martes, 30 de agosto de 2011

"SANTA ROSA" Y LA ESPERADA VENGANZA



Era el segundo año que era elegida para representar a Santa Rosa de Lima. Nada tenía que ver el hecho de que se llame Roxanna. Simplemente era la que más se parecía a la descripción de la santa limeña. Blanca, chaposa, cabellos castaño muy fino (le decían "cabello de ángel"), y además esbelta. El jefe de la policía, organizadora de la ceremonia, no pudo estar más de acuerdo. Nosotros la mirábamos como inalcanzable por bella y casi hasta por santa.
Cuando aún era niña vestía el uniforme más impecable, incluyendo sus zapatitos muy bien lustrados y olía a colonia de bebé. En ese entonces pude haberla cortejado, quien sabe conquistado, pero no le di importancia. Cuando creció, ya fue más difícil. Los muchachos más grandes y populares de la escuela ya la perseguían, y ya no había espacio para mí. Antes de su pase a las "ligas mayores", recuerdo una historia muy triste. Celebrábamos algo en el colegio y bailábamos casi obligados por la profesora. Pero no tenía el valor de sacarla a bailar. Temía que me fastidiarían los muchachos, pues sabían que me gustaba. Sin embargo, hice algo muy tonto. Le mandé a regalar con un amigo una pulserita que le había robado a mi hermana mayor. No era de oro, pero sí la única que ella tenía. Creí enviarle una señal para que salga a bailar conmigo - cómo si bastara con eso -. El hecho es que nunca bailamos y hasta ahora lamento mi falta de valor. Desprecio al chiquillo tonto y temeroso que fui. Bueno la historia de la pulsera terminó muy feo. Alguien le contó a mi hermana que ella (Roxanna) tenía su pulsera y me obligaron a pedírsela. Vaya lío. La profesora en persona se la pidió, no sin antes jalarme las orejas frente a todo el mundo. Creo que en ese momento conocí descarnadamente lo que era el odio. Quise estar muerto para que todos se dieran cuenta del daño que me hacían.
Hubo otros sinsabores más en la escuela primaria de La Matanza. Roxanna se puso más linda y siguió representando a Santa Rosa. No tardó en tener enamorado entre los muchachos grandes.
Es feo reconocer esto, pero dicen que la vida (como para probarnos) siempre da una oportunidad para ajustar cuentas. Terminé la primaria y me vine a Piura. En la zona brava de Castilla a golpes me "avivé". Terminé la secundaria en el "glorioso y leal San Miguel". Más tarde ingresé a la UNP. Cuando iba en el tercer ciclo, ella también ingresó, pero con la desventaja de todo "cachimbo" de provincia. Me la encontré y su actitud para conmigo era casi de sumisión. Seguía igual de bonita, pero entre tanta tantas chicas jóvenes y bellas, la suya se opacaba - ya no había Santa Rosa que representar-. Conversamos un momento, pero hice algo ruín y sólo lo cuento para liberarme de la culpa. Le dije que me espere en el paradero y nunca llegué. No fue la única ocasión que la dejé plantada. Me escondí de ella más de una vez. Sentía innoble satisfacción en ver su carita triste y preocupada por no encontrarme. Llegué a pensar haberla hecho "pagar" con exceso sus desaires en la escuelita, hasta que tiempo después me contaron que había dejado la universidad para casarse con alguien acomodado. Inexplicablemente - o creo que nunca me saqué la espina - sentí dolor y rabia, y me arrepentí amargamente de mi comportamiento con ella. Ahora me tocaba pagar a mi por la maldad de mi venganza...

viernes, 26 de agosto de 2011

HISTORIA DE UN IDÍLICO ENCUENTRO (enviado por colaboradora anónima)

