sábado, 28 de noviembre de 2009

LA PRINCESA Y EL TEST DE INTELIGENCIA


Le llamaba "la Princesa de las trenzas de seda ", y una combinación de ternura y de nostalgia me envuelve al recordarla.  Ambos éramos solteros, pero ya estábamos emparejados...
De nuevo caminamos juntos y felices. Quizá huyendo de nuestras realidades afectivas cubiertas de monotonía o formalismos. Todo comenzó con los letreros de su nombre junto a la palabra “Te amo”, que, junto a mi fiel amiga Lucy pegaba en el vidrio del aula donde ella estudiaba. Rápidamente desaparecíamos como dos chiquillos traviesos ante la risa celestina de sus compañeras y la mirada seria de sus profesores. El momento decisivo fue cuando aprobó el test que por aquel entonces aplicaba a cuanta chica me gustaba. Era simple. Les decía algo como “Sería lindo si tú y yo nos casáramos, pues tendríamos una hija que heredaría tu belleza y mi inteligencia”. Ella no asintió, dio una respuesta ágil y contundente: “ósea que insinúas que soy una brutita”. Le explique que, precisamente, se trataba de una prueba para conocer cuan inteligente era. Desde ese momento nuestras conversaciones si hicieron largas y amenas. Nos confesamos las facetas más singulares y divertidas de nuestras vidas y siempre lo relacionábamos con una obra o un escritor célebre. Sintonizábamos a la perfección. Tocar los cabellos de mi princesa y abrazarla (sin besarnos) era la cima de nuestra inédita felicidad. Una noche fuimos a una discoteca con su hermana y un pretendiente de ésta. Bailamos y estuvimos de la mano toda la noche como si fuésemos pareja - claro está si los enamorados tienen que besarse para serlo-. Pero, volviendo nuestras pláticas nocturnas, eran lo más lindo. Su risa o sus lágrimas hacían que la ame más y más y pronto lo tuve claro. Era la mujer que había nacido para ser mi esposa. Se lo pedí – por ese entonces yo ya tenía trabajo seguro-, le imploré casarnos, pero ella se negó. ¡Antes de que termine su carrera, nada! Hasta que llegó el momento aciago. Después de un escándalo que no vale la pena revelar, la princesa quedó lastimada y no quiso verme nunca más...
Hace poco la encontré después de cinco años. Ella tenía una hermosa niña y Dylan Axel y Angelina  ya alegraban mis grises días. Conversamos largamente. Recordamos los buenos tiempos y ambos nos arrepentimos no habernos casado cuando se lo propuse. Ella seguía tan hermosa, pero los años habían hecho estragos en mí. Sin embargo algo de nuestro amor volvió a florecer. Juntos nos prometimos que, de terminar nuestras endebles relaciones, reanudaríamos nuestro trunco amor. Lo anhelábamos intensamente. No me dio su celular cuando se lo pedí. Me dijo que ella me llamaría cuando no soportara extrañarme más. Algunas veces recibo llamadas anónimas. Se quedan un rato sin hablarme. Para darme fuerzas, pienso que es mi princesa y más tarde escribo cosas como ésta...

jueves, 26 de noviembre de 2009

DELIA ELENA SAN MARCO (Jorge Luis Borges)


Nos despedimos en una de las esquinas del Once. Desde la otra vereda volví a mirar; usted se había dado vuelta y me dijo adiós con la mano. Un río de vehículos y de gente corría entre nosotros; eran las cinco de una tarde cualquiera; cómo iba yoa saber que aquel río era el triste Aqueronte, el insuperable. Ya no nos vimos y un año después usted había muerto. Y ahora yo busco esa memoria y la miro y piensoque era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la infinita separación. Anoche no salí después de comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne. Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente. Porque si no mueren las almas, está muy bien queen sus despedidas no haya énfasis. Decirse adiós es negar la separación, es decir: Hoyjugamos a separarnos pero nos veremos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque se saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros. Delia: alguna vez anudaremos ¿junto a qué río?este diálogo incierto y nos preguntaremos si alguna vez, en una ciudad que se perdía en una llanura, fuimos Borges y Delia.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

RECUERDOS DE LLUVIA


Miro por la ventana la lluvia formar charcos en la calle. Un perro corre con su pelaje humedecido como si nada estuviera pasando mientras la gente angustiada saca el agua de sus casas. La lluvia en la ciudad se siente como un castigo por quién sabe qué culpas. Se le mira como algo extraño y agresivo. En el campo no era así. Precisamente ahora el olor a tierra húmeda me recuerda mis primeros años en la gran hacienda cuando la felicidad tenía el nombre de naturaleza. En esos tiempos, a similitud del perro callejero, no le teníamos miedo a la lluvia. Saltábamos de alegría mientras gruesas gotas caían en nuestra escasa ropa. El agua no se empozaba en las casas, corría por pequeñas quebradas cual riachuelos donde navegaban nuestros barquitos de papel. Cuando cesaba de llover, nos gustaba mirar el arco iris, mientras mi madre contaba historias sobre su significado. Nos decía que era una señal divina de que nunca se repetiría el diluvio universal. En ese entonces aún sentíamos a un Dios que protegía nuestra inocencia. Regreso al presente y lo siento muy diferente a mis recuerdos de niño jugando bajo la lluvia. Mil dudas y cuestionamientos asaltan la razón y el miedo y hasta la rabia son el precio. Ahora es la lluvia, pero son muchas cosas más las que nos espantan. Quizá todo sea consecuencia de habernos alejado de la naturaleza, al punto de convertirla en nuestra enemiga. Tal vez ahora mismo en el campo unos niños se bañan alegremente en la lluvia.

