos impide disfrutar (el alma a veces se envejece antes que el cuerpo), pero, parafraseando a Saint-Exupéry, estoy seguro de que los niños lo comprenderán a plenitud.
Desde hace unos diez años vengo escribiendo relatos, en estas páginas, cada 24 de diciembre. En casi todos contaba sobre niños pobres (la mayoría mis alumnos), cuya navidad no era precisamente una fiesta de juguetes y lucecitas. Con mucha suerte, una taza de tibio chocolate le ponía un poco de calor a su noche buena. Algunos trabajaban a la misma hora en que nació el Salvador. Para otros que vivían en el campo, era como una noche más, pues temprano se iban a dormir.
Entonces escribía cosas un poco tristes, pero hace dos años Dios y la vida me bendijeron con un hermoso hijo (todos los hijos lo son). Dylan Axel me ha prodigado la más grande felicidad del mundo y, de nuevo pidiendo disculpas a todos esos niños que hoy no tendrán regalos ni árbol, trataré de compartir. Corrijo, Dylan Axel y yo trataremos de compartir algo del verdadero sentido de esta celebración.
Aunque por aquello de que los hijos deben disfrutar de lo que nunca tuvimos los padres, le hemos comprado algunos juguetes (a Dylan Axel). Al comienzo le entusiasman, pero luego regresa a su viejo carro en el que aprendió a caminar y corre sin agotarse. La lección que me está dando, con su sabiduría de niño, es que no necesita grandezas para ser feliz.