No puedo recordar con exactitud, cómo es que nos conocimos, sólo sé estabas ahí, puesto como por la mano de Dios para alegrar mi alma solitaria justo cuando pensaba que ya más nada importaba.
Había sido un año lleno de angustias y desesperanzas. Todo aquello que representaba felicidad para mí simplemente había desaparecido del horizonte. De pronto, caminando sin rumbo por un concurrido centro comercial estabas tú. Quizá me miraste primero, tal vez lo habías planeado, o fue el universo que conspiró. Tan sólo sé que salió muy bien.
Yo miraba un anillo muy bello en el escaparate de una tienda, y una voz tan especial me dijo: ¿Le gusta? Es un modelo único tiene un fino brillante y es además muy pequeño parece hecho justo para su mano. Su voz me sorprendió. Su amabilidad, sus ganas de mostrarme el hermosísimo anillo. Quedé hechizada de pronto por una fuerza divina. Simplemente ingresamos en la tienda y pidió me mostraran el anillo.  Efectivamente estaba hecho justo para mi delgado dedo. Me dijo lo hermoso que me quedaba y si lo quería llevar. Pedí me disculpara, pero no podía llevarlo, pues era demasiado caro para mí. Insistió, pero no se percató que sólo estaba probando su capacidad de hacer cosas por mí y para mí. 
Le agradecí por todo y salí algo aturdida por lo sucedido, ¿Quién era ese hombre que había causado ese temblor en mi cuerpo tan solo con escuchar su voz?
Estaba nuevamente caminando distraída por el centro comercial cuando sentí una mano sobre mi hombro. Regresé a mirar y era él una vez más diciendo ¿Me permitirás invitarte un café? Me asustó un poco su insistencia, pero esa fuerza extraña me hacía seguirlo. A partir de este momento todo siguió tan fluido como en una dulce historia.
Nos sentamos en una pequeña mesa con vista a una tienda de mascotas. Le dije -  hola soy María Lucía – presentándome formalmente - María lucía soy Antonio – respondió él. - ¿Pero te has salido del trabajo? - le inquirí, - ¿O estás fuera de turno? - sonrió y me dijo -  yo no trabajo en la joyería. Lo que sucede es no sabía cómo acercarme a ti -. No dejaba de mirarme a los ojos mientras me confesaba todo esto - Estás loco - dije y empecé a reír -. No entiendo por qué reía. Tal vez eran los nervios, o tal vez por su audacia. El hecho fue que empezamos a reír juntos. 
Tomamos unos cafés, el mío express y el suyo americano. Aún puedo sentir el aroma del delicioso café revoloteando alrededor nuestro como conspirando para que algo pase.
Conversamos de tantas cosas. De nuestras vidas. Era como si nos conociéramos de antes, y tan sólo el lugar y el momento estaban esperando para que nos juntáramos. Sin darme cuenta el tiempo había transcurrido. Dos horas conversando. Miré el reloj discretamente para saber la hora -. ¿Pero ya te tienes que marcharte? – Preguntó - Disculpa he robado mucho de tu tiempo - Sonreí y le dije - nada de eso, has alegrado mi día, pero sí debo marcharme, tengo cosas que  hacer -.
Intercambiamos números de celular y prometimos llamarnos. Salimos del café y me acompañó hasta una de las puertas principales del inmenso centro comercial. - ¿Sí  quieres puedo llevarte? - me dijo. Le agradecí y le respondí que  prefería caminar, pues eso me ayudaba a pensar –. Bueno -, dijo él. Al despedirnos y al querer darme un beso en la mejía, nuestros labios se rosaron sin querer. - Disculpa - dijo él y yo sonrosada dije - No, no hay problema - y empecé a reír, alejándome, siguiendo riendo sin saber porqué.
Habían pasado algo de 10 minutos desde que nos despedimos y mi mente no dejaba de pensar en Antonio. Ese hombre encantador que había conocido estaba ya cerca de mi departamento cuando mi celular empezó a sonar. Era él. – Hola -, me dijo con esa voz tan especial, varonil, fuerte y atractiva. - Sólo te llamaba para invitarte a cenar esta noche. ¿Podrás o tienes algo que hacer? – No, no tengo nada – respondí casi automáticamente. - Entonces te paso a buscar a las ocho y media - Pero ¿no conoces mi casa - le dije ingenuamente sin darme cuenta que me había seguido y estaba tras de mí. -  Da vuelta - me dijo, y al voltear estaba él. Sonriendo  me dijo que no quería perderme. Reímos nuevamente, y me dijo me recogería a la hora pactada. Me dio otro beso en los labios. Me quedé helada, pero me gustó. Reí nuevamente y entré a mi edificio.
Toda la tarde la pasé pensando en Antonio. ¿Quién era ese hombre divino que había aparecido de la nada y que parecía estaba predestinado para mí? Era hora de prepararme para mi cita. Había olvidado preguntar el lugar al que me llevaría. No sabía cómo vestir y me daba pena llamar para preguntarlo. Eran casi las siete  cuando sonó el celular y su voz me dijo ponte un vestido que iremos a un lindo lugar. Era genial. Había leído mis pensamientos y respondía a mi pregunta, pues no quería estar mal en cita con él.
Me había puesto mi vestido verde oscuro. Era de una seda muy suave con unas “tirillas” finísimas que caían sobre mis hombros. Llevaba un escote muy sutil por delante que dejaba apenas ver el comienzo del busto, pero que invitaba a desear  saber que más había allí. Por la espalda un profundo escote que llagaba casi hasta la cintura. Se cogía apenas con un finísimo broche que hacía juego con los zapatos plateados. El cabello suelto y rizado. Poco maquillaje para no verme recargada y a esperar poder saber algo más de Antonio, mi príncipe encantador.
El timbre sonó a las 8:30 en punto. Estaba algo nerviosa al abrir quería causarle buena impresión. Al abrir la puerta me miró de pies a cabeza y dijo: justó como te soñé, estás preciosa María Lucía. Vamos, sé que te va a gustar el lugar. Llegamos hasta una casa hacienda, casi saliendo de la ciudad. Había muchos jardines y en uno de ellos al centro una mesa arreglada justo para nosotros. Flores alrededor aromatizan el lugar. La luna asomaba poco a poco. Las velas en la mesa. El vino y la comida fueron servidos por una dulce mujer quien tenía una dulce sonrisa en los labios. Me quedé maravillada de todo lo que sucedía. Conversamos y reímos mucho nuevamente. Él era historiador. Había escrito muchos libros sobre la cultura peruana. Amante de la buena música y del arte andino. Pero sobre todo era un hombre que parecía haberme estado buscando. En una de sus investigaciones y me había descubierto. Era como la otra parte de mi alma. Ese pedazo que tanto me faltaba.
Al terminar la cena me propuso bailar. Miré alrededor buscando la música. Sacó un pequeño control remoto, y la música apareció. Eran boleros muy antiguos que habían sido adaptados al jazz. Bellos y románticos.  Era un hombre interesante. Parecía saber muchas cosas y estaba dispuesta a aprender de él. Detuvo por un momento nuestro baile sirvió una copa de vino y me dijo: - por haberte podido encontrar -. Yo simplemente pude decir: - ¡Porque siga conspirando el universo! -.
Me tomó entre sus brazos y poco a poco fue acercándose cada vez más a mí. Podía sentir uno de sus dedos acariciando mi espalda y poco a poco, pues estábamos demasiado cerca uno del otro. Su mano suave acariciaba toda mi espalda podía sentir el latir de nuestros corazones de lo cerca que estábamos. Aspirando el aroma de mi cabello me dijo - que delicioso perfume el de tu cabello – mientras descendía por mi cuello   causándome una emoción tan grande que me hacía estremecer. El aroma a chocolate que llevaba había causado una magia excitante entre nosotros. No dejaba de recorrerme excitando mis sentidos. El deseo de que me besara era  cada vez más fuerte. Lo hizo. Primero muy suavemente, y luego con fuerza, con pasión, y hasta con desesperación. La misma que había originado en mí.
Estaba segura que había leído hasta mi último pensamiento. Mis ganas de sentirme amada por él, de sentirme poseída, de sentir que él era esa parte de mí que había estado perdida en algún lugar del mundo, y que por fin la había encontrado. 
Caminamos por el jardín Antonio me mostraba el lugar. La luna hacía que todo se viera tan claramente. Otro hermoso bolero sonaba en el equipo. Juntamos nuestros cuerpos y bailamos. El baile, el lugar la música, el momento. Todo era perfecto. Me miró a los ojos y me dijo - gracias por dejarme encontrarte -. Nos besamos, primero con dulzura, luego la dulzura se fue tornando en pasión, y hasta en desesperación. Queríamos comernos uno al otro, poseernos, amarnos hasta lo más profundo de nuestro ser. Beso mi cuello, mi espalda. Bajó las tirillas que sujetaban los hombros y poco a poco llego hasta mis pechos. Los besó como si fuera un niño. Saco el broche e mi espalda. El vestido se deslizó suavemente. Le saqué la corbata y la camisa como jugando con él. Desabroché su correa y su pantalón, y así poco a poco lo saqué. Su piel y mi piel al juntarse se estremecían. Por momentos pasaba como una fuerte corriente eléctrica. Nos amamos en el enorme jardín. Creo que hasta desgastamos nuestros labios de tanto besarnos. Una tenue brisa fría llegó hasta nosotros. – Ven - me dijo, e ingresando hasta la casa me llevó a su cuarto. Era un hermoso dormitorio revestido en madera. La amplia cama tenía sábanas blancas de seda. La música parecía seguirnos a donde fuéramos. Me cargó y me llevó hasta la cama donde nos amamos con desesperación, con locura. ¡Con amor!.. No necesitamos más tiempo.  Sabíamos que nos habíamos encontrado y que jamás nos separaríamos…

jueves, 25 de agosto de 2011

TIEMPOS DEL “TENER”, ANTES QUE DEL “SER”