lunes, 16 de noviembre de 2009

IMÁGENES DE REBELDÍA


Las imágenes comenzaron a rondarme en la mente antes de cumplir los treinta. Probablemente era mi deseo de seguir siendo joven y una forma de conseguirlo es transgrediendo las reglas. La escena es bastante conocida. Una tarde fresca, ella llega en su vehículo a mi trabajo y me arranca de la envejecedora rutina. A velocidades que nos hacen sentir el viento en el rostro, marchamos sin detenernos kilómetros tras kilómetros. Hasta ahí parece el libreto trillado de una novela, pero representa algo más importante. El temple para mandar a rodar todo, siquiera por unas horas o unos días, y dejarme llevar por esa fresca y vertiginosa emoción, aquella que procura saborear la libertad plena o la sana locura que es lo mismo. Mi tendencia pasional hace imprescindible la presencia de una mujer linda y joven para la aventura y el escenario perfecto es el asfalto en medio del desierto o del verdor de unos campos sembrados. Reímos divertidos, cantamos, respiramos agitadamente y pegamos nuestros cuerpos sólo para sentirnos juntos en nuestro sueño. Miramos como agoniza el sol en un cielo amarillo que es al mismo tiempo triste y bello. En los audífonos, la voz brillantemente lastimera de Bob Dylan completa el cuadro. Saboreamos esa combinación incomparable de libertad, amor y locura y recién descubrimos la vida en su esplendor. Escribirlo es quizá una forma de realizarlo y por ello estoy sentado en el ordenador esta madrugada. Saboreo el silencio que arrulla mis sueños de libertad – parece el nombre de una película – y pienso para justificarme, que recrearla una y otra vez es hacer un conjuro para que se haga realidad. No exactamente como la imagino, pero con su componente fundamental. La aventura y la insurrección, únicos elixires de la ansiada liberación. El sueño me invade poco a poco y es contradictoria señal de que mi salud mejora. Antes de irme a la cama trato de ponerle rostro a la chica de la moto que me rescata del decadente formalismo laboral. Pruebo entre aquellas que amé, incluidas las que no me correspondieron. Extrañamente ninguna encaja en el personaje. Por una parte mala señal porque significa que nunca amé a una mujer que personificara la rebeldía y la libertad. Buena señal por otra parte porque queda claro que aún no llega a mí ese ser alado que me traspase su radiante juventud en forma de amor. El sueño me vence y sólo tengo fuerzas para apagar el ordenador.

viernes, 13 de noviembre de 2009

NUNCA ENVEJEZCAS DYLAN AXEL


No pierdas la alegría pequeño Dylan Axel. Crece, pero no envejezcas. Te lo diré de una forma que lo entiendas, aunque creo que los niños entienden mucho mejor que los adultos. Se trata de no dejar anidar el resentimiento y la amargura en tu corazón. Por ejemplo, hoy tu mamá y yo reñimos porque cuando uno es grande se vuelve tonto. No acepta sus errores. El orgullo lo lleva a la simple disyuntiva de ganar o perder, ignorando que la humildad y la sencillez son hermanas de la sabiduría. Por ello no envejezcas Dylan Axel. Con los años todos a tu alrededor lo harán. Adoptarán actitudes serias y ceremoniosas para todo, como si la lucidez de una persona se midiera por sus duros gestos. No saben que cuando jugamos divertidamente, soy yo quien aprende más de ti. Quizá debas de tener un poco de cautela con nosotros los adultos porque nos creemos sabios y pensamos que los niños no saben nada. Nos llenamos la boca con palabras enredadas que al final no dicen nada, y más bien ponen en evidencia las tinieblas de nuestro entendimiento. Finge estar de acuerdo en todo, pero sin que lo noten, ríe de su patética “madurez”. Cuando uno se hace adulto se complica la vida a más no poder. Aprendemos cosas feas como auto lastimarnos por hechos sin importancia. Nos agredimos con palabras duras para después arrepentirnos de lo que decimos ¿No seremos tontos por actuar así? Nos volvemos duros de corazón y la soberbia ensombrece nuestra alma. Es aburrido volverse viejo Dylan Axel. De tanta “responsabilidad” nos petrificamos tornándonos tristes. Pero no es una melancolía romántica y luminosa de la que emerge poesía, sino una dureza oscura y estéril. Como si todo el tiempo estuviéramos tomando un jarabe amargo (de esos que no te gustan) que termina dejándonos hondas heridas y fétidas llagas en el espíritu. 
Finalmente hijo mí, ten cuidado. Si un día cualquiera sientes que has herido a alguien, significa que la vejez te quiere atrapar. No lo permitas. La maldad es uno de sus  excreciones más detestables.  Somos rápidos e inclementes para agredir y lentos y mezquinos para perdonar. Sólo por este motivo no deberías envejecer Dylan Axel. Adáptate al mundo de los viejos, pero nunca pierdas la inocencia y la alegría. No temas abrazar a quien ames y conserva siempre esa traviesa sonrisa. No imaginas a cuantos desalentados colmas de alegría...