Los hechos ocurrieron en el antiguo cine Municipal de Piura. Había invitado a una amiga a ver “La Lista de Schindler”, sobrecogedor film sobre el holocausto judío. Me sorprendió que lo que más llamara su atención, fuera el “lindo collar” de una de las protagonistas. Traté vanamente de explicarle que se concentre en la desgarradora trama y no en frivolidades. Sólo conseguí que me exija llevarla a su casa. En ese momento coincidí con  Keith Richard, quien dijo alguna vez que a las mujeres no había que entenderlas, sino sólo amarlas.
Ese acontecimiento me sirve ahora para representar actitudes humanas contrapuestas. Lo espiritual frente a lo material, lo profundo frente a lo superficial, lo  sencillo frente a lo suntuario, lo sensible frente a lo indolente. En el plano formal, las primeras son obviamente superiores, pero en la vida real, la mayoría de la gente, consciente o inconscientemente, se conduce en función a las últimas.
En efecto. En estos tiempos más que en otros,  el valor de una persona se infiere por la posesión de bienes. Cuidado. No afirmo que poseer dinero es malo per se, Oskar Schindler fue precisamente un brillante caso de cómo ennoblecer la riqueza. De lo que hablo  – la frase es de clisset – es de la tendencia a preferir el “tener” antes que el “ser”, que no es otra cosa que el reinado del consumismo en todos los planos.
Un ejemplo ayuda a entender la idea. Llegan a un mismo evento Dionisio Romero y Mario Vargas Llosa – utilizo a un escritor liberal para que no me tilden de comunista –   a la misma hora. Ambos en lujosos carros. Del hombre de letras simplemente dirán algo como: ¡Llegó Vargas Llosa!. El comentario sobre el banquero  posiblemente será: ¡Mira la tremenda 4 x 4 de Romero! A diferencia del primero, cuyo solo nombre  tiene un valor intrínseco, la valía del segundo está asociada a lo suntuoso de sus propiedades.
He utilizado un ejemplo extremo para graficar la reflexión. Tomemos el mundo de los políticos donde la riqueza está asociada al poder. Haya (no tuvo una mansión en Paris como Alan García), Mariátegui, Luis Alberto Sánchez y Barrantes; vivieron y murieron austeramente. Su referente fue su vida y sus obras y no sus propiedades. Algunos desempeñaron cargos,  pero no se aferraron a éstos, ni menos los utilizaron en beneficio propio.
De lo anterior formulo una teoría. Existe una relación inversa entre el afán de poder y la calidad humana, léase Honestidad y lucidez. Consecuentemente, Alan García y Fujimori al carecer de ellas, lo han compensado  con la acumulación de poder y riqueza. Si a ello sumamos la falta de sensibilidad, me remito a las masacres de el Frontón y de la Cantuta,  mi amiga del cine es un ángel a su lado. A estas alturas y para terminar, ya se habrán percatado que urge más que nunca, la heroica formación de líderes, que cultiven el “ser” y no “el tener”.   

LUCHANDO POR NO MATAR LOS SUEÑOS

El campo, el mar, un corazón que ama,
arrullado por una canción de Serrat.
La belleza del amanecer,
la frescura de la mañana, l
la ensoñación de la tarde,
y el cielo estrellado
en una noche cómplice de amor.
Una vida libre para viajar por las cumbres
de una montaña  andina,
o por los desiertos
de una franja que besa al mar.
Diez libros para leer
y una laptop para escribir.
Todo eso, para comenzar,
desde ahora.
No cuando la senectud
cercene las ansias de soñar.

Y es que el tiempo 
es el más grande tirano del hombre. 
Se lleva sus sueños, 
sus ideales y hasta sus amores. 
Ese tiempo tejido de almanaques 
que es como un despeñadero, 
hacia el cual nos dirigimos inexorablemente, 
con casi todas las cosas a medio camino, 
o aún sin empezar. 
Como mi padre 
que sólo deseaba su granja en el campo 
para criar animales 
y escuchar las noticias todas las tardes. 
La pobreza y la salud le cerraron el paso.
 Y ahora, ésta mi vida,
luchando entre la renuncia
y la última batalla por un amor.
La angustia de no poder reconciliarme
con la plenitud de un misticismo, 
liberado de la tormentosa pasión.
Rebelándome, sólo para no envejecer.
Buscando una sonrisa de niña buena
para ahuyentar los sin sentidos.
Abrazado a la inocencia de dos hijos divinos,
y a la música que nunca envejece,
púes al tiempo  venció.
Todo este vendaval de furias y de penas.
De quimeras que aún pueden refugiarse
en el inexplorado mañana,
aquel que atesora una felicidad, 
sólo vislumbrada algunas noches
de miradas y besos virtuales.
En suma un universo aún por inventar,
e imposible de alcanzar.
Una vida, una muerte,
una paz, y un amor,
que siempre habitará en el corazón... 

viernes, 19 de agosto de 2011

CUENTO DESDE EL FUTURO

Corría el otoño del 2025 cuando Dylan Axel conoció (a través del chat) a Alice y se enamoró de ella. De tanto escuchar las historias que su padre escribía en su laptop, había aprendido a crear relatos mucho mejores que los de éste. No era extraño entonces que descubriera que Alice se parecía a sus personajes. Le impresionó su frescura para tomárselo todo en broma. Percibió inmediatamente una gran sensibilidad, reflejada en su rostro y en su voz de niña buena. La sintonía entre sus almas fluyó de manera tan natural que ambos se sorprendían de su compatibilidad. Podían conversar casi de todos los temas, y aunque siempre terminaban bromeando, cada día aprendían algo nuevo, aniquilando por completo de su diccionario la palabra aburrimiento.

Fue así que la convenció para conocerse personalmente. Era bella, tal como aparecía en la foto del perfil de su cuenta. Comieron helados, y volvieron a reír de la gente y de sus convencionalismos. Siguieron encontrándose de vez en cuando, e incluso se extrañaban mutuamente cuando pasaban muchos días sin verse. Dylan Axel lo tenía todo claro, lo que más lo movía era la fuerte atracción hacia Alice. Muchas veces se presentó la ocasión propicia para plasmar en un beso lo que sentía por ella. Hubo muchos intentos, pero siempre un “mañana conversamos en el chat” era el epílogo inevitable de cada encuentro. Todas estas fallidas tentativas inspiraban apasionadas historias que se acumulaban en su blog.

Estaba a punto de perder las esperanzas de conquistar el corazón de Alice cuando sucedió el prodigio. Una tarde mientras escuchaba canciones de Serrat, un trovador español que su difunto padre adoraba, unas imágenes, difusas pero intensas invadieron su corazón. Sintió la voz de su “viejo”, cuando de apenas dos años, le narraba cuentos infantiles inventados por el mismo. Volvió a ver personajes que hicieron mágicos sus primeros años. Elefantes, leones, caballitos, vaquitas y hasta un águila cobraron vida nuevamente.

No obstante, tardó unos días para entender el mensaje que le enviaba su padre para ayudarle a conquistar el amor de Alice. Tenía que despertar en ella al niño (o la niña) que todos llevamos dentro. Entonces Dylan Axel comenzó a escribir historias infantiles pobladas de verdes campos, de alegres aves que cantaban al amanecer, del sol que se enamoraba de la luna, o de las estrellitas que jugaban a las escondidas. En medio de estos bellos escenarios siempre destacaba la bella princesa (ella) rescatada por el valiente caballero (él). Sólo faltaba hacer vida estas emociones infantiles. Un día la invitó a ir al campo. Jugaron y corrieron hasta cansarse como niños. Por fin encontraron aquella honda felicidad de dormitaba en su inconsciente. Representaron las historias y los personajes que Dylan Axel había inventado en sus cuentos. Sin darse cuenta, en un momento terminaron abrazados y mirándose a los ojos. Ella sonrío, entreabrió los labios, y él por fin pudo besarla…

miércoles, 10 de agosto de 2011

LA REUNIÓN DE LOS "POETAS"

...Y yo tomando más vasos de cerveza, y tomando también anti depresivos. Escuchando rock de los ochenta que pedimos expresamente – Chin Chin anda diles que pongan rock en español - y otros giles (que no se atrevieron a solicitarlo) bailando.
Y yo pensando en ti Kelita, extrañándote y enviándote mensajes porque estaba seguro que tu ternura altruista haría que me respondas. Y Jorge Gonzales cantando “No te pares frente a mí, con esa mirada tan hiriente. Puedo entender estrechez de mente, soportar la falta de experiencia, pero no voy a aceptar, ¡Estrechez de corazón!..”. – Oe Chin Chin, esa canción la escribió el pata para la hembrita del guitarrista a quien atrasó – Cuándo no, yo queriendo demostrar que sabía de música y Chin Chin, generando la reflexión – Oe Luz, Mirtha, ustedes creen que exista la estrechez de corazón – y ambas respondiendo casi a coro – No sé, pero hay otras estrecheces jajajajajaja-. Y de nuevo pensando en ti Kelita y pensando en Dylan Axel que debió irse a dormir esperando que llegue a contarle el cuento del león, el elefante y la vaca, inventado por mí mismo.
Y de nuevo - ¡Salud!, ¡Por la amistad! – y el licor subiéndose a la cabeza y – la música está buena muchachos, bailen pues – Y bailando Losing my Religion de REM y explicando – Mirtha, esta canción habla sobre la crisis existencial y la pérdida de la fe – de nuevo, yo erudito en la música.
Pero, insisto Kelita, mi mente y mi corazón estaban contigo, aunque la risa y la conversa estaban buenas. Y la sierra, el campo, las vacas, la propiedad de las tierras. Todos anhelando volver a la naturaleza, y hasta el “negro del Ingenio”, para volvernos a reír.
Y yo extrañando a Dylan Axel. Con el tétrico temor de que su mamá se lo lleve a la casa de sus abuelos, pues las cosas se ponían muy difíciles. Con una separación cada vez más cercana y un matrimonio sostenido precisamente por la grandeza de Dylan Axel.
Y tomando más cerveza, pidiendo agua para tomar más antidepresivos, antimigrañosos, hepa protectores, anti inflamatorios y toda la farmacia que cargaba encima, cuando la verdadera enfermedad estaba en el alma. Pero esa noche había que reír, pues era la primera vez que se juntaban los “poetas” del facebook. Y Luz contaba: – un choro asalta a una pareja y viola a la mujer. Ésta moviéndose como licuadora encima del asaltante, el marido reclamando: “So china mañosa, como conmigo no te mueves así”, y ella respondiendo: “es que quiero quebrársela al desgraciado” – y riendo como locos – ¡Que buena jajajajajajaja!-. Y la noche fresca propiciando tan divertido encuentro.
Y de nuevo yo pensando en ti Kelita – Mi imposible y gran amor –. Volviendo a pensar en Dylan Axel. Seguro que no podría soportar su ausencia. Pero la noche daba para más Y yo pensando cómo escribir esta crónica que tiene tantas “Y”, pero con la virtud de ser inolvidable vivencia, a tal punto de exigirnos repetirla, con el encargo expreso de organizarla yo mismo. Y de nuevo tú Kelita, y Dylan Axel, mi incierto futuro, y tantas cosas más que contar…

martes, 9 de agosto de 2011

CAMINATAS VESPERTINAS


Esta tarde he caminado por la ciudad buscando una sonrisa que me devuelva al edén de mis días de niñez. He mirado rostros de toda condición y he reído como un orate de las prisas y de los temores de la gente que nunca descubrirá el placer de caminar o imaginar.
Esta tarde me he dejado llevar por mis pasos buscando ese estado de sosiego donde la fantasía se convierte en brillante realidad.
Esta tarde he bendecido este otorgado don de ver más allá de los ojos, y constatar de nuevo, que para ser feliz sólo se requiere mirar en la dirección correcta. He contemplado, por ejemplo, los frondosos y verdes árboles que acogen amorosamente a seres con el cuerpo y el alma agotada.
Esta tarde he visto a los niños trabajar (o jugar). Unos cargando su producto o su herramienta, que llevará el pan a su familia. Otros correteando con sus padres, construyendo tempranamente bellos recuerdos de infancia. Ambas realidades me han despertado encontradas sensaciones sobre la injusticia que hemos instaurado en el mundo.
Esta tarde he oxigenado mi alma para varios días de calma y he retornado a jugar con Dylan Axel. Volví (con Mercedes Sosa) a agradecer a la vida, e invadido por el sueño he contemplado el paraíso de Dios y de Marx. Esta tarde ha podido ser completa de no ser por ti, mujer, experta en hacerme sentir tu ausencia. A pesar de la quietud, he extrañado tu sonrisa que cuando falta, como una ráfaga, convierte mi calma en orfandad. He pensado sí el poder otorgado por mi corazón a tu mirada es signo de poesía o debilidad.
Esta tarde se abrió una de aquellas ventanas, en las que se alcanza a ver otro mundo, con una aureola de paz, pero que no era el mío. Pues mi destino se marcha tras tus pasos como el tardío ciego tras las la luz perdida. Mi esencia de animal unido a la naturaleza, o de abstracto querubín liberado de pasiones, fue arrebatada por el fuego divino (el tuyo) de unos besos que se llevaron mi inocencia, pero me otorgaron el elixir reservado a las divinidades. Me ofrendaron el celestial éter, pero también la angustia que los hombres llaman soledad.
Esta tarde, ángel de mis divinos sueños, no estuviste conmigo, y aunque tu sonrisa siempre la llevo en mi alma, nada remplaza tu presencia viva y sonora, tus suaves y delgadas manos que a mi corazón enajenan. Esta tarde, Princesa.., a quién engaño, la gran ausente fuiste tú...
 

NOCHE QUE PRELUDIA UNA DESPEDIDA


Mujer de mirada traviesa, no quiero despedirme de ti,
antes  que termine la noche. 
Sé que nuestros caminos se bifurcan en senderos inalcanzables. 
Que nuestras vidas avanzan con una historia familiar,
donde las contradicciones y los desgarros son la constante,
y el sosiego  la excepción.
Mujer de inspiraciones inocentes
como la mirada de un niño,
o de apasionados pensamientos,
 que apenas se pueden sublimar en palabras. 
Musa otorgada a mi pluma, 
cuando el sin sentido ya comenzaba a hacer estragos en mi alma.
No quiero despedirme de ti sin antes abrazarte
y atesorar ese momento en la antología de mis recuerdos de suprema dicha. 
Donde me sentí un dios pequeño,
pero con los poderes de un hechicero mayor.
Mujer que ahondaste en los miedos de mi alma,
pero también en sus elevaciones místicas. 
Ve y prepara un cofrecito en tu corazón
donde mi amor pueda descansar,
incinerado por los imposibles que engendran melancolía.
Perdona mujer la tristeza que no le hace juego a tu fresca sonrisa,
pero no sé por qué, esta noche la siento de material despedida.
Porque  nos queda la dulzura íntima y solitaria de los sueños,
donde las quimeras se tornan  realidad.
En ese mundo de estrellas y de fresca arena de playa,
junto al océano de mis fantasías,
ahí te esperarán mis besos,
mujer creada por la perfección del más hondo amor...