jueves, 12 de noviembre de 2009

LECCIONES DE MISTICISMO

Cuando hacíamos el amor desaparecía en ambos todo atisbo de culpa y remordimiento. Tanta ternura y pasión devenía en una mística ceremonia. No éramos nosotros – yo estaba lleno de contradicciones y también ella quizá-. Era como una energía cósmica que nos envolvía. Entonces nuestra piel cobraba vida y se conducía en una danza sagrada cuya esencia es imposible describir.El fuego de sus labios, no sólo encendía mi sangre, sino también – y sobre todo – entibiaba mi alma que descubría el cauce de su realización plena. El contacto de su piel era a la vez que estremecimiento, consagrado elixir que me transportaba al cielo. Entonces la plenitud llegaba a mí en forma de mujer, y perennizar ese momento, era mi más codiciado anhelo Más que una excelsa remembranza, lo que trato de demostrar es que se puede elevar el sexo a una vivencia espiritual que es la cúspide de la dicha terrenal. Y no hablo del momento supremo del clímax, sino de cada uno de los besos, de los susurros y de las caricias que le otorgan a una persona (a ella) el carácter divino que hoy evoco con dulce melancolía.Era todo un conjunto de cualidades. Una mirada traviesa, una angelical sonrisa, el gesto de no querer entregarse, y otro totalmente opuesto. Decir que cada palabra se tornaba mágica en sus labios no es exageración. Era sólo amor elevado a las colinas de la más sublime poesía. Por primera vez tome consciencia de la imposibilidad de volver a esos límites de embeleso. Debía atraparlos completamente, tatuarlos en mi alma para que me proporcionen la energía en los momentos – como hoy – de orfandad y desamor. Fue demasiado bello. De vez en cuando vuelvo a ser feliz, sólo rememorando esos instantes y descubro que en una mujer se puede esconder Dios.

martes, 3 de noviembre de 2009

LAS NOCHES ROCKERAS DE BREÑA


Eran los inolvidables años ochenta cuando decidí “conquistar” la capital. El pop y el rock anglo sajón estaban en su apogeo. El rock en español recién hacía su entrada y sólo Miguel Ríos y Charly García sonaban en la novedosa FM radial. Había terminado la secundaria y con las hormonas a full, llegué a la casa de mi tía Faz en el jirón Recuay de Breña. Todo prometía. El plano de Lima metropolitana que había conseguido me indicaba que tomaba la avenida Venezuela ya estaba en el centro. Como en las películas que había visto, me alucinaba viviendo mi despertar sexual con chicas superadas de la capital. Sin embargo no contaba con la rigidez de la tía Faz (QEPD), una solterona gorda que nos hacía rezar (a mi primo Moshe y a mi) desde las seis de la mañana.  La  Lima anhelada, l.a de las noches al estilo “Avenida Larco” de Frágil, sólo la escuchaba desde mi cama. La tía colocaba un tremendo candado en la puerta y a dormir. Con sus grabadoras a todo volumen y cantando en inglés, los vagos, “embalados” por su ron y su marihuana, se apoderaban de la cuadra a partir de las once. No eran asaltantes, ni esos pandilleros atorrantes de hoy que te matan por un par de zapatillas. Lo suyo era la juerga. Nunca conocí al loco que se sabía las letras de “Honestidad” de Billy Joel, “El Año del Gato” de Al Stewart y “Hotel California” de The Eagles. Sólo los escuchaba llamarse por: “El Chavo”, “El Mario”, “El Dennis”, etc., etc., y algunas flacas como “La Claudia”, “La Shirley”. Se quedaban hasta la madrugada y se levantaban al medio día. Recién a golpe de las seis sacaban sus tablas skatebol, mientras esperaban que la gente se vaya a dormir para irrumpir con su música y su bullicio. Eran bacanes esos locos. Yo sólo los alucinaba e imaginariamente me sentía uno de ellos. Aguanté nada más que seis meses en la casa de la tía Faz. Un día me salió algo de la rebeldía que seguramente ellos alimentaron y planifiqué  mi fuga de esa prisión nocturna. Esperé quedarme solo, acomodé mis cosas y me marché a Comas donde mi tía Jesús. Allá todo fue diferente. Las noches eran silenciosas. Hubo otro tipo de vacilones que contaré en otra historia, pero los rockeros nocturnos de Breña fueron insuperables. Su ruido musical quedó en mi memoria para siempre. A veces pienso que aún siguen allí dando vida a esa calle inolvidable que yo sólo disfrutaba auditivamente. Haz click para ver video: HOTEL CALIFORNIA (The Eagles) http://www.youtube.com/watch?v=3afiWbRGjK8