NOS CONOCIMOS PARA DECIRNOS ADIÓS

El invierno había sido irregular en Piura. Con unos días de intenso frío y otros de un brillante sol. En ese invierno se habían conocido en el internet, y eso compensaba todos los resfríos y otras molestias respiratorias. Él se había dejado llevar por su intuición que pocas veces le fallaba. Había determinado conocerla personalmente cueste lo que cueste, y así había ocurrido. La preparación de la cita fue toda una cadena de postergaciones y pretextos que finalmente terminaron por exacerbar los ánimos. En el chat todo marchaba de maravillas, pero cuando él quería ultimar los detalles de día, hora y lugar, ella cambiaba de tema. Fue entonces cuando él decidió jugarse su última carta. No era algo complicado. Se trataba de proponerle encontrarse una sola vez, para conocerse y despedirse al mismo tiempo. Claro que si las cosas tomaban otro rumbo, ya nadie se sentiría presionado. Esta figura de una primera y única cita, que al mismo tiempo era un adiós conmovió el corazón de ella y accedió. Finalmente también tenía curiosidad por conocerlo personalmente.

Quedaron a encontrarse en las tiendas Ripley, usando el celular para ubicarse con precisión. Fue un chiste. Resulta que se estaban llamando sin percatarse que menos de diez metros los separaban. Se saludaron y rieron por lo de la llamada.

- Eres más alta de lo que pensaba – dijo él para romper el hielo, mientras observaba su atuendo negro que resaltaba en su piel clara. Es tan hermosa como luce en la foto que me encanta, pensó mientras seguía mirándola con hábil discreción.

- No tanto, te conté que me gustaban los zapatos de taco alto – respondió ella mirando satisfecha sus pies dentro del lujoso calzado.

- Vamos a tomar un jugo al “Chalán”- propuso ella, quizá para asegurarse de permanecer en un local muy concurrido, donde esté fuera de peligro.

Buscaron una mesa libre y comieron helados y la conversación se desarrolló con fluidez y confianza. En realidad eran los mismos temas que abordaban en el facebook. Sin embargo, el tiempo avanzaban y el momento de la despedida se acercaba.

- Sabes – le dijo él recurriendo a su más refinada estrategia

– Lo más probable es que no volvamos a vernos nunca más. – Le decía todo esto mirándola fijamente a los ojos para vencer sus defensas.

- Sin embargo, este adiós debería ser como en las películas clásicas – trataba de llevarla por el buen cine, una de sus pasiones.

- Y que película se te ocurre para el final – preguntó ella entrando en confianza.

- Para comenzar, descartemos un “happy end”, pues le quitaría intensidad – propuso él para subir el romanticismo.

- Nadie leería “Romeo y Julieta” si los amantes de Verona se hubieran casado y hubiesen muerto de ancianos –, agregó él tratando de simular una seguridad y autocontrol fingidos, pues en esos momentos lo que más ansiaba era abrazarla y besarla.

- Entonces dónde nos mataremos – bromeó ella demostrando una deliciosa audacia. Ambos rieron divertidos de la broma.

- Se me ocurre que nos amemos un día –. Le era difícil explicarlo.

- Lo que quiero decir es que caminemos de la mano, o abrazados, depende de ti, e imaginamos que somos una pareja de seres valientes y audaces que no le tienen miedo, ni al apresuramiento, ni a las despedidas – Pensó que había dado la estocada mortal, pero ella aún tenía un reparo.

- Pero este lugar con tanta gente no es el más apropiado. Hay mucha gente conocida. No lo hago por mí, sino por mi hijo – reparó ella con innegable sentido común.

- Entonces tendrás que darme un voto de confianza. Iremos a caminar a un parque más discreto -. Aún le quedaban recursos y estaba dispuesto a utilizarlos todos.

- Sabes. Pienso que los bellos momentos no son producto del azar. Uno mismo debe crearlos, y una caminata en la fresca noche será algo inolvidable, considerando que presumiblemente, ya no volveremos a vernos. – Remató él con su mejor poder de convencimiento.

- Esté bien. No sé por qué accedo, pero vayamos a donde dices.

Lo que sigue de la historia es previsible para cualquier muchacho enamorado. Está claro que caminar de la mano, o aún abrazados es lindo, pero definitivamente es insuficiente. No estaba dispuesto a irse sin besarla y de esta forma calmar su ansia de amor.

Lo intentó varias veces mientras caminaban, pero ella era muy hábil evitando el contacto labial. Pero tanto insistió él que fue imposible que ella se negara. Le recitó los más bellos poemas, le cantó las canciones más románticas. Suplicó. Llegó a pedírselo de rodillas, hasta que finalmente logró lo ansiado.

Fue un beso delicado y apasionado al mismo tiempo. Tierno y sensual como nadie se había besado. Fue tan grandioso que eso bastó para que ambos terminaran estrechándose por mucho tiempo y con un adiós que comenzaba a tornarse más difícil con cada caricia…

martes, 2 de agosto de 2011

TU DULCE VOZ

Juan Gonzalo Rose escribió un hermoso vals titulado "Tu Voz". Algunos de los más bellos versos dicen así: "...Tu voz, tu voz, tu voz, tu voz, existe. Tu voz, tu dulce voz, tu voz persiste. Anida en el jardín de lo soñado. Inutil es decir que te olvidado...". Mi padre solía escucharlo con devoción ante mi absorta mirada. Ayer recién comprendí el sentido de la trémula inspiración del poeta. Éste hablaba de una voz de mujer que significaba todo para él, su dicha o su tristeza.

Hace pocos días una voz de niña agrandada, o de niña traviesa, dependiendo de su ánimo, me remitió de golpe a esa bella letra. Y es que el teléfono puede ser el gran invento que anula las distancias, pero para Juan Gonzalo (y para mi), sí no traen la presencia auditiva de una bella mujer, pierden todo su poder y utilidad.

Siempre he tenido debilidad por las voces femeninas y algunas veces me he llevado decepciones tan fuertes que han sembrado la desconfianza en mi. Pero la mujer que entona la más bella canción en mis oídos la contemplé en la pantalla antes de escucharla. Era bella y confieso haber pedido al cielo que su voz fuese dulce, y el milagro me fue concedido.

Lo proclamo y lo reivindico. Hay una voz que es música celestial para mis oídos. Que acelera mi corazón cuando la escucho, y que también me deprime cuando está ausente por mucho tiempo. Esa voz (a veces de niña mala), tiene inherente el poder de destruirme con una sola palabra sí se lo propusiera. No obstante, puede en un segundo, arrullarme tiernamente el corazón con una dulce frase.