miércoles, 28 de octubre de 2009

SESIONES MUSICALES CON DYLAN AXEL


Hay dos DVDs que Dylan Axel necesita para comenzar el día sin berrinche. Son dos “antologías” realizadas por mí mismo. La primera es de Serrat, donde destaca una versión de “Nanas de Cebolla” con una emotiva introducción del maestro. la segunda es de Mar de Copas y reúne los principales éxitos de la banda peruana. Del primer DVD no hay mucho que escribir, y quien sepa de música, dudo que cuestione la calidad del extraordinario trovador catalán. Esta madrugada me ocuparé del segundo que arbitrariamente trato de tatuar en la memoria de mi pequeño hijo. Debo decir en mi defensa que desde que ve aparecer los créditos en la pantalla, ya está riendo de alegría y mientras disfrutamos las canciones, mueve sus piececitos al ritmo de la voz de Wicho García y de la guitarra de Manolo Barrios. Por mi parte debo confesar que no puedo quitar los ojos de Phoebe y Claudia (sobre todo en el clip de “Mujer Noche”), las dos bellas integrantes que aportan la dosis de dulzura y sensualidad a la música de MDC. No obstante, más allá de estas dichosas vivencias con Dylan Axel que colorean mis días, hay música de calidad que trataré – quizá pretenciosamente – de explicar en las siguientes líneas. Las canciones de MDC son melodía, a veces desolada, pero plena de virtuosismo. En sus letras, el desamor se torna sublime y, a semejanza de las puestas de sol de “El Principito”, uno siente que la tristeza puede ser linda. Escucharlos es volar a una noche con unos tragos (sólo para "sazonarse"), unas luces psicodélicas y una flaca que, no por linda, deja de ser sensible, audaz e inteligente para amarnos y luego herirnos. También es volar al recuerdo de ese amor que, de tanto fuego, se consumió en su propio éxtasis, pero en esos breves momentos brilló hasta el infinito. Y es que la música no tiene que ser kursi para expresar desgarradoras emociones. Tampoco tiene que ser empalagosa, ni menos aún estridente, para irradiar una desbordante energía que, paradójicamente, llega a emanar elevada ternura. Siempre he pensado que la buena música es poesía, no sólo porque hay honda sensibilidad en su letra, sino también porque sus acordes despiertan bellas nostalgias e intensos sueños. Eso y mucho más es MDC, y sobre todo es nutrir el alma con la más fecunda de las artes, su música.Comencé escribiendo sobre las sesiones musicales con mi pequeño Dylan Axel. El ahora duerme y quién sabe si no sueña con canciones que quizá su razón aún no entiende, pero que aceleran su tierno corazón. Es probable que esté fabricando melódicos y futuros recuerdos, con nombres como: “Balada de un encuentro fugaz", “Lo que tu gesto da”, “Llévame”, etc., etc.

lunes, 26 de octubre de 2009

EL PÁJARO ESPINO


Recuerdo la leyenda del pájaro espino. Aquel que, desesperanzado, sólo vive para buscar el árbol que esconde la espina más punzante en dónde clavará su corazón para, así, emitir el canto más celestial de todos los cantos. Esa belleza, que s
ólo puede surgir del más implacable dolor, es similar al amor apasionado que sienten (sentimos) algunos, encarnado en una diosa dulce y sensual a quien, destructivamente, buscamos para que nos hiera. Aquella que nos hace derramar las lágrimas más amargas de nuestra juventud. Cuando la conocemos y la adoramos, el desamor nos marca con candente hierro y toda nuestra vida la dedicaremos a buscar el paraíso negado. Nos acercaremos a él en la forma de un ajeno o imposible amor, pero nunca lo alcanzaremos. Esa es la gran tragedia del amor impetuoso y la barrera más grande hacía la felicidad. Cuando no amas ardientemente lo peor que te puede suceder es el vacío o el sinsentido, pero cuando te enamoras desmedidamente, no hay límites en tus ansias de posesión absoluta. Lo quieres todo de ella, y cuanto más te ofrenda, más insatisfecho te sientes. Esa violenta tensión, que oscila entre los más deslumbrantes momentos, y las más inexplicables melancolías, termina por destruirlo todo. Las heridas que deja son lacerantes y tórridas, al punto que pueden aniquilarte usando tus propias manos. Quizá nos esté prohibida la irrefrenable pasión. Quizá estemos condenados a amar sólo tibiamente para no perecer en las llamas del fuego divino. O quizá el amor desmedido, ese cargado de violentas rabias, de enloquecedoras caricias y de sublimes ternuras, es breve porque perdería su brillo sí vive más de la cuenta. Quizá sólo esté destinado a los valientes, aquellos que no le corren a su destino, aunque saben que es al mismo tiempo su condena...

viernes, 23 de octubre de 2009

AMAR EL SILENCIO

Perdido entre las cosas antiguas, entre aquellas que nunca conocimos y cuya sola mención nos aterra, mora pacientemente el silencio esperando compartir con nosotros su quietud. Le evitamos porque lo hemos asociado con el tedio de los días grises, o con la melancolía de la inocencia perdida. Por el contrario, el bullicio es quien reina y aturde nuestros días y, por extensión, nuestras almas, convirtiéndonos en autómatas y en esclavos del tumulto.Quien no conozca el paraíso de unos ojos radiantes que nos miran y unos labios que nos dicen sin hablar cuanto nos aman, no conoce los picos máximos de la dicha. Aquel que no haya disfrutado de una noche de estrellas, escuchando sólo el sonido de la naturaleza en la forma del chirriar los grillos, nunca ha acariciado el terciopelo de su espíritu ansioso de dulce sosiego. Sí, ni siquiera, ha escuchado la débil respiración de un bebé mientras duerme y nos comunica, con su inocencia, que Dios existe, definitivamente tiene petrificada el alma.La música más excelsa (Mozart, Beethoven, Chopin) no es otra cosa que silencio dotado de melodía. Escuchas la novena sinfonía e inmediatamente sientes como si las notas brotaran de tu propia naturaleza, y el don de estos genios consiste precisamente en mostrarnos el camino hacia ella. Silencio tantas veces vestido de ansiedad por nuestra miseria espiritual, ayúdanos a encontrar la comunión con lo hondo y elevado de nuestro ser.

sábado, 17 de octubre de 2009

NACIDO CON SUERTE

Quizá mi mejor pensamiento a esta hora de la madrugada de 17 de octubre sea de gratitud. No hay duda, como Mercedes Sosa y como pocos, puedo decir: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”. Se lo dije una vez a Amalia, ese ángel que llegó de España a tierras piuranas y fue lo más cercano a Dios que he conocido. Ella, con esa paz que irradiaba y contagiaba me dijo que era una persona bendecida. Por supuesto que no me lo creí, ni lo creo hoy. He sido todo menos una persona virtuosa. La sensualidad del poder me atrae y la belleza femenina mucho más. Soy un desastre humano y sin embargo me siguen pasando cosas bellas sin merecerlas. Mi pequeño Dylan Axel que ahora duerme plácidamente me ha dado tanta felicidad que me sigo preguntando ¿Qué he hecho para merecer tantas bendiciones? La respuesta es MUY POCO. Escribir no es precisamente una compensación valiosa por todo lo que he recibido y además todo lo que escribo es perecedero. Si Dios existe y creo que sí. Es un ser extrañamente misericordioso con quienes no lo merecen. Conozco a mucha gente virtuosa y creyente que sufre mucho y, por su fe, debería recibir consuelo y alegría divina.Busco en mi pasado y tomo consciencia que esta racha de buena suerte llegó a mí alrededor de los veinticinco. Mi niñez y mi adolescencia fueron tristes. Amé por primera vez a los doce años, pero sólo en el sentido ideal. Recuerdo días enteros de rabia y frustración por los males del amor. Trato de encontrar en mi vida un suceso que me haya cambiado la vida y no lo ubico. Sólo avizoro que un momento de mi juventud como que dejé de tomarme la vida tan en serio y a experimentar una especie de vuelta a mi niñez. Comencé a jugarles bromas realmente infantiles a mis amigos de la universidad, reí más e hice reír a los demás. Me volví más loco (para otros, más inmaduro) y encontré amigos igual de locos. Conquisté el amor de chicas bellas. Al año siguiente de titularme, gané un concurso y obtuve trabajo seguro. Dos años después estudié otra carrera, me volví a enamorar y seguí siendo feliz, cada vez más loco o más inmaduro. Después de una larga soltería conocí a una noble y dulce mujer que me ha dado a Dylan Axel, el regalo más grande del mundo.Cuando era pequeño me angustiaba pensar que mis padres o mis hermanos mueran. Ese miedo se convirtió en fortaleza y en serenidad cuando acompañé a mi padre en sus últimos días en el hospital. Pensaba en él y, quizá, las muchas alegrías que le di en sus últimos años me reconfortaban al sentir que no fui un mal hijo A estas alturas de la vida, pienso que la mejor lección que aprendí fue una frase del maestro Borges: “La vida es sólo una suma de momentos” y aquí me encuentro, disfrutando de cada minuto y aprendiendo. Un niño, una mujer, un libro, una canción, una película y muchas cosas más. Todas son oportunidades para ser feliz y si Dios existe como creo que existe, creo que la estrella que designó para mí es mucho más brillante de lo que merezco.

jueves, 15 de octubre de 2009

¿EXISTE EL AMOR PURO?