Es posible que en un futuro y lúgubre momento, mis oídos queden huérfanos de esa angelical melodía (ya ha estado a punto de suceder). Es posible que, de llegar ese aciago día, pase el resto de mi vida buscando otra voz similar. Es posible que mañana el teléfono enmudezca de pura pena por su ausencia. Entonces me aferraré a las canciones que me la recuerden. Pero no seré tan desdichado al fin y al cabo, pues me ensoñaré en la dulce nostalgia y cada noche cuando duerma escucharé "su dulce voz"...

SON LAS TRES DE LA MAÑANA Y EL GALLO NO CANTA...


Son las cuatro de la madrugada y el gallo no canta. Desperté hace una hora, miré a mis pequeños Dylan Axel y Angelina dormir dulcemente, y decidí volver a la compu para escribirte algo. También miré el celular esperando un mensaje, pues tengo la secreta esperanza de que también sueñes conmigo. Pero los mensajes no llegarán, al menos por ahora. No importa. Tómate el tiempo que desees. Quizá es lo mejor. Respecto a mí no debo tomarlo, pues lo tengo claro como el agua. Aunque las cosas son complicadas, vale la pena intentar reconquistarte. Eres de las mujeres que llegan una sola vez para ser amadas. Mientras tanto, seguiré imaginándote y soñándote (si me volviera a dormir en la silla del escritorio). 
Te cuento que anoche, mientras miraba las estrellas desde la azotea,  revisaba el archivo de nuestros recuerdos y escogí uno muy bello. Era cuándo, mitad en juego, mitad en broma, trataba de besarte sin lograrlo y eso te hacía reír a más no poder. Imagínate, si no conseguir besarte era tierno, lo que habría sentido si lo hubiese logrado. Sé que me comprenderás por que te sigo contando estas cosas. Es que no puedo superar esto de quedarme anclado en algunas etapas de mi vida. Pero ya no sufro, sólo un poco de nostalgia me invade, como una caricia en mi loco corazón.     
Qué más puedo decirte. Pues ahora puedo concentrarme mejor y logro contemplarte dormir entre sábanas de seda (eras encantadoramente  exquisita para esas cosas). Quizá no lo recuerdes al despertar, pero tendrás la sensación de una caricia en tus labios. Se trata de la fuerza de mi amor que llega a ti desde lejos. Mientras tanto me seguiré enterneciendo  escribiéndote, y eso me hace feliz. Sucede que el corazón no conoce de estado más maravilloso que sentir que alguien habita amorosamente en sus fibras, aunque ese alguien no pueda (o no quiera) por ahora regalarme el cielo de sus caricias...
Ya lo vez, sigo siendo idealista (y hasta platónico), y rebatiendo a los empiristas que trataron de convencernos que, y cito: "sólo es real todo lo que pasa por los sentidos". Pues se equivocaron, porque  tu voz ha quedado perennizada como celestial música en mis oídos, y tu sonrisa le sigue dando brillo a mis ojos.
Bueno, me despido. Debo volver a la cama, porque, siendo más de las cuatro de la madrugada,  el gallo no canta. Quién sabe sí se olvidó de hacerlo porque también esta soñando con su amada...

sábado, 30 de julio de 2011

¿QUÉ DIRÁN LOS DEMÁS?


Quizá nuestra condición humana sea depender siempre de alguien o de algo. Al momento de nacer dependemos de quien nos da la vida. Cuando nos vamos de este mundo dependemos de quien nos sepulta. Incluso nos impusieron una dependencia superior, la de Dios. Significa entonces qué la libertad es una ficción absoluta. Qué el libre albedrío funciona siempre y cuando nos orientemos hacia lo "correcto".
Pienso ahora en dos hechos supremos que nos permiten tocar, o siquiera acercarnos, a la libertad. El primero es el suicidio porque significa decidir sobre lo más valioso de uno mismo que es la vida. El segundo es el amor, pero no ese amor propiciado y aprobado por los demás, sino aquel que desafía todos los convencionalismos y las correcciones sociales.
Envidio a las venerables parejas de ancianos que logran mantenerse unidos felices hasta la muerte, pero más admiro a las parejas que se enfrentan a la crítica y a la desaprobación general. Esos amores, como los que relataba Flaubert, con un final trágico, pero con una vida heroica, pues se elevaban en medio del conformismo y de la falsa moral.
Quiero ser generoso y no quiero lastimar a nadie, pero por propia convicción, y no porque los demás están al acecho de verme apartar de la senda de la "corrección".
Quiero hacer el bien y sentirme en paz con mi conciencia, pero no por el orgullo de imponer mi parecer, sino porque cuando me mire al espejo pueda decir. "Lo hice porque estaba convencido que era lo mejor" y no porque la sociedad me aplaudió. Quiero morir siquiera con una sola lección para mi hijo que ahora me contempla escribir. Dylan Axel. "Siempre has lo que te haga sentir bien, no porque los demás te lo dicen, sino porque constatas que tus acciones te hacen mejor ser humano...

viernes, 29 de julio de 2011

TODO CAERÁ POR SU PROPIO PESO

La gran ciudad comenzaba a encender sus luces. Ella le miró mientras una lágrima escarchaba su mejilla. Volvió a repetir las palabras tantas veces ensayadas: “esto es inviable”. La pena era inocultable en sus ojos. Él se quedó en silencio mientras inventaba algo que pudiera consolarla. El sabor del adiós asomó de nuevo en sus labios unido a la sensación de piedad y de culpa que ya se le había hecho familiar. Como los moribundos, pasaron rápidamente las imágenes de su historia. Las fiestas con los amigos y el tentador complot para hacerlos pareja hasta lograr que se casen. “Vamos a ver” se dijeron ambos sin palabras, e iniciaron este caminar que hacía tiempo se había detenido. En una época la palabras resignación, paciencia, generosidad, habían logrado mentalizarlos, y con la llegada de su nena, la esperanza había renacido. Pero la verdad no perdona. El afecto hacia la pequeña funcionaba algunos momentos en el día, pero cuando se encontraban solos, la falta de pasión proyectaba una patética imagen de pareja donde la paternidad era lo único que marchaba sobre ruedas.

Hubo horas y horas de diálogo. Cotejo de los pro y los contra de una separación. Flexibilidades y hasta renuncias para finalmente llegar a la misma conclusión. “Hay que dejarlo que todo caiga por su propio peso”. En medio de esa gris coexistencia, construida de trabajo y de comentar las películas y noticiarios todos los días, él conoció a una chica mucho más joven. las dos veces que conversaron fueron suficientes para que se instale en su corazón como el milagro que llegaría para redimirlo. Le había contado toda la verdad, y a pesar de su corta experiencia, lo había entendido. Ella podía esperar hasta que las cosas se resuelvan. Mientras tanto eran como amigos cómplices que habían hecho de la transparencia el secreto de su compatibilidad. Bastaba encontrarse para filosofar entre locura y locura y entre canción y canción. Siempre terminaban abrazados y matándose de risa. No tenían nada que perder y sí mucho que ganar. Aprender algo nuevo cada día, y sobre todo disfrutar del mero placer de conversar. Habían conjugado tanto que habían incorporado los gestos y los entre líneas a sus códigos de comunicación. Por ejemplo, juntar los índices con los anulares significaba “te quiero mucho”, tocarse ambas orejas significaba “te he extrañado”, y así mil secretos más que tornaban sus encuentros como misteriosos, pero divertidos rituales. Era increíble pero habían llegado al extremo de ya no pedirle casi nada a la vida. Todo era bello cuando estaban juntos.