Cuando escucho lamentarse a la gente sobre a la ambivalencia afectiva de sus parejas, (“es dulce, pero a veces reacciona agresivamente”) constato que los sentimientos y las emociones, cuando son intensos, no afloran químicamente puros. Sucede que todos son parte de en un vendaval que arrastra, no sólo la más sublime ternura, sino también los miedos, rabias, frustraciones y otros más que han sido reprimidos mientras la pasión amorosa no existía. Y es que el corazón o el inconsciente (depende del cristal con que se mire) es un depósito que no distingue emociones y sentimientos buenos o malos. Todo lo mantiene latente, esperando la oportunidad para salir y lo hace a torrentes antes que la razón nos haga saber que hemos lastimado al ser querido. Esto, porque el mundo afectivo es más antiguo y por lo tanto más veloz que el racional. Para ser esquemático y riguroso, existen en nosotros tres tipos de cerebros. El neo cortex o cerebro superior donde se almacena la razón, los conocimientos y los valores. Luego, el meso cortex o cerebro intermedio, donde se almacenan precisamente las emociones y sentimientos, y el paleo cortex (cerebro antiguo), también llamado cerebro reptiliano, donde se encuentran los más primarios instintos como la agresividad. Este último por tener millones de años de existencia, es el más veloz y, aunque ahí se guardan los instintos de supervivencia, es como la bestia que debemos aprender a domar nosotros mismos. Le sigue en velocidad el meso cortex. Ello explica la rapidez de nuestras reacciones emocionales, mucho más veloces que el control racional y moral, el más reciente lento y lento de todos. Lo anterior implica que uno de las aspiraciones humanas y de todo sistema educativo, debe ser ejercitar y fortalecer nuestro neo cortex, pero ese es otro tema. Por ahora básteme reflexionar sobre el enamoramiento, un fenómeno que por su fuerza, se convierte en una válvula por la que aprovechan para fugar emociones y sentimientos positivos y negativos. Esto explica que, junto al más tierno y noble amor, también surja el más nocivo egoísmo, así como los miedos e inseguridades, manifestadas en celos y deseos de dominar al ser querido, vulnerando su esencial libertad. Por ello la inteligencia emocional, en resumen consiste en aprender a controlar nuestras emociones, potenciando las positivas (sosiego, alegría, amor desinteresado, etc.) y dominar las negativas (furia, odio, tristezas, etc.) porque hacen daño a los seres queridos y nos degradan a nosotros mismos. He expresado algunas ideas con relativa fluidez, pero definitivamente, como todo en la vida, es mucho más fácil escribirlas que practicarlas.

jueves, 8 de octubre de 2009

LA PERTURBADORA BELLEZA


No creo que exista blindaje efectivo contra la belleza (no hablo sólo de la física). Siempre una dulce sonrisa, una hechizante mirada o unos labios sensuales van a perturbar la cotidianeidad de nuestras almas. Es imposible mantenernos indiferentes ante el encanto femenino. Lo que si podemos es domar nuestros impulsos, sin que ésto resulte una nociva represión a la libido. El sentido común y los años son determinantes, en estas lides. Observar, recrearse embobado y luego sonreír recordando a la noble compañera que aguarda por nosotros, o los pequeños que nos recibirán con los brazos abiertos, son motivaciones de una salud afectiva. Sin embargo, como todo en la vida, nada es sencillo, pues de pronto no podemos dejar de pensar en una diosa que encontramos en nuestro devenir y es imposible no fantasear con ella y desear con todas nuestras fuerzas volverla a ver. Es ahí donde se produce un intenso batallar entre nuestros sentidos y nuestra conciencia. Podemos ceder o resistir, pero lo que sí es seguro es que esos momentos son los que nos hacen sentir vivos. En otras palabras el corazón necesita nunca dejar de amar para no morir de aburrimiento

lunes, 28 de septiembre de 2009

LOS ETERNOS DOMINGOS

Odio los domingos desde niño, cuando el campo se quedaba solo porque los peones no llegaban a trabajar. Hoy es domingo y se llevarán a mi hijo Dylan Axel donde sus abuelos. Entonces la casa estará silenciosa y triste. En la calle algunas riñas de ebrios pondrán la dosis de malestar a mis intentos de dormir. No me gusta salir, pues la calle se siente calurosa y tediosa. También no quiero encontrar a algún amigo que me invite unos tragos y termine de malograr este día magro.Ni siquiera en las épocas más felices lograba evadir la abulia dominical. Cuando viajaba Lima, el viernes y el sábado eran indescriptiblemente maravillosos junto a una diosa, pero el domingo debía regresar a Piura y la sensación de despedida me echaba a perder todo ese día.Hoy es domingo y tengo trabajo que realizar, pero no hay urgencia que me saque de mi apatía. He logrado escribir algo en el ordenador porque pienso que sacando esto de mí lograré un poco de sosiego. Ya me vencen las ganas de echarme a dormir, pero reparo que hay una excepción en esta historia de domingos aburridos. Eran los domingos de playa hace muchos años. Sólo el mar con su fresca inmensidad lograba romper mi tedio. Claro que tenía que estar acompañado por mi primer amor. Pero todo eso fue efímero, como son las cosas felices y hoy no hay motivo que suscite entusiasmo. Y ya no tengo ganas para escribir más. Mañana lunes, en retrospectiva, quizá complete y corrija en algo este fragmento.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