Mientras tanto su esposa ya lo había ido intuyendo todo, y a pesar de que ambos habían acordado concederse una relativa libertad para intentar trazar una línea de reconstrucción de sus vidas, sin embargo, era difícil. Se había acostumbrado a que ambos salieran con la nena. Se divertía a rayar cuando escuchaba los desaforados cuentos que él le relataba a la pequeña para que se duerma. Le resultaba duro renunciar a esas cosas, pero el orgullo obligaba a cumplir el pacto. Ya el tiempo había dado su veredicto, o dicho en otras palaras “todo ya había caído por su propio peso”…

EL HECHIZO DEL ARCO IRIS

Miro a través de las pupilas de un arco iris, justo antes de que una llovizna te haga acurrucarte en mi hombro. Puedo ver los siete colores reflejados en tu cabello, como cisnes en un lago marcado por la etérea mirada de Dios. Vuelves tus ojos hacia mi rostro y tus labios se entreabren...para decir que la tarde es bella y te recuerda felices momentos. Retomamos la marcha por calles pobladas de edificios y automóviles. No tenemos prisa por llegar al sacrosanto lecho. Sentir tu cabello húmedo es suficiente privilegio para mi soledad apenas disimulada por mis lentes oscuros. Juego con tu pulgar y mi hemisferio parietal sonríe con dulzura.

Reparo que Benedetti tenía razón cuando decía que la felicidad no estaba en las piedras preciosas de las aguas, sino en los reflejos del sol en las rocas que brillaban en el fondo del lago. Te vuelvo a mirar. No me aventuro a besarte por temor a romper el hechizo de esta profética tarde. Quiero abrazar un éxtasis visual y táctil. Que el encanto de tu cabello en mi rostro y del arco iris en mis ojos se perennice en mi memoria como un paisaje de Van Gogh en un nostálgico atardecer.

Llegamos al lecho de amor. Me miras, te miro, y con una cómplice sincronicidad, nuestros pasos vuelven a recorrer el camino de los siete colores, como si temieran que el milagro se disipe. Ya casi cae la noche. El frío desenvuelve sus brazos. La oscuridad complota. El lecho implora por nosotros. Nos detenemos miramos las estrellas. Apenas rozamos nuestros labios y buscamos nuevamente el refugio del cielo, como si Dios en él nos señalara el camino...

sábado, 23 de julio de 2011

EL CRISTAL DE LA VIDA

La vida es un vendaval que oscila entre aciertos y errores. Los primeros dependen en gran medida de las circunstancias externas, y los segundos nos atañen exclusivamente a nosotros. Sucede generalmente que invertimos este orden. Los errores los atribuimos a las acciones ajenas, y nos jactamos de "nuestros" aciertos. Esto podría interpretarse como un signo de buena autoestima, sin embargo, al no exigir perfeccionarnos, terminamos en el conformismo (primo hermano de la mediocridad).

Veamos un caso. Hoy me dejé llevar por Dylan Axel que sólo deseaba correr por las rampas y veredas del local de la actuación de su colegio. No le interesaban los trajes, ni los bailes típicos, ni las fotos que su mamá trataba de tomarle. Sólo reía enloquecido de alegría, corriendo con otros niños. Dueño aún de la libertad más espontánea, y por algún designio divino, trataba de disfrutarla inagotablemente. Entonces corrí con con él sin importarme la gente, confundiéndome con los otros niños. Fui casi místicamente feliz. Esto podría calificarlo como un ACIERTO de mi parte esta noche. No obstante, ya habrán notado que el mayor mérito no era completamente mío, sino de mi hijo, de los demás niños y del ambiente que se respiraba en el lugar.

Más tarde, y quiero decir ahora mismo, me sentí desmotivado frente al ordenador. Sin ganas de conversar con nadie, pero si con ganas de clausurar mi cuenta de facebook. Hastiado de una adicción que suele alimentar mis estados de melancolía, pensé destruir páginas y páginas de textos, fotos y vídeos. Esta manía de conceptualizarlo todo me devolvió la calma y evitó que cometa un "facebookcidio". Se trató de un garrafal ERROR que dependía únicamente del gris cristal con que miraba la vida. Puedo atribuirlo a la frivolidad que inunda el 90% de los muros de esta llamada red social, y con ello, abstraerme de mi responsabilidad. Prefiero tomar al toro por las astas (y no me refiero a un amigo poeta), y enfrentar las contradicciones y tinieblas de mi alma.

Definitivamente todo lo expuesto es subjetivo y arbitrario, pero estoy seguro que, al menos una persona me dará la razón. Esa persona conoce de mi egocentrismo y además lo comparte. Esa persona me ama aunque nunca me lo dirá. Un dato más, esa persona es bella y tiene los labios sensuales. Y esa mujer sabe que he escrito todo este texto pensando en ella (en su silencio)...

VIENTRE DE MUJER

El cansancio trata de doblegarme. Los párpados pesan ya, y no obstante, trato de escribir algo para ti que suene como una caricia en tu alma de niña. Diría por ejemplo, que los años se han quedado celestialmente prisioneros de tu recuerdo. Cada día la imagen de tu sonrisa se torna más dulce y ausente. Imagino que viajo hacia ti, fabricando fantasías mientras el ómnibus devora kilómetros de asfalto para llevarme a tu cielo. Me concentro en tu vientre albo y suave como una láctea alfombra hecha para mi solaz. Amo el sol que brilla en el centro de esa maravilla esculpida por los dioses, con ese travieso tatuaje que perturba mis ojos con su sensualidad. Los hombres andamos obsesionados por lo genital y no nos percatamos de los otros encantos femeninos. No se trata de fetichismo (que no tiene nada de patológico), me refiero a descubrir o re-descubrir la anatomía femenina como un tesoro que nos recompensará prodigándonos con su pasión y su ternura.

Mujer de vientre perfecto. Amor de mis imposibles proyectos. De mis juveniles sueños, de estos anhelos hilvanados en horas y horas de páginas donde las más bellas heroínas terminan pareciéndose inexorablemente a ti. Princesa que le das vida a los ornamentos de las más lujosas boutiques. Déjame contemplarte absorto hasta dormirme y buscarte en el mundo onírico de los imposibles. Deja que piense en tus labios, ahora que la maternal noche me busca para acoger mi soledad...

MUJER DE BRAGAS BLANCAS

Medio en vigilia, medio dormido, alcancé a ver a una bella mujer de bragas blancas y de cabello felino. Me entregó algo en las manos. No alcancé a verlo, fue todo de prisa. El retorno de la vigilia me robó la historia. Kizá simbolice mis anhelos profundos o mis obsesivos temores, pero la mujer de bragas blancas debió entregarme la cura para mis males. No creo recuperarla en otro sueño, así ke la buscaré en la red. Se ke se trata de una monumental tarea, pero no tengo alternativa.