AMORES A LO NABOKOV


El icono inconfundible del amor de un adulto hacia una jovencita es Lolita. La púber que enloquece de pasión al esposo de su madre. Si hemos de ser fieles a la historia escrita por el genial Nabokov, no fue Lolita quien dejó en la vida de Humbert Humbert (el pederasta), ese inconfesable vacío que sólo podía llenarse con el amor de una nínfula. Cuando era niño sufrió la pérdida de Annabel, una dulce chiquilla cuyo ternura, aunque sólo llegó a materializarse en unos tenues roces de sus labios, alcanzó límites frenéticos y agonizantes en el corazón de éste. La aún tierna alma de Humbert – Humbert (porque una vez también fue inocente), no pudo soportar su temprana muerte, sumiéndose en una lastimera desolación que le echó a perder la salud de sus afectos. Annabel petrificó los más intensos sentimientos de Humbert Humbert en esa etapa de la vida donde el desgarro es imborrable. No volvió a enamorarse nunca. Su cuerpo y su cerebro se hicieron adultos, pero su corazón se quedó fijado en la sonrisa de Annabel. Lolita fue entonces, un intento por reemplazar a aquella niña arrebatada por la muerte cuando recién vislumbraba el fuego del amor. Fue entonces Annabel quien le marcó en el corazón la imposibilidad de fijarse en una mujer adulta...
Leí la novela cuando tenía diecisiete años y por mucho tiempo viví para buscar a mi joven musa  con la audacia en el rostro, y  con el incandescente fuego y sensualidad en el cuerpo. Fue inútil porque la vida no es igual a las novelas. Pasaron los años, me enamoré de mujeres jóvenes y lindas, pero la imposible ansia de realización plena a través del amor, echó a perder varias prometedoras relaciones. Herí y también me hirieron. Este aprendizaje fue acrecentando en mi la sensatez de aceptar las etapas de la vida y a los treinta años me casé con una mujer de veintiocho que me dio dos niños maravillosos, pero esa es otra grandiosa historia...
No obstante, suele ocurrir algunas veces que renace el Humbert Humbert que todos llevamos dentro y una inocente sonrisa encuadrada en un bello rostro y en un cuerpo esbelto que baila sensualmente, hacen que un caudal de melancolía se desate en mi al convencerme que esas diosas, como  Annabel, nunca serán mías porque el tiempo es de hierro. En momentos como esos (o cuando escucho una canción), suelo escribir cosas como ésta, buscando redimirme ante mi adolescencia ya ida y, quizá, poco vivida...

martes, 15 de septiembre de 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

Billy Crisanto Seminario: MÁS SOBRE CHICAS BELLAS

Billy Crisanto Seminario: MÁS SOBRE CHICAS BELLAS: "Titulo: chica Por favor el titulo enlazado a esta URL: http://www.chicasybikinis.com/ Descripción(opcional): Fotos de alta calidad de las chicas mas bellas."

miércoles, 26 de agosto de 2009

UNA MEMORIA USB PARA EL CEREBRO


Hay una escena formidable al final de la película “Blade Runner” (1982), de Ridley Scott. El androide Roy Batty, antes de morir y luego de salvar la vida a su cazador Rick Deckard, le dice estas conmovedoras palabras: “He visto cosas que ustedes no creerían...He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. El film es complejo, básteme decir que se trata de una metáfora sobre un futuro donde los hombres se van deshumanizando y los androides tratan de humanizarse. De este film quiero resaltar que la muerte, además de las vivencias, se lleva los conocimientos de un hombre, y esto es trágico cuando se trata de alguien lúcido o enciclopédico. Me dirán que se queda en sus escritos. Sin embargo en una época donde nadie lee, serán aprovechados sólo por pocos. Como sabemos, los conocimientos no están desperdigados o en compartimientos estancos, sino se encuentran en un cuerpo coherente, interrelacionado y lógico, en esa maravilla que es el cerebro humano. Entonces sería valioso que la tecnología diseñara un dispositivo (tipo USB) que se implante en el cerebro y copie esa estructura de información, tal como está almacenada. De esta forma, se facilitaría su asimilación mucho más que leyendo cientos de libros. Debo aclarar que me refiero sólo a los conocimientos (no a las demás capacidades mentales), de aquellos hombres que han dedicado su vida a investigar. Así mismo, quien los reciba, debe estar en facultad de entenderlos, analizarlos y enriquecerlos, sino no funciona. Vayamos a un ejemplo real. Quien ha seguido por mucho tiempo a Marco Aurelio Denegrí en la televisión, sin duda ha aprendido mucho. Sin embargo su caudal es tan amplio, que se necesitarían horas, días o semanas de charlas para asimilar sus saberes. Un pie de página. Me pregunto ¿Por qué ninguna universidad le ha dado brillo a su cuerpo docente, integrándolo como catedrático?..
He divagado o especulado, quizá vanamente, sobre lo que aún es ciencia ficción. Sólo me queda explicar algo. Al ritmo que marcha la ingeniería genética y la informática, en algunos años se hará realidad lo que ahora propongo. El punto crítico es trasladar las conexiones sinápticas entre neuronas a una memoria flash (USB). Insisto, en nuestro ejemplo la idea es simular y multiplicar las conversaciones de este brillante intelectual con personas medianamente preparadas. Sino imagine que a Susy Días, o a cualquier otra vedette de moda, le implantaran unos diez megabytes de los conocimientos del doctor Denegrí. ¿Qué haría con éstos? Lo mismo que cualquiera de nosotros ante cientos de papiros con jeroglíficos egipcios. Pues, sencillamente, estaríamos más perdidos que Adán en el día de la madre.

martes, 18 de agosto de 2009

EL PODER COMO AFRODISIACO

Quien dijo que la inteligencia es el mejor afrodisiaco (léase atracción sexual) se quedó muy corto. En la fría realidad es el PODER lo determinante. El artista, el acaudalado, el deportista exitoso, el que ocupa un alto cargo, y también el hombre de letras famoso, despiertan atracción. Las mujeres bellas se sienten atraídas hacía ellos, siempre y cuando ejerzan algún tipo de PODER o influencia sobre la gente, ya sea porque son admirados, amados, temidos u odiados. Desde Alejandro Magno hasta Barack Obama, siempre el PODER ha sido el gran afrodisiaco. Por ello en televisión, a estos personajes los vemos acompañados de chicas muy lindas y sexis. Disfrutan de ellas, aunque no todas se enamoren de ellos, pero eso es otro tema Generalmente la chica intelectual, la de anteojos, la que no hace deporte y más bien es frágil y vulnerable, no ejerce atracción sobre los briosos y vitales hombres de éxito, aunque en la práctica son las más fieles y entregadas amantes. La razón es simple. La chica voluptuosa asume que con su rostro o con sus caderas basta para obtener un buen partido. No se preocupa de cultivar otras exquisiteces. En cambio la “nerd” y también el “nerd”, perfeccionan otras habilidades que les otorguen, no sólo atracción, sino sobre todo encanto. Ojalá existieran muchas mujeres bellas e inteligentes, pero son pocas y están casadas y una gran mayoría separadas. ¿Por qué? Pues sucede que la combinación de la belleza y la inteligencia desarrolla el sentido estético y éste a su vez, la sensibilidad, la ternura y la delicadez. Se divorcian porque terminan experimentando el vacío y la depresión, pues los hombres, producto de una cultura machista, sólo piensan que basta con el sexo, los regalos y los lujos para hacerlas felices. Las chicas bellas superficiales no experimentan esto, pues para ellas la felicidad es el confort, la elegancia y todo lo que compra el dinero. Sin embargo todo este rollo es vano, pues en las mujeres, seguiremos prefiriendo la belleza a la inteligencia, porque al final, antes que nuestras neuronas, son nuestras hormonas las que nos gobiernan y… las mujeres lo saben.

viernes, 14 de agosto de 2009

SERRAT, EL ARTE Y LAS DICTADURAS

“El 28 de marzo de 1942, moría en una prisión de Alicante (España) Miguel Hernández”. Así comienza Johan Manuel Serrat un memorable concierto en Buenos Aires luego de la dictadura militar. Relata la historia de la canción “Nanas de la Cebolla”, recordando como el poeta escribió estos versos (musicalizados por Alberto Cortez), luego de recibir, en la cárcel, una carta de su mujer. En ella le cuenta su angustia, pues tiene que amamantar a un bebé de ocho meses y en casa sólo hay pan y cebolla para comer. Serrat también refiere como en los años de la dictadura de Franco, los jóvenes españoles como él, recibían con devoción los libros que llegaban desde Buenas Aires, pues sus poetas “tenían la palabra cercenada en su país”. Defiende el libre funcionamiento de la universidad pública, que en ese momento sufría la persecución de la tiranía militar argentina, homenajeando a los maestros y estudiantes desaparecidos. Volviendo a las “Nanas de la cebolla”, La canción es bella y estos versos lo evidencian. “Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama y lo ha ido sobre la cuna. Ríete niño, que te traigo la luna, cuando es preciso. Tu risa me hace libre, me pone alas; soledades me quita, cárcel me arranca…”. Continúa la letra con igual o mayor ternura, pintando a Serrat como un artista profundamente humanista y comprometido. Su tenaz rechazo a los totalitarismos cobra vigencia frente las actuales amenazas autoritarias de Honduras y Venezuela. Precisamente, hace unos días el periodista Cesar Hildebrandt fue censurado por criticar la toma de medios de comunicación por el gobierno de Hugo Chávez. Esto pone en evidencia la parcialización de quienes sólo ven dictaduras de derecha, negándose a denunciar a las de izquierda. Sin embargo el mensaje más importante de las “Nanas de la cebolla” es el canto a la vida en medio de la miseria. El siguiente verso es contundente al respecto: “Desperté de ser niño, nunca despiertes; triste tengo la boca, ríete siempre, siempre en la cuna, defendiendo la risa, pluma por pluma”. Miro a mi hijo Dylan Axel sonreír de alegría con sus dos dientecitos y siento que es la mejor demostración de que las cosas aún no están perdidas. Que en medio de las desigualdades e injusticias, hay motivos para no perder la esperanza. No en vano, en el infierno de una prisión, Miguel Hernández escribía cosas tan enternecedoras, utilizadas por Serrat como poderosos medios para despertar las conciencias, allí donde el autoritarismo y la corrupción se han atornillado porque nosotros lo hemos permitido.