Mujer de blanca intimidad. Aunke nunca te presentarás como en mi fallido sueño, dame una pista para abrazarte. Envía un emisario, escríbeme un email con la foto de tu felina cabellera. Considera ke estudio para ser un buen amante. Mira mi frente cansada mujer blanca, de buscarte. Redime mis jornadas mustias y concédeme el supremo paraíso de amarte fuera de los sueños...

jueves, 21 de julio de 2011

AMAR A UNA MUJER ES HACERLE EL AMOR

Amar a una mujer es hacerle el amor. La frase, aunque redundante y trivializada, posee una fatalidad que llega hasta los huesos. Es la historia de un amigo, quien había llevado (esta historia) con sentido común y un poco de estoicismo. La había asumido como una verdad que no tenía porque ser determinante. El deseo y la pasión hace tiempo que se habían marchado para regresar sólo cuando el alcohol liberaba todas las barreras.

Amar a una mujer es hacerle el amor. No estando ebrio, sino como culminación de un juego de tiernas caricias. Es desear besarla toda para pasar al fuego indetenible de dos cuerpos que desesperadamente tratan de fusionarse en un templo de amor.

Es triste cuando estos impulsos se dirigen sólo hacia otra mujer (real o ficticia). Se anhela entonces llevarla lejos, allá donde el mundo no arroje primeras ni últimas piedras. Como un par de chiquillos entregarse al rito sagrado donde las lágrimas son de perfecta felicidad. Pero no puedes. El deber impone sus reglas, y sobre todo, no tienes derecho a lastimar a otro. Nadie merece sentir el hierro candente del temprano dolor.

Entonces, hay veces que es preferible dejar pasar el tiempo en el matrimonio. Mentalizarse positivamente, pensando que la vida conyugal no es un lecho de rosas. Es dar las instrucciones precisas a cada parte del cuerpo para que ejecute su guión. Es finalmente cerrar los ojos, soñando en un paraíso lejano, y entregarse al mero placer...

martes, 28 de junio de 2011

EL AMOROSO SILLÓN

Hay objetos materiales que significan tanto en nuestra vida que merecen más que escribirles unas líneas.

Era marrón y enorme el sillón de su casa, ubicada en el centro y cerca de mi paradero). Ahí estudiábamos hasta que su abuela se iba a dormir. Entonces se convertía en el perfecto lecho de amor donde la pasión invadía el lugar hasta que, después de férrea resistencia, era expulsada por la culpa. Es entonces que tenía que calmarla con enorme comprensión y ternura para que se vaya a dormir tranquila. Ella conocía mis debilidades (como yo las suyas). Cuando quería motivarme se ponía un polito y un short rojo que eran como una segunda piel que cubrían y resaltaban la suya, blanca y divina. Se sentaba en mis piernas y luego los besos y caricias se sucedían en apasionados episodios que la adrenalina de que alguien nos descubra le daban el encanto de lo prohibido. Cada vez avanzábamos más, lo cual significaba una culpa mayor de su parte y un trabajo mayor para sosegarla. Era hermosa (aunque muy engreída). Su cuerpo era esbelto y su fino cuello tenía la suavidad y el aroma que deben poseer los ángeles. Decenas de veces mis labios se solazaban en él, mientras le susurraba cosas bellas al oído. Ella gemía suavemente (no vaya a escuchar la abuela) y apretaba mis hombros con desesperación. Luego me apoderaba soberanamente de sus labios. Inventábamos mil formas de jugueteos desesperados, pues lo que ansiábamos es no tener que separarnos jamás. A veces debía curarme las deliciosas heridas que dejaban sus dientecitos en mi boca. Pero todo valía la pena.

No es necesario ser explicito. Sólo diré que aún conservo la celestial sensación de haber recorrido cada centímetro de la tersura de su piel. También se mantiene vivo el fuego que despertaba su boca en mi cuerpo.

Ese generoso sillón nos enseñó a conocernos, a explorar nuevos territorios, y sobre todo a amarnos con sin límites, por ello tiene mi eterno tributo.

Todo cambió cuando se fue a vivir más lejos. Ya no podíamos quedarnos solos , y sobre todo ya no estaba el acogedor sillón de nuestras noches de amor. Otras motivos también nos fueron alejando. Inexorablemente, terminamos tres meses después...

viernes, 24 de junio de 2011

EL ATRACTIVO DE LOS GRANDES DERRIERES

Es típica la imagen de un hombre regresando a mirar a una mujer de llamativo derriere. Ella lo sabe y suele lucir con orgullo este centro de interés recibido de natura. La pregunta es: ¿Por qué a los hombres les atrae poderosamente la parte trasera de una mujer? Veamos. En los albores de la humanidad el homo sapiens descubrió que las mujeres de caderas más anchas tenían mejores condiciones para procrear a los hijos. En esas épocas el hombre era presa fácil de las fieras, mucho más fuertes y ágiles que él. Entonces la naturaleza escribió en sus genes (como en todas las criaturas) la imperiosa necesidad de la supervivencia de la especie más allá del individuo. Consecuentemente, nuestros ancestros buscaban mujeres de nalgas generosas para copular y tener descendencia. Similar deseo despertaban los bustos prominentes, pues alimentarían abundantemente a los retoños, y crecerían fuertes y sanos. Así hasta llegar a nuestros días.
La cultura, y especialmente la religión judeocristiana, devaluaron los atributos del cuerpo, para exaltar los espirituales. Sin embargo, los mandatos genéticos ancestrales se mantuvieron y comenzaron a expresarse abiertamente durante el renacimiento, y más notoriamente durante la liberación sexual. La industria publicitaria descubrió (y degeneró) el inmenso potencial de unos exuberantes glúteos y bustos, convirtiéndolos en objetos sexuales, incluso desvinculados del concepto de mujer. De ahí a los pantalones y vestidos ajustados, la minifalda, hasta llegar a la ropa íntima pequeña que se luce debajo de una tela semi transparente y que opera como imán para los ojos de los hombres. Un pantalón blanco ajustado en el cual se nota claramente el pequeño triángulo que marca la diminuta tanga o el hilo dental es un perturbador atributo que puede poner un hombre a los pies de su dueña. El asunto de fondo que nos congrega es explicar las raíces que subyacen en el incontrolable impulso a mirar unas posaderas imponentes. No se trata únicamente del deseo de poseer a la mujer que las luce. Si fuese así, lo más lógico es que fijáramos nuestra mirada en la parte delantera, antes que en la de atrás. Insisto, estamos ante un llamado ineludible de la naturaleza para preservar la especie. Nuestros antepasados cazadores, miraban y luego tomaban a la mujer de amplias caderas que se presentaba a sus ojos porque tenía los atributos para convertirse en una saludable madre. Hoy, sólo las miramos, a veces embobados, recordando (quizá con nostalgia) al antepasado que bajó de los árboles y se hizo inteligente.
Una anotación final. La cultura light ha impuesto los cuerpos femeninos delgados y esbeltos, cambiando ligeramente nuestros gustos. Hoy no es indispensable que un derriere (o unos bustos) sean exuberantes e imponentes, basta que sean firmes, erguidos y redonditos para atormentarnos la calma y dejarnos con la codicia del bien ajeno y prohibido...